La Última Campaña de la Flota Imperial Ateniense
A la muerte de Alejandro Magno, Atenas aprovechó la oportunidad para volver a apostar por obtener la hegemonía en Grecia, lanzando una campaña de liberación. A la orgullosa flota ateniense -heredera de aquella flota triunfante en Salamina- se le encomendó aplastar a los macedonios en el mar. A primera vista la tarea parecía sencilla pues todos consideraban a los macedonios unos "marineros de agua dulce".
Atenas y Alejandro
Cuando llegaron a Atenas las noticias de que Alejandro Magno había muerto en Babilonia en junio del 323 a.C, la ciudad se convirtió en un hervidero. Atenas estaba aliada a Macedonia por la fuerza, desde la derrota de la batalla de Queronea (338). Aunque había salido mejor librada que otras ciudades griegas de la derrota -gracias en buena parte al respeto que sentía Filipo por la capacidad de la flota ateniense, reforzada por su buena actuación en la campaña de Bizancio (339)- la situación de tener que aceptar la hegemonía macedónica era en extremo humillante para la orgullosa Atenas, que además se había visto obligada a renunciar a los últimos aliados que le quedaban de la antigua “Segunda Confederación”. El Imperio Ateniense quedó prácticamente reducido a la importante Samos y unas pocas islas más: Delos, Skyros, Lemnos e Imbros.
Las relaciones con Alejandro pasaron por altibajos. Atenas había tenido que poner su parte en la campaña persa de Alejandro y sabemos que en el aspecto naval contribuyó con 20 naves. Sin embargo el mercenario Memnón de Rodas -al servicio de Darío- no había encontrado muchos impedimentos para usar la ateniense Samos como una de sus bases de apoyo para la flota persa en su momento. Además estaba la cuestión de los atenienses que sirvieron como mercenarios en las fuerzas persas; Atenas, tras mucho insistir conseguiría la liberación de los prisioneros atenienses tomados en Granico (334).
El punto crítico en las relaciones Atenas-Alejandro se dio en el 324, cuando se anunció un decreto por el que todas las ciudades griegas debían admitir de vuelta a los exiliados y devolverles sus derechos ciudadanos y sus tierras. Los ánimos se soliviantaron especialmente en Atenas. No sólo debían recibir de vuelta en Atenas a gente “problemática” sino que suponía la vuelta a su preciada de Samos de muchos antiguos oligarcas a los que Atenas había expulsado, procediendo a repartir sus tierras entre sus colonos.
El bando pro-paz liderado por Foción y Demades había conseguido contener las ansías atenienses de una revancha contra Macedonia, recordando una y otra vez que Atenas no era lo suficientemente fuerte. Sin embargo tras la noticia de la muerte de Alejandro la mayoría eligió el camino de la guerra, alentados por oradores demagogos y la vuelta a Atenas del anti-macedonio Demóstenes. Sin embargo la decisión contaba con la oposición de la oligarquía ateniense.


Izquierda: Foción (c.402-318). Lideró la victoriosa campaña de Bizancio contra Filipo. Contrario a rebelarse contra Macedonia, acató la decisión de la mayoría. Tras la conquista de Atenas por Antípatro trató de conseguir las mejores condiciones posibles para los vencidos atenienses. Caído en desgracia tras la muerte de Antípatro, sus enemigos en Atenas consiguieron que fuera acusado de traición y condenado a muerte.
Derecha: Demóstenes (384-322). Gran orador y ardiente opositor de la supremacía macedonia. Tras la victoria macedonia en la guerra lamiaca, Antípatro exigió a Atenas que Demóstenes le fuera entregado, pero éste consiguió suicidarse primero.
La Flota Ateniense
Atenas no había estado inactiva durante la era de Alejandro. Gracias al impulso de Licurgo a las finanzas de la ciudad, se habían hecho grandes esfuerzos para potenciar la flota. El puerto del Pireo había crecido y destacaba el añadido del gran arsenal diseñado por el famoso Filón, para almacenar las vitales velas y cordajes. A la muerte de Alejandro, Atenas se podía enorgullecer de una gran flota. Los listados atenienses dan unas cifras de 315 trirremes, 50 cuatrirremes y 2 quinquerremes; además de una cantidad indeterminada de naves auxiliares y menores como transportes de tropas, transportes de caballos, penteconteras, triaconteras... La realidad es que Atenas no se podía permitir tripular tantos barcosi, sobre todo si además tenía que aportar tropas para un ejército de tierra; por lo que sólo una fracción salía de campaña, manteniéndose el resto como reserva y reemplazos.
El veloz y maniobrable trirreme (trieres) había sido el navío enseña de la flota ateniense y ésta se había resistido bastante a introducir los grandes polirremes, pero finalmente se estaba poniendo al día y de hecho el programa naval ateniense fijaba las futuras construcciones en 200 cuatrirremes y sólo 40 trirremes, confirmando que el “cuatro” (treteres) iba a pasar a en el futuro a ser la espina dorsal de la flota, con el “cinco” (penteres) sirviendo como insignia del almirante de la flota. Sin embargo de momento la flota ateniense tenía que seguir confiando en sus trirremes.
Tampoco se había descuidado la cuestión del entrenamiento y se habían hecho constantes prácticas, además de mantener las tradicionales competiciones entre los trirremes de las tribus con los jóvenes cadetes (epheboi) remando.
La Flota Macedonia
Macedonia no se podía preciar de tener la impresionante tradición de la ateniense. Alejandro había confiado en los aportes de los aliados para tener una flota y no le había prestado demasiada atención inicialmente más allá de requerirla para cruzar el Helesponto y para misiones secundarias de apoyo al ejército. El uso de la flota por parte de Alejandro se ha calificado incluso de “inepto” o en todo caso de no aprovechar todo su potencial.
Durante el asedio de Tiro, a la flota griega de Alejandro se unirían barcos chipriotas así como barcos fenicios de las ciudades ya capturadas. Ambas nacionalidades parecen haber contado con un número respetable de grandes polirremes, cuatros y cincos, que los macedonios sin duda encontrarían de su gusto ya que podían llenarlos con su magnifica infantería y si había suerte convertir los combates navales en una pseudo-lucha terrestreii. Podemos suponer que las capturadas flotas fenicias constituirían el núcleo de la posterior flota macedónica, compensando con su experiencia, la escasa tradición naval macedónica.
No sabemos la proporción de trirremes/grandes polirremes en la flota macedonia, pero podemos suponer que ya se decantaba por los grandes buques. Respecto al número, también es difícil saberlo. Se comenta que Alejandro hablaba de reunir “1.000 naves” para sus futuras campañas en Arabia y en el Mediterráneo.

Interpretación de un cuatrirreme (en este caso romano y con “corvus”). Hay varios elementos discutibles como por ejemplo los mástiles y la altura de la nave, pero refleja bien la teoría de que los “cuatros” tenían 2 niveles de remos. Fuente: navistory.com
La Guerra Lamiaca
El primer papel de la flota ateniense fue echar “una mano” en el verano del 323 en la formación de una liga para “liberar” a Grecia del dominio de Macedonia. Las naves atenienses se usaron probablemente no sólo como meras mensajeras sino como medios de demostrar el poder de Atenas tanto para encorajinar a los partidarios de la alianza como para amedrentar a los contrarios a ella.
Antípatro -el regente de Macedonia- fracasó en su primer intento de poner fin a la rebelión, y tuvo que acabar refugiándose tras las murallas de Lamia. Victoriosos los griegos por tierra, sólo quedaba impedir que le llegaran a Antípatro refuerzos de los otros generales macedonios desde Asia. Si la flota ateniense conseguía bloquear el cruce de Asia a Grecia, entonces los aliados llevaban las de ganar. A la llamada de auxilio de Antípatro respondieron Leonato en la Frigia Póntica y Crátero en Cilicia.
Leonato consiguió pasar el Helesponto rápidamente. Sin embargo aunque se levantó el sitio de Lamia, Leonato murió en batalla y los macedonios no conseguían lograr ventaja en tierra. Sorprendentemente iba a ser en el mar donde iba a llegar primero la supremacía macedonia y sólo como consecuencia de ello se perdería la guerra terrestre.
Los asuntos de los griegos prosperaban por tanto, pero dado que los macedonios tenían el control del mar, los atenienses alistaron otros barcos en adición a los que ya tenían, por lo que en total eran 170. Clito estaba al mando de la flota macedonia, que sumaba 240. Enfrentándose con el almirante ateniense Euetion lo derrotó en dos ocasiones y destruyó gran número de naves enemigas cerca de las islas denominadas Equínadas.
Diodoro Sículo
La campaña naval subsiguiente no está bien documentada y buena parte son hipótesis hechas por los expertos que han estudiado al tema, a partir de varios fragmentos separados. Se estima por ciertos registros que la flota ateniense pudo alistar para el combate en 323-322 un total de 189 trirremes y 49 cuatrirremes, a los que habría que añadir los 2 “cincos”, o sea 240 naves. Su rival macedonia estaba formada en teoría por 110 naves que poseía Antípatro, a las que había que añadir unos refuerzos de (al menos) 130 naves que envió Crátero al mando de Clito “el Blanco”, lo que daría a su vez 240 naves también.
Hubo al menos tres batallas navales de entidad, que pasamos a comentar.

Abydos
El control del Helesponto era vital para los atenienses por dos motivos: evitar el pase de tropas macedonias, y mantener abierta la línea marítima hacia el Bósforo, región de donde los atenienses obtenían grano entre otras cosas. Atenas en consecuencia mandó una escuadra a hacerse con tan estratégico punto. Cuando llegaron, la flota macedonia le estaba esperando. Hay quien cree que Clito ya había conseguido reunir a las dos mitades de la flota macedonia y Abydos sería la primera de las dos victorias que logró sobre Euetion. Una hipótesis alternativa es que la escuadra macedonia eran sólo los 110 buques originales que tenía Antípatro.
El caso es que los atenienses fueron derrotados. Sus perdidas son desconocidas, pero Atenas agradeció en una inscripción los esfuerzos realizados por los habitantes de Abydos por rescatar a los náufragos atenienses.
La victoria macedonia aseguraba pues un cruce seguro para los refuerzos. La batalla tendría lugar en el otoño del 323 o en la primavera del 322. En cualquier caso es muy posible que antes de la batalla, las tropas de Leonato ya hubieran cruzado a Europa, pero quedarían por llegar las de Crátero.
Islas Equínadas
Situadas al oeste de Grecia en la entrada del Golfo de Corinto, dichas islas plantean la cuestión de por qué hubo una batalla allí, a primera vista en un sitio algo alejado del campo de operaciones principal que era el Egeo.
Sabemos que en el Adriático había al menos un escuadrón ateniense ya que unos años antes se había establecido allí una colonia -en algún punto que desconocemos- con el objetivo de ejercer un mejor control del suministro de grano proveniente del Adriático que se veía amenazado por piratas. Por lo tanto es muy posible que los macedonios marcharan a destruir dicho escuadrón, en cuyo caso la mención a las fuertes perdidas atenienses nos indicaría que había sido reforzado.
Una hipótesis alternativa defiende que la batalla no se dio en las Islas Equínadas sino en el área del Golfo de Lamia, donde hay una comarca denominada “Equinos”, lo cual situaría la batalla de manera muy conveniente cerca de las operaciones de los ejércitos terrestres.

Imagen (con corte transversal) de un trirreme ateniense entrando en el puerto de Delos. Autor: Stephen Biesty.
Amorgos
Cuando los Atenienses sufrieron aquella derrota en el combate naval de Amorgo(s), adelantándose a los que traían la noticia, (Estrátocles) pasó coronado por el Ceramico, y anunciando que habían vencido propuso que se hiciera el sacrificio acostumbrado por la buena nueva, y distribución de carnes por tribus. A poco llegaron los que volvían con el resto (los restos ruinosos) de las naves que quedó de la batalla, e increpándole el pueblo con enfado, calmó con la mayor insolencia el tumulto, diciendo: “¿Y qué ha habido de malo en que hayáis tenido dos días alegres?”
Plutarco. Vida de Demetrio, XI
La de Amorgos (islas Cícladas) sería la batalla más relevante de la guerra -o al menos eso se cree-, aunque no necesariamente la última. Los macedonios parecen haber dominado el mar y Amorgos habría sido un intento desesperado de Atenas de inclinar la balanza. Se cree que la batalla tuvo lugar a finales de la primavera del 322. Euetion habría contado con 170 naves contra las 240 de Clito.
Amorgos iba a pasar a la historia como la antítesis de Salamina para la marina ateniense. No por el número de naves perdidas ya que parece que las bajas fueron ridículas: 3 o 4 naves volcadas por Clito “cual Poseidón”; sino por la perdida mucho más grave del espíritu combativo de la flota. La flota regresó a Atenas lamiéndose las heridas y remolcando a sus naves más dañadas. Esto último debió ser el origen de la falsa noticia de que Atenas había triunfado, ya que todo el mundo sabía que una flota derrotada huía y dejaba atrás a sus derelictos.
Es llamativo que Clito permitiera a los atenienses regresar con casi todos sus barcos. Por eso se sospecha que puede haber habido una capitulación por parte de los atenienses o en todo caso algún signo que hiciera sospechar a Clito que la flota ateniense ya no representaba un peligro. Es conveniente recordar la mencionada oposición de la oligarquía ateniense a la guerra y era dicha oligarquía la que formaba las filas de los “trierarcas” (capitanes de las naves).
En cualquier caso Clito había asegurado un cruce seguro para Crátero, cuyas fuerzas se unirían a las de Antípatro. Los griegos son derrotados en la batalla de terrestre de Cranon (agosto). Al igual que en Amorgos, las perdidas parecen haber sido escasas y la principal baja habría sido de nuevo la moral de las tropas griegas. La alianza se vino abajo y con ella los sueños de independencia.

La batalla de Amorgos. Fuente: Zea Harbour Project.
Consecuencias
Antípatro pudo ocupar Atenas -dejando una guarnición únicamente en el puerto del Pireo- a la que se le impuso una nueva forma de gobierno que favorecía a la oligarquía y acababa con la tradicional democracia ateniense. Los requisitos (el mínimo de riqueza) para ser considerado ciudadano ateniense se endurecieron a instancias de Antípatro. El 60% de los ciudadanos perdió la ciudadanía y 12.000 ex-ciudadanos fueron condenados a exiliarse. De ésta forma Antípatro quitaba de enmedio a los más belicosos de los ciudadanos atenienses.
Otro golpe dirigido claramente al poderío naval ateniense, fue la eliminación de la trierarchia, la obligación que tenían los ciudadanos ricos de proveer y mantener naves al servicio del Estado. En el año 307 al final del gobierno de Demetrio de Falero -impuesto por el macedonio Casandro- Atenas sólo contaba con 30 naves.
La flota ateniense seguiría existiendo, formándose escuadras “ad hoc” según las circunstancias, pero ya nunca más sería aquella flota imperial soñada por Temístocles.
Autor: Flavius Stilicho

Fuentes:
-
Grainger, J.D. Hellenistic & Roman Naval Wars.
-
Hale, J.R. Lords of the Sea.
Fuentes clásicas:
-
Diodoro Sículo. Bibliotheca Historica - Web LacusCurtius (versión en inglés).
-
Plutarco. Vidas de Foción, Demóstenes y Demetrio - Wikisource.
Notas:
i Se hubieran necesitado unos 70.000 hombres.
ii La perdida de velocidad y maniobrabilidad dificultaba las tácticas basadas en el uso del espolón -salvo en espacios muy restringidos- si se combatía contra trirremes pero lo compensaban con una mayor resistencia y sobre todo con una mucho mayor capacidad de abordaje.
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Gracias por el aviso. Tienes razón, bailó un número y se me pasó también en la revisión posterior. El decreto sobre los exiliados es del 324 y se leyó justo durante los Juegos Olímpicos, ¡menudo "aguafiestas" era nuestro Alejandro!
Saludos y por supuesto comenta cuanto quieras.
Buen trabajo Flavius, me acuerdo del tema de cuando realicé el trabajo de "Antípatro"., este se puede decir que fue el último gesto de sacudirse la hegemonía macedonia, nunca más Atenas demostró su poderío naval como ahora, poderío en todo caso, que no se podía comparar con la época de Pericles, tanto cuantitativa con cualitativamente.![]()
saludos
En cuanto a cantidad no iba especialmente escasa, si aceptamos las cifas de 170-200 naves operativas; otra cosa es que enfrente estaban los macedonios que además de su propia flota (y la de otros aliados griegos) contaban con la antigua flota persa, por lo que no es raro que tuvieran como poco 200 naves, en las que probablemente el número de grandes naves era mayor.
No hay información de como se desarrollaron las batallas, por lo que es difícil saber exactamente que falló en la flota ateniense. No parece que ésta hubiera sido descuidada, aunque a la mayoría le faltaría ese "plus" que da el haber participado en combates. Por lo que he leído se sospecha más bien de una falta de calidad y/o espíritu de combate en los mandos atenienses. El único con verdadera experiencia naval y talento era Foción; y fue desplazado por ser ya mayor y sobre todo por su creencia de que Atenas no podría ganar.
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Muy buen trabajo Flavius!!! exelente idea tratar estos hechos. Lo leo con cuidado y luego comento mejor.
creo que esa fecha es 324, error de tipeo seguro...
saludos,
marvel...