Poetas Contemporáneos

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coventin
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Desde: 30 Ago 2009

Pasear contigo

 

Con una lentitud
de luces y de vientos que nunca conocí,
han crecido los plátanos
y las casas antiguas de estas calles.
Detrás de sus balcones se vivieron
fiestas que no eran mías,
guerras que no sufrí,
ambiciones que no me dominaron,
muertes que no he sentido.

Cruza la gente y habla
en un hermoso idioma que me cuesta
trabajo comprender.
Y sin embargo
esta ciudad es mía,
pertenece a mi vida como un puerto a sus barcos.

Sin duda es la memoria
de algunos novelistas y un poeta.

Y sin duda, también, es la importancia
de pasear contigo,
de tu mano en mi mano, de nuevo adolescente,
tu cabeza en mi hombro,
tu silencio en el mío.

 

Luis García Montero

Lu
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Guardia Pretoriano
Desde: 22 Ago 2010

No podía faltar Federico García Lorca. De toda su poesía me quedo con el "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías"; las cuatro elegías se pueden hacer un poco largas, pero creo que merecen la pena. Ahí va.

 

LA COGIDA Y LA MUERTE

A las cinco de la tarde

 

Eran las cinco en punto de la tarde.

 

Un niño trajo la blanca sábana

a las cinco de la tarde.

 

Una espuerta de cal ya prevenida

a las cinco de la tarde.

 

Lo demás era muerte y sólo muerte

a las cinco de la tarde.

 

El viento se llevó los algodones

a las cinco de la tarde.

 

Y el óxido sembró cristal y níquel

a las cinco de la tarde.

 

Ya luchan la paloma y el leopardo

a las cinco de la tarde.

 

Y un muslo con un asta desolada

a las cinco de la tarde.

 

Comenzaron los sones del bordón

a las cinco de la tarde.

 

Las campanas de arsénico y el humo

a las cinco de la tarde.

 

En las esquinas grupos de silencio

a las cinco de la tarde.

 

¡Y el toro, solo corazón arriba!

a las cinco de la tarde.

 

Cuando el sudor de nieve fue llegando

a las cinco de la tarde,

 

cuando la plaza se cubrió de yodo

a las cinco de la tarde,

 

la muerte puso huevos en la herida

a las cinco de la tarde.

 

A las cinco de la tarde.

 

A las cinco en punto de la tarde.

 

Un ataúd con ruedas es la cama

a las cinco de la tarde.

 

Huesos y flautas suenan en su oído

a las cinco de la tarde.

 

El toro ya mugía por su frente

a las cinco de la tarde.

 

El cuarto se irisaba de agonía

a las cinco de la tarde.

 

A lo lejos ya viene la gangrena

a las cinco de la tarde.

 

Trompa de lirio por las verdes ingles

a las cinco de la tarde.

 

Las heridas quemaban como soles

a las cinco de la tarde,

 

y el gentío rompía las ventanas

a las cinco de la tarde.

 

A las cinco de la tarde.

 

 

¡Ay qué terribles cinco de la tarde!

¡Eran las cinco en todos los relojes!

¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

 

 

LA SANGRE DERRAMADA

 

¡Que no quiero verla!

 

Dile a la luna que venga,

que no quiero ver la sangre

de Ignacio sobre la arena.

 

¡Que no quiero verla!

 

La luna de par en par,

caballo de nubes quietas,

y la plaza gris del sueño

con sauces en las barreras

 

¡Que no quiero verla!

 

Que mi recuerdo se quema.

¡Avisad a los jazmines

con su blancura pequeña!

 

¡Que no quiero verla!

 

La vaca del viejo mundo

pasaba su triste lengua

sobre un hocico de sangres

derramadas en la arena,

y los toros de Guisando,

casi muerte y casi piedra,

mugieron como dos siglos

hartos de pisar la tierra.

 

No.

 

¡Que no quiero verla!

 

Por las gradas sube Ignacio

con toda su muerte a cuestas.

Buscaba el amanecer,

y el amanecer no era.

Busca su perfil seguro,

y el sueño lo desorienta.

Buscaba su hermoso cuerpo

y encontró su sangre abierta.

¡No me digáis que la vea!

No quiero sentir el chorro

cada vez con menos fuerza;

ese chorro que ilumina

los tendidos y se vuelca

sobre la pana y el cuero

de muchedumbre sedienta.

¡Quién me grita que me asome!

¡No me digáis que la vea!

No se cerraron sus ojos

cuando vio los cuernos cerca,

pero las madres terribles

levantaron la cabeza.

Y a través de las ganaderías,

hubo un aire de voces secretas

que gritaban a toros celestes,

mayorales de pálida niebla.

No hubo príncipe en Sevilla

que comparársele pueda,

ni espada como su espada,

ni corazón tan de veras.

Como un río de leones

su maravillosa fuerza,

y como un torso de mármol

su dibujada prudencia.

Aire de Roma andaluza

le doraba la cabeza

donde su risa era un nardo

de sal y de inteligencia.

¡Qué gran torero en la plaza!

¡Qué gran serrano en la sierra!

¡Qué blando con las espigas!

¡Qué duro con las espuelas!

¡Qué tierno con el rocío!

¡Qué deslumbrante en la feria!

¡Qué tremendo con las últimas

banderillas de tiniebla!

Pero ya duerme sin fin.

Ya los musgos y la hierba

abren con dedos seguros

la flor de su calavera.

Y su sangre ya viene cantando:

cantando por marismas y praderas,

resbalando por cuernos ateridos

vacilando sin alma por la niebla,

tropezando con miles de pezuñas

como una larga, oscura, triste lengua,

para formar un charco de agonía

junto al Guadalquivir de las estrellas.

¡Oh blanco muro de España!

¡Oh negro toro de pena!

¡Oh sangre dura de Ignacio!

¡Oh ruiseñor de sus venas!

No.

 

¡Que no quiero verla!

 

Que no hay cáliz que la contenga,

que no hay golondrinas que se la beban,

no hay escarcha de luz que la enfríe,

no hay canto ni diluvio de azucenas,

no hay cristal que la cubra de plata.

No.

 

¡Yo no quiero verla!

 

CUERPO PRESENTE

 

La piedra es una frente donde los sueños gimen

sin tener agua curva ni cipreses helados.

La piedra es una espalda para llevar al tiempo

con árboles de lágrimas y cintas y planetas.

 

Yo he visto lluvias grises correr hacia las olas

levantando sus tiernos brazos acribillados,

para no ser cazadas por la piedra tendida

que desata sus miembros sin empapar la sangre.

 

Porque la piedra coge simientes y nublados,

esqueletos de alondras y lobos de penumbra;

pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego,

sino plazas y plazas y otras plazas sin muros.

 

Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido.

Ya se acabó; ¿qué pasa? Contemplad su figura:

la muerte le ha cubierto de pálidos azufres

y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro.

 

Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca.

El aire como loco deja su pecho hundido,

y el Amor, empapado con lágrimas de nieve

se calienta en la cumbre de las ganaderías.

 

¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa.

Estamos con un cuerpo presente que se esfuma,

con una forma clara que tuvo ruiseñores

y la vemos llenarse de agujeros sin fondo.

 

¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice!

Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón,

ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente:

aquí no quiero más que los ojos redondos

para ver ese cuerpo sin posible descanso.

 

Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura.

Los que doman caballos y dominan los ríos;

los hombres que les suena el esqueleto y cantan

con una boca llena de sol y pedernales.

 

Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra.

Delante de este cuerpo con las riendas quebradas.

Yo quiero que me enseñen dónde está la salida

para este capitán atado por la muerte.

 

Yo quiero que me enseñen un llanto como un río

que tenga dulces nieblas y profundas orillas,

para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda

sin escuchar el doble resuello de los toros.

 

Que se pierda en la plaza redonda de la luna

que finge cuando niña doliente res inmóvil;

que se pierda en la noche sin canto de los peces

y en la maleza blanca del humo congelado.

 

No quiero que le tapen la cara con pañuelos

para que se acostumbre con la muerte que lleva.

Vete, Ignacio: No sientas el caliente bramido.

Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!

 

ALMA AUSENTE

 

No te conoce el toro ni la higuera,

ni caballos ni hormigas de tu casa.

No te conoce el niño ni la tarde

porque te has muerto para siempre.

 

No te conoce el lomo de la piedra,

ni el raso negro donde te destrozas.

No te conoce tu recuerdo mudo

porque te has muerto para siempre.

 

El otoño vendrá con caracolas,

uva de niebla y monjes agrupados,

pero nadie querrá mirar tus ojos

porque te has muerto para siempre.

 

Porque te has muerto para siempre,

como todos los muertos de la Tierra,

como todos los muertos que se olvidan

en un montón de perros apagados.

 

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.

Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.

La madurez insigne de tu conocimiento.

Tu apetencia de muerte y el gusto de tu boca.

La tristeza que tuvo tu valiente alegría.

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,

un andaluz tan claro, tan rico de aventura.

Yo canto su elegancia con palabras que gimen

y recuerdo una brisa triste por los olivos.

MVR30
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Desde: 23 Ene 2011

Gracias por los aportes, bellisimos poemas...MVR30

 


Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio

Claudio_Druso
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Legionario
Desde: 20 Jun 2010

Qué fragiles somos! Nada y Todo.

 

 

El viaje definitivo

…Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando, 
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado.
mi espíritu errará, nostálgico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

 

Juan Ramón Jiménez

 


"La voz de un pueblo es peligrosa cuando está cargada de ira." 
Esquilo 

"Los más infelices sean los más privilegiados" José Gervasio Artigas 

MVR30
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Desde: 23 Ene 2011

  Gabriela Mistral              Balada de mi nombre

 

                  El nombre mío que he perdido,

                 ¿Dónde vive, dónde prospera?

                  Nombre de mi infancia, gota de leche,

                  rama de mirto  tan ligera.

 

                 De no llevarme iba dichoso

                o de llevar mi adolescencia

                y  con él ya no camino

                por campos y por praderas.

 

                Llanto mío no conoce

                 y no la quemó mi salmuera;

                 cabellos blancos no  me ha visto

                ni  mi boca con acidia,

                 y  no me habla si me encuentra.

 

                Pero me cuentan que camina

                 por las quiebras de mi montaña

                  tarde a la tarde silencioso

                 y sin mi cuerpo y vuelto mi alma

 

 

MVR30

 


Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio

MVR30
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Desde: 23 Ene 2011

Palabras. Jacques Prevert

 

Dice no con la cabeza

pero dice sí con el corazón

dice sí a lo que quiere

dice no al profesor

está de pie 

lo interrogan

le plantean todos los problemas

de pronto estalla en carcajadas

y  borra  todo

los números y las palabras

los datos y los nombres

las frases  y las trampas

y sin cuidarse de la furia del maestro 

ni de los gritos de los niños prodigios

con tizas de todos los colores

sobre el piazarrón del infortunio

dibuja el rostro de la felicidad.

MVR30

 


Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio

coventin
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Desde: 30 Ago 2009

Confesiones

 

Yo te estaba esperando.
Más allá del invierno, en el cincuenta y ocho,
de la letra sin pulso y el verano
de mi primera carta,
por los pasillos lentos y el examen,
a través de los libros, de las tardes de fútbol,
de la flor que no quiso convertirse en almohada,
más allá del muchacho obligado a la luna,
por debajo de todo lo que amé,
yo te estaba esperando.

Yo te estoy esperando.
Por detrás de las noches y las calles,
de las hojas pisadas
y de las obras públicas
y de los comentarios de la gente,
por encima de todo lo que soy,
de algunos restaurantes a los que ya no vamos,
con más prisa que el tiempo que me huye,
más cerca de la luz y de la tierra,
yo te estoy esperando.

Y seguiré esperando.
Como los amarillos del otoño,
todavía palabra de amor ante el silencio,
cuando la piel se apague,
cuando el amor se abrace con la muerte
y se pongan mas serias nuestras fotografías,
sobre el acantilado del recuerdo,
después que mi memoria se convierta en arena,
por detrás de la última mentira,
yo seguiré esperando.

 

Luis García Montero

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Desde: 23 Ene 2011

 Idea Villariño     Ya  no será...

 Ya no será...

 ya no viviremos juntos, no criáre a tu hijo

 no coceré tu ropa, no te tendré de noche

 no te besaré al irme, nunca sabrás quien fuí

 porque me amaron otros.

 

 No llegaré a saber ni por qué, ni como, nunca

 ni si era de verdad lo que dijiste, que era,

 ni quién fuiste, ni qué fui para tí

 ni cómo hubiera sido vivir juntos,

 querernos, esperarnos, estar.

 

Ya no soy más que yo para siempre y tú.

Ya no estás en un día futuro

 no sabré dónde vives, con quien

 ni si te acuerdas.

 

 No me abrazaras nunca como esa noche. Nunca.

 No volveré a tocarte, no te veré morir.

 


Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio

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Desde: 23 Ene 2011

 Juan Gelman poeta argentino nacido en 1930 fallecido el día 14 de enero del 2014 en México, un hombre destacado por su talento y por la lucha por los derechos humanos, luego de muchos años pudo reencontrarse con su nieta. Un recuerdo para él

 EL JUEGO EN QUE ANDAMOS

 

Si me dieran a elegir, yo elegiría

esta salud de saber que estamos muy enfermos,

esta dicha de andar tan infelices.

Si me dieran a elegir, yo elegiría

esta inocencia de no ser tan inocente,

esta pureza en que ando por impuro.

Si me dieran a elegir yo elegiría

este amor con que odio,

esta esperanza que come panes desesperados.

Aquí pasa señores,

que me juego la muerte.

 


Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio

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Desde: 23 Ene 2011

Juana de Ibarbourou-  La Higuera

 

Porque es áspera y fea,

porque todas sus ramas son grises

    yo le tengo piedad a la higuera.

 

En mi quinta hay cien árboles bellos:

         ciruelos redondos

         limoneros rectos

  y naranjos de brotes lustrosos.

 

    En las primaveras,

todos ellos se cubren de flores

    en torno a la higuera.

 

Y la pobre parece tan triste

con sus gajos torcidos que nunca

de apretados cupullos se visten...

 

      Por eso

cada vez que yo paso a su lado,

 digo procurando,

hacer dulce y alegre mi acento:

 

Es la higuera el más bello de los árboles

en el huerto.

Si ella escucha

Si comprende el idioma en que hablo

 ¡Qué dulzura tan  honda hará nido

 En su alma sensible de árbol!

 

     Y tal vez a la noche,

cuando el viento abanique su copa

embriaga de gozo le cuente:

-Hoy a mi me dijeron hermosa.

 

 


Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio