Felix Dadaev, el doble de Stalin

1 respuesta [Último envío]
Conchi_83
Imagen de Conchi_83
Desconectado
Auxilia
Desde: 27 Jul 2011

Autor: Conchi_83, 02/May/2008 12:46 GMT+1:



 

 
“Recibía diplomáticos, leía discursos por él... Tras 50 años oculto, Félix desvela el peligroso papel que le obligaron jugar: Conservo la carta que certifica mi muerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fue un tirano sin par, pero tuvo más de un doble. Se cuenta que Iosif Stalin se regocijaba mirando a hurtadillas cómo sus camaradas más cercanos, Molotov o Beria, acudían a su despacho y rendían cuentas ante uno de sus dobles sin darse cuenta del cambiazo. Así el dictador soviético ponía a prueba la eficacia de una mascarada que contó con un elenco de dobles que la historiografía no ha sabido cifrar. En los años posteriores a la II Guerra Mundial la duplicidad del líder pasó a ser cuestión de Estado.

 

 

 

Tanto es así que Felix Dadaev, ex bailarín, escritor satírico, malabarista, prestidigitador y renombrado militar caucásico del Ejército Rojo, ha tardado medio siglo en quitarse la máscara y desvelar que él fue uno de los elegidos para suplantar al líder en encuentros con delegaciones extranjeras, lectura de informes o trayectos en coche. Una vez llegó incluso a suplantar a Stalin en el balcón del mausoleo en la Plaza Roja durante un desfile de atletas en 1945, filmado por el Nodo soviético.

 

 

 

Aunque la diferencia de edad entre ambos era más que notoria (Dadaev era un veinteañero que debía meterse en la piel de un sesentón), el joven artista compartía la nariz imperial del dictador, sus imponentes cejas caucásicas y una robusta papada. Teníamos la misma altura, voz y nariz, explica Dadaev a Komsomolskaya Pravda, el diario ruso que ha elegido para confesarse. Como él mismo reconoce, el talón de Aquiles de su parecido físico con Stalin fueron los lóbulos de las orejas que, a diferencia del dictador, en Dadaev estaban unidos a la cabeza.

 

 

 

Pese a esta disonancia lobular, Stalin nunca le tiró de las orejas a Dadaev. La única vez que se miraron a los ojos fue en la sala de recepciones de Stalin. El encuentro duró cinco minutos y el dictador se limitó a dar su aprobación, mientras Dadaev le decía en georgiano gracias, muchas gracias. Dadaev sigue idolatrando a día de hoy al Padrecito Stalin, y conserva intacto el miedo que vivió durante aquellos años, en los que somatizó la paranoia del líder, que se contagió a su círculo más cercano, y sobre todo a sus dobles. Stalin medía 1,72 metros, dos centímetros más que Dadaev, diferencia que los maquilladores del régimen salvaron aumentando los tacones.

 

 

 

Las facultades innatas de Dadaev para la danza, la interpretación y la solemne declamación de brindis le permitieron calcar al personaje incluso en la lectura de los discursos.

 

 

 

Oriundo de Kazi-Kumuj, una aldea daguestaní inserta en las escarpadas montañas del Cáucaso, Dadaev fue pastor de niño y aprendió de su padre el oficio de estañador. Estudió orfebrería, pero la auténtica vocación que deseaba pulir era la de la danza. En su adolescencia descolló como bailarín de danzas folclóricas, y no tardó en enrolarse en grupos de baile. Cuando su familia se trasladó a Ucrania, el joven ingresó en un conjunto de lezginka, la jota del Caúcaso. Durante la Gran Guerra Patria (como llaman los rusos a la II Guerra Mundial), Dadaev encabezó una brigada de artistas adjunta a la división 132 que solazaba a los soldados en la primera línea de frente, lo que le valió las más importantes condecoraciones.

 

 

 

ESPÍA ARMADO

 

 

 

En más de una ocasión Dadaev y los demás artistas tuvieron que saltarse el guión y blandir armas contra el enemigo o involucrarse en una operación de contraespionaje. No en vano, gracias a su labor de espía de campaña, el Ejército Rojo logró dinamitar un puente que dejó incomunicados a los nazis en la ciudad de Cherkesk. Tras recibir una herida lo dieron por muerto en 1942: lo llevaron a un hospital del frente junto a siete cadáveres, dos de los cuales resultó que estaban vivos. Uno de ellos era yo. Hasta hoy conservo la carta en la que se certifica que yo estoy muerto, asegura.

 

 

 

Su nombre auténtico es Gazavat, pero se lo cambió por Felix en memoria de un comandante polaco que le enseñó bailes ucranianos y que murió en sus brazos en plena guerra. Un amigo suyo no tardó en apodarlo Felix de Hierro, en honor a Felix Dzerzhinski, el fundador de la Cheka, la policía secreta soviética precursora del KGB, lo que acabó por eclipsar la causa original del cambiazo. Ya de joven sus amigos le reían su parecido con Stalin. Yo me mostraba descontento, pero en lo más profundo de mi alma me sentía orgulloso por parecerme al Gran Padre de los Pueblos, explica.

 

 

 

Fue en 1943 cuando la policía secreta, entonces NKVD, se interesó por el sorprendente parecido de Dadaev con el Padrecito y le ofrecieron al artista el papel de su vida. Como le ocurre a Cary Grant al comienzo de Con la muerte en los talones, un buen día Dadaev fue abordado por varias personas vestidas de civil. Sin recibir demasiadas explicaciones, se avino a trasladarse con aquellos agentes a Moscú en un vuelo secreto. Lo alojaron en una dacha de las afueras de la capital y lo alimentaron bien, aunque no tanto por cortesía como por exigencias del guión... Para lograr el parecido tuve que engordar 11 kilos.

 

 

 

Aunque en un primer momento pensaron en hacer réplicas exactas de los uniformes y trajes, finalmente acabaron por vestirle con ropa auténtica sacada del armario de Stalin.

 

 

 

Los tatuajes que Dadaev lucía en su mano fueron cubiertos con cremas. Para meterse del todo en la piel de Stalin, Dadaev tuvo que emular las marcas faciales de viruela que presentaba dictador. Para que el simulador calcara los andares, ademanes y entonación del líder, los del NKVD le mostraban durante horas y horas documentales de Stalin. Su mujer, Nina Igorevna, nunca supo que su marido llevaba una doble vida.

 

 

 

DELICADA MISIÓN

 

 

 

La misión más delicada de Dadaev tuvo lugar en 1943, cuando Stalin se encontró en Teherán con sus homólogos británico y estadounidense, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt. Mientras el verdadero Stalin ya estaba en Irán, a Dadaev le tocó suplantar al líder en el coche que lo llevó desde el Kremlin al aeropuerto.

 

 

 

Uniformado y maquillado a imagen y semejanza del Dios rojo, Dadaev vivió sin saberlo en el filo de la hoz comunista. Uno de sus antecesores en el papel de doble, Yevsei Lubitski, un contable ucraniano de origen judío, fue enviado a los campos de trabajo tras 15 años de servicio como doble del dictador. Le raparon el pelo, le impidieron lucir bigotes y lo enviaron al gulag ártico de las islas Solovetski. Se cuenta que Lubitski fue sometido a varias operaciones plásticas para lograr un parecido total a Stalin. Después, todos los participantes de aquella metamorfosis (incluidos peluqueros y maquilladores) fueron fusilados.

 

 

 

Siempre hubo rumores sobre la existencia de dobles, aunque sus identidades (con la excepción de Lubitski y Dadaev) nunca fueron reveladas. Tras cumplir su papel de clon, Dadaev firmó un pacto de silencio. En 1996, la apertura de archivos soviéticos sacó a flote su historia y varias fotos en las que aparecía como doble de Stalin. Interpelado por la existencia de otros dobles, Dadaev calla. No lo puedo decir. Medio siglo después de la desaparición de Stalin, su corazón sigue cargado de secretos inconfesables”.

 

 

 

 


marqjc
Imagen de marqjc
Desconectado
Legionario Inmunis
Desde: 14 Dic 2009

Pobre hombre, no me gustaría estar en su lugar. Aparte de los peligros que uno debería correr en el día a día mientras cumplía su función, tampoco tenía asegurado su futuro. Es raro que lo hallan dejado sobrevivir.