La guerra entre Masinisa y Cartago

Bernardo Pascual
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Decurión
Desde: 22 Ene 2016

 CRONOLOGÍA DE LA GUERRA NÚMIDA Y LA GUERRA DE FUEGO.

 

Año 156 antes de Cristo.

 

En primavera, Masinisa invade el antiguo reino de Sífax.

Arcobazanes se refugia con su séquito en territorio Cartaginés.

El senado envía una comisión investigadora a África, en la que participan Marco Porcio Catón y Publio Cornelio Escipión Nasica.

A su regreso, a comienzos de junio, se abre el debate sobre una posible intervención contra Cartago.

Ese verano, los romanos comienzan a reclutar un ejército para tenerlo dispuesto ante cualquier eventualidad.

Los encargados de requisar caballos en Iliria son asaltados y saqueados por los dálmatas.

A consecuencia de este incidente Roma declara la guerra a los dálmatas.

Pese a sufrir algunos reveses iniciales, ese invierno, sin embargo, Gayo Marcio Fígulo consigue ya algunos éxitos frente a los Dálmatas.

 

Año 155 antes de Cristo.

 

Prusias de Bitinia, el último amigo de Aníbal, en cuyo palacio murió el general púnico, invade de forma inesperada el reino de Pérgamo, el socio más fiel de los romanos en la zona.

El cónsul Cornelio Nasica se hace cargo de la guerra de Iliria.

Un condotiero con el sugerente apodo de Púnico comienza a actuar en la Bastetania, la región de la Península Ibérica mejor comunicada con Cartago, reclutando tropas e incitando a los bastulofenicios a sublevarse.

 A comienzos del verano, Cornelio Nasica somete a los Dálmatas.

Victoria de Púnico sobre los romanos en la Bastetania.

Galos y ligures, todos ellos antiguos aliados de los cartagineses, a algunos de cuyos generales habían acogido al final de la II Guerra Púnica,  invaden la desembocadura del Ródano y sitian algunas plazas masaliotas.

En la Celtiberia, tras infructuosas conversaciones, los romanos declaran la guerra a Segovia.

 

Año 154 antes de Cristo.

 

Prusias emprende una nueva campaña de castigo contra Pérgamo.

Contingentes de mercenarios iberos, aquellos que había reclutado el tal púnico desembarcan en África y refuerzan el ejército de Arcobarzanes.

El cónsul Quinto Opimio, tras llegar a Marsella a marchas forzadas, somete a los ligures.

Cáuciro, el caudillo segoviano, derrota a Lucio Mummio, llegado de Italia con tropas bisoñas, asalta su campamento y le arrebata las enseñas de las legiones.

Tras exhibirlas por toda la Celtiberia, el resto de los arévacos se unen a la revuelta.

Cáuciro obliga a los titios a replegarse al otro lado de la Sierra.

Los lusitanos del otro lado del Tajo (o de éste, según se mire), alzándose ahora en armas, aprovechan para ocupar el valle del Guadiana.

 

Año 153 antes de Cristo.

 

Ante los acontecimientos que están teniendo lugar en Hispania, los romanos adelantan el comienzo del año al uno de enero.

Los emisarios de Masinisa informan en la Curia de que los preparativos cartagineses cada vez son mayores.

Se envía ahora una segunda comisión a África, largo tiempo pospuesta, con la que se conmina a Masinisa a abandonar el territorio ocupado.

Lucio Mummio, tras reponer fuerzas, se dirige al territorio de los cerindones, a fin de contrarrestar la presión que contra ellos estaba ejerciendo Cáuciro.

A finales de julio, Mummio se reúne con Quinto Fulvio Nobilior en Toledo.

El cónsul se hace cargo de la campaña en el norte y Mummio parte hacia el Guadiana, para reprimir la incursión de los lusitanos.

El veintitrés de agosto, en su avance contra Segovia, Nobilior es sorprendido en una emboscada, pero pese a las cuantiosas bajas que han de encajar los romanos, Cáuciro muere en la batalla.

Nobilior llega hasta Segovia, aunque tras un intento fallido de asaltarla, utilizando para ello como ariete los elefantes enviados por Masinisa, debe desistir de tomarla.

Ese invierno los cerindones le hacen defección y queda encerrado en Sepúlveda sin provisiones.

Por las mismas fechas, la ciudad de Tapso, capital de los Emporios, territorio arrebatado años antes por Masinisa a los cartagineses, se subleva, y son expulsados los cuarenta miembros del gobierno colaboracionista.

 

Año 152 antes de Cristo.

 

Masinisa, acosado en dos frentes, tras vanos esfuerzos por mantener la situación, emprende el repliegue.

Claudio Marcelo, al que se le asigna Hispania, inicia las negociaciones de paz, a la cual se niegan el resto de aliados.

Finalmente, embajadas de todas las partes implicadas parten hacia Roma, mientras él, durante la tregua, marcha contra los lusitanos.

Un cuerpo de caballería compuesto de voluntarios cartagineses se une a la persecución de Maisnisa.

El ejército púnico invade el reino númida.

Tras escuchar a los celtíberos, el senado decide continuar la guerra, encargándosela a Lucio Licinio Lúculo, a quien acompañará Escipión Emiliano como tribuno.

 

Año 151 antes de Cristo.

 

Escipión Emiliano llega al campamento de Masinisa en busca de elefantes de guerra.

Al mismo tiempo, una comisión del senado, a la que acompaña Gulusa se presenta en Cartago.

El pueblo, enfurecido, impide la entrada a Gulusa, y poco después la comisión, ante el peligro que corren sus miembros, abandona la ciudad.

Masinisa derrota a los cartagineses y los masacra en la huida.

Letondo, el sucesor de Cáuciro, a su regreso de Roma, tras pasar algún tiempo junto a Marcelo, acuerda con éste finalmente una deditio, por la cual el cónsul, no obstante, se compromete a respetar lo firmado con Graco.

Los segovianos se rinden y entregan rehenes a Marcelo.

Cuando Lúculo llega a Segovia, la guerra ya ha terminado, así pues, ya que está allí, emprende una incursión contra los vacceos, de cuyo territorio, sin embargo, al poco tendrá que retirarse con las orejas gachas.

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Este es un tema que me apasiona... gracias por volver a desempolvarlo, Bernardo!

 

No sé si lo he querido entender yo o si lo has sugerido tú, pero toda la agitación que se da a la vez por parte de los ex-aliados de la segunda Guerra Púnica (ligures, galos, íberos/celtíberos) puede estar conectada o simplemente puede ser causada por un desvío de la atención romana o bajada de su presión que la generación siguiente a la vencida por Roma aprovecha para sublevarse aún orgullosa de su pasado?

Pensar en una serie de levantamientos coordinados desde Cartago me parece novelesco, casi ciencia-ficción, pero es una teoría atractiva, me encantaría dejarme seducir por ella. Cartago reactivando antiguas alianzas para volver a lanzarse a la guerra definitiva mientras se va rearmando. Quizá detectaron una debilidad en Roma? Esa Roma que había salido victoriosa de Magnesia, Cinoscéfalos o Pydna pero que quizá se estaba aperezando?

Siempre me ha intrigado el motivo real por el que Roma decide destruir Cartago, la Cartago que suponía un equilibrio local y taponaba a los Númidas, para acabar 25 años después teniendo que guerrear contra Yugurta, una vez que este supo acerse con el control de todo. Ya sé que visto hoy todo es más fácil, pero no era altamente esperable por aquel entonces que dejando a Numidia a sus anchas acabaría dando guerra? Quizá es que esta vez fue la primera en que les pasó?

Y si resulta que el motivo real para destruir Cartago fue ese? Que realmente Cartago pretendía volver a reverdecer laureles convirtiéndose en la potencia ejemónica del norte África  del mediterráneo Occidental?

La verdad es que no lo había pensado hasta ahora, estaba anclado en la visión clásica de la pobre y romántica Cartago, que vencida por Roma y humillada continuamente por Numidia decide emitir el canto del cisne en un alzamiento más basado en el orgullo que en ningún otro sentimiento. Y si fue un nuevo deseo de grandeza y/o revanchismo?

Qué interesante! Endeble, romántico y novelesco, pero cuanto menos, interesante.

Venga tumbadme la nueva vía de pensamiento cuanto antes...

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Me falta el caudillo Bernardo, me falta el caudillo. Quién orquestaba todo esto?

Sin un caudillo se cae la teoría...

Bernardo Pascual
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Desde: 22 Ene 2016

 No hay porqué pensar en algo premeditado, Merlín, los Estados funcionan solos, tienen su propia inercia. No los utilizamos nosotros, nos utilizan ellos. Sí que hubo, en todo caso, una conspiración, un intento de adelantarse al rival, pero cuando ya todo se veía claro, tanto por parte de la facción demócrata cartaginesa, el partido bárcida en la clandestinidad, como al igual que por parte del senado. Ahí está la diferencia que establece Polibio entre las causas profundas de una guerra y las causas inmediatas. Como ya dijo un senador romano, no me acuerdo ahora quién, las guerras no se deciden, lo que se decide es cuándo y dónde librarlas.

Al cuadro cronológico se le podrán hacer ligeras correcciones, no lo discuto, pero no he sido yo el que ha propuesto una polarización del Mediterráneo en los momentos previos a la III Guerra Púnica, por más que me parezca lógico, sino que tú lo has deducido a partir de los propios hechos. Eso era en realidad lo que pretendía trasmitir.

Se ha dado mucha importancia al discurso de Catón, el mismo Polibio califica la anticipación por parte de los romanos como una maniobra inteligente y previsora, digna de mentes preclaras, pero, desde mi punto de vista, Nasica fue mucho más clarividente. Predijo la crisis en la que iba a entrar la República si se destruía Cartago.

 

“Por eso la culminación de esta historia será conocer cuál fue la situación de cada pueblo después de verse sometido, de haber caído bajo el dominio romano, hasta las turbulencias y revoluciones* que, después de estos hechos, se han producido. En vistas a la importancia de las acciones que entonces se desarrollaron y al carácter extraordinario de los acontecimientos, pero también –y esto es lo más importante- en razón del hecho de que yo he sido no solamente espectador, sino unas veces colaborador y otras dirigente, he emprendido la redacción, por así decir, de una historia nueva, tomando un punto de partida nuevo también.

Los trastornos a que me refería son los siguientes: los romanos hicieron la guerra a los celtíberos y a los vacceos, mientras que los cartagineses guerrearon contra Masinisa, rey de Libia. En Asia, Átalo y Prusias se combatían mutuamente y el rey de Capadocia, Ariarates, expulsado de su trono por Orofernes con la ayuda del rey Demetrio, recuperó el reino que le legara su padre apoyado por Átalo. Por otro lado, Demetrio, hijo de Seleuco, tras reinar en Siria durante doce años, perdió a la vez la vida y el imperio, al coaligarse contra los demás reyes. Y también los romanos levantaron la acusación de que habían sido objeto los griegos inculpados en la guerra de Perseo y les reintegraron a sus países. Y los mismos romanos atacaron, poco tiempo después, a los cartagineses, con el propósito, primero, de forzarles a expatriarse, y después de aniquilarles totalmente, por las causas que se expondrán a continuación. Paralelamente a estos hechos, al romper los macedonios la amistad con los romanos y abandonar los lacedemonios la Liga aquea, se inició el proceso que conduciría a la ruina total de Grecia.

De modo que éste es nuestro plan. Pero aún depende de la Fortuna que mi vida dure lo suficiente para llevar nuestro propósito hasta el final. Sin embargo, estoy convencido de que si nos ocurre lo que es propio de los hombres, el proyecto no quedará en el aire ni le faltarán hombres cabales; su belleza atraerá a muchos que lo tomarán bajo su responsabilidad y se esforzarán por llevarlo a cabo.”

(Polibio, Libro III, 4-5.)

 

*Todo esto, eso es lo más importante, de repente, de forma súbita y simultánea, y después de un largo periodo de paz de doce años, los que siguieron a la batalla de Pidna.

 

“Cayo Fannio regresó de la Iliria y certificó que los dálmatas distaban tanto de corregirse ante algunas de las acusaciones formuladas contra ellos por los que sostenían que les dañaban sin cesar, que ni tan siquiera aceptaban tocar este tema: afirmaban que ellos no tenían nada que ver con los romanos. Explicó también que los dálmatas no les proporcionaron ni alojamiento ni manutención, y no sólo esto, sino que encima les quitaron violentamente los caballos que traían de otras ciudades y estaban prestos, incluso, a inferirles lesiones corporales si ellos no hubieran cedido a las circunstancias y no se hubieran ido sin reaccionar agresivamente. El senado romano se dio por informado y se indignó ante la rudeza y testarudez de aquella gente; pensó además, que era el momento justo de hacer la guerra contra estos hombres; muchas causas lo aconsejaban. En efecto, una vez que hubieron depuesto a Demetrio de Faros, los romanos tenían totalmente descuidada la región de la Iliria que mira hacia el mar Adriático. Otro motivo era que no querían permitir que una paz prolongada reblandeciera a los italianos, pues desde la guerra contra Perseo y la intervención en Macedonia habían transcurrido doce años. De manera que, al declarar la guerra a esta nación, su intención fue renovar el empuje y el coraje de las masas romanas y, al propio tiempo, aterrorizar a los ilirios y forzarles a cumplir sus órdenes. Éstas fueron, en verdad, las causas que impulsaron a los romanos a hacer la guerra a los dálmatas. Y con ella demostraron a los neutrales en la contienda que habían decidido pelear debido a los ultrajes inferidos a sus embajadores.”

Polibio, XXXII, 13.

 

“Hacía tiempo que la decisión había sido tomada en firme y ahora los romanos buscaban un pretexto que, a su parecer, fuera honesto de cara a los de fuera. Pues éste era un aspecto que tenían muy en cuenta, ciertamente, y en ello pensaban bien. Una declaración de guerra, apostilla Demetrio, si parece justa, agranda los triunfos y aminora las derrotas, pero si parece injusta y vergonzosa, surte efectos contrarios. En aquella ocasión los romanos estuvieron a punto de dejar aquella guerra, precisamente porque no se ponían de acuerdo sobre sus efectos en la opinión exterior.

Polibio, Libro XXXVI, 2.

 

Se refiere a la III Guerra Púnica. ¿Cuánto tiempo hacía? ¿Cuándo se había tomado esa decisión y qué medidas se habían adoptado y en las que tuvieron que recular?

 

“En Grecia se habló mucho y muy diversamente de los cartagineses cuando fueron derrotados por los romanos; también se habló de Filipo el Impostor, pero, primero se habló de los cartagineses y, después, de Filipo el Impostor. Las opiniones y las tesis acerca de los cartagineses eran varias, pues unos alababan a los romanos y sostenían que habían deliberado sobre su imperio de manera prudente y práctica. Destruir el miedo al enemigo siempre inminente, la ciudad que les había disputado tantas veces la hegemonía y que todavía ahora podía disputársela si se ofrecía la oportunidad, asegurar el dominio de la propia patria fue cosa de hombres juiciosos y que ven muy lejos.

Algunos contradecían todo esto, alegando que no fue tal la causa que llevó a los romanos a hacerse con la hegemonía, sino que poco a poco habían caído en la ambición de poder que habían tenido los atenienses y lacedemonios. En ellos habían empezado más tarde, pero, por lo que se veía, llegarían con certeza al mismo fin. Pues en primer lugar, los romanos habían guerreado contra todos los pueblos hasta someterlos y hacer aceptar irremisiblemente a sus oponentes una sumisión total y un cumplimento estricto de lo ordenado. El inicio de esta actitud romana lo presentaba la guerra contra Perseo, en la que Roma desarraigó de cuajo el imperio macedonio, y había culminado ahora, en su decisión con respecto a los cartagineses. Éstos no cometieron nada irremediable, pero se les trató de manera dura e irreversible, por más que se avinieran y consintieran en hacer todo lo que se les mandara.

Otros, en fin, decían que el romano era un pueblo civilizado, que esto le era connatural y que los romanos se jactaban de conducir las guerras de manera noble y sencilla, sin echar mano de emboscadas ni de ataques nocturnos, despreciando cualquier acción a realizar con dolo y engaño. Pensaban que sólo les honraba la lucha abierta y cara a cara. Sin embargo, ahora, al tratarse de los cartagineses, habían recurrido a fraudes y engaños: casi al mismo tiempo ofrecían unas cosas y ocultaban otras, hasta hacer perder a los cartagineses toda esperanza de recibir ayuda de sus aliados. Esto era más propio de las intrigas de un déspota, que de una actitud civilizada y romana: el nombre lógico que merecía era sacrilegio y traición.”

Polibio, Libro XXXVI, 9.

 

Gracias por tu gran interés, Merlín. Respecto a la segunda pregunta, recurriré a Mommsen.

 

"Inmediatamente Masinisa puso su ejército en movimiento; a su vez la facción patriota de Cartago se preparó al combate. Pero el jefe de sus tropas, Asdrúbal, era uno de esos generales elegidos con frecuencia en Cartago, que parecen destinados sólo para la destrucción del ejército. Revestido de púrpura, se lo veía hacer ostentación de ella como un rey de teatro. Incluso en el campamento no tenía más dios que su vientre: grueso, pesado y vanidoso, no era, ni con mucho, el hombre que reclamaban las circunstancias. Para sacar a Cartago del abismo se hubiera necesitado el genio de un Almílcar o el brazo de un Aníbal, y aun con todo eso, ¿Quién se atrevería a asegurar que hubiera podido salvarla?"

Bernardo Pascual
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Desde: 22 Ene 2016

merlin-satan ha escrito

Este es un tema que me apasiona... gracias por volver a desempolvarlo, Bernardo!

 

No sé si lo he querido entender yo o si lo has sugerido tú, pero toda la agitación que se da a la vez por parte de los ex-aliados de la segunda Guerra Púnica (ligures, galos, íberos/celtíberos) puede estar conectada o simplemente puede ser causada por un desvío de la atención romana o bajada de su presión que la generación siguiente a la vencida por Roma aprovecha para sublevarse aún orgullosa de su pasado?

Pensar en una serie de levantamientos coordinados desde Cartago me parece novelesco, casi ciencia-ficción, pero es una teoría atractiva, me encantaría dejarme seducir por ella. Cartago reactivando antiguas alianzas para volver a lanzarse a la guerra definitiva mientras se va rearmando. Quizá detectaron una debilidad en Roma? Esa Roma que había salido victoriosa de Magnesia, Cinoscéfalos o Pydna pero que quizá se estaba aperezando?

Siempre me ha intrigado el motivo real por el que Roma decide destruir Cartago, la Cartago que suponía un equilibrio local y taponaba a los Númidas, para acabar 25 años después teniendo que guerrear contra Yugurta, una vez que este supo acerse con el control de todo. Ya sé que visto hoy todo es más fácil, pero no era altamente esperable por aquel entonces que dejando a Numidia a sus anchas acabaría dando guerra? Quizá es que esta vez fue la primera en que les pasó?

Y si resulta que el motivo real para destruir Cartago fue ese? Que realmente Cartago pretendía volver a reverdecer laureles convirtiéndose en la potencia ejemónica del norte África  del mediterráneo Occidental?

La verdad es que no lo había pensado hasta ahora, estaba anclado en la visión clásica de la pobre y romántica Cartago, que vencida por Roma y humillada continuamente por Numidia decide emitir el canto del cisne en un alzamiento más basado en el orgullo que en ningún otro sentimiento. Y si fue un nuevo deseo de grandeza y/o revanchismo?

Qué interesante! Endeble, romántico y novelesco, pero cuanto menos, interesante.

Venga tumbadme la nueva vía de pensamiento cuanto antes...

 …Si podéis.

 

Los movimientos no están realmente coordinados. Suceden de forma más bien fortuita pero lógica. Cuando Masinisa invade el reino de Arcobarzanes, este último recurre a mercenarios, y por supuesto, los busca donde siempre se habían buscado, en Hispania y en la Galia. Estos mercenarios confluyen en los puntos de embarque habituales, la Bastetania y la desembocadura del Ródano, zonas o pueblos, por lo demás, con una innegable impronta púnica.

Sobre la guerra de Iliria hay que preguntarse qué hacían los romanos incautando monturas, para qué se estaban preparando si llevaban doce años en paz. Lo mismo ocurre con la rebelión celtíbera. En la respuesta de Cáuciro a los embajadores romanos les dice: “En todo lo demás, siempre que el pueblo romano lo necesite, le prestaremos la más cordial ayuda.” Del mismo modo, la comisión de los arévacos ante el senado concluye con lo siguiente: “si hay que pagar una multa se paga, pero después volveremos a las condiciones de la paz firmada con Graco.” El tributo se lo habían condonado con posterioridad, no lo había hecho Graco, además estaban dispuestos a abonarlo de nuevo. ¿Qué condiciones entonces son esas exactamente? Está claro; no se les enviaría a luchar a frentes lejanos. La guerra estalla por eso, por los cien jinetes que les reclamaban para mandarlos a África, los mismos cien jinetes que Marcelo impone a Segovia como condición para un armisticio, aunque seguramente comprometiéndose a mantener lo ya acordado con Graco. Los celtíberos, luego, no luchan en África sino que combaten con cierta autonomía contra Viriato.

El único lugar donde sí cabe imaginar esa coordinación es Bitinia. Prusias era un rey cobarde, incapaz de tomar ese tipo de decisiones por sí solo, pero hay que recordar que allí había muerto Aníbal. Las relaciones con la familia Barca eran muy íntimas. Su rendición además fue vergonzosa.

Los bandos en que se articula el Mediterráneo de cara a la III Guerra Púnica se van formando ante todo según las circunstancias. Esto lo resalta mucho Polibio. Por desgracia, sólo han sobrevivido unos pocos fragmentos.

Insisto en que la III Guerra Púnica era inevitable. En cuanto hubiese faltado Masinisa, además, los romanos lo habrían tenido muy difícil. A su sucesor lo habría entronizado Cartago. Eso también era inevitable. Con Cartago, Yugurta no habría perdido la guerra. En un principio, de hecho, cuando comencé a investigar esto, llegué a pensar que Masinisa jugaba a dos badas. La maldición de Cartago era hacer sombra a Roma, aun sin querer. Nadie esperaba, de hecho, que Masinisa saliera victorioso de aquella guerra. Tuvo mucha suerte.

Si el senado romano hubiese sabido con todo que quinientos o seiscientos años después la ruina de su ciudad procedería de Cartago, de manos de Genserico, lo dejo caer, tal vez hubiesen preferido mejor escuchar en ese momento a Nasica, o no.

Te reitero las gracias, Merlín, por darme la oportunidad de poder defender mi teoría.

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Bernardo Pascual ha escrito

El único lugar donde sí cabe imaginar esa coordinación es Bitinia. Prusias era un rey cobarde, incapaz de tomar ese tipo de decisiones por sí solo, pero hay que recordar que allí había muerto Aníbal. Las relaciones con la familia Barca eran muy íntimas. Su rendición además fue vergonzosa.

Pero ya no quedaba ningún Barca, no? Al menos conocido, lo cual implica lo mismo, no sabemso de la existencia de ningún Barca que pudiese mover antiguas alianzas.

 

Bernardo Pascual ha escrito

Los bandos en que se articula el Mediterráneo de cara a la III Guerra Púnica se van formando ante todo según las circunstancias. Esto lo resalta mucho Polibio. Por desgracia, sólo han sobrevivido unos pocos fragmentos.

Sí, según una circunstancia muy clara: o con Roma o contra ella... ;)

 

Bernardo Pascual ha escrito

Insisto en que la III Guerra Púnica era inevitable. En cuanto hubiese faltado Masinisa, además, los romanos lo habrían tenido muy difícil. A su sucesor lo habría entronizado Cartago. Eso también era inevitable. Con Cartago, Yugurta no habría perdido la guerra. En un principio, de hecho, cuando comencé a investigar esto, llegué a pensar que Masinisa jugaba a dos badas. La maldición de Cartago era hacer sombra a Roma, aun sin querer. Nadie esperaba, de hecho, que Masinisa saliera victorioso de aquella guerra. Tuvo mucha suerte.

Si el senado romano hubiese sabido con todo que quinientos o seiscientos años después la ruina de su ciudad procedería de Cartago, de manos de Genserico, lo dejo caer, tal vez hubiesen preferido mejor escuchar en ese momento a Nasica, o no.

Te reitero las gracias, Merlín, por darme la oportunidad de poder defender mi teoría.

Estás dando por sentado que Cartago habría entronizado a Yugurta. Te estás saltando que había herederos con más legitimidad, que a Yugurta lo adopta Masinisa a última hora y que Escipión Emiliano influyó en el reparto de Numidia tras la muerte de Masinisa, en mi opinion con la clara intención de debilitar a Numidia impidiendo que fuese un estado grande, unido y fuerte, como Yugurta logró al poco tiempo.

 

De haber triunfado la codicia momentánea de un sector del senado aplacado por sobornos de Cartago y haberse evitado la Tercera Guerra Púnica,permitiendo incluso un rearme cartaginés con una visión interesada de Roma de "dejad que númidas y cartagineses se despedacen entre sí", Cartago habría podido sobrevivir para ser integrada a Roma de otra manera más pacífica. No olvidemos que Cartago contribuyó a las vitorias romanas en Grecia y Asia con pertrechos y vituallas.

Para mi la clave es la longevidad inusual de Catón y de Masinisa, son lso que mantuvieron el fuego vivo. De haber muerto uno o ambos a una edad normal la situación habría resultado muy diferente. El uno sin azuzar al senado y el otro sin ser la pieza "local" del otro. Si Masinisa hubiese muerto en el 160 a. de C. las luchas por su sucesión habrían dejado en paz a Cartago temporalmente. Si Catón hubiese muerto en el 160 a. de C. nadie habría prestado atención a Masinisa. Y todo ello habrí implicado o una guerra de aniquilación psoterior o una anexión por medios económicos.

Seguramente más la primera jajajajaj

 

Lo de Genserico lo dejamos ahí, que lo que ocurriera 600 años más tarde poco y todo tiene que ver con haber acabado con Cartago. Habiéndolo hecho con cambios en cualquier momento de esos 600 años todo habría sido distinto, no mezclemso a los Vándalos todavía, que bastante tenemos con galos, celtas, celtíberos, libios, libiofenicios y todos los demás...

Bernardo Pascual
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Desde: 22 Ene 2016

 El partido demócrata, en torno al cual se organiza la facción patriótica, no se parecía, claro está, a un partido político actual (o quizás sí, si entendemos la corrupción como algo inherente a éstos últimos). Más bien, se articulaba alrededor de la familia Barca, sus miembros supervivientes y sobre todo sus clientelas; vamos, los partidos de toda la vida hasta la Revolución Francesa. El de los Gracos tampoco constituye ninguna excepción. Se trata de grandes familias, las cuales funcionan como auténticas organizaciones militares en sí mismas.

La familia Barca siguió existiendo después de la II Guerra Púnica, e incluso, durante un corto periodo, Aníbal gobernó en Cartago. Cuando huye, pasan a la clandestinidad. Unos se refugian en Hispania, otros en la Galia y el núcleo principal, después de muchas vueltas, acaba en Bitinia. Aníbal no estaba sólo. Seguramente se reunieron con él sus hijos, si los tenía o si le quedaba alguno, sus sobrinos, sus amigos más leales y, en fin, gran parte de sus hombres de confianza. Los romanos no tenían miedo a un pobre viejo abandonado. De hecho, hay constancia de que esta facción, o estos antiguos capitanes, siguieron liderando levantamientos en otros lugares del Mediterráneo, como ocurre, por ejemplo, en Liguria.

Hay una anécdota en la que Aníbal envía a un mercader fenicio para animar a los cartagineses a rebelarse. En la ciudad se dan cuenta y lo detienen. Entonces, presionados por los romanos, le interrogan sobre con qué personas tenía que entrevistarse. Lo malo es que todos temían que dijese su nombre. No está muy claro cómo, pero por la noche consigue escapar. A la mañana siguiente, cuando ya se ha ido, aparece en las puertas del templo un papel clavado donde estaba escrito: “Aníbal me ha enviado a entrevistarme con todos vosotros”. Bueno, lo cuenta mucho mejor Tito Livio.

Cuando Aníbal se suicida, no lo hace por cobarde, y mucho menos por quitarles una preocupación a los romanos. En cierto modo, si él se esfuma, a los demás los dejan tranquilos. Las distintas células familiares a partir de ese momento se duermen, pero no desaparecen.

Prusias estaba muy quemado con Átalo. Ciertamente, los romanos llegaron a pensar en un principio que todo era una invención del propio Átalo para justificar una guerra. Así pues, cuando tuvo la ocasión no la desaprovechó, pero esta ocasión no es otra que lo inminente de la III Guerra Púnica. Si no, según lo describe Polibio, nunca se habría lanzado a esa empresa. No cabe duda de que, de un modo u otro, seguía en contacto con los Barca. Aquí es precisamente donde se aprecia un recule por parte de los romanos que será censurado con dureza por Polibio. La cita está un poco más arriba. Al menos, creo yo que entre otros sucesos se refiere a éste, también a la guerra celtíbera y a su pasividad ante lo que estaba ocurriendo en África. Cuando declaran la guerra a Cartago, ésta ya se había rendido.

 

En cuanto a lo de Yugurta, no me refería exactamente a él. Lo ponía como ejemplo. Supongamos que muere Masinisa y hay una guerra civil entre los númidas. Esta guerra civil inevitablemente habría desencadenado la III Guerra Púnica, sólo que ahora con una posición inicial muy ventajosa para las negras. Los romanos ya no habrían podido desembarcar en África. No hay que restarle mérito al viejo Escipión; sus maniobras diplomáticas previas fueron importantísimas. Sin la caballería númida, o teniéndola en contra, estaban perdidos.

Olvídate, Merlín, en África no podían convivir númidas y cartagineses por separado, únicamente de forma artificial con la mediación de Roma. Por eso yo llegué a pensar que Masinisa quería ser rey de Cartago y una gran parte de los cartagineses lo apoyaban. Eso es lo que parece dar a entender Apiano, pero no, como ya dije, la rebelión y la expulsión de los cuarenta miembros del consejo se produce en Tapso. Masinisa nunca habría traicionado a los romanos. Pesaba sobre él la maldición de Sofonisba

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