El Megalitismo

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Hace unos cinco mil años, por alguna razón determinada, los hombres de Europa empezaron a levantar grandes estructuras de piedra. Algunas servían como sepulcros. Otras eran señales sobre el territorio. Otras, templos y centros para observar el cielo. Construyeron durante casi tres mil años.

Y después, sencillamente dejaron de hacerlo.

 

 

El megalitismo es un fenómeno difícil de entender. Los hombres que idearon estas obras desaparecieron hace mucho tiempo. Y con ellos se perdió el significado de las gigantescas estructuras. Sólo perduraron las construcciones en sí, y algunos objetos y sujetos depositados cerca, bien por accidente, bien de formai ntencionada.

Estos son los únicos testimonios con los que cuenta la arqueología para tratar de entender el sentido de los megalitos. Sólo a través del estudio de los objetos y las estructuras se puede llegar a alguna conclusión. Y aunque podemos estar más que orgullosos de lo que sabemos acerca de estas gigantescas obras de piedra, sigue siendo un conocimiento vago e irresoluto. Sigue siendo una suposición en vez de una certeza. El megalitismo sigue siendo un misterio.

El significado de lapalabra «megalito» es bien conocido por todos: piedra grande. Se acuñó este término por razones obvias a finales del siglo XIX, en los años infantiles de la Prehistoria. Pero los curiosos franceses y británicos que comenzaron a interesarse por los megalitos en aquella época no eran los primeros investigadores ‘históricos’ del fenómeno. Las estructuras fueron tan evidentes para las poblaciones posteriores a su construcción que en muchos casos los monumentos se han incorporado al paisaje cultural. Los celtas los usaron como templos. Los primeros cristianos, como capillas clandestinas. Y la gente que vino luego, sencillamente no se preocupó por ellos. «Siempre habían estado ahí».

No fue, como digo, hasta finales del siglo XIX cuando el hombre se interesó por estas construcciones desde un punto de vista científico.

¿De dónde venían? ¿Quiénlas construyó? ¿Cuándo se levantaron? A pesar de que los padres de la arqueología eran muy inquisitivos, las respuestas a estas preguntas estabanfuera de su alcance. Simplemente, carecían de los medios necesarios para contestarlas. Se pensó, por ejemplo, que los habían levantado los druidas y que en ellos se sacrificaban víctimas en honor a los dioses. Alguno aventuró que eran obra de los neandertales, mero refugio. Y también hubo quien pensó que habían caído del cielo (una teoría que se reciclaría en los años 60 del siglo pasado con el creciente interés por lo extraterrestre).

 

 

Pero, por supuesto, también se fabricaron hipótesis más coherentes, como que los megalitos europeos eran copias de la arquitectura aquea.

Algunas construcciones se parecían, si no en el estilo, al menos en la morfología. Y aunque el Egeo y el norte de Francia son lugares bastante alejados, todos sabían a estas alturas que hubo una expansión helénica por el Mediterráneo. Era razonable pensar que los dos fenómenos podían estar emparentados. Seguramente, cuando los primeros prospectores de metales llegarona la Península Ibérica, trajeron consigo sus modelos de arquitectura. Y una vez arribada a España, ésta se extendería hacia el norte, hasta la mismísima Irlanda, gracias a los contactos entre las tribus y los reinos. Es la llamada teoría orientalista.

 

Tesoro de Atreo, Micenas, siglo XIII a.C.

 

 

Con el paso del tiempo, se perfeccionó esta hipótesis y se acopló mejor a los planteamientos científicos del momento. Hasta hace muy poco, la idea mayoritaria entre los profesionales era que el megalitismo fue un fenómeno ‘bastardo’ de la arquitectura del Bronce del Egeo.

 

Sólo cuando aparecieronlos modernos métodos de datación absoluta, se pudo comprobar que esto no era cierto.

Las dataciones con C-14 demostraron que los supuestos precedentes mediterráneos, egeos y orientales eran mucho más recientes que los megalitos atlánticos. Tan recientes que, de hecho, había que considerarlos aparte. Desde este momento, quedó claro que la arquitectura aquea y otras construcciones orientales no formaban parte del fenómeno megalítico. El mapa del megalitismo sólo incluía ahora la Europa occidental.

 La datación también excluía otras formas de arquitectura y otros territorios: las Baleares y Cerdeña, como se puede apreciar en el mapa. Estas islas produjeron algunos fenómenos arquitectónicos interesantes, con ciertas similitudes al megalitismo. Pero de cronologías muy posteriores. Y probablemente, con funciones y significados diferentes.

 

 

 

La siguiente cuestión, ahora que se podía establecer la edad de los megalitos, era averiguar cuáles eran los más viejos, cuáles los más recientes. Y aunque los resultados pronto dieron un vencedor, hay que aclarar que las cronologías más antiguas están muy próximas entre sí, por lo que no es posible hablar de un megalito «precursor» oun primer fenómeno megalítico. Las construcciones de Carrowmore (Irlanda) son las más antiguas de todo el continente.

 

 

 

Al contrario de la mayoría de estructuras megalíticas, que suelen asociarse casi invariablemente a sociedades neolíticas o posteriores, las de Carrowmore parecen estar relacionadas con concheros de grupos cazadores-recolectores epipaleolíticos. Y aunque hay indicios de que estos grupos acaban de iniciar las prácticas ganaderas, los expertos suponen que su cultura sería aún esencialmente paleolítica o mesolítica.

La primera imagen es de la tumba número 4 de Carrowmore, que se ha fechado alrededor del 4700 AC. Casi todos los megalitos de la región, unos cuarenta, parecen haber funcionado como tumbas. Algunos restos presentan muestras de descarnación previa, cremación de los cadáveres, sacrificios rituales y prácticas de canibalismo. Así pues, se alternan prácticas paleolíticas (como el canibalismo) con algunas postpaleolíticas (como la cremación), lo que acentúa aún más la situación de tránsito cultural en la que se hallaban los grupos de la región.

Sería lógico pensar que los siguientes megalitos aparecieron en Gran Bretaña. Pero no es así. Las fechas más antiguas después de Carrowmore son las de la Bretaña francesa: Gaignog (4700 AC), Kerkado (4700-4500 AC) y Barnenez (4500 AC).

 

 

 

Este último, el túmulo de Barnenez, es inusualmente grande, con once cámaras sepulcrales colectivas. Del mismo modo que sucedía con Carrowmore, los grupos humanos que levantaron estas estructuras aún están fuertemente arraigados en la ideología y la economía del Paleolítico. Un hecho interesante que más tarde mermaría las teorías difusionistas sobre la expansión del fenómeno megalítico. No es hasta Saint-Nazaire (4000 AC), también en la Bretaña, cuando los megalitos se asocian a yacimientos tardenoisienses, en víasde cambio hacia una economía de producción.

 

 

Los sepulcros de Gavrinis, en Morbihan, son de cronología y características similares. Pero con una diferencia notable, grabados y bajorrelieves en el interior de las tumbas:

 

 

 

A partir de este momento, será normal encontrar grabados y pinturas, figurativas o abstractas, en la mayoría de construcciones megalíticas (especialmente en los sepulcros).

En Gran Bretaña, los megalitos más antiguos son los de Lambourg, Fussell’s Lodge y West Kennet.

 

 

Las construcciones de los tres conjuntos se fechanentre el 3900 AC y el 3500. Son algo posteriores las de Nonamore, en el Canalde la Mancha, alrededor de los 3200 años AC. Y más recientes aún, aunque todavía dentro del IV milenio, los henges y círculos de piedra ceremoniales de laisla... Stonehenge entre otros, iniciado alrededor del 3200 AC (aunque actualmente hay dudas al respecto. Más tarde las comentaremos).

Los megalitos más antiguos del norte de Europa tienen cronologías similares a las inglesas: Seland y Funen (Dinamarca, 3500 AC); Stävie (Suecia, 3500 AC).

En la Península Ibérica, los megalitos más antiguos también están en la fachada atlántica. Concretamente en Portugal. Se trata de pequeñas cámaras sepulcrales cubiertas con túmulos, como Marco Branco y el anta 10 de Herdade das Areias (Reguengos). Ambos datande mediados o finales del V milenio AC. Les siguen los sepulcros colectivos decámara y corredor estrecho de Alemtejo, como el de Palhota, Poço da Gateira y Gorginos 2, con fechas entre 4500 y 4300 AC. La plenitud del megalitismo está representada por los grandes sepulcros de Silval, Anta Grande do Olival da Pega, Zambujeiro o Pedra Branca.

 

 

Zambujeiro

 

Olival da Pega

 

La tradición megalítica en la Península continúa con el inicio del Calcolítico, ahora relacionada a los grandes poblados metalúrgicos, como Vila Nova de São Pedro, o formando necrópolis de cierta variedad tipológica…

Ya en España, los megalitos más antiguos continúan siendo los de la costa atlántica, como Chan de Cruz, en Galicia, en torno a los 4300 años AC.

Después de comprobar estas y muchas otras cronologías, parecía del todo absurdo relacionar las construcciones atlánticas con las egeas y palestinas. Y, puesto que las cronologías eran muy próximas entre sí, también parecía difícil que el fenómeno se hubiese difundido a través de una cultura determinada, y mucho menos a través de una etnia determinada. Sencillamente, los lugares estaban demasiado alejados y los megalitos aparecían demasiado al mismo tiempo. Era prácticamente imposible que un mismo grupo humano fuera el responsable de todas las primeras construcciones.

Pero en el momento en que se aclaró la cuestión de las cronologías, primaba en Occidente un tipo de pensamiento arqueológico especialmente rígido. La llamada Arqueología Difusionista. No era la única, pero sí la más aceptada. Los arqueólogos difusionistas sostenían precisamente que los cambios se producían en uno o dos núcleos determinados. Y que a partir de allí se difundían al resto de un territorio, bien por migración, bien por invasión.

Esto fue lo que se pensó del megalitismo. Tenía que haber un primer lugar y unos primeros constructores, que luego se expandieron al resto del continente, y a los que más tarde copiaron las generaciones consiguientes… No fue muy difícil rebatir esta teoría.

Si las cronologías más elevadas ya hacían sospechar de ella, las más recientes prácticamente la tumbaban. Los megalitos más modernos se fechaban alrededor del 2500 AC, más de dos mil años después de la aparición de los primeros. Se trataba de un período demasiado largo como para que los responsables fuesen los mismos. Abarcaba demasiadas etapas como para que estuviese relacionado con una única cultura.

Estas son las características que han manejado los especialistas para aclarar las cuestiones del origen y la expansión del megalitismo. No se puede ser tan rotundo como los difusionistas. Pero tampoco es posible ignorar del todo las cronologías más elevadas y las primeras construcciones. Parece razonable pensar que sí hubo unos primeros puntos de origen. Pero, desde luego, son bastantes más de los que en un primer momento se pensó. La similitud de las fechas nos obliga a incluir prácticamente toda la fachada atlántica europea: Bretaña, Normandía, las Islas Británicas, España, Portugal, Escandinavia.

Son demasiados lugares y demasiada diversidad para relacionar el megalitismo con una única cultura. Y si, por último, también tenemos en cuenta la larga duración del fenómeno, se hace del todo insostenible pensar que estuvo ligado a un solo grupo o una sola cultura. Esto excluía incluso la privacidad del Neolítico, ya que estaba comprobado que le megalitismo lo superó, y durante demasiado tiempo como para considerarlo un movimiento de inercia.

Así, por los motivos que acabo de enumerar, se llegó a la convicción actual de que: aunque el megalitismo surge en el Neolítico (e incluso antes, como hemos visto), se extiende hasta mucho después que este desapareciera. Por ello, este fenómeno no debe relacionarse con una etapa concreta de la Prehistoria, ni con una sola cultura, ni con un solo grupo humano.

Hay cuatro tipos de megalitos. Los menhires, los henges, los sepulcros y los templos. Los menhires reciben este nombre de una palabra galesa, «maenhir», es decir, piedra larga. Su función es algo controvertida, y su forma, muy variable. Aislados no son tan frecuentes como comúnmente se cree.

 

   

 

Lo más notable de estos megalitos es su visibilidad. Muchos especialistas suponen que, efectivamente, esta era su función principal: orientar y dar información acerca del territorio. Algunos son visibles desde varios kilómetros de distancia. Otros parecen estar relacionados en grupos dispersos, pero no se han encontrado patrones concretos. Un claro ejemplo de la función señalizadora de estos megalitos es el, hoy fragmentado, Gran Menhir de Locmariaquer:

 

 

Erguido mediría más de 21 metros de altura. Pesa 350 toneladas. Y aparte de su evidente función de visibilidad, algunos le atribuyen también un uso astronómico, probablemente relacionado con la ordenación del calendario agrícola. Realmente, se trata de un ejemplar poco frecuente. Los menhires aislados suelen ser bastante más pequeños.

Es notable que no se pueda establecer un uso claramente funerario de los menhires, al contrario de lo que ocurre con las demás construcciones megalíticas. Ello sirvió en su momento para rebatir la idea de que los megalitos estaban relacionados de forma innata con un determinado comportamiento religioso; algo así como una «religión megalítica». Por último, también es posible que tuviesen una excepcional naturaleza artística. Es habitual que los menhires estén ligeramente trabajados escultóricamente. Normalmente, adoptan formas fálicas y antropomorfas o están grabados con motivos abstractos.

Los henges son agrupaciones de menhires. También se los llama crómlech, o en su caso, círculos de piedra. Quizá se trata de los monumentos megalíticos más conocidos, y sin duda de los más problemáticos. Algunos centros, como Carnac, Le Ménec, Kermario y Kerlescan, alinean más de 3.000 menhires en líneas paralelas, siguiendo a veces patrones del terreno o una disposición estelar.

 

Le Ménec

 

 

Región de Carnac

 

Alineaciones de Le Ménec

 

Algunas de las explicaciones que se barajan acerca de la distribución de los alineamientos son muy curiosas. De llegar a confirmarse, revelarían que los neolíticos poseían un conocimiento privilegiado del territorio, quizá incluso a nivel tectónico. Pero aunque tentadoras, estas teorías siempre son bastante imaginativas. Está prevista una próxima excavación a Carnac que tal vez arroje algo más de luz sobre el tema.

 

Representación miniatura Kerleskan

 

Es normal que estos alineamientos estén asociados a sepulcros, altares y círculos de piedra, lo cual hace pensar a los especialistas que su función principal sería religiosa y ceremonial. Esto al menos parecen confirmar los estudios que se han realizado acerca de otras agrupaciones de menhires, los círculos de piedra, que si bien no son idénticos, guardan características similares.

El círculo más grande es el de Avebury (Gran Bretaña). Tiene un circuito total de 400 metros, delimitado por más de cien piedras hincadas (el mayor monumento prehistórico encontrado) y, según las mediciones, una antigüedad de 5000 años.

 

 

 

Aunque no ocurre siempre, es habitual que los círculos estén rodeados por zanjas, algunas usadas efectivamente como tumbas. Pero la función funeraria no es la predominante en estos monumentos, como hemos dicho. Recientes investigaciones parecen remarcar que los complejos de círculos fueron usados de forma religiosa, aunque de una manera hasta ahora prácticamente inadvertida… hablemos de Stonehenge

Stonehenge, de nuevo bajo la luz de los arqueólogos.

Varios expertos de las ruinas más importantes del Reino Unido inician excavaciones para determinar, de una vez por todas, la fecha precisa de la creación del monumento.

 

Un equipo de arqueólogos viajará a las profundidades de Stonehenge, el círculo de piedra más famoso del Neolítico, para averiguar cuándo y por qué fue construido y determinar si fue el santuario de Lourdes de la época, un lugar al que se peregrinaba en busca de curación. La excavación, que ha comenzado hoy y es la primera desde 1964, tratará de resolver el misterio que ha rodeado a este milenario monumento y que ha cautivado a todo tipo de investigadores desde hace ya varios siglos.

Durante dos semanas, dos de los mayores expertos en la materia, el profesor de la Universidad de Bournemouth, Tim Darvill, y el profesor de la Sociedad de Anticuarios, Geoff Wainwright, culminarán una investigación que ya dura más de seis años. Ambos están convencidos de que la estructura de la llanura de Salisbury, en Wiltshire (Inglaterra), era un lugar de peregrinación al que acudían enfermos desde lugares remotos.

Para seguir adelante con esta hipótesis, los arqueólogos esperan encontrar respuestas en la muerte, ya que alguno de los restos humanos hallados en la zona presentan roturas de huesos y otras dolencias. Además, nuevas técnicas de análisis han confirmado que muchas de estas personas recorrieron grandes distancias para llegar al sudoeste de Inglaterra, lo que puede significar que viajaban en busca de una ayuda sobrenatural.

Algunas inscripciones neolíticas del entorno de Stonehenge relatan que existía la creencia de que las piedras eran mágicas y que las aguas locales tenían propiedades curativas. En una zanja de 3,5 por 2,5 metros en el cuadrado sureste, los investigadores tratarán de recuperar fragmentos de los pilares originales del círculo de piedra originario, del que no hay restos visibles.

Las piedras que se aprecian en la actualidad fueron repuestas años más tarde de la construcción del original y las muestras tomadas en anteriores excavaciones fueron destruidas o mal datadas, por lo que no arrojan una información determinante para solucionar los misterios de Stonehenge.

Para ello, el análisis de unas pequeñas piedras del centro del círculo será crucial, ya que los arqueólogos creen que han guardado el secreto durante más de 4.500 años. Estos minerales, traídos desde las colinas de Preseli (North Pembrokeshire, en el oeste de Gales), que se encuentran a más de 250 kilómetros del emplazamiento del monumento, podrían pertenecer a los pilares originales y ser claves para aportar luz sobre una sociedad que encaró el ingente reto de elevar este círculo de piedra.

Con las muestras que se obtengan en la excavación se realizarán pruebas con la última tecnología de datación, la del radiocarbono, algo que puede explicar durante cuánto tiempo se utilizó el círculo de piedra, cuándo fue desmantelado y vuelto a construir. La investigación en el terreno, financiada por la cadena pública británica BBC y apoyada por English Heritage, la entidad que gestiona el monumento, terminará el próximo 11 de abril.

Si sus resultados revelan el enigma que ha rodeado a Stonehenge durante siglos, se habrá dado un paso en la comprensión de un periodo histórico oscuro, el Neolítico, pero se acabará con el cautivador misterio que lleva a cientos de viajeros a sumergirse en el mundo de la magia.

 

El País, 31 de marzo del 2008.

Excavan en Stonehenge para probar que fue un santuario de curación.

Un equipo excava junto a los monolitos por primera vez en cuatro décadas.

Acudían peregrinos en el Neolítico para recibir tratamientos primitivos.


Observatorio astrológico, templo religioso, monumento ala fertilidad… No faltan teorías para explicar el origen de Stonehenge, pero une quipo británico de expertos tiene la convicción de que en realidad fue un lugar de curación y peregrinaje. Y lo más importante es que también tiene financiación y permisos para excavar entre los monolitos y poder confirmar su hipótesis.

Por primera vez des de hace más de cuatro décadas, el lunes han comenzado las excavaciones en el centro del monumento, en busca de restos de las primeras piedras azules que se levantaron en el lugar, situado en la planicie inglesa de Salisbury, en el condado de Wiltshire.

Entre los objetivos de la expedición se encuentran la datación precisa del monumento, que se estima que tiene entre 2500 y 4500 años (probablemente fue construido en distintas fases) y el desenterramiento de las primeras ‘piedras azules’ que se levantaron en el centro de la construcción.

Los investigadores, cuya expedición está patrocinada por la cadena BBC, creen haber descubierto el origen de las piedras: la colina Preseli, situadas en el actual Gales, a 250 kilómetros de Stonehenge.

Esta circunstancia, unida al hecho de que se han hallado múltiples huesos con traumatismos en la zona, demostraría que aquél fue un lugar de peregrinaje, al que acudían los enfermos en busca de curación.

Stonehenge sería, de este modo, el “Lourdes del Neolítico”, según la tesis de los directores de las excavaciones: Tim Darwill, de la Universidad de Bournemouth, y Geoff Wainwright, de la Sociedad de Anticuarios.

De hecho, algunos de los cráneos encontrados muestran huellas de haber sido trepanados (es decir, agujereados), lo que muestra que se llevaron a cabo operaciones quirúrgicas complejas: no está nada claro que curaran a nadie, pero se precisaba bastante destreza para que, pese a la escasa tecnología de la época, al menos elpaciente no muriera.

La trepanación, de hecho, tenía cierta lógica en una sociedad que guerreaba a base de golpes: “Sabían que si te han destrozado la cabeza y fracturado pedazos del cráneo, era útil para retirar los pedazos del cerebro”, explica la arqueóloga forense Jackie McKinley.

 

El Mundo, 9 de marzo del 2008.

 

Aunque los resultados de la excavación aún no son concluyentes, es evidente que se acrecienta (y aligera al mismo tiempo) la cuestión de Stonehenge. La teoría del círculo de piedra como observatorio pierde fuerza frente a las innegables evidencias de prácticas mágicas y quirúrgicas (inherentemente unidas en la mente del hombre primitivo); y aunque no es del todo desechable que la morfología de Stonehenge tenga relación con los movimientos solares y lunares y con el calendario agrícola, no se ha encontrado ningún indicio material que lo confirme. Probablemente, las hipótesis acerca del círculo como centro de estudio del cielo hayan sido exageradas.

Uno de los resultados posteriores a la publicación de los artículos fue el hallazgo de lo que parecía un gran complejo de habitaciones. En las cercanías del círculo se levantaron varias docenas de cabañas y espacios de morfología diferente, uso no identificado. Aún no está claro que se tratase de un poblado o simplemente de un lugar de recuperación para los enfermos y visitantes del círculo. Si se llegase a confirmar esto último, la teoría de Stonehenge como sanatorio sería prácticamente indiscutible (aunque no estaría sola, obviamente). En el caso de lo primero, estaríamos hablando de una verdadera industria desarrollada entorno al negocio de la curación… verdaderamente el ‘Lourdes’ del Neolítico.

 

 

Además, de llegarse a confirmar supondría no sólo el fin del largo enigma de Stonehenge; sino también una nueva propuesta para considerar los monumentos megalíticos. No serían ya meros lugares de enterramiento (relacionados con una determinada religión, como se supuso antiguamente) sino construcciones con funciones diversas, que variarían desde el funerario al totémico y curativo.

Los sepulcros megalíticos son los monumentos más comunes. Toman distintas formas según las épocas y las regiones. Pero, en general, podríamos agruparlos en cuatro grandes grupos: los sepulcros de corredor, los sepulcros de galería, los dolmen y los rundgräber. Como es evidente, todos tienen una misma función.

 

 

Los sepulcros de corredor están divididos en dos partes, una cámara sepulcral y un pasillo o corredor diferenciado.

 

 

Por lo general, la planta es circular, de tamaño variable, rara vez de más de cincuenta metros cuadrados. La entrada del pasillo estaba sellada, pero es frecuente que se haya perdido la piedra que la tapaba (la mayoría de estas construcciones han llegado hasta nosotros saqueadas). Muchos de estos sepulcros remataban la cámara con una falsa cúpula, construida por aproximación de hiladas (como se aprecia en el dibujo).

El sepulcro de galería presenta una forma más variable. La cámara no está tan bien diferenciada de la galería de acceso y a menudo puede incluir varias cámaras secundarias.

El dolmen de galería es especialmente frecuente durante el Calcolítico. No es una evolución del sepulcro de corredor, sino una simple superposición de dolmens de cámara simple. El suelo puede estar cubierto por losas y probablemente contase con varios troncos o rocas que hiciesen a la sazón de pilar. Por lo general, la cámara sepulcral es cuadrada o rectangular.

El dolmen (o dolmen simple) es la construcción más frecuente del ámbito megalítico europeo. Se trata de una estructura arquitrabada sencilla, con dos o más piedras haciendo de soporte y otra que funciona como techo.

 

 

Resultaron ser monumentos más complejo de lo que en un primer momento se pensó, especialmente en relación a su función y al significado del megalitismo. Ocurre que suelen ser demasiado pequeños para albergar un enterramiento colectivo. Por lo general, se destinaron a enterramientos individuales. Y como son la construcción más usual, contrastan fuertemente con la opinión de algunos expertos sobre la naturaleza funeraria exclusivamente grupal de los sepulcros megalíticos. Como veremos más adelante, esto pone en cuestión algunas interpretaciones del fenómeno megalítico.

El último tipo de sepulcro funerario es el denominado rundgräber, literalmente «sepulcro circular». Consiste en una cámara rodeada de un círculo de piedras, a veces bajo túmulo.

 

Los templos megalíticos son los monumentos menos comunes. Desempeñaron una función religiosa, como centros de culto de una compleja religión, de la que no sabemos casi nada más allá de lo puramente formal. Los templos más característicos (y los mejor conservados) son los de la isla de Malta. Destaca el gran complejo megalítico de Mnajdra, en la costa meridional de la isla. 

 

 

Conserva diversas dependencias interiores, cada una con altares de piedra propios, en los que al parecer se llevaron a cabo sacrificios. El templo megalítico de Hagar Qim, también en Malta, es probablemente el más antiguo del Mediterráneo y en él se han encontrado varios ídolos, entre los que destaca una Diosa Madre decapitada de gran tamaño.

 

Aunque no es frecuente encontrar enterramientos en los templos, sí es habitual que haya alguno cerca, con cronologías similares a las de los templos. En la isla de Gozo el gran sepulcro de Brochtorff fue construido hacia el 4000 AC. Contenía alrededor de unos sesenta cadáveres.

Sabemos bastante sobre los megalitos. No lo suficiente, por supuesto. Pero lo justo como para que el fenómeno se pueda interpretar de forma coherente. En la actualidad, nada genera más interés entre los estudiosos que la interpretación del megalitismo. Y a pesar de la aparente obviedad de muchas de las teorías, aún no se ha dado con una explicación plenamente satisfactoria.

Todo megalito tiene dos rasgos fundamentales: el físico (la monumentalidad, la visibilidad y la situación en lugares adecuados) y el ideológico (carácter funerario, religioso, simbólico, la condición de obra colectiva y elemento distintivo). La discusión principal gira en torno a cuál de las dos facetas darle más importancia. Veamos algunas teorías.

C. Renfrew propone que los megalitos desempeñaron una función social. Servían como elemento colectivo que mantenía el equilibrio entre los miembros de un mismo pueblo o una misma cultura. Esta hipótesis cuenta sobre todo con el carácter colectivo de la mayoría de enterramientos megalíticos (a pesar del gran hueco de los dólmenes); pero ignora otras funciones asociadas a las construcciones de piedra. Darwill y Fleming sostenían que su función era más física: servirían para delimitar el territorio, especialmente en contra de otros grupos humanos. Parece muy probable que esto fuera así en el caso de los menhires, por ejemplo. Pero, como hemos visto antes, las primeras construcciones irlandesas y bretonas fueron se erigieron cuando la sedentarización aún estaba por llegar. Como en el caso anterior, esta teoría ignora otros usos y otros significados megalíticos.

Larson, Tilley y Shanks propusieron en momentos distintos que los megalitos eran, sobre todo, un símbolo que expresaba una ideología de poder, resaltando el control sobre el ritual destacado en el monumento, con lo que se ayudaba a mantener la continuidad del dominio de los poderosos. Una teoría bastante criticada por los especialistas en el Neolítico, en vista de que ignora la relativa igualdad social que se produjo durante esta etapa.

Para Saxe, los enterramientos funcionaban como un símbolo de posesión de la tierra. Al enterrar a los muertos en un lugar, las culturas trataban de afirmar su continuidad sobre el territorio. Chapman lo matizó, agregando que la intención de los grupos humanos era argumentar su derecho a explotar los recursos básicos de la zona.

Estas últimas versiones son muy interesantes, y en su día se llegó a pensar que la cuestión estaba definitivamente zanjada. Pero hoy nos parece demasiado rotundo afirmarlo así. Probablemente, con el megalitismo, así como con muchos otros fenómenos históricos, halla que tomar una posición más intermedia. Es exagerado pensar que todos los megalitos compartían un mismo significado, puesto que no todos compartían una misma función.

Alrededor del 2.500, se dejaron de construir monumentos megalíticos. Justo cuando la metalurgia empezaba a expandirse y a transformar los esquemas sociales e ideológicos, el megalitismo decayó. Todavía no están claras las causas, pero es posible que guardasen relación con ese carácter colectivo del que hablábamos: los nuevos modelos de sociedad jerarquizada, las primeras sociedades de jefatura, empiezan a destacar lo individual sobre lo colectivo. La generalización de las tumbas individuales hace que los megalitos destinados a contener enterramientos grupales pierdan su significado; y probablemente la religión también experimentó una evolución a raíz de los nuevos descubrimientos tecnológicos (y fomentada por nuevos intereses políticos) que supuso el fin definitivo del carácter ideológico de los megalitos.

Bibliografía

Para este trabajo he consultado distintas fuentes. Libros generalistas, como los excelentes Introducción a la Historia, de Fullola y Nadal (2001) y Nociones de Prehistoria General, de J. J. Eiroa (2003). Libros especializados, como Les mégalithes de l’Europe atlantique. Architecture et art funérarie (500-2000 avant J.-C.), de J. Briard (1995); y The megalithic art of western Europe, del doctor Shee Twonig (1981).

Varios artículos de revistas de investigación: «Megalitos, espacio, pensamiento» en Trabajos de Prehistoria, 46, pp. 75-98,de F. Criado (1989); «Monumentos megalíticos», Investigación y Ciencia (sept. 1990), pp. 42-53, de G. Daniel; y«Las arquitecturas megalíticas» en Mundo Científico, vol. 5, nº 46, pp. 426-435, de J. P. Mohen (1995).

Y, por último, varias fuentes digitales. Especialmente para las fotografías. La errante Wikipedia, Megalitismo.org, Megalitismo.es, Stonehenge.co.uk, Carnac.fr y las páginas de los periódicos El Mundo y El País.