Soldados y mercenarios griegos en el Egipto de los Faraones
Antes de hablar de los mercenarios en el antiguo Egipto, quizá sería conveniente hablar de la aparición de los griegos en el mismo Egipto. Las referencias son muy remotas y quizá, la primera de ellas se traslade alrededor del 1.200 a. C. cuando el rey de Esparta Menelao, el mismo que luchó en la guerra de Troya al lado de su hermano Agamenón, rey de Micenas.
A todos nos suena la guerra de Troya, la cual tuvo efecto cuando Paris, príncipe de Troya, en una visita a Esparta raptó a la bellísima esposa de Menelao, la cual se enamoró de Paris y él mismo se la llevó a Troya.
Menelao convenció a su hermano Menelao de que tenía que restituir su honor perdido y Menelao levantó una coalición muy poderosa entre los estados griegos que marchó a Troya y tras un asedio de diez años la destruyó.
Parece que Menelao capturó en Troya a su mujer, hubo una reconciliación y volvieron a su reino, pero la travesía en barco fue azarosa. Parece que tardaron ocho años en volver; una tormenta dispersó su nave y parece que de hecho, la misma fue a parar a Egipto, donde se establecieron un tiempo.
El faraón que reinaba por entonces parece ser que era Ramsés II, pero no se puede afirmar con rotundidad, ya fue hace muchísimo tiempo y las fuentes de su tiempo son dudosas.
Lo que sí es cierto es que de haber sido real este dato, se podía decir que fue la primera vez que ciudadanos griegos se establecieron en Egipto, aunque parece ser que tras su marcha no hubo intercambios o relaciones comerciales para el futuro, por lo que puede decirse que fue un primer contacto ocasional y más bien accidental.


Hoplitas griegos
Los siguientes contactos parece que fueron más bien del tipo bélico, en efecto, durante el reinado de Ramsés II, una coalición de pueblos de origen oscuro, procedentes del Egeo y compuesto por cinco tribus, los “ekwesh” procedentes de Anatolia Occidental, los “teresh” originarios de Lidia, los “lukka” originarios de Licia, los “sherden” originarios de Lidia y los “shekelesh” de Anatolia Occidental como los “ekwesh”.
Los ekwesh se dice que eran aqueos, por lo tanto de origen micénico, sin embargo los textos egipcios esclarecen que en este pueblo se practicaba la circuncisión, porque parece que su origen griego no está nada claro, aunque se especula también que eran originarios (además de los griegos micénicos) de los pueblos frigios, macedonios y tracios.
Los llamados “Pueblos del Mar”, parece que establecieron una coalición que partiendo del Egeo, marchó en busca de un sitio fértil donde asentarse.
La coalición debió ser muy poderosa, porque nadie pudo hacerla frente, caminando por la costa arrollaron a todo pueblo que se les oponía, incluso llegaron a tomar la isla de Chipre, por lo que parece que también debieron contar con alguna infraestructura naval.
De manera indirecta Ramsés II tuvo encontronazos con estos individuos, ya que algunos elementos de ellos se unieron a los enemigos naturales de los egipcios, ¡los libios!, efectuando acciones de depredación, en las márgenes occidentales del río Nilo, aunque no de carácter muy serio.
Más seria fue la cosa en la época del hijo de Ramsés II, el faraón Mernepta, este tuvo que hacer frente cerca de la ciudad de Perira en la margen occidental del río Nilo a una poderosa coalición de libios y pueblos del mar. La batalla que debió ser muy reñida y sangrienta tras seis horas de dura lucha, se saldó con un gran triunfo del faraón egipcio.
No obstante, parece que más tarde, fue con el faraón Ramsés III, cuando los pueblos del mar pusieron a prueba la fortaleza del imperio egipcio. La coalición de estos pueblos arrasando todo como una plaga de langosta había aplastado a pueblos de origen milenario, el mismo imperio Hitita sucumbió bajo sus golpes.
También entrando por Siria y marchando por la costa hacia el sur, la famosa ciudad costera de Ugarit fue saqueada hasta los cimientos por sus conocidas riquezas.


Mercenario sherden
En su marcha hacia el sur, allí por donde pasaron estos pueblos solo quedó ruina y destrucción, además, estos pueblos informados de las riquezas de Egipto, marcharon decididamente al sur con el objetivo de instalarse en esos fértiles terrenos.
En Egipto tras la muerte de Mernepta, hubo algunos años de caos, debido al gobierno de unos faraones débiles, pero mientras los pueblos del mar marchaban lentamente hacia su objetivo, coincidió con el ascenso al poder de un faraón fuerte y enérgico.
Este faraón se llamó Ramsés III, y ciertamente, sus inicios fueron aterradores, los pueblos del mar acechaban y los siempre hostiles pueblos libios, se unieron con los primeros para golpear mortalmente a la institución faraónica.
El padre de Ramsés III, Sethnajt, fue el encargado de restaurar el orden tras muchos años de caos, sin embargo, su escaso reinado, el cual duró dos años, fue relativamente breve para restablecer la calma, fue su hijo, quien se encargó de consolidar el orden y la paz en el reino.
Pero como dije, antes de disfrutar de un reinado de paz y prosperidad, Ramsés III tuvo que batallar, no solamente para defender el reino, sino para evitar la desaparición del pueblo egipcio.
Algo parecido no ocurría desde los tiempos de la invasión de los “hicsos” a Egipto 500 años antes; y el enérgico faraón se conjugó para que la historia no se repitiera.
Cuatro campañas militares se desarrollaron durante los inicios del reinado de Ramsés III, la primera durante el año cinco de su reinado, por el Oeste del reino batió a una confederación de tribus libias reforzadas con elementos de los pueblos del mar.
La segunda fue un esfuerzo supremo contra los pueblos del mar, en una doble batalla terrestre-naval, estos fueron vencidos en el mar, en la desembocadura del río Nilo, mientras que en tierra, en la región de Canaán, fueron abatidas las fuerzas terrestres de los pueblos del mar.
En el año 11 se desarrolló la tercera campaña, abatiendo a una confederación de tribus libias, posteriormente, una serie de campañas se desarrollaron en la región de Fenicia con el objeto de echar a los pueblos del mar de esa zona donde tenían intención de instalarse al fallar el intento de invasión de Egipto.
Pero Ramsés III necesitaba esta región a modo de estado-tapón, en prevención de una invasión del territorio egipcio propiamente dicho, a la par que para alejar a un vecino más que incómodo.
Los prisioneros que Ramsés III capturó a lo largo de estos choques contra los pueblos del mar, tuvieron diversa suerte, algunos pasaron a la esclavitud, ya como sirvientes de los potentados de la clases alta egipcia o para trabajar en las minas de Nubia.


Infante asirio
Pero otros, debido a las virtudes como combatientes que profesaban, pasaron a prestar servicio en distintas guarniciones como mercenarios. Por lo tanto aquí tenemos otro referente respecto a gentes de descendencia griega o micénica, prestando servicio como mercenarios.
Los años pasaron y los siglos también, si bien conviene recordar que aunque parece que el mercenariado griego se daba de manera ocasional y puntual, Egipto no necesitó de este tipo de mercenarios, ya que su ejército, formado por personal nativo se mantenía en relativa buena forma y no necesitó de otro tipo de extranjeros en sus filas, aunque es cierto que si los hubo, en especial los arqueros nubios, gentes procedentes de lo que hoy es el moderno Sudán.
Antes de finalizar esta época de los siglos XII y XII a. de C., merece observarse, que los que más antiguamente (entre los pueblos del mar) lucharon como mercenarios en Egipto, fueron los “sherden”, ya mencionados en la época de Ramsés II.
Este faraón les derrotó en el año segundo de su reinado (posiblemente en alguna incursión de depredación y pillaje junto a los pueblos libios) y los asentó en el Oeste del Delta del Nilo, lo cual no fue óbice para que alistara como mercenarios en sus filas un buen número de sus componentes.
Retomando el hilo, los siglos pasaron y los contactos con los griegos fueron escasos, aunque no hay duda de que existieron, sin embargo, estos fueron del tipo comercial no del mercenariado en las filas del ejército de Egipto, que es lo que nos interesa; sin embargo, fue en el siglo VII a. de C., cuando el asuntó empezó a cristalizar a ser frecuente.
Muchos sucesos habían ocurrido durante esos siglos, tras la muerte de Ramsés III, se abatió sobre el imperio egipcio un periodo de debilidad extrema, juntándose la debilidad de los monarcas junto con el creciente poder de los sacerdotes del país, en particular el poderoso clero del Dios Amón.
Este clero, además de imponerse a todos los demás, llegó a imponerse a los faraones de Egipto, al punto de que se autoproclamaron ellos mismos faraones en el sur de Egipto y reinando desde Tebas, su base de poder y donde estaba establecido su culto.
Con esto el país quedaba partido en dos, y el faraón reinando desde el norte, no tuvo nuca fuerza, dada su debilidad a lo largo de los años de hacer frente al poder de los sacerdotes de Amón.
Alrededor del siglo VII a. de C., en lo que se conoció como “Media Luna fértil”, en la región de Mesopotamia, se levantó un poder militar incomparable y que sojuzgaba con dureza a las regiones y países que caían en su poder.


Ramsés II
Era el pueblo asirio, y este llegó a ocupar numerosos países a la par que tenía a otros sometidos a vasallaje y que tenían que rendir tributo sin la ocupación física de sus países.
Egipto desde las sombras intentó mediante promesas de dinero y ayuda militar instigar a los países vecinos que estaban en poder de los asirios. Esto lo hizo como prevención, ya que sabía que tarde o temprano pondrían sus ojos en el fértil Egipto, y ocupados los sirios en rebeliones, no tendrían tiempo de planificar invasiones a Egipto.
Sin embargo tarde o temprano, los sirios intentarían poner las manos en Egipto, y efectivamente, en el año 671 a. de C., el rey sirio Asarhadhón entró en Egipto conquistando su capital Menfis.
Siguieron años de ocupación en los que la rebelión era latente, el último de los gobernadores que los asirios tuvieron en Egipto fue Necao I, el cual fue muerto por una rebelión de nubios que desde el sur de Egipto llegó al delta del Nilo.
Los asirios aplastaron la rebelión, el contraataque asirio fue terrible, porque este llegó a las entrañas de donde esta había partido, la legendaria Tebas, la cual fue saqueada sin piedad por los asirios y dejándola en un estado lamentable del cual ya no se pudo recuperar.
El hijo de Necao I se llamaba Psamético I, y este concibió un plan audaz que tenía por objeto hacer independiente a Egipto y a restaurar la prosperidad del país, primero alcanzó el poder y luego batalló sin descanso para echar a los asirios del país y a restablecer el poder en el sur de Egipto en manos de reyes nubios, reunificando el Alto y Bajo Egipto en un solo reino, como antiguamente era el país.
La suerte y determinación de Psamético I fueron claves en el éxito de sus campañas, logrando todos los propósitos en los que se empeñó, y efectivamente, expulsó a los gobernantes asirios y restableció el control en el Alto Nilo reunificando el país.
Luego se preocupó de restaurar la prosperidad en el país convirtiendo él mismo, en un estado fuerte y seguro. Sus 54 años de reinado fueron el inicio de una nueva era en Egipto, consolidando la independencia del país para un nuevo futuro.
También durante su reinado estableció relaciones con distintos reinos de origen helénico, alentando el establecimiento en Egipto de muchos colonos griegos en diversas colonias, a la par que reclutando mercenarios griegos en sus fuerzas militares.
Los años pasaron y aunque no hay duda de que los mercenarios griegos fueron utilizados en las fuerzas egipcias para diversas campañas que los faraones tuvieron a bien realizar, no hay una especificación que haga una puntual referencia a los mismos mercenarios, o algún hecho militar destacado en que dichas fuerzas destacaran en batalla.


Hoplitas griegos
Llegamos al siglo VI a. de C. con el reinado del faraón Amosis II, hombre que gobernó acertadamente el país, el cual disfrutó una gran prosperidad, a la par que este fue el primer soberano que creó permanentemente la primera colonia griega en el país, esta se llamó Neucratis. Durante el incendió de templo de Delfos contribuyó a su reedificación con 1.000 talentos.
Se casó con una princesa de origen griego llamada Lacide, hija de Battus, rey de Cirene. También estableció alianzas con los reyes Polícatres de Samos y Creso de Lidia.
En conjunto se puede decir que fue un faraón que estableció relaciones con países griegos a un alto nivel, quizá ningún faraón había establecido relaciones tan estrechas con el mundo griego, pero sus últimos años de reinado (de los 42 de que gozó) fueron muy azarosos.
Ya había tenido que aguantar la embestida del gobernador caldeo Nabucodonosor II, y aunque el rey persa Ciro II no le molestó, sospechó que en un futuro su país podría ser invadido por este emergente y pujante imperio. Pero no le tocó a él ver tan triste destino, sino a su hijo Psamético III.
Este apenas gozó de un año de reinado, en el 525 a. de C., el ejército persa al mando de rey persa Cambises II entró en el país tras derrotar a los egipcios en Pelusium, en la península del Sinaí.
Tras esta victoria los persas se dirigieron a Menfis donde capturaron la capital egipcia tras un largo asedio en el que tras el mismo el faraón y los principales dirigentes del país fueron ajusticiados a modo de advertencia y escarmiento. Con esto se inició un reinado de dos siglos hasta que el país fue liberado de los persas en el 332 a. de C. por Alejandro Magno.
Sin embargo entre estos dos siglos hubo etapas en que los diferentes reyes persas fueron fuertes, pero también débiles, el nacionalismo egipcio nunca perdió la oportunidad de sacudirse el yugo persa, y se puede decir que la provincia persa de Egipto fue una provincia muy levantisca entre los dominios de la dinastía Aqueménida persa.
La ocupación revistió tintes dramáticos, porque si bien los persas solían tener tolerancia con las zonas conquistadas que se sometían de buen grado, solía gobernar con mano de hierro las provincias que les daban problemas.
Esto era un círculo vicioso, porque los egipcios no se resignaron a ser completamente dominados y aprovechaban cualquier signo de debilidad de algún soberano para rebelarse; con la consiguiente reacción brutal del soberano, lo cual no ayudaba en nada para someter a los egipcios de buen grado.


Carro de guerra egipcio
Quizá una actitud más positiva sobre los nativos del lugar, mayor grado de autonomía, junto con un acercamiento al clero egipcio hubiera dado mejores resultados que aplastar cruelmente cada rebelión de los nativos, fue algo que quizá los mandatarios persas no supieron explotar convenientemente.
Ciertamente hubo algunos reyes que intentaron ganarse a sus súbditos, como el gran Darío I, efectuando donaciones a diversos templos egipcios. Claro que la provincia fue mimada y protegida celosamente, ya que junto con la provincia de Babilonia, eran los grandes abastecedores de trigo del imperio persa.
Pasaron varios decenios con alguna que otra rebelión fallida, hasta que se dio una gran oportunidad, durante la cual (y es lo que nos interesa en este trabajo) los griegos intervinieron activamente.
Las tribus libias que vivían en el desierto lo hacían en relativa libertad, aunque nominalmente estaban sometidas al dominio persa; pero en el año 464 a. de C., surgió un líder entre sus miembros, un príncipe que se propuso liberar Egipto del yugo persa.
Formando un ejército, partió hacía el Delta del Nilo, logrando el apoyo entusiasta de la población. La oportunidad estuvo bien calculada; había muerto asesinado el gran Jerjes I, con lo que hasta que se nombrara un nuevo rey, suele haber un periodo incierto o de transición, que alguna provincia rebelde suele calibrar para poner a prueba el carácter del nuevo soberano y saber si este será débil o fuerte.
Esto fue lo que ocurrió en Egipto, pero también en la provincia de Bactria, por lo que queda claro, que no todas las provincias persas estaban sometidas de buen grado a los Aqueménidas.
El príncipe libio llamado Inaro, previamente, había tomado contacto inteligentemente con varios jefes de los nomos (pequeñas provincias en que se dividía todo Egipto) así como también con Atenas. Este fue un buen tanto el que se apuntó Inaro, porque Atenas era una potencia militar.
Tras la guerra que libró contra los persas hace unos años, la cual supuso la invasión del suelo de Grecia, Atenas se había convertido en una potencia naval de primer orden, creando un imperio marítimo que gobernaba como líder supremo en lo que se llamó “la Liga de Delos”.
Esta Liga abarcaba muchos países costeros del mar Egeo, eran libres y en teoría, iguales, aportando anualmente todos tropas y barcos y dinero cuando alguno de ellos era amenazado, si bien con el tiempo quedó claro que Atenas era la líder indiscutible de la liga.
Además, muchos países de la Liga optaron por pagar anualmente a Atenas un canon anual de dinero, evitando tener que aportar tropas o suministros, con lo que en teoría, Atenas se echó en las espaldas el peso del mantenimiento de la Liga, al menos en lo referente al plano militar.


Arquero asirio
Posiblemente fue un error de los miembros de la Liga, ya que daba pie a que Atenas pudiera abusar de esta condición de líder indiscutible, en vez de estar la misma sujeta a un liderazgo, pero de menor orden, más en pie de igualdad con el resto de los miembros.
El caso es que Atenas convenció a los miembros de la Liga de que se ayudara activamente a este príncipe Libio; debilitar al odiado imperio persa, ventajas comerciales sobre un nuevo país independiente que producía gran cantidad de grano de trigo y claro está, un país agradecido eternamente; todos estos datos convencieron a Atenas de dar el paso activo.
En el año 463 a. de C., Inaro logra dominar el Alto Egipto (el norte del país y el Delta del Nilo en particular) pero las ciudades desde Menfis hasta el sur quedan fuera de su alcance y en poder de los persas.
Sus logros son buenos, pero necesita la ayuda de Atenas para explotarlos y consolidarlos. La flota de la Liga de Delos compuesta por 200 naves y 6.000 hoplitas al mando de un prestigioso almirante llamado Cimón, está operando en la isla de Chipre.
En efecto, la isla ocupada por los persas, ofrecía una oportunidad de riqueza comercial al ser liberada, a la par de que sus ciudades eran ricas y de que sus antepasados eran de origen griego, oportunidad comercial y moral por la liberación se juntaban para dar respuesta a esta empresa.
Pero la aventura de Egipto también era interesante, así que gran parte de la flota que operaba en Chipre fue enviada a Egipto. Las operaciones bélicas fueron muy fructíferas.
El rey Artajerjes I es el nuevo rey de Persia, un gobernante muy enérgico, pero en esos momentos es impotente para domeñar a los egipcios, ya que tiene que hacer frente a la rebelión de Bactria amén de consolidar internamente su poder en todo el imperio.
Para hacer frente en un primer momento a los rebeldes y sus aliados, tendrá que ser el sátrapa (gobernante de la provincia persa) de Egipto el que aplaque la rebelión. El encargado es Aquemenes, tío del nuevo rey y hermano del fallecido Jerjes I.
Artajerjes I intenta si bien no directamente, si apoyarse en la diplomacia para desviar la atención de Atenas. Contacta con su rival, Esparta, para que ataque Atenas y esta tenga que desviar sus recursos de Egipto a su país, pero la operación diplomática falla, al no consentir Esparta en meterse en una operación tan arriesgada.


Ramsés III
Pasando ya a los hechos activos, las operaciones en el mismo Egipto son muy positivas para los rebeldes. Artajerjes I, fallada la diplomacia con Esparta, pasa a los hechos activos enviando en el 459 a. de C., una flota de 80 naves y un gran ejército por tierra para aplastar la rebelión.
Pero la flota persa se internó en la boca del río Nilo donde le esperaba la flota del almirante ateniense Cimón, este salió victorioso del enfrentamiento naval donde se constató de que en un sitio tan estrecho, las naves atenienses más pequeñas maniobraron mejor que las grandes naves persas, estas últimas sufrieron las pérdidas de 30 naves hundidas y 20 capturadas.
Al ejército persa terrestre no le fue mejor, las fuerzas atenienses se unieron a las del príncipe Inaro, y juntas lucharon contra los persas, estos al mando de Aquemenes libraron lo que se conoció como la batalla de Papremis, cerca de la ciudad de Xois, en la que el ejército persa fue completamente derrotado muriendo el mismo Aquemenes.
La batalla constató que la infantería hoplita ateniense había jugado un papel importante en la victoria, amén de que también se constató, de que la infantería persa no podía oponerse a esta infantería pesada.
La flota ateniense marchó hacia el sur bloqueando por mar y tierra la capital de la provincia persa, Menfis y conquistándola posteriormente, si bien la guarnición persa se pudo zafar del ataque enemigo y atrincherarse en la ciudadela de la ciudad.
Posteriormente en acciones de hostigamiento, la flota ateniense atacó la región persa de Fenicia, hundiendo o capturando barcos, incendiando puertos y realizando incursiones en las ciudades costeras.
Artajerjes I por entonces ya había consolidado su poder por entonces dominando la rebelión en Bactria y asegurando firmemente su poder en el imperio persa; por lo que había llegado la hora de aplastar de una vez la rebelión egipcia, la cual se estaba prolongando demasiado.
El rey persa organizó en el 457 a. de C, una poderosa fuerza consistente en 200.000 hombres al mando de los generales Megabizo II y Artabazo I, apoyados por una numerosa flota de 300 naves al mando del almirante Orisco.
La expedición persa entró en Egipto, marchando sobre Menfis donde derrotó a las tropas de Inaro y las atenienses; los que escaparon se refugiaron en una isla llamada Prosopitis.
La posición no era mala, ciertamente la flota ateniense protegía la isla, así que los hombres de Inaro estaban en relativa seguridad, a la espera quizá de recibir refuerzos.


Guerreros persas
Pero Artajerjes I no les iba a conceder ni un momento de respiro; además de someter a un duro asedio a sus defensores para que no escapara nadie, ordenó que sus hombres desviaran el brazo del Nilo que pasaba por la isla. Con esto la flota ateniense quedó varada en el seco río y sin posibilidad de ser útil.
Los persas en el año 454 a. de C. destruyeron los indefensos barcos y asaltaron la isla indefensa. A pesar de que los defensores opusieron una será resistencia.
La derrota fue total, Inaro fue herido y la mayor parte de las fuerzas atenienses fueron aniquiladas, solo un pequeño grupo pudo romper el anillo persa y abrirse paso penosamente por el desierto marchando rumbo noroeste, donde se refugiaron en la colonia griega de Cirene.
Inaro y el resto de sus fuerzas, incluidas algunas griegas que se quedaron con él fueron hechas prisioneras y llevadas a presencia de Artajerjes donde tiempo después fueron ejecutados. ¡Para colmo de males!, en Atenas se ignoraba el descalabro de sus camaradas, así que se despachó una fuerza expedicionaria de refuerzo.
50 naves con refuerzos se internaron por el río Nilo y allí acudió la flota persa para cortar su retirada y perseguirlos río abajo. Para colmo de males no podían desembarcar las fuerzas que transportaban, ya que las orillas del río estaban ocupadas por las fuerzas persas; la flota fue destruida y sus ocupantes muertos o hechos prisioneros.
La Liga de Delos podía hacer un balance tremendamente desastroso de la aventura egipcia, se había perdido 200 naves, 30.000 marineros y 8.000 soldados, la fuerza naval, que era donde se apoyaba la fuerza de la Liga había quedado seriamente dañada y para colmo de males fue aprovechado por alguno de sus socios que no estaban muy contentos con la supremacía que tenía Atenas en la Liga para intentar de separarse.
Atenas tuvo que hacer grandes esfuerzos para evitar separaciones en la Liga y para reparar el poder de su maltrecha flota; con lo que no le quedaron energías durante mucho tiempo para poder ayudar a los egipcios en una nueva revuelta.
Pasaron varios decenios antes de que los egipcios y encontraran un líder lo suficientemente ambicioso y atrevido para que organizara una nueva revuelta.
Mientras en Grecia, se había gestado una guerra de grandes proporciones, tras la invasión de Persia en Grecia y su posterior expulsión en el siglo V a. de C., habían nacido dos grandes potencias, Esparta y Atenas, ambas tras un primer momento de colaboración chocaron inevitablemente, ya que dos países agruparon a su alrededor cierto número de países aliados.


Egipto durante la rebelión de Inaro
Los atenienses formaron la “Liga de Delos” y los espartanos la “Liga del Peloponeso”, era cuestión de tiempo que la guerra fría que había entre las dos potencias se trastocara en guerra abierta.
¡Efectivamente!, entre el 431 y el 404 a. de C. se desarrolló una guerra en la que en teoría Esparta venció y alcanzó la supremacía en Grecia, pero no es menos cierto que todos los países acabaron en un estado de debilidad extremo.
Aquí el imperio persa jugó bien sus cartas contra sus antiguos enemigos, a los que les tenía un odio extremo.
Ya apoyando a unos, ya apoyando a otros, el oro persa (del que los reyes Aqueménidas estaban provistos abundantemente) corrió a raudales y facilitó que ambos contendientes estuvieran tan debilitados tras la guerra, que no osaran intentar nada contra los persas, los cuales habían mostrado a los griegos la debilidad de su ejército.
¿Cómo pasó esto último?, la respuesta es la siguiente:
Tras la guerra de las ligas de Atenas y Esparta, más conocida por “la guerra del Peloponeso”, lógicamente los ejércitos de todas las naciones implicadas redujeron drásticamente sus efectivos, además, no estaban económicamente boyantes para tales dispendios.
El caso es que esto produjo que miles y miles de soldados quedaran sin empleo; tras varios decenios de lucha, muchos no tenían ganas de volver a sus ocupaciones civiles y muchos otros eran soldados profesionales, la milicia activa era lo que habían conocido toda su vida y no tenían ganas de ocupar su vida en otras profesiones.
Así que estos hombres ofrecieron sus servicios a toda nación que los demandase. Esto coincidió con un suceso importante que se dio en el imperio persa. Uno de sus sátrapas, Ciro apodado “el joven” y a la vez príncipe de Persia, había reñido con su hermano Artajerjes II por el trono persa y este último le abría ejecutado sino hubiera intervenido la madre de ambos.
El caso es que fue perdonado y enviado a Asia Menor como sátrapa de dicha región. El caso es que Ciro no se resignaba a los hechos consumados y deseaba conquistar el trono al que creía que tenía legítimo derecho, así que con la escusa de acabar con una tribu belicosa de su región, formó un poderoso ejército con el que derrocar a su hermano.
Ciro era un hombre inteligente que supo congraciarse con Esparta y Atenas y conseguir de ellos los mercenarios que necesitaba, ya que había comprendido que los hoplitas griegos podían ser una fuerza formidable que facilitaran sus designios.
Poco a poco el ejército rebelde se fue congregando en Sardes, donde tenía Ciro su capital; al final se congregó una fuerza de unos 50.000 hombres de las más diversas regiones y una fuerza que formó el núcleo de sus fuerzas.
Su guardia montada de unos 600 hombres y sus mercenarios griegos, 10.500 hoplitas (infantería pesada) y 2.500 “pelpastas” (infantería ligera) a los que más tarde se unieron 700 espartanos y 400 mercenarios griegos que desertaron de las filas de rey persa, en total unos 14.000 mercenarios griegos.
Artajerjes II cuando se enteró de las intenciones de su hermano, reunió un poderoso ejército de unos 200.000 hombres y partió para derrotar a su hermano. La batalla se dio en Cunaxa, una aldea al norte de Babilonia y en la que el rey persa venció a su hermano, al cual mató.
Pero técnicamente la batalla se venció por la muerte de Ciro, la misma batalla había demostrado que las fuerzas griegas que formaban el flanco derecho eran una fuerza extremadamente formidable.
Las mismas arrollaron a las fuerzas del flanco izquierdo persa, y tras la muerte del hermano del rey persa, este reagrupó sus fuerzas para lanzarlas sobre los mercenarios griegos.
Los mercenarios griegos se revolvieron y plantaron cara a los atacantes que al grito de guerra griego se encogieron de espanto ante el avance heleno y corrieron despavoridos ante la impotencia del rey persa que observaba tales hechos.
Posteriormente, los griegos faltos de su líder Ciro, emprendieron la retirada a sus hogares en Grecia, Antajerjes II los siguió con cautela hostigándoles pero sin comprometer sus tropas en un ataque masivo, ya que comprendía que los griegos cuando se defendían compactamente, no tenían rival entre las fuerzas persas, las cuales se encogían de espanto.
Incluso el rey persa astutamente, acabó con los líderes mercenarios cuando aprovechando los contactos que el rey tenía en el bando griego, pretextando una reunión con ellos, acabó asesinándolos a todos en la tienda de campaña donde se celebró la reunión.
Pero Artajerjes no conocía a sus adversarios, creía que con sus líderes muertos estos se desbandarían pudiendo acabar con ellos poco a poco.


Mapa de operaciones en el Antiguo Egipto y la frontera Occidental persa (1)
Los griegos tenían una formación política y militar muy superior a la de sus adversarios, donde los persas se habrían disgregado sin sus líderes, los griegos calmamente celebraron una reunión y proclamaron unos nuevos líderes entre sus hombres más experimentados. Uno de los elegidos fue un tal Jenofonte, el cual acabó siendo el líder y alma de la expedición en retirada.
Su coraje y determinación se impuso a las múltiples penalidades que sufrieron los griegos en su retirada, acosados y hostigados siempre por los persas, lo cuales aprovechaban toda ocasión y guardia baja de los griegos para atacar con determinación.
Pero los griegos respondieron con poca disciplina y ánimo de lucha, ¡no en balde!, eran hombres tremendamente experimentados que habían luchado muchos años en la guerra de Peloponeso.
La retirada finalizó con relativamente pocas bajas, Jenofonte incluso escribió un libro de éxito, relatando los sucesos de la expedición, el cual llevó el título de “Anábasis”.
Lo que era peor, a ojos de los griegos había quedado claro que un ejército relativamente pequeño se había paseado impunemente por el imperio persa, con su gran ejército pisándole sus talones, pero sin atreverse a hacerle frente por miedo.
Incluso en la misma batalla de Cunaxa, las formaciones persas habían temblado cuando se enfrentaron a los griegos. Muchos tomaron nota del asunto, y en un futuro, Filipo II de Macedonia trazó planes para liquidar al imperio persa, planes que a su muerte, llevó a cabo su hijo, Alejandro Magno.
El caso es que Artajerjes II tuvo que esperar un tiempo hasta que se pudo rehacerse de los hechos acaecidos, además el tiempo en el que tuvo que batallar contra su hermano fue aprovechado en Egipto por un tal Amirteo.
Este se rebeló contra los persas, contra los cuales llevaba luchado varios años en acciones guerrilleras en el Delta del Nilo. Amirteo dominó el norte del país, pero el sur se mantuvo fiel a los persas.
Antajerjes II, el nuevo rey persa, congregó un ejército en Fenicia para acabar con el rebelde, pero la rebelión de Ciro frustró sus planes consolidando la rebelión egipcia.
El sucesor de Amirteo fue Neferites I, el cual pacificó todo el reino de Egipto; este cultivó astutamente la amistad con Esparta, evitando con ello la egresión de los persas. En el 391 a. de C., accedió al trono un faraón muy notable llamado Acoris. Su inteligencia fue determinante durante los 13 años que reinó.


Mapa de operaciones en el antiguo Egipto y la frontera Occidental persa (2)
Aparte de gobernar acertadamente, tuvo que hacer frente a las acometidas del rey persa Artajerjes II, el cual tras poner orden en su reino, dedicó sus fuerzas a domeñar la díscola provincia egipcia que tantos quebraderos de cabeza daba al imperio persa.
Efectivamente, tras poner el rey persa orden en sus satrapías del Occidente, siempre muy levantiscas y celosas de su poder, preparó una invasión en toda regla en el 385 a. de C. .
Sin embargo, el faraón Acoris no permaneció ocioso, sabedor de que el ejército persa era muy poderoso para hacerle frente con sus fuerzas, pactó alianzas con diversos estados griegos.
Aparte de su alianza con Esparta de la que Egipto se beneficiaba hacía tiempo, contó con el apoyo del rey Evagoras I, (rey de Salamina, al cual ayudaron a tomar Chipre a los persas en el 387 a. de C.) y con la alianza de Atenas en el 389 a. de C. y el concurso de su poderosa flota.
Con estos tres pilares Acoris se aseguró un apoyo muy poderoso en caso de un ataque persa. Pero esto no arredró a Artajerjes II en su ataque sobre Egipto.
Acoris también se preocupó de fortificar las fronteras del Delta del Nilo, sabedor de que un ataque terrestre persa forzosamente penetraría por ahí. Para construir dichas fortificaciones, contrataron a un veterano general ateniense llamado Cabrias junto a sus mercenarios atenienses.
Su buen hacer se sintió casi de inmediato, realizó un análisis de cuáles eran los puntos débiles del país y por donde se podían reforzar, estudió por donde podían los persas lanzar su fuerzas y fortificar la zona para evitar su invasión.
Estableció su cuartel general en el Delta del Nilo y fortificó como nunca la región, estableciendo como eje vertebral de la misma la ciudad de Pelusium, situada extremo nordeste del Delta.
Cabrias diseñó un sistema de fortificaciones para el Delta del Nilo impresionante; entre las fortificaciones que creó, en Pelusium edificó el llamado Castillo de Cabrias, un ejemplo de fortificación entre las que ideó Cabrias; canales y pantanos de Delta fueron fortificados convenientemente; por desgracia, de los antiguos faraones, no hay muchas fortificaciones que queden en pie.
Esta era la zona natural de invasión por donde vendrían los persas y Cabrias su propuso crear una barrera infranqueable para las fuerzas persas; pero no solo hizo eso, tenía bajo su mando a unidades mercenarias persas que contribuirían a la defensa de la zona, pero también entendió que las unidades militares del país también tenían que ser entrenada en técnicas modernas de combate.
Cabrias entrenó como nunca los indígenas egipcios, logrando hacer de ellos unas excelentes tropas de combate, las cuales junto con los hoplitas griegos y la fortificación de la zona, esperaba que detuvieran la invasión persa.
Durante dos años, del 385 al 383 a. de C., Artajerjes II atacó varias veces el Delta del Nilo, ofensivas que tenían por objeto romper el sistema defensivo egipcio; tras la ruptura del armazón egipcio, la conquista de Egipto era pan comido.
El ataque se concentró en las fortificaciones de Pelusium, y esto fue un error, ya que ese punto estaba sólidamente fortificado y defendido por los mercenarios griegos y los egipcios al mando de Cabrias.
El fracaso del ejército persa durante esos dos años sume a estos en el desconcierto. Esto es aprovechado por el rey Evagoas I, el cual, se hace con el control del mar que rodea su isla de Chipre y se alía con la ciudad de Tiro tomando sus zonas aledañas y parte de la región persa de Cilicia.


Peltasta griego
Egipto por su parte se lanza a la contraofensiva y logra tomar zonas de Palestina con poca resistencia por parte de los persas.
Los persas reaccionan con prontitud, y tras el desconcierto inicial, preparan una ofensiva sin parangón para retomar la iniciativa el 381 a. de C.; con el apoyo de la flota persa y trasportando al ejército por mar, las fuerzas de los generales Orontes y Tiribazo doblegan a las del rey Evagoas I, el cual firma la sumisión de la isla al imperio persa.
Acto seguido le toca el turno a los egipcios, sin embargo la ofensiva se pospone unos años debido a que estallan distensiones en el imperio persa.
En el año 373 a. de C., Artajerjes II está nuevamente preparado para conquistar Egipto, el cual le está ocupando buena parte de su reinado. El rey persa maniobra de manera inteligente, primero emprende una ofensiva diplomática contra los egipcios.
Antes, comentar que en el trono egipcio gobierna el faraón Nectanebo I. Nuevamente ante una ofensiva persa, Egipto tiene suerte de contar con un faraón formidable en todos los aspectos, y que astutamente cuenta entre sus fuerzas con un buen número de mercenarios griegos y espartanos, ya que son pieza clave en el dispositivo de defensa de la nación.
Esto sin contar con que la economía de la nación va muy bien, prosperidad arto importante a cuenta del elevado dinero que cuesta el pago de los mercenarios griegos. El faraón no olvidó el sólido trabajo que el general ateniense Cabrias había hecho hacía unos cuantos años en Egipto, y en fecha tan señalada de sumo peligro, decide nuevamente contratarle. Su labor en la restauración del sistema de fortificaciones creado por él unos años antes en el Delta del Nilo, favorece la defensa egipcia en la frontera con territorio persa.
Pues como decía, la ofensiva diplomática de Artajerjes II se encaminó, apoyándose en las excelentes relaciones que mantenía con Atenas, a presionar a ésta para que las fuerzas atenienses que militaban en el ejército Egipcio abandonaran el país.
Pero no solo eso, el rey persa logra que fuerzas atenienses sean incorporadas a la expedición persa al mando del prestigioso general ateniense Ifícrates, el cual compartirá en mando con el Satrapa persa Tiribazo.
Tras este éxito del rey persa, este lanzó desde Palestina y Fenicia un formidable ataque naval y terrestre solo la frontera norte de Egipto, la flota contaba con 300 naves y la fuerza terrestre con 200.000 hombres entre los que se incluían 12.000 mercenarios griegos (otras fuentes hablan de 20.000).
Los persas al llegar a la frontera norte, en concreto a Pelusium, son detenidos por las fortificaciones egipcias, ya que aunque Cabrias había sido obligado a retirarse con sus mercenarios de Egipto por presión de Atenas, había concluido antes de irse los preparativos defensivos sobre el Delta del Nilo, lo cual fue muy importante en el esquema defensivo de los egipcios, ya que estos quedaron solos ante la furia persa.
También Cabrias se ocupó de entrenar convenientemente a las tropas nativas egipcias para que enfrentaran con garantías a las fuerzas persas, tremendamente superiores en número a las de sus oponentes y que ya no se beneficiaban de contar con gran parte de los mercenarios griegos.
Posiblemente algunos mercenarios de otras nacionalidades griegas permanecieron junto al faraón, pero estas fuerzas mercenarias eran escasas en número, sobre todo si las comparamos con las de sus oponentes persas.


Mapa de operaciones en el antiguo Egipto y la frontera Occidental persa (3)
Los persas al acercarse al Delta del Nilo comprobaron que Cabrias había hecho un buen trabajo, pero los persas contaban entre sus filas a un hombre similar, un mercenario griego llamado Ifícrates, el cual estudió con detenimiento las defensas egipcias.
El general ateniense Ifícatres decide inteligentemente atacar por un punto que no está bien defendido, un afluente del Nilo cerca de la ciudad de Mendes, desde donde la flota persa se interna Nilo abajo hasta la ciudad de Menfis.
Nectanebo I se halla ahora en una mala situación, con la frontera norte rebasada, donde el faraón había apostado una buena parte de sus esperanzas defensivas y buena parte de sus tropas, se enfrenta ahora al desastre.
¡Pero no todo está perdido!, cerca de Menfis los persas mantienen una acalorada discusión con los mandos atenienses, ya que las relaciones entre ambos bandos es muy tirante, sobre quien se lleva la gloria del triunfo.
El caso es que el bando persa pierde un tiempo precioso discutiendo vanamente, dándole tiempo al faraón egipcio de llevar refuerzos a la ciudad de Menfis y fortificarla convenientemente.
Otro aliado se une al faraón, el cual forma parte de las fuerzas de la naturaleza; ¡efectivamente!, la crecida anual del Nilo llega oportunamente a la ciudad de Menfis desmoronando el dispositivo de asedio persa a la ciudad. Los egipcios pasan al ataque y derrotan poniendo en fuga el desordenado ejército persa.
El año 366 a. de C., señala como probable una nueva ofensiva persa, ya que los atenienses, nuevamente aliados con los egipcios no pueden prestarles apoyo, debido a que están en guerra; estos tendrán que lidiar solos con el inmenso poderío persa.
Pero nuevamente la suerte se alía con Egipto, en las satrapías de Asia Menor estallan las discordias y los enfrentamientos.
La rebelión es de grandes proporciones, la cual sume al imperio en un caos y deja al viejo Artajerjes II sin fuerzas para dominarla, y mucho menos para pensar en organizar una nueva expedición contra Egipto, lo cual da a esta nación un respiro necesario.
Los preparativos egipcios para la defensa del reino son innecesarios, pero en el año 362 a. de C., el nueva faraón Teos, hijo de Nectanebo I, ideó un inteligente plan que incluía la toma de las provincias persas de Siria y Palestina.
Efectivamente, el momento era propicio, ya que las satrapías de Asia Menor estaban enfrentándose entre sí con el apoyo de espartanos y atenienses; Teos aprovecha la ocasión para apoyar la rebelión de los sátrapas como medio para debilitar al rey Artajerjes II.
El rey Artajerjes II no podía hacer nada ya que viejo y anciano, no tenía fuerzas para sostener el orden en el imperio persa, el cual exigía una mano fuerte y sólida; el imperio persa estaba sumido en el caos.


Mapa de operaciones en el antiguo Egipto y la frontera Occidental persa (4)
El faraón Teos decidió aprovechar la oportunidad que se presentaba; pactó alianzas con Esparta y Atenas, y organizó una ofensiva para recuperar las provincias que mucho tiempo antes tenía Egipto en calidad de protectorados; estados colchón que antes servían para impedir cualquier ofensiva al territorio egipcio propiamente dicho.
La poderosa fuerza expedicionaria fue preparada con todo esmero por Teos, aparte de las fuerzas nativas, contaba con el concurso de sus aliados atenienses y espartanos en calidad de mercenarios.
Las tropas terrestres estaban compuestas por 10.000 mercenarios griegos al mando de Cabrias, las cuales fueron puestas al mando del rey espartano Agesilao II, (el cual acudió también con sus propias fuerzas mercenarias compuestas por unos 1.000 hombres) todos los griegos junto a las fuerzas nativas, estaban bajo el mando supremo del faraón egipcio.
Parece que el faraón Teos tenía dificultades en reunir el dinero, y el mercenario Cabrias le dio la idea de cómo conseguirlo:
- Imponer pesadas cargas a los templos.
- Más tasas al comercio, talleres, etc…
Gracia a estas recetas, la expedición logró recaudar el dinero suficiente para poder financiarse con éxito y seguir con la empresa del faraón.
Las tropas terrestres fueron puestas al mando del rey espartano Agesilao II y el general Cabrias, (el cual había prestado tiempo antes como mercenario innumerables servicios a la nación egipcia, la cual le estaba muy agradecida al líder mercenario) comandaría la flota creada por Teos, compuesta por 200 naves.
Teos también estableció contactos diplomáticos con uno de los sátrapas rebeldes, llamado Orontes; esto formaba parte de su estrategia, el que la rebelión de los sátrapas persas estuviera muy activa mientras él dirigía la expedición hacía Fenicia y Siria.
Desgraciadamente para el faraón Teos, el precio de los mercenarios griegos, la flota etc., en definitiva, la expedición en su conjunto, ¡fue muy grande!; dicho pago solo pudo sufragarse a costa de saquear el oro existente en los templos del país, con lo cual contó en adelante con la enemistad de la clase sacerdotal.
Posiblemente Teos prometiera con el botín obtenido restituirles las riquezas, ¡aumentadas con intereses!, pero esto parece que no contentó a los quisquillosos sacerdotes, cuyas riquezas fueron entregadas de mala gana.
¡No estaban dispuestos a jugarse sus riquezas a una empresa incierta!, y solo las cedieron por presión del faraón; este acto, fue algo que pagaría lamentablemente más tarde Teos.
El oro conseguido fue utilizado para acuñar moneda con la que pagar a los mercenarios griegos, hecho este que fue la primera vez que ocurrió en el Egipto de los faraones.
El año 360 a. de C. fue el del inicio de la ofensiva de Teos; su hermano llamado Tyahapimu se quedó en calidad de regente del país, ya que con la expedición marchó Teos en calidad de comandante supremo.
Los ejércitos egipcios entraron en Palestina sin apenas resistencia por parte de los persas; el problema surgió cuando se iba a iniciar la ofensiva contra la región de Siria.


Nectanebo I
El hermano del rey Teos aprovechó la ausencia de su hermano para coronar a su hijo con el nombre de Nectanebo II con el apoyo de los sacerdotes egipcios.
Es muy probable que aquí el oro persa tuviera mucho que ver en la rebelión. Artajerjes II no podía militarmente hacer nada ante la ofensiva egipcia, pero podía producir disensiones en su retaguardia egipcia con el abundante oro del que disponía.
Efectivamente, sobornando generosamente al hermano de Teos, a su hijo y probablemente también a la clase sacerdotal de Egipto, (la cual había sido esquilmada por Teos) logró sin un soldado persa, detener el ataque egipcio.
En Palestina tuvo noticias Teos de la rebelión en su país, ordenó a Agesilao II abortar dicha rebelión con sus fuerzas, pero este le contestó que había sido contratado para luchar contra los persas, no contra los egipcios. Pero esto era una escusa, secretamente había pactado con el nuevo faraón su apoyo a cambio de 200 talentos.
Teos contó con el apoyo de la flota de Cabrias, pero no con el ejército terrestre de Agesilao II, lo cual fue determinante, ya que el ejército terrestre era la pieza clave de la expedición; con el rey espartano ofreciendo su apoyo al nuevo faraón, vio Teos que no solo era imposible retomar su propia corona, sino que su posición no era segura para salir con vida del asunto.
Así que procedió a abandonar y marcharse al exilio a la corte de Artajerjes II, donde este fue muy bien acogido, ya que su el rey persa si en un futuro retomaba la conquista de Egipto, podía serle muy útil tener en sus manos un antiguo faraón.
Tyahapimu puso en el trono a su hijo, el cual fue llamado Nectanebo II, el gobierno de este faraón fue muy saludable para el país, aunque tuvo dificultades, ya que los persas no se resignaban a ver perdido Egipto.
En el principio de su reinado, Nectanebo II tuvo una rebelión interna en sus filas, en la región de Mendes, se levantó la bandera de la rebelión, al Este del Delta del Nilo.
Pero todavía estaba en el país las fuerzas mercenarias griegas comandadas por Agesilao II, el cual se encargaría de derrotar a los revoltosos pacificando la zona, fue el último triunfo militar de este rey espartano, ya que pocos meses después moriría.
En el 358 a. de C. Artajerjes II murió, y la ofensiva contra Egipto fue postergada varios años, hasta que el nuevo rey persa Artajerjes III pudiera reorganizar el reino caótico que tomó entre sus manos y preparar una nueva expedición.
Artajerjes III tras sofocar a los revoltosos sátrapas del Asia menor, estaba en condiciones de domeñar a Egipto de una vez por todas, este gobernante era como su predecesor un gobernante enérgico, el cual no dejaría escapar la presa fácilmente.


Mapa de operaciones en el antiguo Egipto y la frontera Occidental persa
Por desgracia para Egipto, el nuevo gobernante aunque intentó defender su país y gobernarlo acertadamente, no tuvo la suerte de sus predecesores.
En el año 350 a. de C., Artajerjes III estaba en condiciones de devolver a Egipto a la condición de una satrapía persa. Pero la expedición se saldó en fracaso, aunque los persas atacaron con valentía, las fortificaciones de Pelusim (que fue la zona atacada) se tornaron otra vez impenetrables al ejército persa.
También conviene señalar que la vanguardia del ejército egipcio conformada por mercenarios atenienses y espartanos se tornó decisiva para repeler el ataque persa.
Las consecuencias del fracaso persa fueron importantes, en cuanto la debilidad del ejército persa se tornaba débil, alguna satrapía lo aprovechaba para revelarse, como fue este el caso.
Fenicia y la isla de Chipre se sublevan, la región de Cilicia parece considerar seriamente la rebelión. El faraón sabía perfectamente que una nueva ofensiva persa era solo cuestión de tiempo, salvo que las rebeliones exteriores lo mantuvieran ocupado como para evitar que preparara una nueva expedición contra el país.
A este respecto dedicó todas las energías que le permitieran su tesoro real. Inició una maniobra dilatoria que entretuviera a los persas. Por aquel entonces el faraón tenía como líder de los mercenarios a un general muy experimentado llamado Mentor, proveniente de la isla de Rodas.
Quizás su hermano menor, llamado Memnon, fuera más conocido, quizá ahora no mucho, pero en el futuro sería el líder de los mercenarios griegos que al servicio del rey persa Darío III pondría la conquista de Persia por Alejandro Magno en muchas dificultades, solo la muerte de Memnon privó al rey persa de uno de sus mejores generales.
Mentor recibió del faraón una fuerza de 4.000 mercenarios griegos, la cual se dirigió a la ciudad rebelde de Sidón, en lo que hoy es el Líbano. En el año 346 a. de C., las fuerzas persas marchan contra la ciudad y se enfrenta a las de Sidón al mando del rey Tennes y las egipcias capitaneadas por el mercenario Mentor, las cuales vencen a los persas en la batalla subsiguiente.
Artajerjes III pone en marcha ante el fracaso de su maquinaria militar, el juego del soborno; tiene planeado dentro de poco realizar una nueva expedición a Egipto, para la cual necesita hacerse con el mayor número posible de mercenarios griegos, Mentor, que en el pasado había prestado servicios al rey persa, le soborna para que se pase a sus filas.


Moneda egipcia acuñada en tiempos del faraón Nectanebo II
Mentor que además de un líder mercenario es un oportunista, sabe perfectamente que permanecer al servicio del faraón egipcio solo le acarreará su destrucción, ya que el poder persa es inmenso, a pesar de algunos fracasos de sus ejércitos.
Por lo tanto decide poner su espada y sus fuerzas al servicio del rey persa. Artajerjes III tras doblegar la resistencia en Fenicia y restablecer la calma en todo el imperio persa, preparó una nueva expedición contra Egipto, la cual esperaba que doblegara a las fuerzas egipcias de una vez por todas.
A la misma destinó unos medios poderosos, una flota de 300 naves y un ejército de 300.000 hombres, como líder de los mercenarios griegos al servicio de los persas estaba el mercenario Mentor. Era el año 343 a. de C., la batalla se dio nuevamente en las fortificaciones de Pelusium.
Aquí Mentor jugó un papel destacado, la batalla en sí fue muy denodada, con soldados griegos del bando persa luchando contra soldados griegos del bando egipcio.
Pero finalmente fueron los persas fueron los que inclinaron a su favor la batalla; con la conquista de las fortificaciones de Pelusium, el sistema defensivo egipcio saltó por los aires, ya que tras las fortificaciones del Delta del Nilo no había otras posteriores que pudieran detener a los persas.
El faraón Nectanebo II marchó a Menfis, pero los persas no tardaron en llegar allí, por lo que tuvo nuevamente que salir huyendo internándose en la región de Nubia en el actual Sudán. Allí permaneció el faraón, ya que los persas no intentaron conquistar aquella región quedándose por la región de Menfis y sus zonas aledañas.
Con esto se podía dar por finalizada la permanencia en el trono egipcio de un faraón de sangre nativa; de Nectanebo II solo quedó el hecho de que fue el primer y único faraón, que acuñó en sus monedas de oro símbolos jeroglíficos.
El próximo faraón sería el mismísimo Alejandro Magno, que en el año 323 a. de C. penetró en Egipto y conquistó la satrapía persa egipcia.
Años más tarde, uno de sus mejores generales llamado Ptolomeo, se autoproclamó con la muerte de Alejandro Magno, Faraón de Egipto, iniciando con su reinado una dinastía de Faraones que se perpetuó hasta la muerte de Cleopatra VII en el año 31 a. de C. .
Pero esto ya es otra historia, ya que este trabajo versaba sobre los mercenarios griegos en el antiguo Egipto, y con la desaparición de Nectanebo II se da a este trabajo su punto y final.


Hoplitas griegos
Autor: eljoines
Bibliografía:
- http://www.institutoestudiosantiguoegipto.com/los%20pueblos%20del%20mar.htm.
-Sátrapa1.
- Isaac Asimov “Los egipcios”.
- Rex Warner “Pericles El Ateniense”.
- http://www.livius.org/egypt.html.
- Eljoines's blog
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