Joyeux Nöel

Año: 
2005
Género: 
Drama
Época: 
Contemporánea
Duración: 
116 minutos
Nacionalidad: 
Coproducción: Alemania, Francia, Bélgica, Rumanía y Británic
Director: 
Christian Carion
Reparto: 
Diane Krüger
Reparto: 
Benno Fürmann
Reparto: 
Guillaume Canet
Reparto: 
Lucas Belvaux
Reparto: 
Daniel Brühl
Reparto: 
Bernard Le Coq
Reparto: 
Steven Robertson

La película está inspirada en una historia real que se desarrolló durante la Gran Guerra, el día de Nochebuena de 1914, en varias zonas del frente. Cuando estalla la guerra, en pleno verano de 1914, sorprende y arrastra en su tor-bellino a millones de hombres.

Y luego, llega Navidad, con su nieve y sus miles de regalos enviados por las familias y los Estados Mayores. Pero la sorpresa no vendrá en los generosos paquetes que pueblan las trincheras francesas, escocesas y alemanas. Esa noche, un increíble acontecimiento transformará para siempre el des-tino de cuatro personajes: un pastor escocés, un lugarteniente francés, un tenor alemán y una soprano danesa –las "stars" de la época– que aprovechando la noche de Nochebuena de 1914, se encon-trarán inmersos en un episodio de fraternización sin precedentes entre soldados alemanes, franceses y británicos. Dejarán el fusil al fondo de sus trincheras para ir a ver al soldado de enfrente, estre-charle la mano, intercambiar con él un cigarrillo o chocolate y desearle una muy "Feliz Navidad".

Siguiendo la estela del Bertrand Tavernier de La vida y nada más (1989), Christopher Carion propone un mensaje de paz en unos tiempos caracterizados por la violación de los derechos humanos y la guerra. Para ello recrea un episodio real de la primera guerra mundial en la que unos hombres decidieron olvidar sus diferencias, enterrar juntos a sus muertos, jugar al fútbol, y

salvarse mutuamente de los ataques aéreos provenientes de los ejércitos a los que se sirven.

La mirada de Carrion se fija en el teniente francés y alemán que -insinúa el realizador- compartieron sin saberlo una misma mujer, un matrimonio de cantantes de ópera una soprano y un tenor - basado en el cantante Walter Kirchhoff e interpretados con las voces de Natalie Dessay y Rolando Villazon - cuyas voces melodiosas crean el clima propicio para declarar una tregua y que prefieren acabar prisioneros del bando enemigo a permanecer separados, y un sacerdote anglicano que acompaña a sus parroquianos al continente.

Esas horas de confidencias revierten en un cambio de postura en los soldados quienes, en caso, de reanudar las hostilidades acribillarían ya no a masas anónimas de enemigos, sino a rostros amigos.

Su comportamiento es sancionado por los superiores. Los franceses son enviados a vivir el infierno en la Batalla de Verdún y el sacerdote es enviado de vuelta al Reino Unido, mientras que el obispo alienta a las tropas para masacrar al enemigo. La panorámica que recoge el momento en el que el sacerdote deposita para siempre su cruz -desertando de su ideal de iglesia- resume el espíritu de un filme donde los grandes ideales patrióticos se diluyen ante el horror de la guerra y la esperanza del resurgir de una nueva humanidad.

Desde Cannes llegó a nuestro país para clausurar la última Seminci, donde obtuvo el Premio de la Fipresci. Ahora se encamina a los Oscar® representando a Francia, y busca continuar en nuestro país el éxito de taquilla obtenido fuera. Su guionista y director,Christian Carion ("La chica de París"), recoge aquí los acontecimientos sucedidos en las trincheras de la Gran Guerra en las Navi-dades de 1914, adaptando el libro "Las Batallas de Flandes y de Artois 1914-1918" de Yves Buffetaut.

Estamos ante una coproducción de cinco países de la Unión Eu-ropea para hablar de un hecho insólito sucedido en la 1ª Guerra Mundial, cuando los ejércitos atrincherados —y estabilizados— de Francia, Escocia y Alemania hicieron una tregua para “confraterni-zar” durante el día de Nochebuena y siguientes. Alegato antibeli-cista o proclama pacifista en tono de comedia amable para hablar del absurdo de una guerra —aunque más absurdas y divertidas serán las situaciones producidas a raíz de la tregua pacta-da—, y resaltar lo humano que une a quienes se enfrentaban en el campo de batalla.

La intención de Carion es rendir homenaje a las personas de a pie, por encima de banderas e ideologías, resaltando los aspectos familiares, religiosos o humanos comunes frente a aquellos que les diferenciaban. Película, por tanto, complaciente y oxigenante para el público, con una puesta en escena brillante y mo-mentos llenos de emotividad —ahí está la Misa de Gallo com-partida y los cánticos en amistosa unidad—, hábilmente conducidos por el poder de una música que amansa a las fieras y por la bella fotografía de Walther van den Ende. En principio, nada en la película es cruel ni despiadado, y los buenos sentimientos afloran por todas partes, aunque eso no impida recoger el drama y desesperación de un soldado inglés que ha perdido a su hermano y que se convierte en la oveja negra de la noche.

Parece que Carion apuesta por dar una visión humana de la situación, con un patriotismo sano que se completa con el recuerdo de los seres queridos, el surgimiento del amor por encima de fronteras o el sentido uni-versal de la caridad cristiana: todo ello habla del esfuerzo del director por comprender a sus personajes. Sin embargo, ese tono se quiebra y deriva hacia lo maniqueo en su parte final, al denigrar a unas autoridades alejadas del humanismo y sensibilidad de sus súbditos. La postura es legítima y admisible, si no fuera porque su manera de retratar pasa de lo matizado y respetuoso a la caricatura esque-mática y al estereotipo falseado. De todos ellos, queda especial-mente remarcada la actitud del obispo anglicano, quien desacredita al buen sacerdote, artífice de la paz de la Nochebuena, con una arenga que suena a cruzada trasnochada contra los alemanes: con ese cambio de enfoque, el director cae en el trazo grueso y escribe un borrón en el guión para una película de carácter positivo y agradable, que no iba contra nadie y que se había fija-do en lo que unía a todos como su banderín de enganche entre los pueblos.

Por último diremos que la película gana mucho si se ve en versión original, pues la distinción de los ejércitos —y seguimiento de la historia— queda facilitada por el idioma de cada bando. La película coge aires de cuento populista e ingenuo, y  las interpretaciones por actores de diversa procedencia europea resultan de gran altura. Enraizada en clásicos tan opuestos como los de Renoir ("La gran ilusión") o Kubrick ("Senderos de gloria"), parece haberse estrenado en unas fechas para desearnos una felices Navidades en familia.

Crítica por Julio Rodríguez Chico

afarango
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Senador-Moderador
ModeradorRedactor MHMSocio MH
Desde: 30 Ago 2009

Una gran pelicula que recrea muy bien el ambiente de las trincheras frias durante la temporada navideña. Los actores cada uno hablando en el idioma de los enfrentados (Aleman, ingles y frances), se destacan en sus actuaciones. Altamente recomendable.

Esta reseña deberia estar tambien en las de guerra, a pesar de su mensaje de paz

RubenBetanzoS
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Ciudadano
Desde: 13 Abr 2011

En la película de Carion aparece la ocación en que el obispo Winnington-Ingram, de Londres, dijo "Maten a los alemanes... sí, mátenlos; no por el simple hecho de matar, sino para salvar el mundo, hay que matar tanto al bueno como al malo, al joven como al anciano, al que mostró bondad hacia nuestros heridos y al enemigo... para que no tengan que hacerlo otra vez... Como lo he dicho una y mil veces, veo esta guerra como una guerra a favor de la pureza, veo a todo el que muere en esta guerra como a un mártir". (Perspective (periódico del Seminario Teológico de Pittsburgh), tomo X, Núm. 1, primavera 1969, p. 78). 

Mientras tanto el arzobispo de Colonia, Alemania, dijo: “Amado pueblo de nuestra patria, Dios está de parte de nosotros en esta lucha por la justicia, a la cual nos han arrastrado en contra de nuestra voluntad. Les ordenamos en el nombre de Dios que luchen hasta la última gota de su sangre por el honor y gloria de la nación. En su sabiduría y justicia, Dios sabe que nosotros estamos del lado de la justicia y él nos dará la victoria.” (La Dernière Heure, enero 7, 1967 (periódico belga)).

Y un profesor de apellido Bainton dijo de las iglesias en Estados Unidos en 1914: “Los clérigos estadounidenses de todas las fes nunca han estado tan unidos entre sí y con la opinión del país. Esta era una guerra santa. A Jesús se le dibujaba vestido de color caqui apuntando con un cañón de fusil. Los alemanes eran hunos. El matarlos era limpiar la Tierra de monstruos.” (Christian Attitudes Toward War and Peace, pp. 209, 210). Y simultáneamente se lichó a cientos de Bibelforsher y miembros de la IBSA (International Bible Students) por ser objetores de conciencia a esta guerra. Es archiconocida la represión contra los pacifistas bajo el gobierno de Wilson, de como fueron embadurnados en alquitran y desnudados, de como se quemaron sus lugares de culto y se destrozaron sus vehiculos y propiedades.

Señores, Carión no exagera ni inventa nada en esa película, lo realmente extremo fué esa realidad... y vuestro afán de justificarla y lavarle la cara creando una verdadera leyenda rosada.