Historia de la cultura patriarcal y valoración

1 respuesta [Último envío]
yomismo
Imagen de yomismo
Desconectado
Legionario
Desde: 25 Abr 2012

Hola:

Escribo este tema porque tengo ciertas inquietudes sobre la igualdad entre hombres y mujeres a lo largo de la historia. Hace poco leí este texto:

 

http://www.cronicas.org/patriarca.htm

 

Si lo leeis (os recomiendo hacerlo para tratar el tema, aunque si os da pereza leer un texto largo en una pantalla lo entenderé. En cualquier caso pondré los fragmentos más relevantes) os dareis cuenta de que el autor del texto trata de exponer que la ideología feminista dice que el modelo social establecido desde tiempos antiguos, a lo que llaman "el patriarcado", no era una cosa que perjudicaba a la mujer y beneficiaba al hombre, ¡si no todo lo contrario! Así dice en algunos fragmentos:

 

un miliciano entra en la iglesia durante el oficio dominical. Pide voluntarios para combatir contra los casacas rojas (ingleses). Nadie reacciona. Los hombres parecen absolutamente desinteresados de la cuestión. Entonces se levanta una joven y bella muchacha y suelta una enérgica arenga: qué pasa, qué clase de hombres sois que no acudís a defender vuestra libertad y la de vuestras familias, etc. Avergonzados, algunos voluntarios empiezan a ponerse en pie, pronto seguidos por otros y otros… Al final, todos los que están en condiciones de luchar marchan a la guerra, mientras las mujeres, incluida la heroína de la arenga, los despiden a las afueras del pueblo.  Ellas se quedan. Nadie vería nada extraño en esa escena abrumadoramente verosímil, en esa actitud de la mujer que empuja a los hombres a luchar por sus familias (esposas incluidas) y su libertad, mientras ellas se quedan pacíficamente en sus casas.

(...)

El caso del Afganistán constituye un ejemplo histórico reciente de borrosidad monoscópica. Mientras que toda la atención mundial se fijaba en el ignominioso burka, al que, a mayor abundancia, se atribuían  imaginarios trastornos visuales, cervicales y neurológicos, nadie reparaba en la sangría masculina causada por las interminables guerras anticomunistas y civiles de los años anteriores. Tampoco suscitó ningún interés la suerte de los varones bajo el régimen talibán. Por ejemplo, nunca se dijo que a los hombres se les dio un plazo de seis semanas para dejarse crecer la barba en una longitud mínima equivalente al puño de su mano y se les prohibió llevar prendas cortas o pantalones que no llegasen a cubrir los tobillos. O que en las esquinas y plazas se apostaban talibanes con tijeras y bastones, dispuestos a cortar el pelo por la fuerza a cualquier hombre que lo llevara largo o apalear a los varones que no cumpliesen las normas mencionadas. Ni se habló del nuevo método de ejecución aplicado a los homosexuales varones, consistente en enterrarlos juntos hasta la cintura al lado de una pared ruinosa y luego derribar la pared sobre ellos mediante el empuje de un tanque.(...)Aparte de que el régimen talibán responsabilizaba al padre o al marido de cualquier transgresión cometida por la mujer

(...)

Al subir Tiberio al poder –nos cuenta Tácito– las legiones de Panonia y Germania se amotinaron, aprovechando el cambio de gobierno, para exigir mejoras en el servicio. Los soldados se quejaban de que era vergonzoso servir durante 30 o 40 años, para acabar retirandose envejecidos y mutilados. Por ello, pedían que se aplicase la vieja costumbre romana y se los licenciase al cabo de 16 años de servicio. La revuelta adquirió tales proporciones que el propio Germánico, sobrino del emperador Tiberio y general de todas las tropas romanas acantonadas en Germania, llegó a temer por su vida y la de su familia. Por eso, convenció a su esposa Agripina para que huyese con el hijo de ambos. Cuando, al amanecer, sacados de su sueño por los sollozos de un grupo de mujeres que atravesaban el campamento, los soldados salieron de sus tiendas a ver qué ocurría y contemplaron a la esposa de su general, embarazada y llevando a su hijo (el futuro Calígula) de la mano, rodeada de sus familiares y sirvientas, todos sintieron vergüenza y piedad y acudieron en actitud suplicante hacia Agripina, pidiéndole que se quedase, incapaces de soportar la vergüenza que les causaba el hecho de que ese grupo de mujeres se viesen obligadas a buscar hospitalidad entre los bárbaros. Las mujeres, rodeadas por todo un cortejo de soldados dispuestos a morir por ellas, volvieron a la tienda de Germánico. Así fue como terminó la revuelta de las legiones de Germania.  En aquella ocasión, el ancestral instinto protector del hombre respecto de la mujer se sobrepuso naturalmente a la indignación de los soldados; lo que no había logrado la inmensa popularidad militar de su general ni el temor a los castigos más severos, lo logró la aflicción de un grupo de mujeres. No en balde se ha dicho que la fuerza suprema de la mujer es su apariencia de debilidad.

(...)

En el año 20 d.C., Severo Cecina sostiene ante el Senado que los magistrados destinados en las distintas provincias no deberían llevar consigo a sus mujeres, ya que ello es fuente constante de complicaciones. "Se pasean entre los soldados, los centuriones están a sus órdenes...se entremezclan en los asuntos, deciden, .... es como tener dos pretorios, y las órdenes de las mujeres son siempre las más inflexibles, las más violentas... reinan sobre las familias, sobre los tribunales y sobre los ejércitos".  Pocos aprueban ese discurso. Valerius Messalinus toma la palabra y hace una alocución favorable a la presencia de las mujeres en la vida política y militar de las provincias a las que acuden en compañía de sus esposos, si bien culpa a éstos de cualquier comportamiento impropio de sus mujeres ("si la mujer se extralimita, la culpa es del marido").[5]  Unos años después, el Senado decreta que todo magistrado cuya mujer sea acusada por la provincia, aunque él sea inocente o desconozca el crimen, reciba el castigo como si hubiera sido el autor

(...)

En tales condiciones es bastante probable  que las reinas prefiriesen la condición de consortes, que les daba las ventajas de la realeza y les evitaba trances bastante desagradables. Aun así, reinas hubo, y con tanto poder como cualquier rey varón, pero su condición femenina las eximió, a los ojos de sus súbditos, de la desagradable obligación de conducirlos a la batalla y, en general, también del derrocamiento por decapitación o apuñalamiento, generalmente sustituido, en el caso de las damas coronadas, por expedientes menos severos, como el destierro o la retirada a un convento.

(...)

Un poco más abajo de los emperadores y reyes (es decir, de las emperatrices y reinas), tenemos a los duques, marqueses, condes, barones y demás gentes de "calidad", también obligados durante siglos a defender su rango (y el de su familia) con la espada. Salvo las excepciones que confirman la regla (como por ejemplo, Isabel de Toesny –antepasada de Simón IV de Monfort, el azote de los albigenses–, que se ponía la cota de mallas y combatía a caballo como un hombre y, según las crónicas, no desmerecía en valor y ardor del más valiente de los guerreros), salvo esas contadas excepciones, ni siquiera las más hormonalmente desarregladas de las grandes damas medievales debieron mostrar mucho entusiasmo en ser como los hombres y asumir sus funciones, que solían traducirse en grandes estropicios físicos.

(...)

El desigual reparto de derechos y deberes cívicos condenaba a muchos hombres al destierro en forma de servicio militar. Muchos nunca regresaban; otros, más afortunados, volvían a casa mancos o tuertos al cabo de largos años, a veces lustros.(...) Las sufragistas del siglo XIX y comienzos del siglo XX reivindicaron y obtuvieron con relativa facilidad el derecho de voto, pero no se les pasó por la cabeza reivindicar el servicio militar obligatorio que, desde la Revolución Francesa, ha sido la fuente de legitimación histórica de ese derecho.

(...)

Los trabajos de mayor riesgo han sido siempre uno de los privilegios de la masculinidad. La minería, la pesca de altura, la construcción son actividades no exentas de riesgo actualmente, pero hasta tiempos relativamente recientes han sido extremadamente peligrosas, y siempre desempeñadas por hombres. Ha habido muchos hombres criminales y asesinos, cuyas víctimas han sido siempre mayoritariamente masculinas –actualmente, tres de cada cuatro víctimas de homicidio son varones–, pero también ha habido siempre una número abrumadoramente mayoritario de hombres que han arriesgado su vida para proteger a la sociedad frente a situaciones peligrosas. El número total de policías y bomberos muertos en las Torres Gemelas mientras trataban de salvar vidas humanas fue de 343, todos ellos varones. El número anual de varones muertos en accidente de trabajo en España es casi cuarenta veces (97,4%) superior al de mujeres

(...)

el 15 de abril de 1912 en el hundimiento del Titanic, (...) prevaleció, una vez más, el ancestral principio de prioridad de los más débiles que la especie humana comparte con otras menos evolucionadas y que quizás ha sido indispensable para su supervivencia. "Las mujeres y los niños, primero", fue el grito que se sobrepuso al propio instinto de supervivencia. El resultado fue que sobrevivieron el 74% de las mujeres y se ahogaron el 80% de los hombres.

(...)

en nuestra última Guerra Civil (Se refiere a la guerra civil española).(...)el número de víctimas asesinadas por motivos religiosos no es, en modo alguno, correlativo con esa distribución por sexos, ya que, según la información facilitada en numerosos sitios de internet, murieron 13 obispos, 4184 miembros del clero secular (seminaristas incluidos), 2365 religiosos y sólo 283 monjas. Puesto que, en general, la causa determinante de las ejecuciones (la pertenencia al clero) fue la misma para ambos sexos, el menor número de víctimas femeninas sólo se explica por el escudo invisible que –digan lo que digan los estereotipos al uso–  va aparejado a la condición de mujer

(...)

"Contra la mujer -escribió Michelet a mediados del siglo XIX, en refencia a las heroínas de la Revolución Francesa- no hay ningún medio serio de represión. La simple prisión es cosa ya difícil. […] Pero llevarlas al cadalso, ¡Dios mío!  Un gobierno que comete tal estupidez se guillotina a sí mismo. La naturaleza, que sitúa el amor y la perpetuación de la especie por encima de todas las cosas, ha dispuesto para las mujeres este misterio (absurdo a primera vista): ellas son muy responsables y, sin embargo, no son punibles. A lo largo de la Revolución, las veo violentas, intrigantes, a menudo mucho más culpables que los hombres. Pero quien las golpea, se está golpeando a sí mismo. Quien las castiga, se castiga. […] Si son jóvenes, no es posible castigarlas, porque representan el amor, la felicidad, la fecundidad. Si son viejas, tampoco, porque un día fueron madres y siguen siendo sagradas, y porque sus cabellos grises recuerdan a los de nuestras madres… Si están encintas… ¡Ah! En ese caso, la pobre justicia no tiene nada que decir, salvo convertirse, humillarse y hacerse, si es necesario, injusta. Es [la mujer] un poder que desafía a la ley; si la ley se obstina, tanto peor, ya que se perjudica cruelmente a sí misma y aparece horrible, impía, enemiga de Dios"

 En el estilo menos romántico que corresponde a nuestros días, los estudios nos ponen ante los ojos la misma realidad: las penas aplicadas a la mujeres por los mismos delitos son notablemente inferiores que las impuestas a los hombres

(...)

Durante milenios, el sistema penal de nuestro ámbito mediterráneo ha sido incomparablemente más riguroso con los hombres. Recordemos, por ejemplo, que la pena de muerte más atroz, la crucifixión, fue siempre un privilegio masculino.  Durante milenios, el grupo social ínfimo, la hez de la hez, ha estado integrado exclusivamente por varones.  Me refiero a los galeotes, que pasaban gran parte de su vida, si no toda ella, remando bajo el látigo del cómitre, encadenados al banco en el que dormían, comían y hacían sus necesidades, privados de todo derecho y de toda esperanza.  En el escalafón social, no queda nadie por debajo de ellos.

 

Bueno, leido este texto parece que realmente la mujer siempre ha tenido unos privilegios que el hombre no tiene, pero pienso que este articulo esta sesgado por su interés en atacar a la ideología feminista y no habla de otros muchos temas en los que la mujer estuvo sometida al hombre y tuvo menos privilegios que éste. Mis preguntas.

1) ¿Podiais vosotros hablar de otros casos en los que la mujer haya estado por debajo del hombre, para equilibrar la visión que da el artículo original, y de paso, ayudarme a tener una visión más objetiva del asunto?

2) Dice el artículo que el derecho a voto está legitimado por el servicio militar obligatorio desde la Revolución francesa. ¿me lo podeis explicar?

 

En fin, gracias por vuestro tiempo y un saludo

 


En otros foros se me puede encontrar como SocráticoMayeutico

yomismo
Imagen de yomismo
Desconectado
Legionario
Desde: 25 Abr 2012

Hola:

Veo que mi hilo no ha tenido respuestas. Hoy, por otra parte, voy a poner un fragmento del libro IX de las Confesiones de San Agustín. En este fragmento, Agustín habla de su madre, fallecida recientemente,y dice de ella:

 

Así, pues, educada púdica y sobriamente, y sujeta más por ti a sus padres que por sus padres a ti, luego que llegó plenamente a la edad núbil fue dada {en matrimonio} a un varón, a quien sirvió como a señor y se esforzó por ganarle para ti, hablándole de ti con sus costumbres, con las que la hacías hermosa y reverentemente amable y admirable ante sus ojos. De tal modo toleró las injurias de sus infidelidades, que jamás tuvo con él sobre este punto la menor riña, pues esperaba que tu misericordia vendría sobre él y, creyendo en ti, se haría casto.

Era éste, además, si por una parte sumamente cariñoso, por otra extremadamente colérico; mas tenía ésta cuidado de no oponerse a su marido enfadado, no sólo con los hechos, pero ni aun con la menor palabra; y sólo cuando le veía ya tranquillo y sosegado, y lo juzgaba oportuno, le daba razón de lo que había hecho, si por casualidad se había enfadado más de lo justo.

Finalmente, cuando muchas matronas, que tenían maridos más mansos que ella, traían las rostros afeados con las señales de los golpes y comenzaban a murmurar de la conducta de ellos en sus charlas amigables, ésta, achacándolo a su lengua, advertíales seriamente entre bromas que desde el punto que oyeron leerlas las tablas llamadas matrimoniales debían haberlas considerado como un documento que las constituía en siervas de éstos; y así recordando esta su condición, no debían ensoberbecerse contra sus señores. Y como se admirasen ellas, sabiendo lo feroz que era el marido que tenía, de que jamás se hubiese oído ni traslucido por ningún indicio que Patricio maltratase a su mujer, ni siquiera que un día hubiesen estado desavenidos con alguna discusión, y le pidiesen la razón de ello en el seno de la familiaridad, enseñábales ella su modo de conducta, que es como dije arriba. Las que la imitaban experimentaban dichos efectos y le daban las gracias; las que no la seguían, esclavizadas, eran maltratadas.

 

Como vemos, en la época que vivió San Agustín (354-430) se consideraba que el matrimonio no era una relación de igualdad, si no de superioridad del hombre frente a la mujer. El hombre es el señor y la mujer la sierva. Y esta visión al parecer era la que tenían los cristianos de la época, pues Mónica, la madre del que esto escribió, era una ferviente cristiana católica. Agustín comparte la opinión de su madre, y de hecho, en su obra "Del matrimonio y la concupiscencia", dice claramente:

 

Y no se puede dudar de que, en el orden natural, los hombres dominan a las mujeres más bien que las mujeres a los hombres. Lo declara el Apóstol cuando dice: La cabeza de la mujer es el varón y: Mujeres, someteos a vuestros maridos

 

Pero esto no siempre ha sido así, pues la Iglesia ha cambiado, y aunque aún queda machismo dentro de ella, el matrimonio católico ya no es considerado por la Iglesia como una relación de servidumbre de la mujer al hombre, pues después en la liturgia de matrimonio cristiano, se añadió: "compañera te doy, y no sierva; ámala como Cristo ama a su Iglesia".

 

Mis nuevas preguntas:

1) ¿Cuando dejó el catolicismo de ver el matrimonio cristiano como relación señor-sierva?
2) En la época en que vivió San Agustín (como ya dije, 354-430), podemos ver que dentro de los cristianos había una relación  de desigualdad dentro del matrimonio. ¿era esto tan acusado dentro de los paganos?

3) San Agustín se pasó la vida entre Tagaste, Cartago y Roma, que me imagino que las 3 eran parte del Imperio Romano, y tendrían las mismas leyes, aunque pudiera cada ciudad tener cierta autonomía. ¿me equivoco? (aclaradmelo porque de filosofía me defiendo un poco -muy poco- pero en Historia patino).

 

En fin, espero que esta vez, alguien me responda y me eche una mano. Saludos

 


En otros foros se me puede encontrar como SocráticoMayeutico