Primitivos graffiteros de Málaga (España)

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ProfLozano
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“El Topo”: uno de los primitivos graffiteros de Málaga. La leyenda

 


C. Lozano. Historiadora y Crítico de arte.


Problemas metodológicos

Hacer una historia de los primitivos graffiteros es algo casi imposible, sobre todo porque no existen obras. Tampoco existen fotografías o vídeos. Las primeras manifestaciones del graffiti no han perdurado ni se encuentra recogidas en alguna colección o museo donde se puedan estudiar. De los primeros graffitis no queda nada por razones obvias: fueron borradas por los dueños de las paredes, ya sean personas particulares o por el ayuntamiento con sus campañas de limpieza. En otros casos los elementos constructivos fueron derruidos para crear nuevas edificaciones. En los primeros años del graffiti —y actualmente poco ha variado—, nadie les dio ningún valor artístico, sino que eran consideradas gamberradas, delitos y suciedad, creadas por adolescentes con ganas de fastidiar. Sus autores no tenían conciencia de lo que hacían: no sabían que eran graffiteros. Se han enterado con el paso de los años que lo que ellos hacían de jóvenes eran graffitis. Ignoran la «filosofía» del graffiti, su historia, su lenguaje y la terminología actual o, en todo caso, lo han ido adquiriendo después. Por ejemplo, hasta mediados de los años ochenta no se conocía el término graffiti, hasta que se extendió por Europa como una mecha, hasta entonces eran llamadas pintadas. Las pintadas se produjeron en Málaga durante el siglo XX, apareciendo cuando surgían conflictos políticos o sociales. Por otro lado, en el entorno habitual de los primitivos graffiteros ya se daba el fenómeno de la pintada. Eran habituales grabar o dibujar en los pupitres del colegio o instituto, en los autobuses, en paredes abandonadas, apartados o ruinosas. Sin embargo, el graffiterimo, tal como lo conocemos hoy en día, se dio en Málaga a partir del último tercio de los años setenta. El concepto de pintada actual está basado en la escritura de motes o alias, sin una finalidad política o social de protesta, sino como la afirmación de la identidad de unos individuos o de unos grupos organizados en bandas juveniles.

El elenco de los primitivos graffiteros de Málaga es muy reducido, apenas se cuentan con los dedos de una mano. Su nacimiento no se debe a la cultura conocida actualmente como Hip-Hop, ya que en esos tiempos no se conocía, estaba naciendo en Estados Unidos. Su origen procede de las rencillas entre bandas juveniles de suburbios periféricos de Málaga.

¿Cómo estudiar un fenómeno del que no existen pruebas? Con lo único que contamos, por un lado, son con los «recuerdos» de sus protagonistas y, por otro, con las referencias de personas que fueron testigos y presenciaron sus pintadas. De estos primeros graffiteros no se hicieron eco los periódicos locales, ya que se tomaba como un problema de limpieza esporádico, sólo cuando la ciudad ha empezado a sentirse invadida por los graffiteros y las quejas de los ciudadanos que se veían perjudicados, es cuando se reflejó en los periódicos y en las juntas de vecinos y ayuntamiento. Sabemos, por ejemplo, que «El Topo» actuó en Málaga, simplemente porque un conjunto de comerciantes del centro de la ciudad fueron sus víctimas. Al ser la primera vez que sufrieron pintadas, se les quedó grabada la escritura de la firma en sus mentes. Pero sin embargo, después de este nombre, fueron ya tantos, que no los recuerdan. Una fuente de información son las empleadas de los comercios que tuvieron que limpiar las pintadas. Después de la inauguración en Málaga de El Corte Ingles, sufrieron un ataque de graffitis en los todos los aseos y, además del servicio de limpieza, hubo empleadas de departamentos que tuvieron que ayudar en la ardua limpieza. «Cuando tienes que borrar cien veces “El Topo”, se te queda grabado para siempre» cuentan algunas empleadas que vivieron el suceso. Algunos empleados recuerdan que podían adivinar cuándo iban a ser atacados por «El Topo». Era sistemático y escurridizo. Trabajaba de martes a viernes y descansaba de sábados a lunes sin saberse porqué. Cuando llegaba el miércoles por la mañana para abrir el comercio, ya tenían escrita la pintada. Algunos pretendieron montar guardia por la noche, pero nunca pudieron pescarlo. Cada vez es más difícil encontrar testimonios, ya que los testigos se encuentran fallecidos, jubilados o los negocios han ido cambiando con la dinámica de la ciudad. Además es muy difícil recordar hechos que sucedieron hace 30 años de forma detallada.

Contactar con los graffiteros primitivos de Málaga es todavía más difícil. De la nómina de los 5 ó 7 graffiteros documentados sólo quedan 2 ó 3. Los demás están ilocalizables, porque cambiaron de ciudad, simplemente no se tiene noticia de su paradero o fallecieron a edad temprana víctima de las drogas o a causa de reyertas. Algunos todavía no se conocen. La mayoría tiene un carácter díscolo y violento, fruto de haber crecido en un ambiente de delincuencia. Aún así, no es fácil que surjan algunos más que en estos momentos desconozcamos. Sus testimonios o «recuerdos» tienen escasa fiabilidad, por dos motivos: la mayoría han acabado enganchados a las drogas y realmente su mente es una nube de recuerdos o exageran, como el que cuenta las hazañas del servicio militar. Algunas historias son fantasías increíbles. Confunden fechas, hechos, lugares, acontecimientos que sería de locos comprobar. Se da el caso de graffiteros que se atribuyen méritos de otros y no se puede saber a ciencia cierta quién fue el primero. Conocemos a algunos graffiteros porque los nombran otros graffiteros. «El Palo» se considera el primer taqueador —graffitero que sólo escribe su firma—, pero sin embargo, los comerciantes no lo recuerdan. Se sabe de la existencia de «El Tuerto» simplemente porque lo nombra «El Topo», ya que fue su más afanado enemigo y pertenecieron a bandas rivales. Ambos se trataban a pedradas.

Otro factor a tener en cuenta es el de la identificación. ¿Cómo identificar a alguien que usa un alias y que encima no desea ser identificado? Graffiteros que han estado décadas ocultos se conocen debido a chivatazos de sus propios enemigos o de vecinos del barrio. Cuando en un barrio se pregunta por uno de estos «delincuentes» no surgen más que problemas. La «delincuencia» del graffiti se mezcla con otras delincuencias que le suelen acompañar y, evidentemente, es imposible separarlas. Puede aparecer un joven adolescente que responde al mismo alias, pero que le faltan treinta años más de edad y además no tiene ni idea de graffiti. En su ambiente real, el graffitero es desconocido, ni su familia, sus amigos, sus vecinos, su esposa y menos sus hijos saben que el padre era graffitero. En realidad no quieren ser identificados. Para ellos ser graffitero no supone ningún merito y son incapaces de valorar con perspectiva a lo que se dedicaron. Es más, los primitivos graffiteros tienen temor a ser identificados debido a las posibles rencillas, venganzas y ajustes de cuentas que pudiera revivir. Es como si a una persona que rehace su vida se le retorna al recuerdo de acontecimientos totalmente negativos y perjudiciales. Los graffiteros, cuando eran pillados por las autoridades, vigilantes, guardas, etc., llegaron a sufrir palizas ejemplarizantes, torturas y padecieron muchísimo más de los que puede sufrir un graffitero actual cazado. En aquellos tiempos no estaban desarrollados los derechos que existen actualmente hacia los menores de edad. Es normal que el que rehace su vida no quiera escuchar nada del asunto. Téngase en cuenta que actualmente un graffitero puede ser considerado un artista, en aquellos tiempos era un sinvergüenza. Algunos graffiteros sufrieron el peso de la justicia que no tuvo ningún miramiento. De ahí que en este trabajo consideremos su historia casi como una leyenda. Les llamamos los primitivos graffiteros simplemente porque, como en la historia del arte, no existen documentos que recojan los hechos y prácticamente habría que hacer un trabajo de arqueología.

Las líneas de investigación para estudiar el primitivo graffiterismo de Málaga se deberían basar en los siguientes puntos.

—    Recoger los recuerdos de los pocos graffiteros que quedan.

—    Recoger los testimonios de las personas y entidades que sufrieron sus consecuencias.

—    Recoger archivos de multas, partes policiales o sentencias judiciales.

—    Recoger actas de comunidades, asociaciones o ayuntamiento que reflejen acciones concretas.

—    Recoger fotografías de ciudadanos que pudieran denuncias los hechos.

Hasta ahora, en mi investigación, sólo he podido trabajar a partir de los dos primeros puntos, no encontrando facilidades para lograr trabajar en los siguientes.


Nómina provisional de los primitivos graffiteros de Málaga

En Málaga el fenómeno del graffiti surgió, como decíamos anteriormente, hacia el último tercio de los años setenta en los barrios y suburbios periféricos. Concretamente en los suburbios de El Camino de San Rafael, San Andrés, La Palmilla y El Palo. El principal campo de acción se desarrolló en los suburbios de El Camino de San Rafael y San Andrés, teniendo su nexo en las tapias de las vías del tren. Desde ese lugar llegó hasta las cercanías del suburbio de Los Prados. Paralelamente en los suburbios de El Palo y de La Palmilla surgieron focos de graffitis. La zona común más atacada fue el centro histórico de Málaga. No existió ninguna conexión o relación entre los graffiteros que trabajaban independientemente o bajo la orden de una banda.

En el barrio de El Camino de San Rafael dominó «El Topo» que trabajó en unos primeros momentos con su banda. Pronto la banda se deshizo y siguió trabajando independientemente. La banda de «El Topo» estaba enfrentada con la de San Andrés que lucharon por el dominio de las vías del tren, zona común a ambos barrios. Los signos distintivos fueron la escritura del tag «Topo» y el símbolo conocido como «la llave del Topo».

En el barrio de San Andrés dominó «El Tuerto» que siempre trabajó con su banda. Este graffitero murió en el año 2001 por problemas con las drogas. Su tag era «Tuerto» y también crearon un símbolo conocido como «el ojo del Tuerto».

En el barrio de La Palmilla dominó «El sobrino de “el Lengua”». Por lo visto «el Lengua» era un mendigo con problemas mentales graves originario de dicho suburbio. «El Lengua» en realidad era un personaje de ficción que no existió y a cualquier mendigo muy harapiento se le identificaba con él. De su «familia» procede su sobrino que fue uno de estos primeros graffiteros de La Palmilla. A él se le deben pintadas en El Monte Coronado.

En el Barrio de El Palo dominó el graffitero llamado «el Palo», que adoptó el nombre de su procedencia. «El Palo» actuó en su barrio y en el centro histórico. Su tag consistió en la escritura de «Palo» y de dibujos obscenos: miembros masculinos en erección eyaculando.

Como se ha dicho anteriormente, este elenco de primitivo graffiteros es muy reducido y sólo hemos nombrado los más documentados. En estudio tenemos otros graffiteros que nombraremos en ampliaciones de este trabajo, cuando se complete la investigación.

En los siguientes apartados nos centraremos en la figura de «el Topo» que fue el graffitero con más fama y del que contamos con mayores fuentes de información.


Problemas de documentación con «El Topo»

«El Topo» es uno de los primitivos graffiteros de Málaga que se encuentran aún vivo. Comenzó su actividad en el último tercio de los setenta y dejó de actuar a mediados de los ochenta por problemas graves con las autoridades. A partir de esa fecha rehizo su vida siendo totalmente olvidado. En los noventa empezó en Málaga el desarrollo del graffiti tal como lo conocemos ahora influido por la cultura juvenil moderna. Algún que otro estudioso del tema intentó ordenar lo que considerábamos el primer boom del graffiterismo en Málaga de los noventa, pero rápidamente se dieron cuenta de que en realidad era el segundo, porque ya había existido un primer boom en Málaga: el de los primitivos graffiteros. El descubrimiento fue en un momento tomado con entusiasmo porque por primera vez se daría en Málaga el nacimiento de un movimiento artístico prácticamente paralelo al del Hip-Hop norteamericano de los barrios marginales del Brons. Es más, se llegó a pensar que en Málaga podría estás el germen del graffiterimo español, ya que anteriormente no se conocían referencias a nivel nacional. Los estudiosos empezaron a encontrar nombres de graffiteros malagueños como «El Palo», «El Tuero» y sobre todo de «El Topo»… Pero rápidamente los estudios se vinieron abajo porque no se encontraron a dichos personajes. No existían obras, fotos, ni nadie que supiera nada de ellos. Las escasas referencias que se encontraron fueron comerciantes del centro histórico que sufrieron sus consecuencias y que dieron fe de sus motes. La historia del primitivo graffiterismo malagueño se terminó ahí: una nómina de unos cuantos nombres presidida por «El Topo». Las investigaciones se abandonaron por completo.

En 1997 fue casualmente descubierto «El Topo», muy a su pesar. Había normalizado su vida por completo y vivía en Málaga como una persona corriente. Antiguos familiares de sus enemigos los descubrieron porque aún mantenían odio condensado hacia él. «El Topo» recibió ataques de graffiteros cercanos a los familiares enemigos que minaron Málaga con provocaciones y simbología nazi amenazantes. Por tanto, a principios del este siglo ya existían en Málaga escasos graffiteros jóvenes de la tercera ola que tenían totalmente pillado a «El Topo» y estaban dispuestos a medirse con el «viejo dinosaurio». Pero «El Topo» ya no pertenecía a dicho ambiente y siempre se ha mantenido al margen.

A través de estos graffiteros pude conocer quién era «El Topo» y decidí continuar la investigación entrevistándome con él. Los primeros intentos fueron inútiles, no quería saber nada que tuviera que ver con el tema. Es más, hasta negaba que fuera «El Topo», cuando todo su alrededor lo conocía y lo tenia identificado. Mi primera sensación fue que aquel hombre no tenía nada que ver con el graffiterismo.

En la primera entrevista seria que pude tener, «El Topo» solamente se interesó por cómo y de qué manera lo había localizado. Su temor se centraba en las posibles rencillas que podía sufrir y que ya había recibido. Su cara reflejaba enfado. Pensaba que todo lo que había hecho de joven había pasado y que ya nadie se acordaría de nada. El mayor asombro que se llevó «El Topo» fue que yo prácticamente lo sabía todo de él y sólo lo necesitaba para corroborar los hechos.

En siguientes entrevistas «El Topo» se mostró algo más abierto y pudimos ampliar información.


Comienzos de “El Topo”

“El Topo”, nació en Málaga en 1962, en el barrio del Camino de San Rafael.

El mote de “El Topo” se los puso “El Sevillano”, jefe de la banda juvenil a la que pertenecía. En aquellos años era normal pertenecer a una banda o grupo de amistas. Los niños vivían prácticamente en la calle y sólo volvían a casa para comer y dormir. Los grupos de niños se apoyaban y se defendían entre sí. Cada banda tenía su guarida: locales abandonados, refugios construidos, lugares «secretos» donde guardaban sus pertenencias. Conseguían dinero con la recogida eventual de cartones y chatarra, lo que se denominaba traperos. Las bandas entraban en competencia con traperos profesionales y con otras bandas que se dedicaban a lo mismo. Como el área de su barrio se quedaba pequeño, iban a barrios colindantes entrando en conflicto con las bandas oriundas, llegando a convertirse en enemigas. El no va más de las bandas era encontrar la guarida de las bandas enemigas para robarles cartón y cobre. «El Topo» encontró la guarida de la banda del barrio de San Andrés y por dicho mérito se ganó el apodo. «El Sevillano», jefe de su banda se marcho de Málaga por que sus padres emigraron no se sabe dónde y «El Topo» heredó el mando. En las guaridas era normal encontrar brazas de fuego, porque se necesitaba para derretir el plástico que cubría el cobre. Con esos restos de carbones se empezaron a hacer las primeras pintadas.

Cuando se iba a un barrio colindante se iba marcando el terreno con el nombre de

“El Topo” provocó en el centro de Málaga un gran estado de pánico entre los comerciantes, bares y restaurantes del que se hacían eco los medios de comunicación. En aquella época ideó su símbolo que fue llamada popularmente “La llave del Topo” y que consistió en una especie de ganzúa diseñada en una plantilla y que graffiteaba con spray. El símbolo lo identificaba con rapidez y el sistema le hizo invulnerable durante mucho tiempo.

Fue descubierto y pillado in fraganti en 1987 provocando su “jubilación anticipada” por graves problema con las autoridades locales. Desde esa época “El Topo” desapareció por completo y para siempre.

“El Topo” y “El Tuerto” (este último drogadicto que murió por padecer la enfermedad del SIDA en 2001) pertenecían a bandas enemigas. Las rencillas entre bandas perduraron durante mucho tiempo y se han seguido manteniendo entre familiares y descendientes.

“El Tuerto” utilizó por primera vez los símbolos nazis.

Las bandas se dedicaban al comercio del cartón, cascos de botellas y del cobre, que en aquellos tiempos eran fuentes de ingresos. Tuvieron problemas con traperos de los barrios. El más conocido fue “El Legionario”, antiguo exlegionario que estaba completamente loco y que hablaba y gritaba sólo por el barrio.

Los tres graffiteros formaron el Periodo Arcaico o Inicial del graffiterismo en Málaga que tuvo las siguientes características:

-  Total legibilidad, es decir, se entendía perfectamente lo que graffiteaban.

-  Uso de símbolos, con el fin de comunicarse entre bandas.

-  Ausencia de documentación fotográfica. No existen fotos que testimoniaran sus hazañas. Unos pocos testigos estuvieron presentes o colaboraron.

-  Altísimo riesgo de ser pillado.

-  Incorporación de materiales desconocidos hasta entonces o uso de materiales de otras técnicas artísticas e industriales aplicadas al graffiti.

-  Se buscaba graffitear en lugares insólitos, arriesgados y peligrosos.

-  Trabajaban individualmente y eventualmente en grupo.

-  No sabían que eran graffiteros porque el movimiento fue naciendo con ellos.


Tras el Periodo Arcaico, vino el Periodo Barroco de la que “El Topo” formó parte, pero no “El Tuerto” porque empezó a tener problemas graves con las drogas. Finalmente estamos en el Periodo de Declive en la que todo quisqui hace graffitis y se copian unos de otros haciendo más o menos lo mismo. Actualmente existen tiendas especializadas, concursos, exhibiciones


A continuación contaré los logros, aportaciones y récord que lograron “El Topo” y “El Tuerto” en Málaga.


Récord de “El Topo” y aportaciones al graffiterismo en Málaga

 “El Topo”.

Firma: “Topo”.

Símbolo: La llave del Topo consistente en una ganzúa.

La principal característica de “El Topo” fue el sigilo para hacer las pintadas. Otra característica fue su capacidad para incorporar nuevos materiales que después fueron utilizados rápidamente por otros graffiteros malagueños. El material preferido de “El Topo” fue el rotulador permanente “edding”. El centro de Málaga tuvo un periodo de pánico porque “El Topo” firmaba en todas partes.



-  Primer graffiti realizado en la iglesia de la “Sagrada Familia” del Barrio de El Tiro de Pichón en la pared al lado del agua bendita. (Nombre propio realizado a lápiz).

-  Primer graffiti realizado con pintura permanente. (Firma y símbolo).

-  Primer graffiti realizado en los muros de las vías de la RENFE. (Firma gigante).

-  Primer graffiti realizado en el interior del tren de cercanías Málaga-Fuengirola. (Firma y dibujo.)

-  Primer graffiti en el exterior del tren de cercanías Málaga-Fuengirola. (Consistió en una línea amarilla que cruzaba dos vagones.)

-  Primer graffiti realizado en los servicios masculinos y femeninos de El Corte Inglés en día de su inauguración. (Firma en cada puerta).

-  Primer graffiti realizado en un vehículo comercial. (Firma en una furgoneta Dónut).

-  Primer graffiti en el tanque de gasolina de una moto de la Guardia Civil de tráfico modelo Sangla en Játiva, Valencia. (Firma).

-  Segundo en graffitear un furgón de la Policía Antidisturbios. (Firma)

-  Utilizó por primera vez la pintura en spray de automóvil. (Se compró en Madrid).

-  Por primera vez usó el rotulador permanente de color cromado que hasta entonces no existía en Málaga. (Se trajo de Alemania).

-  Primero en utilizar en un graffiti el efecto de destello en las letras.

-  Primero en utilizar en un graffiti la letra mitad cielo, mitad tierra de Letraset.

-  Usó por primera vez el aerógrafo de acción simple y el compresor de membrana en un graffiti. El aerógrafo fue comprado a “La Distribuidora Malagueña” y tardo casi un mes en llegar a Málaga.



Fallos de “El Topo”.

-  Pillado haciendo un graffiti en las tapias de la RENFE. Lección: no se pueden hacer graffitis de día.

-  Pillado haciendo una pintada en los almacenes “Álvarez Fonseca”. Lección: si haces un graffiti en un lugar donde sólo estás tú, el vigilante lo deduce rápidamente, no te puedes entretener mirando cosas después de hacer un graffiti.

-  Pillado haciendo una pintada en los servicios del instituto “Nuestra Señora de la Victoria”. Lección: No se puede firmar y poner tu nombre y apellidos con la misma letra y el mismo color, los profes te pillan rápido.

-  Pillado haciendo un graffiti en el tren de cercanías Málaga-Fuengirola.



Graffiteros españoles nacidos a finales de los cincuenta y principios de los sesenta.

En Cataluña y especialmente en Barcelona los primeros graffiteros eran dibujantes de cómic que empezaron a hacer graffitis de tipo ilustración Los principales graffiteros son Pez, Zosen y Chanoir.

En Madrid se desarrollaron graffitis de diseño de letras destacando su gran colorido. El principal representante fue Tono. Más recientemente surgió “el graffitero de la llave inglesa” cuyo único motivo fue su obsesión por hacer una llave inglesa de una sola vez con spray. El graffitero de la llave inglesa reconoció que le impresionó ver en Málaga “La llave de El Topo” del cual se inspiró para crear su símbolo.

En Andalucía el graffiterismo nació en Málaga destacando El Topo, el Tuerto , “El sobrino de El Lengua” y “El Palo”. Tuvo su origen en la lucha entre bandas y fueron más bien pintadas que graffitis. La lucha entre banda


Lu
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Guardia Pretoriano
Desde: 22 Ago 2010

Personalmente, no me gusta etiquetar como arte todo lo que encaja en el concepto de transgresor, es vulgarizar en exceso una palabra tan grande como ARTE. Reconozco que algunos graffiteros tienen un gran talento para esa actividad, pero también Cristiano Ronaldo lo tiene para jugar el fútbol y no considero esa disciplina como un arte. Esta clasificación está claro que es muy personal, y habrá quien considere que todo lo que emociona es arte y que un jugadón de Messi te levanta del sofá y te hace pegar chimpos, pero para mí está más relacionado con una reacción visceral que emocional. 

Volviendo a los graffitis, o a las pintadas, creo que hay verdaderos toques a la conciencia político-social que, más que ensuciar nuestro mobiliario urbano, sirven de aldabonazo para algunos sentimientos dormidos, pero no creo que sea suficiente para calificarlo como disciplina artística. Una firma con un año, en cambio, no me dice absolutamente nada.

Saludos.

Verdejo
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Ciudadano
Desde: 16 Mayo 2016

Pues yo sí que veo arte en los grafitis, lo único que como en todo, hay de todo. Al igual que hay pintores y "pintores" en este mundo es lo mismo. La verdad no veo mucha diferencia el pintar en un lienzo o en un muro, al final el artista plasma su interior, da igual el lugar que sea. Yo creo que los grafiteros son artistas aunque no se les haga referencia en la historia del arte o ningún otro sitio.