La Muralla de Hierro (Nosotros y los Arabes) por Vladimir Jabontinski

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Autor: Nicola09

 

La Muralla de Hierro,

Nosotros y los árabes (1923)

Nota: Jabotinski fue el principal ideólogo del revisionismo sionista, opuesto tanto al laborismo como al sionismo burgués de los seguidores de Teodor Herzl. En este artículo presenta sus ideas respecto a lo que debe ser la relación con los árabes.

 

Contrariamente a la excelente regla de ir al grano directamente, debo comenzar este artículo con una introducción personal. El autor de estas líneas es considerado un enemigo de los árabes, alguien que propone su expulsión, etc. Esto no es verdad. Mi relación emocional con los árabes es la misma que con los otros pueblos – una educada indiferencia. Mi actitud política hacia ellos se caracteriza por dos principios. Primero: la expulsión de los árabes de Palestina es absolutamente imposible. Existirán siempre dos naciones en Palestina – lo cual para mí es bueno, en tanto los judíos sean mayoría. Segundo: estoy orgulloso de haber sido miembro del grupo que formuló el Programa de Helsingfors. Lo formulamos, no sólo para los judíos, sino para todos los pueblos, y su base es la igualdad de todas las naciones. Estoy dispuesto a jurar, por nosotros y nuestros descendientes, que nunca destruiremos esta igualdad y nunca intentaremos expulsar u oprimir a los árabes. Nuestro credo, como el lector puede ver, es completamente pacífico. Pero es absolutamente otro asunto si será posible lograr nuestros propósitos pacíficos a través de medios pacíficos. Esto depende, no de nuestra actitud hacia los árabes, sino exclusivamente de la actitud de los árabes hacia el sionismo.

Tras esta introducción podemos pasar al asunto principal.  Que los árabes de la tierra de Israel voluntariamente lleguen a un acuerdo con nosotros está más allá de toda esperanza en el presente, y en el futuro inmediato. Esta convicción íntima la expreso de manera tan categórica no para consternar a la facción sionista moderada, sino por el contrario para salvarlos de la decepción. Aparte de aquellos que han sido virtualmente “ciegos” desde la niñez, todos los otros sionistas moderados han comprendido desde hace tiempo que no existe ni siquiera la menor esperanza de obtener el acuerdo con los árabes de la tierra de Israel para que “Palestina” se convierta en un país con mayoría judía.

Todo lector tiene alguna idea de la historia temprana de otros países que han sido colonizados. Sugiero que recuerde todas las instancias conocidas. Si intentara buscar siquiera un ejemplo de un país colonizado con el consentimiento de aquellos  nacidos allí, fracasaría. Los habitantes nativos (no importa si son civilizados o salvajes) siempre han opuesto una obstinada resistencia. Además, la manera en que actúa el colonizador no ha importado en absoluto. Los españoles que conquistaron México y Perú, o nuestros propios ancestros en la época de Joshua ben Nun se comportaron, podría decirse, como saqueadores. Pero aquellos “grandes exploradores”, los ingleses, escoceses y holandeses que fueron los reales primeros pioneros de Norteamérica eran gente que poseían un elevado nivel ético; hombres que no sólo deseaban dejar a los pieles rojas en paz sino que les daba lástima hasta una mosca; gente que con toda sinceridad e inocencia creía que en esos bosques vírgenes y vastas praderas existía espacio disponible para ambos, los blancos y los pieles rojas. Sin embargo, el nativo resistió ante los bárbaros y ante los civilizados con el mismo grado de crueldad.

Otra cuestión que no ha tenido importancia fue si existió o no sospecha de que el conquistador deseaba remover a los nativos de su tierra. La vasta extensión de los Estados Unidos nunca  contuvo más que uno o dos millones de indios. Los aborígenes combatieron a los colonos blancos no por temor a ser expropiados, sino simplemente porque nunca existió un habitante indígena que haya aceptado el establecimiento de otros en su país. Cualquier población nativa – no importa si es civilizada o salvaje– ve a su país como su hogar nacional, del cual desean siempre ser los dueños absolutos. Ellos no permitirán voluntariamente, no sólo un nuevo dueño, sino incluso un nuevo vecino. Y esto sucede con los árabes. Los partidarios del compromiso en nuestro campo intentan convencernos de que los árabes son unos tontos que pueden ser engañados por una edulcorada formulación de nuestros propósitos, o una tribu de buscadores de dinero que abandonarán el derecho a su tierra nativa de Palestina por beneficios económicos y culturales. Rechazo de plano esa afirmación. Culturalmente los árabes palestinos están 500 años detrás nuestro, espiritualmente no tienen nuestra resistencia o nuestra fuerza de voluntad. Podemos hablar tanto como queramos acerca de nuestras buenas intenciones; pero ellos saben como nosotros lo que no es bueno para ellos. Sienten hacia Palestina el mismo amor instintivo y el fervor que un azteca sentía respecto de su México o un sioux hacia su pradera. Pensar que los árabes consentirán voluntariamente la realización del sionismo a cambio de beneficios culturales y económicos resulta infantil. Tal pueril fantasía de nuestros “arabófilos” proviene de algún tipo de menosprecio del pueblo árabe, de una apreciación infundada de esta raza como una chusma pronta a dejarse sobornar para que compremos su tierra patria a cambio de una red ferroviaria.

Esta visión no tiene fundamento en absoluto. Árabes individuales pueden quizá ser comprados pero esto difícilmente significa que todos los árabes en Eretz Israel tienen la voluntad de vender un patriotismo que ni siquiera los papúes negociarían. Todo pueblo indígena resistirá a los colonizadores.

Esto es lo que los árabes en Palestina están haciendo, y persistirán en hacer mientras conserven una sola chispa de esperanza de que serán capaces de prevenir la transformación de “Palestina” en la “Tierra de Israel”.

Algunos de nosotros pensaba que se había producido un malentendido, que por esa razón los árabes no comprendían nuestras intenciones, ellos se oponían a nosotros, pero, si aclarábamos cuán modestas y limitadas eran nuestras aspiraciones, estrecharían nuestras manos en paz. Esto también es una falacia comprobada una y otra vez. Es suficiente recordar sólo un incidente. Tres años atrás, durante una visita aquí, Sokolow desplegó un gran discurso sobre esa verdadera “incomprensión”, empleando un lenguaje engañoso para probar cuan groseramente equivocados estaban los árabes al suponer que nosotros pretendíamos arrebatar sus propiedades o expulsarlos de su país, o suprimirlos. Esto definitivamente no era así. Ni siquiera queríamos un estado judío. Todo lo que deseábamos era un régimen representativo de la Liga de las Naciones. Una réplica a este discurso se publicó en el periódico árabe Al Carmel en un artículo cuyo contenido brindo de memoria, pero estoy seguro de que es un relato fiel.

Nuestros grandes sionistas se perturban innecesariamente, escribió su autor. No hay malentendidos. Lo que Sokolow plantea respecto del sionismo es verdad. Pero los árabes ya conocen esto. Obviamente, hoy los sionistas no pueden soñar con expulsar o eliminar a los árabes, o incluso establecer un estado judío. Claramente, en este período están interesados sólo en una cosa – que los árabes no obstaculicen la inmigración judía. Además, los sionistas han prometido controlar la inmigración de acuerdo con la capacidad de absorción económica del país.

El editor de esta publicación quiere creer que la capacidad de absorción de Eretz Israel es muy grande, y que resulta posible radicar gran cantidad de judíos sin afectar a un solo árabe. “Es justamente eso lo que los sionistas quieren, y lo que los árabes no desean. De esta manera los judíos se convertirán, paulatinamente, en mayoría e, ipso facto, se constituirá un estado judío y el destino de la minoría árabe dependerá de la buena voluntad de los judíos. ¿Pero no son los mismos judíos quienes nos plantean cuán ‘agradable’ era ser una minoría? No existe ningún malentendido. Los sionistas desean una cosa – libertad de inmigración – y es la inmigración judía lo que nosotros no queremos.”

La lógica empleada por este editor es tan simple y clara que deberíamos aprenderla de memoria y convertirse en una parte esencial de nuestra noción de la cuestión árabe. No tiene importancia si citamos a Herzl o a Herbert Samuel para justificar nuestras actividades. La misma colonización tiene su propia  explicación, integral, ineludible, y comprendida por cualquier árabe y cualquier judío. La colonización puede tener solamente una meta. Para los árabes palestinos la misma resulta inadmisible. Está en la naturaleza de las cosas. Cambiar esa naturaleza es imposible.

Un plan que parece atraer a  muchos sionistas es el siguiente: si es imposible obtener el  aval para las aspiraciones sionistas por parte de los árabes palestinos, entonces debe ser obtenido de los árabes de Siria, Irak, Arabia Saudita y quizá de Egipto. Incluso si esto fuera posible, no modificaría la raíz de la situación. No modificaría la actitud de los árabes del territorio israelí hacia nosotros. Hace setenta años, la unificación de Italia se logró, con la retención por parte de Austria de Trento y Trieste. Sin embargo, los habitantes de esas ciudades no solo rechazaron aceptar la situación, sino que lucharon contra Austria con renovado vigor. Si fuera posible (lo cual dudo) discutir sobre Palestina con los árabes de Bagdad y La Meca como si ella fuera una especie de reducida, inmaterial tierra fronteriza, Palestina seguiría siendo para los  palestinos no una tierra fronteriza, sino su tierra nativa, el centro y base de su propia existencia nacional. Por ende sería necesario llevar a cabo la colonización contra la voluntad de los árabes palestinos, que es la misma condición que existe hoy.

Un acuerdo con los árabes que están fuera de la Tierra de Israel es también una ilusión. Para que los nacionalistas de Bagdad, La Meca y Damasco acepten una contribución tan onerosa (acordando renunciar a la preservación del carácter árabe de un país  ubicado en el centro de su futura “federación”) deberíamos ofrecerles algo sumamente valioso. Podemos ofrecerles sólo dos cosas: dinero o asistencia política o ambas cosas. No podemos ofrecerles nada más. Respecto del dinero, resulta ridículo pensar  que podríamos financiar el desarrollo de Irak o Arabia Saudita, cuando no tenemos lo suficiente para la Tierra de Israel. Diez veces más ilusoria es la asistencia política para las aspiraciones políticas de los árabes. El nacionalismo árabe se propone los mismos objetivos que el nacionalismo italiano antes de 1870 y que el nacionalismo polaco antes de 1918: unidad e independencia. Estas aspiraciones significan la erradicación de toda traza de influencia británica en Egipto e Irak, la expulsión de los italianos de Libia, la eliminación de la dominación francesa de Siria, Túnez, Argelia y Marruecos. Para nosotros apoyar tal movimiento sería suicida y  desleal. Si omitimos el hecho de que la Declaración Balfour fue firmada por Gran Bretaña, no podemos olvidar que Francia e Italia también la firmaron. No podemos intrigar para remover a Gran Bretaña del Canal de Suez y del Golfo Pérsico y para eliminar el gobierno colonial francés e italiano sobre el territorio árabe. No podemos tener en cuenta ese doble juego de ninguna manera.

Así concluimos que no podemos prometer nada a los árabes de la Tierra de Israel o a los países árabes. Su acuerdo voluntario está fuera de cuestión. Por esa razón, a quienes sostienen que un acuerdo con los nativos resulta condición esencial para el sionismo podemos ahora decirles “no” y exigir su salida del sionismo. La colonización sionista, incluso la más restringida, debe ser concluida o llevada adelante sin tener en cuenta la voluntad de la población nativa. Esta colonización puede, por ende, continuar y desarrollarse sólo bajo la protección de una fuerza independiente de la  población local – una muralla de hierro que la población nativa no pueda romper. Esta es, in toto, nuestra política hacia los árabes. Formularla de otra manera sólo sería hipocresía.

No sólo esto debe ser así, es así lo admitamos o no. ¿Qué significan para nosotros la Declaración Balfour y el Mandato? Es de hecho un poder imparcial que se propone crear tales condiciones de seguridad de manera tal que la población local pueda ser disuadida de interferir nuestros esfuerzos.

Todos nosotros, sin excepción, demandamos constantemente que este poder cumpla estrictamente sus obligaciones. En este sentido, no hay diferencias sustanciales entre  nuestros “militaristas” y nuestros “vegetarianos.” Unos prefieren una muralla de hierro de bayonetas judías, los otros proponen una muralla de hierro de bayonetas británicas, unos terceros postulan un acuerdo con Bagdad, y parecen estar satisfechos con las bayonetas de Bagdad – un gusto algo extraño y peligroso- pero todos aplaudimos, día y noche, la muralla de hierro. Destruiríamos nuestra causa si proclamamos la necesidad de un acuerdo, y hacemos creer a los titulares del Mandato que no necesitamos una muralla de hierro, sino más bien conversaciones sin fin. Tal planteo sólo puede perjudicarnos. Por ende es nuestro deber sagrado poner a la vista tal conversación y probar que es una trampa y un engaño.

Dos breves observaciones: en primer lugar, si alguien sostiene que este punto de vista es inmoral, respondo: no es verdad; el sionismo es moral y justo o es inmoral e injusto. Pero esta es una cuestión que deberíamos haber establecido antes de convertirnos en sionistas. Nosotros ya hemos definido esa cuestión, y en el sentido afirmativo.

Consideramos que el sionismo es moral y justo. Y dado que es moral y justo, debe hacerse justicia, no importa si Joseph, Simon, Ivan o Achmet acuerden con eso o no.

No hay otra moralidad.

Todo esto no significa que algún tipo de acuerdo no sea posible, sólo un acuerdo voluntario es imposible. Mientras exista una mínima esperanza de que puedan expulsarnos, no negociarán esas esperanzas, ni por dulces palabras ni por apetitosos bocados, porque ellos no son bandidos sino una nación, quizá debilitada pero aún viviente. Un pueblo efectúa tales enormes concesiones sólo cuando ya no tiene esperanzas. Sólo cuando no se percibe ni una sola hendidura en la muralla de hierro, sólo entonces los grupos extremos pierden su poder, y el liderazgo pasa a los grupos moderados. Sólo entonces estos grupos moderados se acercarán a nosotros proponiendo concesiones mutuas. Y sólo entonces los moderados sugerirán propuestas para comprometerse en cuestiones prácticas como ser darnos garantía contra la expulsión, o igualdad y autonomía nacional.

Soy optimista de que ellos terminarán brindándonos tales garantías y que ambos pueblos, como buenos vecinos, podrán entonces vivir en paz. Pero el único camino para llegar a ese acuerdo es la muralla de hierro, es decir, el fortalecimiento en Palestina de un gobierno sin ningún tipo de influencia árabe, es decir, un gobierno que combatirán los árabes. En otras palabras, para nosotros la única senda que conduce hacia un acuerdo en el futuro es el rechazo absoluto de cualquier intento de un acuerdo presente. 

Publicado por primera vez en ruso bajo el título O Zheleznoi Stene en Rassvyet, 4 de noviembre de 1923.

Publicado en inglés en Jewish Herald (Sudáfrica), 26 de noviembre de 1937.

 

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Nosotros y los arabes (Davi Ben Gurion):

"No entiendo su optimismo. ¿Por qué los Árabes deben hacer la paz? Si yo fuera un líder Árabe, nunca firmaría un acuerdo con Israel.

Es natural: ellos piensan que les hemos quitado su país.

Es cierto que Dios nos lo prometió a nosotros, pero ¿qué les puede importar eso a ellos? Nuestro Dios no es el de ellos.

Venimos de Israel, pero hace dos mil años, ¿qué les puede importar eso a ellos? Ha habido antisemitismo, los Nazis, Hitler, Auschwitz, ¿pero ellos tienen la culpa? Ellos sólo ven una cosa: hemos llegado y les hemos robado su país.

¿Por qué deben aceptar eso? Es posible que tal vez se olvide en una o dos generaciones más tarde, pero por el momento no hay oportunidad.

Por lo tanto, es simple: tenemos que mantenernos fuertes y mantener un ejército poderoso. Toda nuestra política está ahí. De lo contrario los Árabes nos borrarán."

- Citada en The Jewish Paradox : A personal memoir (1978) de Nahum Goldmann (traducido a Ingles por Steve Cox), p. 99


 

Tisner (not verified)
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Ostras, qué lenta es la historia.

 90 años después de Jabotinski y y 35 años después de Ben Gurion todo sigue igual.

Hoy en día parece que son los árabes los que discuten entre ellos (500 años de atraso en relación a Israel, como comentan en estos artículos).

Es un análisis frío pero creo que bastante real.

Hay un libro que para mí es una maravilla :  "GOG" de Jovanni Papini (Florencia 1881-1956)

Hace una supuesta entrevista inventada e irónica a Gandhi. Gandy le dice:

 "Vd. quiere saber porqué deseamos expulsar a los ingleses de la India. La razón es muy sencilla: son los mismos ingleses que han hecho nacer en mí esta idea castizamente europea. Me di cuenta de que ningún pueblo europea soportaría el ser administrado y mandado por hombres de otro pueblo. No quiero a los ingleses en mi casa precisamente porque me parezco demasiado a los ingleses.  El primero en sentirse impregnado de las ideas occidentales he sido yo, y me he convertido en el guía de los hindúes precisamente porque soy el mesnos hindú de todos mis hermanos"

 

Interesante

 

Saludos


Santiago Pitarch
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Desde: 5 Ene 2011

Un nacionalista sincerándose, algo poco usual por la honestidad intelectual que implica. Podría resumirse así: "Nosotros somos los colonizadores y ellos los colonizados. No son tan idiotas para dudar de que nuestra intención es robarles su tierra por la fuerza y someterlos militarmente. Hemos de ser sinceros y admitir que se trata de una conquista militar y que, como tal, habrá de mantener a los conquistados permanentemente sometidos por la fuerza. Soy consciente de que es inmoral, pero la ideología nacionalista lo justifica".


Lo que no he entendido nunca es como una situación tan cristalina, admitida por los propios protagonistas a poco que se urgue en la superficie de los acontecimientos, es interpretada por buena parte de la opinión pública occidental de una forma tan sesgada.


Algunos fragmentos son de una hipocresía sublime. "Existirán siempre dos naciones en Palestina – lo cual para mí es bueno, en tanto los judíos sean mayoría" . Es como si un candidato a las elecciones dijese "aceptaré cualquier resultado electoral, siempre que mi partido obtenga la mayoría".

La relación con los árabes queda expresada de forma contundente: "depende, no de nuestra actitud hacia los árabes, sino exclusivamente de la actitud de los árabes hacia el sionismo", es decir, depende de si se someten voluntariamente a nuestro dominio -lo cual el autor admite que es imposible- o deciden resistir y son aplastados.


En otro orden de cosas, también me ha llamado la atención la analogía con la conquista de América. Por un lado los españoles (malos, malísimos) y por otro lado los "grandes exploradores, los ingleses, escoceses y holandeses que fueron los reales primeros pioneros de Norteamérica [que] eran gente que poseían un elevado nivel ético; hombres que no sólo deseaban dejar a los pieles rojas en paz sino que les daba lástima hasta una mosca; gente que con toda sinceridad e inocencia creía que en esos bosques vírgenes y vastas praderas existía espacio disponible para ambos, los blancos y los pieles rojas. Sin embargo, el nativo resistió ante los bárbaros y ante los civilizados con el mismo grado de crueldad".

Supongo que el texto refleja la visión historiográfica del momento en el que se escribió, en el cual el mundo anglosajón (dominante culturalmente) dulcificaba hasta la ridiculez la colonización de la europa blanca en América (entendiendo que el concepto de blanco dejaba fuera a los españoles y portugueses). Se ha avanzado mucho desde entonces, aunque me temo que para buena parte de la población con un nivel cultural medio o bajo, ese debe seguir siendo el horizonte historiográfico. Y es algo a combatir, pienso, porque sostengo que es más influyente la visión historiográfica que la Historia en sí misma sobre el comportamiento humano.


Un buen ejemplo es la siguiente afirmación, que se ofrece como un dato objetivo: "La vasta extensión de los Estados Unidos nunca  contuvo más que uno o dos millones de indios". Jared Diamond en Armas, gérmenes y acero (1998), pág. 244, afirma algo bien distinto: "Cuando yo era joven, a los escolares estadounidenses se nos enseñaba que América del Norte había estado ocupada en principio por sólo un millón de indios. Esta cifra tan baja era útil para justificar la conquista por los blancos de lo que podía considerarse un continente casi vacío. Sin embargo, las excavaciones arqueológicas y el análisis pormenorizado de las descripciones dejadas por los primeros exploradores europeos de nuestras costas parecen indicar ahora un numero inicial de unos veinte millones de indios".




 


Lo único seguro es el cambio.

Sir Chito
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Desde: 1 Jul 2013

El texto que nos acaba de proporcionar Cora es de una sinceridad extraordinaria y no apela a razones de índole moral para justificar la colonización judía del territorio palestino. Invoca en su favor que los principios sionistas son justos pero también reconoce el derecho de los palestinos a luchar por lo que ellos consideran su país; la única solución posible pasa entonces por las armas.

Desde mi punto de vista para los iniciadores del sionismo la idea de establecer un estado judío constituya un asunto de seguridad prioritaria dado el antisemitismo imperante en muchos lugares de Europa a finales del siglo XIX y principios del XX. La persecución nazi en los años 30 y 40 acabó por convencer a los líderes hebreos de que era prioritario crear un estado que diera dichas garantías de seguridad para su gente. ¿Cuál era la mejor opción? Ningun lugar en el planeta aceptaría de buen grado una inmigración de tal magnitud y mucho menos la creación de un estado independiente dentro de sus propias fronteras. La opción mas viable era entonces ocupar la tierra que sus antepasados ocuparon hace mas de dos mila años, máxime teniendo en cuenta que las potencias occidentales respaldaban este proyecto.

 

Santiago Pitarch ha escrito

Lo que no he entendido nunca es como una situación tan cristalina, admitida por los propios protagonistas a poco que se urgue en la superficie de los acontecimientos, es interpretada por buena parte de la opinión pública occidental de una forma tan sesgada.

 

Este apunte que hace Santiago se me hace de lo mas pertinente para el caso que tratamos y demuestra como muchas veces la propaganda puede llegar a tergiversar una realidad histórica. A mi modo de ver, esta visión antiislámica que se tiene en Occidente tiene dos causas: la primera es la intolerancia de los grupos islámicos extremos que por su manera de proceder llaman mas la atención que los grupos moderados. La segunda razón pasa por la propaganda estadounidense que ha marcado a los pueblos árabes como enemigos de la civilización prácticamente. ¿Porqué? Tal vez la razón ms convincente sea justificar la intervención militar con fines económicos en dichos países.

 

Santiago Pitarch ha escrito

En otro orden de cosas, también me ha llamado la atención la analogía con la conquista de América. Por un lado los españoles (malos, malísimos) y por otro lado los "grandes exploradores, los ingleses, escoceses y holandeses que fueron los reales primeros pioneros de Norteamérica [que] eran gente que poseían un elevado nivel ético; hombres que no sólo deseaban dejar a los pieles rojas en paz sino que les daba lástima hasta una mosca; gente que con toda sinceridad e inocencia creía que en esos bosques vírgenes y vastas praderas existía espacio disponible para ambos, los blancos y los pieles rojas. Sin embargo, el nativo resistió ante los bárbaros y ante los civilizados con el mismo grado de crueldad".

Supongo que el texto refleja la visión historiográfica del momento en el que se escribió, en el cual el mundo anglosajón (dominante culturalmente) dulcificaba hasta la ridiculez la colonización de la europa blanca en América (entendiendo que el concepto de blanco dejaba fuera a los españoles y portugueses). Se ha avanzado mucho desde entonces, aunque me temo que para buena parte de la población con un nivel cultural medio o bajo, ese debe seguir siendo el horizonte historiográfico. Y es algo a combatir, pienso, porque sostengo que es más influyente la visión historiográfica que la Historia en sí misma sobre el comportamiento humano.

 

Reconozco que también me quede de una pieza al leer este fragmento y es otra prueba mas de la manipulación histórica de la que hablaba arriba. La realidad de la colonización de Norteamérica es que estos hombres de "elevado nivel ético" se aprovecharon muchas veces de la buena voluntad de los nativos para expulsarlos de sus tierras y acabaron por exterminarlos o confinarlos en reservaciones y a pesar de eso existen pocos juicios en contra de este proceder (al menos que yo sepa).

Saludos