Hipólito Bouchard: California en manos argentinas (1818)

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eljoines
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Mucho es sabido por hispano-parlantes del proceso de independencia de América Latina, que abarcó desde la Península de California  hasta el Río de la Plata. Pero por pocos es sabido el episodio que ocurrió en el lugar antes dicho, California. En 1818 arribó a las costas de California una flota compuesta por argentinos, franceses, ingleses, malayos y hawaianos comandada por un tal Hipólito Bouchard, militar y corsario de origen francés, casi desconocido pero fundamental para el sueño independentista. Veamos a este personaje mas de cerca.

Hipólito Bouchard nació el 15 de enero de 1780, en Saint-Tropez. En 1798 se puso al servicio de la marina francesa contra los ingleses, iniciándose así en la dura vida del mar. Tras realizar varias campañas en Egipto y en Haití, bajo las órdenes de Charles-Victor-Emmanuel Leclerc, en 1809 llegó a Buenos Aires en un barco francés, sólo unos meses antes del comienzo de la Revolución de Mayo.

Liberal y antimonárquico, rápidamente se inclinó hacia la causa independentista argentina poniendo sus conocimientos navales a disposición de la Revolución, siendo nombrado por el gobierno segundo comandante de la recientemente creada flota nacional argentina, liderada por Juan Bautista Azopardo.

Una de las campañas más prestigiosas de Bouchard fue la realizada bajo las órdenes de Guillermo Brown, en la que asolaría las costas del océano Pacífico, atacando El Callao y Guayaquil. El 12 de septiembre de 1815 se le otorgó patente de corso para ponerse al mando de la corbeta Halcón, un barco de construcción francesa no muy sólido en su estructura.

Vida como corsario

Para la nueva campaña que iba a realizarse luego de la Independencia del Virreynato del Rio de la Plata, Bouchard decidió utilizar la fragata La Consecuencia, que había tomado durante su última campaña. Junto a su armador, Vicente Echevarría, decidieron cambiarle el nombre a la embarcación, optando por La Argentina.

El 27 de junio de 1817 Bouchard obtuvo la patente de corsario argentino, comenzando así la etapa más novelesca de su vida. El 9 de julio de 1817 (Primer aniversario de la Independencia Argentina), zarpó al mando de la fragata "La Argentina" desde la ensenada de Barragán para cumplir un crucero de corso (patente de corso nº 116), que habría de durar dos años.

Durante aquellos años, Bouchard vivió al mando de su flota todo tipo de avanturas típicas mas bien de la leyenda del pirata Morgan. Navegó por todo el Océano Índico, visitó la isla de Madagascar donde frustró la exportación de esclavos por parte de la Compañia de Filipinas de origen británico. También hostigó todo barco español o francés que se le cruzara por el camino, pero también barcos de piratas malayos que asolaban las Filipinas.

El 17 de agosto de 1818, Bouchard arribó a la bahía de Kealakekua en la actual isla de Hawai, donde se encontraba un pequeño puerto en la costa oeste de la isla. Al fondear, una canoa tripulada por nativos se les acercó y les informó, en un rudimentario inglés, que en el puerto se encontraba una corbeta que pertenecía al rey Kamehameha I, pero que anteriormente había sido española. La corbeta era la Santa Rosa o Chacabuco, la cual había partido de Buenos Aires al mismo tiempo que La Argentina. Al llegar al puerto se encontró con la Santa Rosa prácticamente desarmada, por lo que decidió reunirse con el rey Kamehameha I vestido con su uniforme de Teniente Coronel de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Durante el encuentro, Bouchard le demandó la devolución de la corbeta. Sin embargo, el rey argumentó que había pagado por ella y que merecía una compensación. Diversos autores afirman que durante esta reunión Kamehameha I reconoció la soberanía de las Provincias Unidas; no obstante, otros autores desestiman esto argumentando que Bouchard en su diario nunca mencionó la firma de un instrumento tan importante, y que resultaba lógico ya que el corsario no tenía la autoridad para hacerlo.

Tras la negociación, el rey le entregó al corsario argentino pocos víveres, argumentando que su isla se encontraba escasa de comestibles y que podía aprovisionarse en Morotoi. El 26 de agosto Bouchard se hizo cargo de la Santa Rosa, embarcación a la que tuvo que rearmar para darle utilidad. Tras reaprovisionarse de víveres, municiones y contratar a ochenta nuevos tripulantes, la flota partió rumbo a California para aprovisionarse de los buques mercantes españoles.

California "en manos argentinas"

Bouchard se reunió con sus oficiales para diseñar el plan de ataque. El oficial Corney ya había estado en dos oportunidades en San Carlos de Monterrey (capital de la Alta California, por aquellos tiempos colonia española), por lo que conocía la profundidad de la bahía. Se determinó utilizar para el ataque la corbeta Santa Rosa o Chacabuco, ya que el gran calado de la fragata La Argentina podía producir que esa embarcación encallase, y se concentró allí la tropa de desembarco. La fragata tuvo que echar al agua varios botes para que la remolcaran lejos del alcance de la artillería española. Una vez remolcada, Bouchard envió hacia la Santa Rosa al capitán Sheppard junto a 200 hombres armados con fusiles y lanzas.

La corbeta Santa Rosa, al mando del oficial Sheppard, ancló a las doce de la noche en las cercanías del fuerte. Debido al cansancio que sufrían los hombres, tras remolcar la fragata y remar hacia la corbeta, Sheppard decidió no atacar de noche. Con la primera luz del día descubrió que había anclado demasiado cerca de la costa, y que a pocos metros se encontraban la artillería española lista para atacarlos. El capitán decidió abrir fuego, pero tras quince minutos de combate la corbeta debió rendirse. Desde la fragata, Bouchard vio cómo sus hombres eran derrotados, pero también observó que los españoles no intentaron apoderarse de la Santa Rosa ya que carecían de embarcaciones. El corsario ordenó levar anclas y moverse en dirección al puerto. Sin embargo, debido al calado de la fragata, no podía acercarse lo suficiente como para abrir fuego. A las nueve de la noche comenzaron las tareas para trasladar a la fragata a los sobrevivientes de la corbeta.

En la madrugada del 24 de noviembre, Bouchard ordenó a sus hombres que se pusieran al mando de los botes. En las embarcaciones, comandadas por Bouchard, se encontraban 200 hombres, 130 armados con fusiles y 70 con lanzas. Desembarcaron a una legua del fuerte, en una caleta oculta por las alturas. La resistencia del fuerte fue muy débil, y tras una hora de combate fue enarbolada la bandera argentina en el puerto. Los argentinos tomaron la ciudad durante seis días, en los que se apropiaron del ganado, quemaron el fuerte, el cuartel de los artilleros, la residencia del gobernador y las casas de los españoles junto a sus huertas y jardines. Sólo dejaron las iglesias y viviendas de los nativos que apoyaban la causa libertadora.

Las crónicas retomadas por el historiador Felipe Pigna en su libro Los mitos de la historia argentina 2 narran como, luego de dejar California, La Argentina recorrió toda la costa occidental de Centroamérica, bloqueando el puerto de San Blas y el de Acapulco en Mexico, y el puerto "El Realejo" en Nicaragua. Dice Pigna "la imagen del crucero La Argentina se transformó en un símbolo de terror para las fuerzas españolas y de lucha contra la tiranía para los patriotas americanos. La casi totalidad de los países de Centroamérica que se irán constituyendo, diseñarán sus banderas basándose en la celeste y blanca creada por Belgrano y exhibida con orgullo a lo alto de las naves de Bouchard."

Luego...

Luego de sus hazañas en mares extraños, Bouchard sería reclutado por San Martín para la campaña hacia el Perú, bastión del poder realista en América. Bouchard se encargaría de hostigar a las naves españolas allanando el camino a San Martín para entrar en Perú.

Vale destacar que Bouchard, a pesar de estar ligado al gobierno argentino por la patente de corso que se le había concedido, actuó mayormente por interés personal, por ejemplo quedándose él con los botines del corso (o al menos la mayoría). Sus obras ayudaron a la causa independentista en toda América Latina, pero terminaría sus días como dueño del ingeniero azucarero "La Buena Suerte", cedido a él por el nuevo gobierno peruano, y asesinado el 4 de enero de 1937 por uno de sus esclavos.

Contradictorio lo llama Pigna: que un hombre que haya liberado esclavos hacía casi veinte años terminara como hacendado esclavista. Yo, como argentino, me siento orgulloso de que haya habido un hombre que supo desafiar a las tres mejores armadas del siglo -inglesa, francesa, española- en nombre de la independencia argentina.

Fuentes:

1- http://es.wikipedia.org/wiki/Hipólito_Bouchard

2- "Los mitos de la historia argentina 2" de Felipe Pigna. Cap. "Hipolito Bouchard, la argentinidad al palo mayor". Ed. Planeta. 14º edición: enero de 2007.

Nahuel
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Desde: 28 Ago 2010

¡Muy buen post!

Yo había realizado uno haci, en el foro anterior.

¡Saludos!

Tito
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Traslado el tema a Historia de América.

Saludos