BELLUM NUMANTINUM: Una aclaración previa.

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Bernardo Pascual
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Decurión
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 El ciclo bélico numantino consta de dos fases o contiendas bien diferenciadas: una del 155 al 151 antes de Cristo, y otra del 143 al 133 antes de Cristo. El propio epígrafe, de hecho, incluso formulado en plural, resulta del todo inapropiado, ya que la ciudad epónima, en contra de lo que se viene sosteniendo, ni siquiera se involucró en la primera de ellas, al menos no de forma significativa. La fama que llegó a alcanzar Numancia, no obstante, ya desde muy temprano, acabó eclipsando el episodio anterior, relegando su relato a un mero prólogo.

Esta primera fase, sin embargo, muy mal interpretada en la actualidad, es precisamente aquella a la que el historiador Polibio dedicó una especial atención, la que él mismo bautizó, de un modo un tanto poético, como la Guerra de Fuego. La inmensa obra del de Megalópolis se cierra con la destrucción de Corinto, por lo que la guerra de Numancia propiamente dicha queda fuera. Él en persona especifica que el conflicto entre romanos y celtíberos al que alude, en el que participa como protagonista y como corresponsal, transcurre simultáneamente al que enfrenta a cartagineses y númidas en los prolegómenos de la III Guerra Púnica. Así pues, ya por de pronto, se desmonta un primer mito. Polibio nunca estuvo en Numancia.

Jamás se logrará entender el ciclo numantino mientras se insista en seguir identificando la ciudad de Segeda, foco de sendas revueltas celtíberas, con el yacimiento zaragozano del Poyo de Mara, hoy ya más que poyo, poltrona. La Segeda de Apiano no es otra que la actual Segovia, un nombre, por lo demás, harto común en aquel tiempo en la Península. El olvidado Diego de Colmenares, en el siglo XVII, llegó a esta misma conclusión, aunque su propuesta acabaría siendo desechada, desoída o ignorada a comienzos del XX al imponerse las teorías de Schulten, las cuales, por más que se niegue, con muy leves variaciones, se han mantenido hasta el presente como algo incuestionable. He de aclarar que mi descubrimiento de dicho autor se produjo a posteriori. Ambos convergimos a través de caminos separados. Lo que para Colmenares resultaba de lo más lógico e incluso atractivo, dado que era segoviano, para mí supuso un acto de rebeldía en solitario largamente meditado.

Cuando, adoleciendo de una gran ingenuidad, me decidí al fin a presentar unos burdos escritos en el Museo Numantino tratando de demostrarlo, a cuya asociación de amigos pertenezco desde muy joven, no me pasó desapercibido en la persona que me atendió cierto gesto de conmiseración y extrañeza. Me dijo que nunca antes había ocurrido algo así, que lo leería y, en cualquier caso, se me respondería. Todavía estoy esperando. Me pregunto cual habría sido su reacción si, en vez de aportar unas pobres letras demasiado pretenciosas, hubiese avisado de un hallazgo arqueológico en mi jardín. Sobre todo por eso, agradezco a Mundo Historia, donde “se mira el contenido y no al continente”, la oportunidad que me brinda de poder expresarme.

La principal parte de culpa en este controvertido asunto, dejando a un lado el academicismo imperante,  recae en Apiano de Alejandría. Según él, los segovianos se habrían refugiado en Numancia en el verano del 153 antes de Cristo. Basta leer a Floro para constatar una manifiesta contradicción entre ambos historiadores. Este último informa de que tal suceso se produjo en el 143 antes de Cristo, y lo confirma añadiendo que la guerra numantina duró once años, no habiendo intervenido Numancia en la lucha hasta ese preciso instante. Por tanto, Segovia lidera toda la primera contienda, y sólo tras su conquista por Metelo, al estallar la segunda revuelta, Rectugenos, el hijo de Cáuciro, se replegará al fin hacia el Alto Duero. La campaña de Nobilior, así pues, está totalmente sacada de contexto. El recuerdo de este general, de hecho, todavía perdura en la que fue su campamento: Sepúlveda.

Hay otros dos investigadores, en este caso contemporáneos, que aunque tocan el tema de forma tangencial, sin llegar a percatarse en realidad de la implicación de sus conclusiones, me refiero a Gonzalo Arias y a Álvaro Capalvo, eliminan no obstante las pocas dudas que podían quedar. Arias ubica la Titulcia del Itinerario de Antonino, localidad que se ha de relacionar con la tribu celtíbera de los titios, en las proximidades de Madrid. Capalvo, si cabe, más resolutivo, corrige la traducción interesada que hasta la fecha se venía haciendo de un fragmento de Estrabón: “De los arvactos es la ciudad de Segeda, y también Pallantia.” En la descripción que hace Estrabón de la Celtiberia, la cual toma prestada al parecer de Polibio, da la casualidad de que Numancia no se incluye entre los arévacos, entre los que sí que constan, sin embargo, Segeda (Segovia) y Palencia.

 

 

Base documental:

 

“Retorna ahora nuestra historia a la guerra de arévacos y numantinos, a los que Viriato había incitado a la revuelta. Cecilio Metelo fue enviado desde Roma contra ellos con un ejército más numeroso y sometió a los arévacos, cayendo sobre ellos con sobrecogedora rapidez, mientras estaban entregados a las faenas de la recolección. Sin embargo, todavía le quedaban Termancia y Numancia.”

Apiano.

 

1-      Viriato incita a los celtíberos a la revuelta.

2-      Metelo somete a los arévacos cayendo sobre ellos con sobrecogedora rapidez.

3-      Todavía quedaban Tiermes y Numancia. Aparte de lo que pensase Apiano, este fragmento, que por supuesto copia de otro autor, parece indicar que dichas ciudades no pertenecían a los arévacos, o cuando menos deja abiertas ambas posibilidades.

 

“Los segovienses, habiéndoles sido devueltos por Viriato los hijos y las esposas, prefirieron contemplar el suplicio de sus rehenes antes que ser infieles a los romanos.”

Ps. Frontino, 4, 5, 22.

 

1-      Viriato devuelve a los segovianos los hijos y las esposas, lo cual sin duda habría sido una buena forma de incitarlos a la revuelta.

2-      Si Viriato tenía en su poder estos rehenes es porque se los había arrebatado a los romanos, precisamente los que Marcelo se había llevado a Córdoba.

3-      ¿Si ya les había devuelto los rehenes, cómo es posible que los torturara al seguir aquellos manteniéndose fieles a los romanos?

 

“Luchando Quinto Metelo contra los celtíberos puso cerco a la ciudad de Centóbriga: aprestadas las máquinas junto a la única parte del muro que podía ser destruida, parecía ya a punto de derrocarla, cuando pospuso la próxima victoria a la humanidad. Pues habiendo expuesto los centobrigenses a los golpes de la catapulta a los hijos de Retógenes, que se había pasado a Metelo, para que no perecieran de cruel muerte a la vista del padre, levantó el asedio, a pesar de que Retógenes protestaba de que no debía ser él el obstáculo para consumar el asalto, aunque debiese hacerse con la destrucción de su linaje. Y con esta tan clemente conducta, si dejó de tomar las murallas de una ciudad, se captó en cambio la voluntad de todos los celtíberos, e hizo que no necesitase de muchos asedios para reducirlos al dominio del pueblo romano.”

Valerio Máximo, 5, 1, 5.

 

1-      Es Rectugenos el que se mantiene fiel a los romanos, militando en su ejército como militaba cuando sus paisanos se volvieron a rebelar.

2-      Centóbriga y Segovia tienen que ser entonces la misma ciudad.

3-      Se llamase como se llamase, Metelo la perdona, al menos momentáneamente, en espera de que Rectugenos convenza a sus vecinos o éstos lo convenzan a él.

 

“Aquel Metelo que había merecido su sobrenombre por su actuación en Macedonia, también habría merecido que se le diera el de Celtibérico al haber capturado Contrebia en memorable actuación y respetado, con mayor gloria todavía, Nertóbriga.”

Floro, campañas de España.

 

1-      ¡Vaya por Dios! O Metelo iba por ahí perdonándole la vida a todo el mundo, o Centóbriga y Segovia son también Nertóbtriga.

2-      Recordemos además que la primera paz con los arévacos la negocia Marcelo durante el sitio de una tal Nertóbriga, a la que pedía cien jinetes para terminar la guerra.

3-      ¿Y Contrebia? Ésta es nueva.

 

“Es digna de memoria también la táctica de Quinto Metelo. Hacía éste la guerra en España contra los celtíberos en calidad de procónsul, y no pudiendo tomar por la fuerza a Contrebia, capital de este pueblo, después de largas y secretas meditaciones consigo mismo, encontró el procedimiento que debía llevarle al éxito deseado. Se puso en camino con gran empuje, dirigiéndose ahora aquí, ahora allí; se establecía en estos montes, poco después se trasladaba a aquellos, sin que en todo este tiempo ni los suyos ni los enemigos conociesen la causa de esta inopinada y súbita fluctuación; una vez que le preguntó un íntimo amigo suyo por qué seguía este género disperso e incierto de campaña, le contestó: “desiste de preguntar esto, pues si me enterase de que mi túnica interior conocía mi propósito, mandaría al instante quemarla.” ¿A dónde, pues, tendía esta disimulación, cuál era su fin? Cuando hubo confundido en ignorancia a su ejército, y en falsas suposiciones a toda la Celtiberia, una vez que se había puesto en marcha con otro rumbo, torció de repente hacia Contrebia, y, descuidada y atónita, la tomó.”

Valerio Máximo, 7, 4, 5.

 

¡Que casualidad! Metelo abandona el sitio de Contrebia, ni más ni menos que la capital de los celtíberos, despista a éstos dando un rodeo, y después vuelve a caer sobre ella con “sobrecogedora rapidez”. ¿Mientras tanto, qué habían decidido los segovianos?

Fuera bromas. El gentilicio celtíberos es un cultismo cuya forma vulgar mutó a cántabros. Ya César e incluso puede que Catón lo emplean. Cantábriga es un tópico, un lugar común, “la fortaleza de los cántabros”, procedente de un juego de palabras que trata de imitar la lengua de éstos. De ella derivan Centóbriga y Contrebia, esta última la más latinizada, frecuente en Livio. Por supuesto, no existió ninguna Contrebia, aunque muchos historiadores, faltos de nociones geográficas, usaban dicho nombre para referirse a las ciudades celtíberas que protagonizaron los distintos episodios bélicos a lo largo de la conquista. De ahí que pese a la importancia que tuvieron y las muchas que hubo, no haya sobrevivido tal topónimo en ninguna población actual.

En cuanto a Nertóbriga, parece que aquí hay confusión debido a una errónea interpretación de los escritos de Polibio. Nertóbriga era la capital de los lusitanos, con independencia de que hubiese otras.

¿Qué deparó el destino entonces a Segovia y Rectugenos?

 

“Numancia, así como en riqueza fue inferior a Cartago, Capua y Corinto, en fama, por su valor y dignidad fue igual a todas, y, por lo que respecta a sus guerreros, la mayor honra de España. Pues, ella sola, que se alzaba junto a un río, en una colina medianamente empinada, sin murallas y fortificaciones, contuvo con cuatro mil celtíberos, durante once años, a un ejército de cuarenta mil, y no sólo lo contuvo, sino que lo golpeó con notable dureza y le impuso infamantes tratados. Por último, una vez que ya hubo constancia de que era invencible, fue necesario recurrir al que había destruido Cartago.

Difícilmente, si se me permite confesarlo, se podría hallar causa más injusta para una guerra. Habían acogido a los segidenses, aliados y parientes suyos, fugitivos de las manos de los romanos. De nada sirvió su intercesión. Pese a que se habían mantenido lejos de toda participación de los enfrentamientos, recibieron la orden de deponer las armas como precio para un compromiso oficial. Esto fue recibido por los bárbaros como si se les amputasen las manos. En consecuencia, se aprestaron inmediatamente a la guerra a las órdenes del valerosísimo Megarábico.”

Floro.

 

1-      Once años son los que van del 143 a. C., en que Metelo ataca Segovia, al 133 a. C., en que cae Numancia.

2-      Los numantinos acogieron a los segovianos fugitivos de los romanos.

3-      Hasta entonces Numancia no había intervenido en la guerra.

4-      Megarábico: “el arévaco más grande”. Un título.

 

“Pero Retogenes, un numantino apodado Caraunio, el más valiente de su pueblo, después de convencer a cinco amigos, cruzó sin ser descubierto, en una noche de nieve, el espacio que mediaba entre ambos ejércitos en compañía de otros tantos sirvientes y caballos.”

Apiano.

 

1-      Volvemos a encontrar a Rectugenos.

2-      “El más valiente de su pueblo”, otro epíteto muy similar al anterior.

3-      Caraunio, tal vez un patronímico, “hijo de Caro”.

 

“Los segedanos, cuando supieron de su próxima llegada, sin dar remate ya a la construcción de la muralla, huyeron hacia los arévacos con sus hijos y sus mujeres y les suplicaron que los acogieran. Éstos lo hicieron así y eligieron como general a un segedano llamado Caro, que era tenido por hombre belicoso.”

Apiano.

 

El alejandrino anda muy perdido, mas con todo, relaciona a ambos personajes.

¡Qué foto tan bonita!

 

Bernardo Pascual.

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  He ingresado recientemente en el foro y de todos los temas expuestos es la caída de Numancia acerca de la cual he dedicado gran tiempo este ultimo año. Un periodo en el que he escrito mi primera novela histórica, basada en la guerra que enfrento a Roma y Numancia. Aquí os dejo el enlace al blog promocional de la obra con el que trato de dar a conocer el fruto de tan ardua labor.  https://murallasdefuego.wordpress.com. En dicho blog, de reciente creación, he añadido el prologo y los cuatro primeros capítulos de la obra. Espero que podáis acceder y así conocer vuestra opinión que siempre es de agradecer. 

Bernardo Pascual
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Decurión
Desde: 22 Ene 2016

 Hola David. Me alegra mucho encontrar a alguien interesado en este tema y dispuesto a desarrollarlo en forma de novela. He estado echando un vistazo a tu blog.

No se si has leído algunos mis comentarios al respecto en este foro, pero, si lo has hecho, supongo que te habrás dado cuenta de que discrepamos en muchos aspectos. El principal de ellos, para empezar, la ubicación de Segeda. Tú sigues la tradición de Schulten, quien la sitúa en el valle del Jalón, en el término de Belmonte de Calatayud, para ser más exactos. Yo, por el contrario, la identifico con Segovia, la del acueducto. El cuento, como puedes apreciar, cambia totalmente. No te preocupes, de momento sigues la versión oficial.

Si no me tomas por un loco, me gustaría empezar hablando contigo de las fuentes en que te documentas para tu novela, si lo haces de forma directa a través de los autores clásicos (Apiano, Polibio, Diodoro, Floro, Tito Livio, etc.) o a partir de algún investigador moderno, como el propio Schulten. Tal vez podríamos analizarlas. La expedición a la verdad puede llevar toda una vida. Yo, personalmente, quería dibujar un cómic, y aunque ya nunca lo dibujaré, sólo el viaje hasta aquí ya ha valido la pena.

Pese a lo mucho que se ha escrito, la Historia de Numancia sigue siendo un campo virgen. La mayor parte de lo dicho hasta ahora no pasa de ser un mito. Más pronto que tarde, con todo, se reescribirá. Depende cómo la enfoques, tu obra tendrá o no valor en el futuro. Espero, humildemente, poder ayudarte.

Si he de hacerte una crítica constructiva, te aconsejo que profundices más, que no caigas en tópicos, y que no traslades el presente al pasado. En cuanto a la onomástica, muy importante a la hora de caracterizar e individualizar a los personajes, te remito, entre otros, a Mª Lourdes Albertos Firmat, ORGANIZACIONES SUPRAFAMILIARES EN LA HISPANIA ANTIGUA, y a un libro titulado EL TERCER BRONCE DE BOTORRITA, de Francisco Beltrán, Javier de Hoz y Jürgen Untermann. Tienes que tener en cuenta que, en aquel tiempo, la onomástica variaba mucho de un sitio a otro de la Península.

En fin, a tu disposición.

Dasetris (not verified)
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Gracias Bernardo por tu interes acerca del blog. La documentacion en la cual me he basado es un compendio de los textos transmitidos por los historiadores clasicos. Sinceramente creo que la historia de Numancia, como bien dices, esta por reescribirse y ello provoca que pese al rigor historico con el que he encauzado la novela pueda añadir unos personajes ficticios cuyas historias suceden en paralelo al asedio de los numerosos consules y proconsules romanos que se dirigieron con sus legiones a la Celtiberia. Aparte de la documentacion recopilada de los antiguos historiadores he leido numerosos libros, entre ellos Numancia de Jose Luis Corral. Debo decir que es una novela que me ha ayudado pero bajo mi punto de vista se convierte en tediosa por el simple hecho de basar la mayor parte de la misma en un desglose de los hechos acaecidos entre Roma y la Celtiberia sin profundizar en los personajes que la protagonizan. Para finalizar, debo agradecer tus consejos que siempre son bienvenidos y aunque mi novela se haya escrito en torno a una version distinta a la que tu aportas, cada una de ellas sirve de una manera u otra para dar a conocer la grandeza de Numancia y sus habitantes.

Bernardo Pascual
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Decurión
Desde: 22 Ene 2016

 Tengo la novela de Corral. Me perdone si me escucha, pero no la pude ni empezar.

La peculiaridad del género histórico, a diferencia del otro, es que el escritor ha de implicarse, si no, no trasmite nada. Tiene que sentir la época de la que habla, pensar como se pensaba entonces. Sólo la catalogación de novela histórica ya echa para atrás.

Bilistiages fue un rey ilergete. El nombre, de hecho, es una adaptación latina mal transcrita. Mira el Bronce de Ascoli. Oriso, por su parte, daría para un tema entero. Tal vez, ni existió ese nombre. Lo exótico de los antropónimos iberos, no los celtíberos, puntualizo, se debe, desde mi punto de vista, a que ni siquiera se ha logrado descifrar correctamente la grafía, no ya la lengua. Aunque también me suena mal eso de indoeuropeos y preindoeuropeos, está claro que la onomástica celtíbera, la de los arévacos o belos, no tiene nada que ver con la del Levante, al menos, tal como se ha traducido esta última. Existe con todo, no lo discuto, una clara diferencia.

Segilo, ahí te doy la razón, sí que es un nombre celtíbero. En el Tercer Bronce de Botorrita encontrarás muchos otros, de lo más comunes, incluidos los femeninos. Edelmiro Zamanillo Rosales, no deja de tener gracia y originalidad, dice que se trata de un inventario de plantas  medicinales. ¡Qué grande!

Ah, Numancia no lo fue tanto (el Pisuerga lleva el agua y el Duero la fama). Lo fueron más los segovianos.