Cartago y Numidia entre la segunda y la tercera guerra púnicas (201-150 a. C.)

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Bernardo Pascual
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Decurión
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 La fuente C

 

“Muy pronto, como sucede en situaciones de prosperidad, surgieron diferentes facciones, había un partido prorromano, otro democrático y un tercero que estaba de parte de Masinissa. Cada uno de ellos tenía líderes destacados por su reputación y valor. Annón el Grande era jefe del partido filorromano, a los partidarios de Masinissa los encabezaba Aníbal, apodado el Estornino, y la facción democrática tenía como líderes a Amílcar el Samnita y a Cartalón. Estos últimos, aprovechando que los romanos estaban en guerra contra los celtíberos y que Masinissa había marchado en auxilio de su hijo, que estaba rodeado por otras fuerzas iberas, convencieron a Cartalón, jefe de las tropas auxiliares y que, por razón de su cargo, recorría el país, para que atacase a unas tropas de Masinissa acampadas en un territorio en litigio. Éste mató a algunos de ellos, se llevó el botín y azuzó a los africanos rurales contra los númidas.

La facción democrática en Cartago expulsó a los partidarios de Masinissa, unos cuarenta aproximadamente, y consiguió un voto de destierro e hicieron jurar al pueblo que no los volverían a recibir jamás y que no aceptarían propuesta acerca de su retorno. Los desterrados huyeron al lado de Masinissa y lo presionaron para que declarase la guerra. Éste, que también la deseaba, envió a Gulussa y Micipsa, dos hijos suyos, a Cartago con la demanda de que acogieran de nuevo a quienes sufrían destierro por su causa. Cuando éstos se aproximaron a las puertas de la ciudad, el jefe de las tropas auxiliares las cerró por temor a que los familiares de los desterrados movieran a compasión al pueblo con sus lágrimas. Amílcar el Samnita atacó a Gulussa cuando iba de regreso, mató a algunos de sus hombres y a él mismo lo puso en un aprieto. Masinissa tomó este hecho como un pretexto para atacar a la ciudad de Horóscopa, que deseaba poseer en contra del tratado. Los cartagineses marcharon contra Masinisa con veinticinco mil soldados de infantería h cuatrocientos jinetes ciudadanos bajo el mando de Asdrúbal, que era entonces el jefe de las tropas auxiliares. Asasis y Suba, lugartenientes de Masinisa, se pasaron a su bando con seis mil jinetes cuando estaban cerca, a causa de algunas diferencias con los hijos de Masinisa. Animado por estas fuerzas, Asdrúbal trasladó su campamento a un lugar más próximo al rey y, en algunas escaramuzas, obtuvo ventaja. Masinisa quiso tenderle una emboscada y se retiró poco a poco como si estuviera huyendo, hasta que llegó a una gran llanura desierta, rodeada por todos los lados de colinas y precipicios y falta de provisiones. Luego retrocedió sobre sus pasos y fijó su campamento en campo abierto. Sin embargo, Asdrúbal subió a las colinas, porque era una posición más sólida.”

 

Este fragmento, tras una primera introducción sobre la situación política en Cartago después de la segunda guerra púnica, necesaria para entender los sucesos que en él se relatan, se centra en un episodio muy concreto, ya desarrollado por mí en el artículo sobre la guerra entre Masinisa y Cartago. No cuenta otra cosa que las operaciones militares que tuvieron lugar durante el último enfrentamiento entre númidas y cartagineses, causa inmediata de la tercera guerra púnica.

Todos estos acontecimientos van seguidos, y prácticamente se producen en el plazo de poco más de un año, digamos que desde finales del 153 a comienzos del 151 antes de Cristo.

Masinisa estaba en guerra con otro rey númida, Arcobarzanes, cuyo reino había invadido poco antes. Arcobarzanes, refugiado en Cartago, había reunido un ejército de mercenarios y había empezado a lograr algunos éxitos. Esta situación fue aprovechada por la facción demócrata de la metrópoli púnica para instigar una revuelta en el país de los Emporios, relajando de este modo también la presión sobre su aliado.

La clave, de nuevo, se encuentra en la conexión entre los dos párrafos que he extraído. La revuelta triunfa, los “africanos rurales” se sublevan contra los númidas y son expulsados los partidarios de Masinisa, cuarenta concretamente, la camarilla colaboracionista impuesta por éste al completo.

La interpretación que hace Apiano, al trasladar este incidente a la propia Cartago, carece de todo sentido, además que rompe la lógica del discurso. No llama tanto la atención la presencia de una facción pronúmida, algo entendible, como el hecho de que tenga que conjurarse la ciudad en pleno para no dejarse enternecer por las súplicas de los familiares. ¿Por qué no los desterraron también a ellos? ¿Y por qué tenían tanta influencia en una ciudad de un millón de habitantes, todos ellos, por otro lado, menos cuarenta, poseídos por un tremendo odio hacia el monarca númida?

Pero si en este fragmento se diferencian una facción pronúmida y otra demócrata o patriótica, también se habla de una tercera, la filorromana, la que verdaderamente ejercía el gobierno en Cartago. Con ello se da a entender que esta última no se implicó en los disturbios. De hecho, posteriormente, los promotores serían condenados a muerte.

“Los cartagineses, pensando eliminar con ello cualquier pretexto, condenaron a muerte a Asdrúbal, el general de esta guerra contra Masinisa, y a Cartalón, el capitán de las tropas auxiliares, así como a cualquier otro que estuviera implicado en ella, imputando a todos ellos la culpa de la guerra.”