La guerra de Numancia

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Bernardo Pascual
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Guardia Pretoriano
Desde: 22 Ene 2016

Tito ha escrito

Tema aparte siempre me ha parecido muy curioso lo del tratado de paz, ya que aunque Apiano lo pone muy bonito para los romanos (aún revelándonos que era un arreglo algo chusco), no se por qué pienso que debió ser bastante más humillante para los romanos. Supongo que si hubieran pagado todos esos talentos, hubieran entregado todos esos rehenes y hubieran agachado sus cabecitas, el Senado hubiera aceptado. Sin embargo todo parece ser un simple paripé. Algo como:

-¡Eh oye! ¡Nobles bárbaros! ¿Que os parece si ante mis tropas y testigos senatoriales enviáis a unos emisarios entregándome algunas armas y cofres vacíos que posen a mis pies, me entregáis a algún par de enemigos internos molestos, y yo y todos mis soldaditos uniformados ponemos las caligae rumbo a Roma? Y aquí paz y después gloria....

 Me lo quitaste del pensamiento. Hay que tener en cuenta que los que se acogieron a Numancia eran prófugos de una guerra anterior. Si no se acababa con ellos, tratarían de recuperar lo perdido. Estamos hablando nada menos que del rey de los arévacos y vetones, un traidor y un forajido. Los numantinos no podían entregar a los prófugos porque entonces habrían tenido que entregar al propio Rectugenos. Era éste, por el contrario, quien decidía las condiciones. Por eso precisamente los de Tiermes traicionaron a la guarnición y negociaron por su cuenta, que si no más atrayente en un principio, sí más seguro a largo plazo. Además, contra ellos ya no tenían nada. Yo creo que al tal Avaros, se lo cargaron al final por intentar amañar una tregua por separado.

El texto dos veces bueno es el de Floro. Vale la pena.

 

Igual que Corinto siguió a Cartago, así Numancia a Corinto; después, nada quedó en el orbe terrestre que no fuese alcanzado por las armas romanas. Tras el incendio de las dos esclarecidísimas ciudades, la guerra se extendió por todo el mundo, a lo largo y ancho del universo entero, y no de modo alternativo, sino a un tiempo, como si se tratara de una sola en todas partes; realmente, parecía que aquellas ciudades habían esparcido el fuego de la contienda por todo el orbe como si lo hubiesen aventado los vientos.

Nunca concibió Hispania alzarse toda ella contra nosotros, nunca le resultó grato oponernos sus fuerzas ni tentar nuestro poderío o defender su propia libertad colectivamente. Por lo demás, queda tan cercada por todas partes por el mar y los Pirineos que por su situación natural nadie habría podido acercarse siquiera. Sin embargo, quedó sitiada por los romanos antes de que se conociera a sí misma y fue la única de todas las provincias que tuvo conciencia de sus propias fuerzas después de haber sido vencida. Por un espacio de casi doscientos años, desde los primeros Escipiones hasta el primer César Augusto, se luchó en ella, no de forma continua ni sistemáticamente, sino según exigían los acontecimientos y, en principio, no con los hispanos, sino con los cartagineses que vivían en Hispania. De ahí, el contagio que se va deslizando y las causas de los conflictos.

 

Guerra numantina.

 

Numancia, así como en riqueza fue inferior a Cartago, Capua y Corinto, en fama, por su valor y dignidad fue igual a todas, y, por lo que respecta a sus guerreros, la mayor honra de España. Pues, ella sola, que se alzaba junto a un río, en una colina medianamente empinada, sin murallas y fortificaciones, contuvo con cuatro mil celtíberos, durante once años, a un ejército de cuarenta mil, y no sólo lo contuvo, sino que lo golpeó con notable dureza y le impuso infamantes tratados. Por último, una vez que ya hubo constancia de que era invencible, fue necesario recurrir al que había destruido Cartago.

Difícilmente, si se me permite confesarlo, se podría hallar causa más injusta para una guerra. Habían acogido a los segidenses, aiados y parientes suyos, fugitivos de las manos de los romanos. De nada sirvió su intercesión. Pese a que se habían mantenido lejos de toda participación de los enfrentamientos, recibieron la orden de deponer las armas como precio para un compromiso oficial. Esto fue recibido por los bárbaros como si se les amputasen las manos. En consecuencia, se aprestaron inmediatamente a la guerra a las órdenes del valerosísimo Megarábico. Después de haber atacado a Pompeyo en combate, pese a que habrían podido derrotarlo, prefirieron, no obstante, el tratado. Luego a Hostilio Mancino; también lo vencieron en sucesivas derrotas, de suerte que nadie podía sostener la mirada y la voz de un hombre numantino. Con todo, también con él prefirieron el pacto, contentándose con el botín de las armas, aunque habrían podido ensañarse hasta su exterminio. Pero el pueblo romano, no menos irritado por la infamia y la vergüenza del tratado numantino que el del famoso Caudio, vengó el deshonor de esta ignominia con la entrega de Mancino; por lo demás, iniciado en la destrucción de ciudades por el incendio de Cartago, a las órdenes de Escipión, se enardeció también en su deseo de venganza. Mas en esa ocasión tuvo que luchar más encarnizadamente en su propio campamento que en el campo de batalla, contra nuestro ejército que con el numantino; de hecho, exhaustos por las tareas, repetidas e injustas y especialmente propias de siervos, los que no sabían llevar las armas recibieron la orden de acarrear cumplidamente un haz de palos, y ensuciarse con el lodo los que no deseaban hacerlo con la sangre. Además se suprimieron las prostitutas, los servidores y los bagajes, salvo los imprescindibles. Se dice, con razón, que un ejército vale tanto cuanto su general. Una vez que por este procedimiento la tropa volvió a la disciplina, se entabló el combate y sucedió lo que nadie habría esperado ver nunca: a un numantino huir. Incluso deseaban entregarse, si se les imponían condiciones tolerables para sus hombres. Pero, puesto que Escipión deseaba una auténtica victoria y sin restricciones, se vieron impelidos a la necesidad de precipitarse al combate por primera vez con una muerte predestinada, después de haberse saciado con un banquete, cual ofrenda a los Manes, de carne semicruda y celia –de esta forma denominan esta bebida indígena sacada del trigo-. Nuestro general se dio cuenta de su determinación; por tanto, no concedió batalla a quienes estaban decididos a morir. Cuando, rodeados por una fosa y una empalizada y cuatro campamentos, el hambre hizo presa en ellos y al no poder conseguir la lucha que requerían del general para morir como guerreros, se decidieron a salir. De esta forma, al entablarse combate, muchos de ellos resultaron muertos, y dado que el hambre les urgía, sobrevivieron un poco más con sus cadáveres. Por último, decidieron huir; pero también este recurso lo impidieron las mujeres, al quebrar las cinchas de los caballos, cometiendo por amor un gran crimen. Y así, sin esperanza de solución, entregándose a los últimos transportes de rabia y furor, finalmente, a las órdenes de Recógenes, se aniquilaron a sí mismos, a los suyos y a su patria, con armas, veneno y el fuego propalado por todas partes. ¡Cuán valerosísima y, en mi opinión, extraordinariamente dichosa ciudad, en medio de su desventura! Sostuvo con lealtad a sus aliados y contuvo durante mucho tiempo con una fuerza muy pequeña al pueblo reforzado por los recursos del orbe terrestre. Vencida, al fin, por el más excelso general la ciudad no dejó al enemigo gozo alguno; no hubo ningún guerrero numantino que pudiera ser conducido encadenado; botín, como de hombres paupérrimos, ninguno; las armas las quemaron ellos mismos. El triunfo fue solamente de nombre.

Floro.

 


La democracia tiene un defecto congénito que se debe corregir desde fuera de ella: se declara la guerra cuando se es el más débil y se firma la paz cuando se es el más fuerte.

Tito
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Voy a leerlo tranquilamente ya que hay bastante info nueva que has ofrecido. Realmente me apasiona el tema, aunque mis conocimientos son limitados y a Apiano y a Livio los leí hace bastantes años ya. Los tenía un poco olvidados. Pero evidentemente parecen presentarse montones de incognitas.

 

Gran trabajo!

 


Bernardo Pascual
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Guardia Pretoriano
Desde: 22 Ene 2016
 La campaña de Lucio Mummio,
el inicio de la guerra.
 

La propretura de Lucio Mummio en Hispania, pese a una documentación más que suficiente, todavía supone un reto. Yo estoy convencido de que no se escribió mucho más, aunque cambiaría bastante de oírselo contar al propio Polibio en primera persona en vez de a Apiano o Diodoro. Opino que las dos o tres fuentes a las que recurre Apiano, de forma indirecta, todas provienen de él.

Lucio Mummio, por si alguien no lo sabe, años después tuvo el honor de destruir Corinto. Acabó para siempre con la libertad de los griegos. Existe la famosa anécdota de que al embalar los trofeos, advirtió a sus esclavos: “Al que rompa una de estas obras de arte se la haré pagar de su bolsillo”. Entre la nobleza, por su condición de hombre nuevo, gozaba de fama de rústico, lo cual no quita para considerarlo un destacado general.

A la Península Ibérica, sin embargo, llegó joven y con tropas bisoñas, y se metió de lleno en un avispero cuya magnitud todavía se desconocía. Estamos en el año 154 antes de Cristo.

 

“Por este tiempo otra tribu de los iberos autónomos, los llamados lusitanos, bajo el liderazgo de Púnico, se dedicaron a devastar los pueblos sometidos a Roma, y después de haber puesto en fuga a sus pretores Manilio y Calpurnio Pisón, mataron a seis mil romanos y, entre ellos, al cuestor Terencio Varrón. Púnico, envalentonado por estos hechos, hizo incursiones por toda la zona que se extendía hasta el océano y, uniendo a su ejército a los vettones, puso sitio a una tribu vasalla de Roma, los llamados blastofenicios. Se dice que Aníbal el cartaginés había asentado entre ellos algunos colonos traídos de África y que, a causa de esto, reciben el nombre de blastofenicios. Púnico, golpeado en la cabeza por una piedra, murió y le sucedió en el mando un hombre llamado Césaro. El tal Césaro entabló combate con Mummio que venía desde Roma con otro ejército y, al ser derrotado, huyó. Pero como Mummio lo persiguió de manera desordenada, giró sobre sí mismo y haciéndole frente dio muerte a nueve mil romanos, volvió a recuperar el botín que le había sido quitado y su propio campamento, al tiempo que también se apoderó del de los romanos y cogió armas y muchas enseñas que los bárbaros pasearon en son de burla por toda Celtiberia.

Mummio se dedicó a hacer ejercicios de entrenamiento dentro del campamento con los cinco mil soldados que le quedaban, temeroso de salir a campo abierto antes de que los soldados hubieran recobrado de nuevo su coraje. Esperó allí a que los bárbaros pasaran con una parte del botín que le habían arrebatado, cayó sobre ellos de improviso y, tras haber dado muerte a muchos, recobró el botín y las enseñas. Los lusitanos del otro lado del río Tajo y aquellos que ya estaban en guerra con los romanos, cuyo jefe era Cauceno, se pusieron a devastar el país de los cuneos que estaban sometidos a los romanos y tomaron Conistorgis, una ciudad importante de ellos. Atravesaron el océano junto a las Columnas de Hércules y algunos hicieron incursiones por una parte de África y otros sitiaron la ciudad de Ocilis. Mummio los siguió con nueve mil soldados de infantería y quinientos jinetes, mató a unos quince mil de los que estaban entregados al saqueo y a algunos otros, y levantó el asedio de Ocilis. Después se topó, casualmente, con los que llevaban el producto de su rapiña y los mató a todos, de tal manera que ni siquiera logró escapar un mensajero de esta desgracia. Tras haber entregado al ejército el botín que podían llevar consigo, el resto lo quemó como ofrenda a los dioses de la guerra. Y Mummio, una vez que finalizó su campaña, regresó a Roma y fue recompensado con el triunfo.”

Apiano, Sobre Iberia, 56-57.

 

Este fragmento, como ya es habitual en Apiano, lo ha sacado de dos autores anteriores, pero prácticamente se ha limitado a reproducirlos a continuación uno de otro. El suceso que se narra es exactamente el mismo. Sólo cambian los nombres. Podrían tratarse incluso del original y una adaptación posterior, por ejemplo, Polibio y Tito Livio. Compárense por separado.

 

Fuente A

Por este tiempo otra tribu de los iberos autónomos, los llamados lusitanos, bajo el liderazgo de Púnico, se dedicaron a devastar los pueblos sometidos a Roma, y después de haber puesto en fuga a sus pretores Manilio y Calpurnio Pisón, mataron a seis mil romanos y, entre ellos, al cuestor Terencio Varrón. Púnico, envalentonado por estos hechos, hizo incursiones por toda la zona que se extendía hasta el océano y, uniendo a su ejército a los vettones, puso sitio a una tribu vasalla de Roma, los llamados blastofenicios. Se dice que Aníbal el cartaginés había asentado entre ellos algunos colonos traídos de África y que, a causa de esto, reciben el nombre de blastofenicios. Púnico, golpeado en la cabeza por una piedra, murió y le sucedió en el mando un hombre llamado Césaro. El tal Césaro entabló combate con Mummio que venía desde Roma con otro ejército y, al ser derrotado, huyó. Pero como Mummio lo persiguió de manera desordenada, giró sobre sí mismo y haciéndole frente dio muerte a nueve mil romanos, volvió a recuperar el botín que le había sido quitado y su propio campamento, al tiempo que también se apoderó del de los romanos y cogió armas y muchas enseñas que los bárbaros pasearon en son de burla por toda Celtiberia.

Mummio se dedicó a hacer ejercicios de entrenamiento dentro del campamento con los cinco mil soldados que le quedaban, temeroso de salir a campo abierto antes de que los soldados hubieran recobrado de nuevo su coraje. Esperó allí a que los bárbaros pasaran con una parte del botín que le habían arrebatado, cayó sobre ellos de improviso y, tras haber dado muerte a muchos, recobró el botín y las enseñas.

 

Fuente B

Los lusitanos del otro lado del río Tajo y aquellos que ya estaban en guerra con los romanos, cuyo jefe era Cauceno, se pusieron a devastar el país de los cuneos que estaban sometidos a los romanos y tomaron Conistorgis, una ciudad importante de ellos. Atravesaron el océano junto a las Columnas de Hércules y algunos hicieron incursiones por una parte de África y otros sitiaron la ciudad de Ocilis. Mummio los siguió con nueve mil soldados de infantería y quinientos jinetes, mató a unos quince mil de los que estaban entregados al saqueo y a algunos otros, y levantó el asedio de Ocilis. Después se topó, casualmente, con los que llevaban el producto de su rapiña y los mató a todos, de tal manera que ni siquiera logró escapar un mensajero de esta desgracia. Tras haber entregado al ejército el botín que podían llevar consigo, el resto lo quemó como ofrenda a los dioses de la guerra. Y Mummio, una vez que finalizó su campaña, regresó a Roma y fue recompensado con el triunfo.”

 

Además de Apiano, pervive el relato de Diodoro. Incide en lo mismo pero amplia la información.

 

“Llama también a los iberos, lusitanos. Pues dice que Memmio fue enviado a España como pretor con un ejército, pero los lusitanos, girándose contra él y tomándole desprevenido y acabado de desembarcar, le vencieron en una batalla y le destruyeron la mayor parte del ejército. Divulgado este éxito entre los iberos, los arévacos, considerándose muy superiores a los iberos, despreciaron a sus enemigos, y la multitud reunida en pública asamblea decidió por esta causa hacer la guerra a los romanos.”

Diodoro, 31, 42.

 

Y no hay más cera que la que arde.

 

 

Unas pistas:

 

Consitorgis es la Astúrica conisca, la Oxtraca de Apiano, Medellín.

La clave está en Ocili o Axinio. Se trata de ubicar esa ciudad. Para nada se puede desplazar a África, ya que vuelve a aparecer dos veces más. Yo no se griego, pero entiendo que de los dos grupos, uno pasó a África y el otro se dirigió contra Ocili.

 Λυσιτανῶν δ᾽οἱἐπὶθάτερα τοῦΤάγου ποταμοῦ, κἀκεῖνοι Ῥωμαίοις πεπολεμωμένοι, Καυκαίνου σφῶν ἡγουμένου Κουνέους ἐπόρθουν, οἳῬωμαίοις ἦσαν ὑπήκοοι, καὶπόλιν αὐτῶν μεγάλην εἷλον Κονίστοργιν. Παράτε τὰς στήλας τὰς Ἡρακλείους τὸν ὠκεανὸν ἐπέρων, καὶοἱμὲν τὴν ἄλλην Λιβύηνκατέτρεχον, οἱδ᾽Ὀκίλην πόλιν ἐπολιόρκουν. 

 

El puerto más cercano a Toledo se encuentra en Córdoba, pero desde Segovia se forma un triángulo equilátero con Valencia. No hay otro puerto más próximo, .Aunque Polibio que estuvo en Segovia, conocía Cartagena, o eso dice.

Los romanos siempre venían del sur, y por el camino reclutaban tropas. Las referencias siempre aluden al Tajo y la Carpetania. Los célebres campamentos del Ebro no se mientan nunca. Schulten lo saca por la lógica de que el grueso de la tropa, al menos, hacía todo el camino a pata. Menos mal que les puso cerca Segeda. Pues mira por donde, Lucio Mummio llegó en barco, con un ejército nuevecito. Ningún escrito sobre la guerra de Numancia menciona jamás ni el Ebro ni Tarragona, sin embargo el Tajo y Córdoba aparecen varias veces.

 


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juan el que piensa
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Legionario Inmunis
Desde: 5 Dic 2015

Mi queridos Bernardo y Tito, por más que quisiera no puedo emitir la más mínima opinión al respecto, porque mis conocimientos sobre este tema equivalen a los de un chimpacé en física cuántica. Cero, pero me saco el sombrero ante la claridad de vuestras exposiciones extremadamente precisas y demostrando una erudicción sobre lo que escriben digna de un experto. Muchachos lo que han escrito tiene un valor didactico fantástico, para quienes como yo apenas si teniemos referencia al tema resulta de lo más esclarecedor, sumado que además de los propios acontecimientos, está la crítica textual de los relatos y esa interesante teoría de pocos cronistas y muchos historiadores. Algo que a lo largo de la historia, sobre todo la antigua, aunque en otras épocas también se encuentra esto parece ser más habitual de lo que creemos. Muchachos lo escrito sinceramente me ha resultado de mucho provecho, en realidad me han despertado el interés si bien no especificamente o exclusivamente en este tema, sobre toda la historia antigua de la Península Íberica, que mis años de estudio de esta materia he cometido el grave error de dejar de lado. Un fuerte abrazo.

Bernardo Pascual
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Guardia Pretoriano
Desde: 22 Ene 2016

 Atentos a la siguiente maniobra. Schulten identificó Ocili con Medinaceli. En un principio le vino muy bien para consolidar al Poyo de Mara como Segeda. Con el tiempo, sin embargo, se han dado cuenta de que no encaja, que Medinaceli es la entrada desde Valencia o desde Córdoba. La cuestión ya no está en que la hayan desestimado después de haberla utilizado, sino que para ello han recurrido a desenterrar un mito medieval, el de Medina Salim. Se han posicionado en un extremo y luego han saltado con idéntico fanatismo al otro, sin ninguna discrepancia.

 

 Todos estos topónimos coinciden con transcurridos lugares de paso y destacados castillos. Imaginemos que se les hubiesen ido poniendo a lo largo de dos milenios, con intervalos de unos trescientos años. Estarían haciendo referencia a un pueblo, y por eso mutaría el significante pero mantendrían el significado, logrando de esta manera reproducirse sin interferir entre ellos. Los celtas la llamaron Ocili, los romanos Axinio, los árabes Gómara y los cristianos Soria. 

 En principio, desconozco si se trata de Medinaceli, me inclino más hacia Osma, pero en ningún caso niego por ello la etimología de la ciudad califal. No hay nada menos fiable que las etimologías.

 

 

 "Al año siguiente, llegó como sucesor en el mando de Nobílior, Claudio Marcelo con ocho mil soldados de infantería y quinientos jinetes. Logró cruzar con suma precaución las líneas de los enemigos que le habían tendido una emboscada y acampó ante la ciudad de Ocilis con todo su ejército."

Apiano.

 

 Almanzór al menos utilizó Medinaceli para ese propósito concreto, eludir las montañas.  Según dicen, Aníbal cruzó por Ávila. Sin duda debió enfocarlo también como un entrenamiento. Faltaban dos años para la invasión de Italia. En cualquier caso, no se lo recomendaría a ningún general. Napoleón, que no Mola, también forzó la entrada, pero en sentido contrario. Bueno, sí que mola pero no me refería a eso. Muy significativa también la razzia de Mio Cid al poco de ser desterrado, cuando irrumpe por el Henares desde la Sierra Pela, con Minaya Álvar Fáñez adelantándose con la caballería. Esta a los italianos también les falló, aunque nadie negará que no lo han intentado desde los dos lados.

 


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Bernardo Pascual
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Guardia Pretoriano
Desde: 22 Ene 2016

juan el que piensa ha escrito

Mi queridos Bernardo y Tito, por más que quisiera no puedo emitir la más mínima opinión al respecto, porque mis conocimientos sobre este tema equivalen a los de un chimpacé en física cuántica. Cero, pero me saco el sombrero ante la claridad de vuestras exposiciones extremadamente precisas y demostrando una erudicción sobre lo que escriben digna de un experto. Muchachos lo que han escrito tiene un valor didactico fantástico, para quienes como yo apenas si teniemos referencia al tema resulta de lo más esclarecedor, sumado que además de los propios acontecimientos, está la crítica textual de los relatos y esa interesante teoría de pocos cronistas y muchos historiadores. Algo que a lo largo de la historia, sobre todo la antigua, aunque en otras épocas también se encuentra esto parece ser más habitual de lo que creemos. Muchachos lo escrito sinceramente me ha resultado de mucho provecho, en realidad me han despertado el interés si bien no especificamente o exclusivamente en este tema, sobre toda la historia antigua de la Península Íberica, que mis años de estudio de esta materia he cometido el grave error de dejar de lado. Un fuerte abrazo.

 Agradezco mucho tu interés, Juan el que piensa, porque además he tratado un poco de emularte. Tu idea, ya te lo dije, me pareció muy buena. 

 


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Bernardo Pascual
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Guardia Pretoriano
Desde: 22 Ene 2016

 ¿Dedicó Polibio un monográfico a la guerra de Numancia?

 

Esta afirmación de Cicerón viene provocando una gran polémica. En principio se trata de la palabra del uno contra la del otro, la de Polibio contra la de Marco Tulio. El propio Polibio, de hecho, lo desmiente al fijar como límite de su obra la caída de Grecia, anterior a la guerra de Numancia, pero, por si fuera poco, sorprende mucho más la similitud de cierta expresión utilizada por ambos autores. Según la cita posterior, Polibio desglosa de su Historia una guerra concreta, la de Numancia. Pues bien, eso, y tal vez aquí esté la clave, también lo dice el aludido, aunque en ningún momento menciona la ciudad en cuestión. Es el romano quien se precipita al darlo por sentado, al identificar erróneamente la guerra de fuego (155-151 a. C.) con la guerra de Numancia (143-133 a. C.).

 

“O como hicieron muchos autores griegos que desglosaron de su historia general la historia de una guerra en particular, como Calístenes la guerra de Focea, Timeo la de Pirro, Polibio la de Numancia.”

Cicerón, Ad fam., 5, 12, 2

 

 

“Por eso la culminación de esta historia será conocer cuál fue la situación de cada pueblo después de verse sometido, de haber caído bajo el dominio romano, hasta las turbulencias y revoluciones que, después de estos hechos, se han producido. En vistas a la importancia de las acciones que entonces se desarrollaron y al carácter extraordinario de los acontecimientos, pero también –y esto es lo más importante- en razón del hecho de que yo he sido no solamente espectador, sino unas veces colaborador y otras dirigente, he emprendido la redacción, por así decir, de una historia nueva, tomando un punto de partida nuevo también.

Los trastornos a que me refería son los siguientes: los romanos hicieron la guerra a los celtíberos y a los vacceos, mientras que los cartagineses guerrearon contra Masinisa, rey de Libia. En Asia, Átalo y Prusias se combatían mutuamente y el rey de Capadocia, Ariarates, expulsado de su trono por Orofernes con la ayuda del rey Demetrio, recuperó el reino que le legara su padre apoyado por Átalo. Por otro lado, Demetrio, hijo de Seleuco, tras reinar en Siria durante doce años, perdió a la vez la vida y el imperio, al coaligarse contra los demás reyes. Y también los romanos levantaron la acusación de que habían sido objeto los griegos inculpados en la guerra de Perseo y les reintegraron a sus países. Y los mismos romanos atacaron, poco tiempo después, a los cartagineses, con el propósito, primero, de forzarles a expatriarse, y después de aniquilarles totalmente, por las causas que se expondrán a continuación. Paralelamente a estos hechos, al romper los macedonios la amistad con los romanos y abandonar los lacedemonios la Liga aquea, se inició el proceso que conduciría a la ruina total de Grecia.

De modo que éste es nuestro plan. Pero aún depende de la Fortuna que mi vida dure lo suficiente para llevar nuestro propósito hasta el final. Sin embargo, estoy convencido de que si nos ocurre lo que es propio de los hombres, el proyecto no quedará en el aire ni le faltarán hombres cabales; su belleza atraerá a muchos que lo tomarán bajo su responsabilidad y se esforzarán por llevarlo a cabo.”

(Polibio, Libro III, 4-5.)

 


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Tito
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Desde: 15 Ago 2009

Siento desviar un poco el tema, pero debido a que en su día estuve investigando este asunto querría pedirte tu opinión. ¿Cuando Polibio se refiere a Massinisa, el rey numida, como rey de Libia, a qué crees que se refiere? ¿Consideras que Libia era un término geográfico genérico que se aplicaba a todas las tierras africanas del litoral o cercanas a ella? Muchos autores siempre han considerado que los llamados libiofenicios eran colonos fenicios de esos litorales y también de tierras hispanas. Yo mantenía un poco la teoría contraria: que eran habitantes originarios de los litorales africanos de ascendencia bereber asimilados en cierta manera por los fenicios a su cultura e integrados en el "imperio" cartaginés. Un poco equiparable a lo que hizo Roma con otros pueblos itálicos.

 


Bernardo Pascual
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Desde: 22 Ene 2016

 Pienso que la palabra Libia significa “sur”, y que se refiere a toda África. El sur, en euskera ego, en ruso yugo, aparece también en los egeos, en los aquitanos, en los ubios y los nubios, y tal vez en los egletes y los egipcios. Al yugo de los bueyes también se le llama ubio, y el pronombre latino ego evolucionó a yo.

En cuanto a la extensión del reino de Masinisa, dudo que tuviese salida al mar por el norte, aunque este asunto lo toco de forma muy tangencial. Ahora está empezando a interesarme. De hecho, no he leído todavía la guerra de Yugurta. En PDF el libro es defectuoso. Al final me lo voy a tener que comprar.

Apiano dice que a los libiofenicios de Hispania o bastofenicios los instaló allí Aníbal, supongo que como vasallos. Sífax promovió una gran rebelión de númidas en la Península, lo cual apoyaría la propuesta de Tito. En el caso de los Emporios, sin embargo, parece más bien que se produce una mezcla, o mejor dicho, una convivencia. Se podría comparar un poco con la distinción en aquella misma época entre romanos e itálicos.  

En todo caso, Cartago no se pudo construir sólo con el aporte genético cananeo.

 


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Bernardo Pascual
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Guardia Pretoriano
Desde: 22 Ene 2016

 …Parece que en ese momento la distinción entre cartagineses y provincianos había sustituido ya a la anterior entre africanos y fenicios. A todos ellos se les puede llamar púnicos. La aculturación fue mayor incluso que el mestizaje. Estoy totalmente de acuerdo contigo, Tito.

Al ubicarse Cirta, la capital de Sífax y posteriormente la de Masinisa, al suroeste de Cartago, en la actual Constantina, el reino de Gala, el padre de Masinisa, debería quedar al este o al oeste. En cuanto que una parte del reino de Sífax es heredada por Arcobarzanes y en la costa oriental se encuentran los Emporios, se deduce que Masinisa en un principio carecía de salida al mar.

“Masinisa se dio cuenta de que los cartagineses estaban desacreditados y además desavenidos entre sí, pues el senado recelaba de los principales debido a sus contactos con Aristón, y el pueblo recelaba del senado a causa de la denuncia del mismo Aristón. Entonces pensó que era un buen momento para una agresión, arrasó la zona costera y obligó a algunas ciudades tributarias de los cartagineses a pagarle tributo a él. Emporios es el nombre que dan a aquella comarca; es la zona costera de la Sirte menor, de fértil suelo; su única ciudad, Lepcis, estuvo pagando a los cartagineses un tributo de un talento por día.”

Livio, Libro XXXIV, 60-62.

 


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