La guerra de Numancia

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Bernardo Pascual
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Desde: 22 Ene 2016

 Masinisa tenía familiares en Cartago, los cuales incluso combatieron contra él. Por otro lado, también se había casado con una aristócrata cartaginesa, la misma a la que antes desposara Sífax. Los cuarenta partidarios de Masinisa expulsados de Tapso integraban el gobierno colaboracionista de esa ciudad, todos ellos sin duda también aristócratas púnicos.

No te desvías del tema, Tito. Como ya he dicho, la guerra de fuego sólo se entiende en el contexto de los prolegómenos de la tercera guerra púnica.

Tito
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Muy esclarecedor. Gracias Bernardo.

 


Bernardo Pascual
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Guardia Pretoriano
Desde: 22 Ene 2016

 Añadiré algo más sobre esta cuestión africana, unos datos curiosos deducidos a partir de la contrastación de tres fragmentos, el ya trascrito de Tito Livio, ahora ampliado, otro de Apiano y un tercero de Polibio.

 

“Masinisa se dio cuenta de que los cartagineses estaban desacreditados y además desavenidos entre sí, pues el senado recelaba de los principales debido a sus contactos con Aristón, y el pueblo recelaba del senado a causa de la denuncia del mismo Aristón. Entonces pensó que era un buen momento para una agresión, arrasó la zona costera y obligó a algunas ciudades tributarias de los cartagineses a pagarle tributo a él. Emporios es el nombre que dan a aquella comarca; es la zona costera de la Sirte menor, de fértil suelo; su única ciudad, Lepcis, estuvo pagando a los cartagineses un tributo de un talento por día. Por esta época, Masinisa había hostilizado toda la región, y, con respecto a una parte de la misma, había conseguido que se pusiera en duda si pertenecía a su reino o a los cartagineses. Y como se enteró de que éstos pensaban acudir a Roma para defenderse de las acusaciones y al mismo tiempo para presentar quejas contra él, envió a su vez a Roma embajadores para incrementar la gravedad de los cargos con nuevas sospechas y al mismo tiempo discutir la legitimidad de los tributos. Los cartagineses, oídos en primer lugar en relación con el visitante tirio, sembraron en los senadores la inquietud ante la perspectiva de tener que combatir con Antíoco y con los cartagineses al mismo tiempo. La sospechosa circunstancia de que no hubiesen tenido bajo vigilancia, tanto a él como a su nave, a quien habían detenido y pensaban enviar a Roma, agravaba la acusación contra ellos. Luego, con los embajadores del rey, se abrió la discusión acerca del territorio ocupado. Los cartagineses basaban la defensa de su causa en el derecho de fronteras, porque estaba dentro de los términos con que Publio Escipión había delimitado, después de su victoria, un territorio que legalmente pertenecía a los cartagineses; y la basaban también en el hecho de que el rey así lo había reconocido, pues cuando perseguía a Aftir, que había huido de su reino y vagaba por los alrededores de Cirenas con un grupo de númidas, les había pedido permiso para pasar por aquel territorio precisamente, dando por hecho que era jurisdicción cartaginesa sin la menor duda. Los númidas, por un lado acusaban de mentir en lo referente a la fijación de límites hecha por Escipión, y por otro decían que si se quería llegar hasta los verdaderos orígenes de aquel derecho, ¿de qué territorio de África eran realmente propietarios los cartagineses? Venidos de fuera, les había sido concedido, como favor, para construir una ciudad, el trozo de tierra que pudieran abarcar con una piel de buey cortada; todo cuanto ocupaban más allá de Bursa, su sede, era tierra ganada por la fuerza y sin derecho. Y con respecto al territorio en cuestión, no podían probar que habían ejercido su posesión no ya ininterrumpidamente desde que lo habían ocupado, sino ni siquiera durante un largo periodo de tiempo. Según las circunstancias, habían reclamado su derecho sobre el mismo unas veces ellos y otras los reyes númidas, y siempre había sido su poseedor el de mayor poder militar. Que dejasen, pues, que la situación quedase como estaba antes de ser los cartagineses enemigos de los romanos, cuando el rey de los númidas era aliado y amigo suyo, y no impidieran que fuese dueño del territorio quien era capaz de hacerlo. Se decidió responder a los diputados de ambas partes que se enviaría a África una comisión para dirimir sobre el terreno las diferencias entre el pueblo cartaginés y el rey. Enviados Publio Escipión Africano, Gayo Cornelio Cetego y Marco Minucio Rufo, oídas las partes y examinada la cuestión, lo dejaron todo en suspenso sin inclinar su veredicto a favor de ninguna de las partes. No hay certeza acerca de si lo hicieron por su propia iniciativa o porque se les habían dado instrucciones en ese sentido; sí parece claro que, dadas las circunstancias, era conveniente dejar sin resolver el enfrentamiento, pues en caso contrario, Escipión por sí solo, tanto por su conocimiento de los hechos como por su autoridad por los buenos servicios prestados a ambas partes, hubiera podido poner fin a la disputa con un simple gesto.”

Livio, Libro XXXIV, 62.

 

“Así termino la segunda guerra entre romanos y cartagineses, que comenzó en Iberia y acabó en África, de acuerdo con los tratados ya expuestos, que incluían a la propia Cartago. Esto sucedió en la ciento cuarenta y cuatro olimpíada, según el cómputo griego…

…Poco después, Masinissa provocó una disputa con motivo del territorio conocido como “los campos grandes” y del país, perteneciente a cincuenta ciudades, que llaman Tisca. A causa de lo cual los cartagineses acudieron de nuevo a recurrir ante los romanos. Y éstos les prometieron también, entonces, enviarles emisarios para el arbitraje, pero se demoraron hasta que supusieron que los intereses cartagineses se habían perdido casi por completo.”

Apiano, Sobre África, 67-68.

 

“En África, Masinisa, veía las numerosas ciudades que se habían edificado alrededor de la Pequeña Sirte y la fertilidad de la región llamada Emporia; ya desde tiempo atrás la suma de los ingresos producidos por estos parajes hacia que los contemplara codiciosamente; no mucho antes del tiempo que ahora nos ocupa determinó probar a los cartagineses. Se adueñó del país rápidamente, porque dominaba todos los territorios deshabitados, y los cartagineses, siempre poco dados a las operaciones terrestres, estaban entonces absolutamente enervados debido a la larga paz. No logró  apoderarse de las ciudades, porque los cartagineses las vigilaban cuidadosamente. Ambos bandos presentaron al senado romano la cuestión discutida y llegaron con frecuencia mensajeros de uno y otro lado, y siempre ocurrió que ante los romanos los cartagineses llevaron cada vez la peor parte, y ello sin razón alguna, sólo porque los órganos decisorios creían que una opinión así beneficiaba a Roma: no hacía mucho tiempo que el mismo Masinisa, cuando perseguía a un vasallo suyo rebelde, Apter, pidió a los cartagineses paso por este país, que no le fue concedido porque ellos pensaban que la cosa no les importaba nada. Y, al final, los cartagineses, en el tiempo de que ahora hablo, se vieron tan agobiados por las decisiones del senado, que no sólo perdieron las ciudades y el territorio, sino que encima debieron abonar quinientos talentos por las rentas devengadas durante el periodo en que los territorios estuvieron en disputa.”

Polibio, Libro XXXI, 21.

 

 

  1. Dado que los tres autores coinciden, la primera agresión de Masinisa, la primera invasión de los Emporios, hay que datarla, siguiendo a Tito Livio, el único que da fechas concretas, en el 193 antes de Cristo.
  2. Las cincuenta ciudades de Apiano son los Emporios, el país de Tisca, corrupción ésta de Tapso. Livio, por su parte, sustituye tal nombre por el de Lepcis, la ciudad romana del interior que posteriormente capitanearía la región.
  3. Si los Emporios, como apunta Livio, reportaban a los cartagineses un talento al día, unos veinte kilos de plata, los quinientos talentos que según Polibio tuvieron que pagar a Masinisa “por las rentas devengadas durante el periodo en que los territorios estuvieron en disputa”, equivaldrían a quinientos días, los mismos por tanto que tardó el Senado en dictar sentencia.

Me gustaría poder tratar más detenidamente este periodo de entreguerras, que ni Mommsen ni mucho menos autores posteriores han llegado todavía a desentrañar. En realidad, los cartagineses y Masinisa rompieron hostilidades en dos ocasiones. Quien más tinta vierte sobre todo este asunto es Tito Livio, pero desgraciadamente su relato se interrumpe poco después de la tercera guerra macedónica, con todo, su atención se centra únicamente en el devenir de embajadas. También hay actualmente una gran carencia de precisiones geográficas. Si te interesa, Tito, aquí tienes una mina.

Bernardo Pascual
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Desde: 22 Ene 2016

 He metido la pata por jugar tanto al Rome Total War. Leptis Minor, a la que yo creo que se refiere Tito Livio, no caía hacía el interior, sino que también quedaba junto a la costa, un poco más al sur que Tapso. 

Bernardo Pascual
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 ¿Por qué se equivoca tanto Apiano con los nombres de las ciudades?

 

Ya no se trata sólo de que confunda unas con otras, Segovia con Numancia, Segovia con Nertóbriga, Numancia con Tiermes, Tiermes con Numancia, Nertóbriga con Coca, Tapso con Cartago, etc., sino que incluso, a partir del evento histórico que erróneamente se supone que tuvo lugar en éstas, llega también a sustituir unos personajes por otros. Responsabiliza a Lúculo de la matanza de lusitanos, en este caso de vacceos, o identifica a Caro o Cáuciro, en lugar de su hijo Rectugenos, como el régulo celtíbero que se replegó hacia Numancia. Se puede decir que oye campanadas y no sabe de dónde vienen.

Pero este defecto no es exclusivo de él sino todo lo contrario. Ocurre igual con casi todos los historiadores de aquella época, Diodoro, Valerio Máximo o Floro. De hecho, sobre un mismo acontecimiento, es decir, extraído de una misma fuente, prácticamente copiado al pie de la letra, lo normal es que se alteren los topónimos. Poquísimas veces coinciden. A veces, incluso, a una misma ciudad se le aplican dos nombres distintos y, entonces, el mismo suceso también se duplica, variando algunos detalles que a simple vista lo vuelven irreconocible, como ocurre con Axinio y Ocili.

Aunque cada caso concreto ha de tener una explicación propia y particular; que se haya trascrito mal, que con el tiempo el nombre original haya sido sustituido por otro y ya nadie se acuerde del primero, que no se mencione el topónimo en el texto consultado y el investigador lo deduzca por sí mismo, que no interese tanto rigor, o que se opte por uno más conocido o que se haga una interpretación sui géneris; aunque puedan existir mil causas, digo,  la regularidad con que esto se produce implica una más general, aplicable a todos ellos. Esa es la que busco.

En los estudios actuales sobre el mismo tema, curiosamente, ocurre lo contrario. Aunque un dato esté equivocado, éste se mantiene impreso por los siglos de los siglos, y de él beberá todo el mundo. Lo que propuso Schulten, por ejemplo, ha quedado grabado en piedra como si de la palabra de Dios se tratase, pero incluso cualquier gazapo de imprenta persistirá para siempre. Entre los historiadores antiguos, la homologación sólo se da de forma tardía y muy tímida, mediante la adopción de ciertos tópicos, como el de convenir todos en llamar Contrebia a la capital de los celtíberos, un mero convencionalismo, alejado por lo demás de la realidad.

Así pues, se deduce, parodiando a Nietzsche, que las virtudes de unos se convierten en vicios para otros. Un poco del excesivo academicismo reinante hoy en día les habría venido muy bien a los romanos, al igual que tampoco perjudicaría en la actualidad una pizca del anarquismo científico de aquellos. En este sentido, Internet, a costa de una mayor vulgarización, ha relajado algo la tendencia.

“La letra mata, mas el espíritu vivifica.”
Corintios, 3, 6.
Bernardo Pascual
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Desde: 22 Ene 2016

Lagni, Malia y Tiermes

 

 En la fuente B del texto de Apiano sobre la campaña de Pompeyo, sorprende una segunda parte de la segunda parte muy confusa:

 

"A la vista de esto, Pompeyo marchó contra una pequeña ciudad llamada Malia, que custodiaban los numantinos, y sus habitantes mataron con una emboscada a la guarnición y entregaron la ciudad a Pompeyo. Éste, después de exigirles sus armas, así como rehenes, se trasladó a Sedetania que era devastada por un capitán de bandoleros llamado Tangino. Pompeyo lo venció y tomó muchos prisioneros. Sin embargo, la arrogancia de estos bandidos era tan grande, que ninguno soportó la esclavitud, sino que unos se dieron muerte a si mismos, otros mataron a sus compradores y otros perforaron las naves durante la travesía."

 

La interpretación actual resulta evidente, pero yo voy a proponer una alternativa:

Pompeyo ataca primero Tiermes. Ya hemos comentado que los romanos venían siempre del sur. Tiermes ocupaba un punto estratégico en las rutas que unen Medinaceli con Segovia y Toledo con Numancia. En ese momento en la Sedetania actuaba un bandido llamado Tangino.

Se da por sentado que la Sedetania se corresponde con la parte de Zaragoza, Ebro para abajo, e incluso ya más hacia Valencia, vamos, el este, pero en este caso podría tratarse de la Ceretania Soriana, valga la redundancia, y el tal Tangino no ser otro que Rectugenos, cuyos nombres no hay duda de que se parecen mucho. Saltar de un escenario a otro tan súbitamente no convence demasiado.

Mientras sitiaba la ciudad de Malia (¿Tiermes?), donde resistía una guarnición dejada por Rectugenos, Pompeyo devastó el territorio y llegó en sus correrías hasta Numancia, a donde volvería otra vez después de tomar Tiermes. Tanto el régulo segoviano como el cónsul romano, por tanto, procedían de fuera y tuvieron que someter a la población.

Aquí surge el dilema. Diodoro y Apiano se contradicen. ¿Con quién se han de identificar aquellos esclavos tan intrépidos que hundieron las naves, con los hombres de Rectugenos o con los mismos vecinos de Tiermes y sus alrededores? Un servidor opina que Diodoro se permite esta vez una licencia poética.

Esto se llama rizar el rizo. Acuso al anónimo autor de este fragmento de cometer el mismo delito que su plagiador. El topónimo Malia es anterior a los de Tiermes y Numancia, es decir, Rutilio Rufo no mencionaría estos últimos porque seguramente estas ciudades todavía no se llamaban así. Por tanto, no pueden aparecer Numancia y Malia en un mismo original. 

Bernardo Pascual
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Desde: 22 Ene 2016

 El campamento de Renieblas

 

Los romanos, en Numancia, tenían un serio problema a causa de los pantanos y barrancos. El campamento del Castillejo no se podía abastecer desde el de Peña Redonda, pues el camino pasaba muy cerca de la ciudad. De este modo, el primero no servía para nada una vez que se instalaban en el segundo. Así pues, el nudo de comunicaciones pasó a Renieblas, un punto apartado y desde el que se controlaba toda la llanura, además que interfería con Lutia, la ciudad más cercana.

Se llama Lutia o Contrebia Leucade porque pertenecía ya a los lusones, los celtíberos del Ebro, para muchos autores los celtíberos por antonomasia. Seguramente, estos topónimos salían de los campamentos: Lutia, Belucia, Titulcia, aludiendo a las famosas tribus. 

Bernardo Pascual
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Desde: 22 Ene 2016

El jefe de los numantinos

 

Rectugenos acababa de contraer matrimonio, cuando llegaron a Segovia emisarios romanos reclamando auxiliares de caballería. Su padre, el anciano Cáuciro, fue uno de los que se opusieron. Todos sabían que esas tropas acabarían en África. Por esas fechas, un condotiero púnico también reclutaba mercenarios en la Bastetania.

Rectugenos luchó junto a su padre y también estuvo, tras la muerte de éste, a las órdenes de su tío Letondo. Cuando se firmó la paz con Marcelo, su mujer y sus hijos fueron conducidos a Córdoba en calidad de rehenes.

Durante las guerras siguientes contra vacceos y lusitanos, comandó la caballería auxiliar. Viriato le infringiría una severa derrota unos años después. Rectugenos, no obstante, con sus éxitos y fracasos, fue ganando fama.

Cuando Viriato conquistó Córdoba, liberó a los rehenes. Por entonces, Rectugenos se encontraba en campaña con el cónsul, por lo que también marchó junto a él contra Segovia para reprimir la revuelta. En este caso fueron sus hijos, expuestos en la muralla a los tiros de catapulta, los que detuvieron a Coriolano.

Su arrepentimiento salvó a Segovia, aunque poco después ésta caería presa de las artimañas de Metelo. Rectugenos, convertido en un proscrito, se refugió entonces en el alto Duero, estableciendo su campamento base en Numancia, un lugar excepcionalmente protegido por la naturaleza.

Derrotó a muchos generales romanos, obligándolos a pasar por las horcas caudinas, pero al final fue cercado por Publio Cornelio Escipión Emiliano. Durante aquel invierno, el más grande de los arévacos atravesó de noche la circunvalación para solicitar ayuda entre los pueblos vecinos. Esta sería su última hazaña. Ya no se sabe más de él.

En los últimos días ya no parece estar presente, ya que todo indica que hubo una división entre los resistentes, acaso entre los fugitivos y los del lugar. Un tal Avaros intentó negociar la paz y los suyos mismos lo mataron, temiendo acaso no la firmase por separado.

Bernardo Pascual
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Desde: 22 Ene 2016

MAPAS HISTÓRICOS DE LA GUERRA DE FUEGO


 

 

 

Bernardo Pascual
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Desde: 22 Ene 2016

 La caída de Segovia

 

¿Qué artimaña usó Metelo? Estoy empezando a pensar que pudo haber hecho una maniobra de despiste por el este, y atacar directamente Segovia al mismo tiempo, engañando a los celtíberos.