Pueblos del mar

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Caronte
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Legionario Inmunis
Desde: 7 Ago 2015

Un tema este evocador como pocos, tiene todos los ingredientes para una superproducción Hollywoodiense: actores oscuros perdidos en la bruma de la historia, solidos imperios caidos a los pies de estos enemigos salidos de la nada...hasta un nombre impactante. Los pueblos del mar, pero; ¿realmente este concepto encierra una realidad histórica o, como muchas otras nociones históricas de la Antigüedad (la cuna de la civilización, la edad oscura griega) reconstruye un supuesto y monumental palacio a partir de unos escasos pedazos de madera que nos ha legado la historia?...metafóricamente hablando.

 

¿Qué habéis leido del tema, que opináis al respecto?.

 


El hombre, en su soberbia, creo a Dios a su imagen y semejanza.

Bernardo Pascual
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Guardia Pretoriano
Desde: 22 Ene 2016

 A lo largo de la Prehistoria, el Mediterráneo pasó de constituir una barrera natural a convertirse en un importantísimo nudo de comunicaciones. Este proceso, que duró decenas de miles de años, alcanzó su punto de inflexión durante la Edad del Bronce. A partir de ese momento el comercio y el transporte marítimos superaron definitivamente al terrestre. Sobrevino entonces la crisis del Bronce Final, una reestructuración geopolítica que llevó consigo el hundimiento o la decadencia de los antiguos imperios continentales, grandes migraciones y la aproximación de los centros de poder a la costa. En un sentido metafórico, aunque no muy desencaminado, del fondo del mar emergió una nueva civilización. La unificación cultural y económica se completaría mil años después con la unificación política bajo el Imperio Romano. Esta primera fase, no obstante, la del Bronce Final, fue una época de descubrimientos, de piratería y de revoluciones, muy romántica ciertamente, durante la cual, de hecho, se forjaron los principales mitos del periodo clásico, la caída de Troya, Tartessos, el Éxodo, etc.

Otro elemento también muy importante fue la intensificación de contactos entre Europa y Asia. Los europeos entraron por primera vez en la Historia. Los pueblos del mar, a parte de sus muchos nombres, tenían uno que los identificaba a todos ellos: iberos. Habiru y Apiru son variantes del mismo que aparecen en textos egipcios y mesopotámicos ya desde el Tercer Milenio antes de Cristo. A los europeos se les conocía como iberos o hebreos. El gentilicio iberos proviene del superlativo iperea, “la más alta”, calificativo que en tiempos prehistóricos se daba a la Estrella Polar, por ocupar ésta el cénit de la bóveda celeste. Su etimología guarda relación con el euskera ipar y el ruso siber, “el norte”. La misma raíz, evro, se encuentra en el topónimo Europa. Si los españoles acabamos adueñándonos del término se debe, como dice Apiano, a que la extensión de la Península es demasiado grande como para tratarse de un solo país, es decir, si no fuésemos españoles, y en aquel tiempo todavía no existía España, en conjunto sólo podríamos ser europeos. No hay que olvidar que los griegos ubicaban a los iberos, tanto en el extremo occidental del Mediterráneo, como en el extremo oriental del Mar Negro, precisamente la periferia europea de su área de expansión colonial. Del interior no sabían casi nada, apenas relatos fantásticos.

A causa de una aféresis, es decir, de la pérdida de la vocal inicial, iberos mutaría en bóreos, de donde viene boreal. De aquí provienen muchos otros gentilicios: dorios, berones, vettones, béticos, vacceos, vascos, belos, palestinos, filisteos, pelendones, palentinos, belgas, britanos, bretones, varegos, bálticos, etc., tal vez incluso vikingos, aunque aquí ya aventuro demasiado. En cualquier caso, de iberos, en su versión esdrújula, también deriva el gentilicio jíbaros, seguramente formulado, muchos siglos después, por un anónimo conquistador no falto de cierto desparpajo, quien creyó ver algún parecido entre los salvajes del Amazonas y sus más remotos ancestros.

 


La democracia tiene un defecto congénito que se debe corregir desde fuera de ella: se declara la guerra cuando se es el más débil y se firma la paz cuando se es el más fuerte.

Caronte
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Legionario Inmunis
Desde: 7 Ago 2015

Saludos Bernardo,

Sobre el primer párrafo, entiendo que presentas un proceso poco definido y general de reestrucuración a gran escala político, económico e incluso ecológico. Coincido contigo. Lo que aún falta por determinar son las causas la ruina de esos imperios, grandes migraciones, etc. Puede que como apuntas, precisamente en la grandeza de los imperios estuviese el germen de su destrucción: promover un crecimiento económico, con el comercio marítimo, que propiciase una proliferación descontrolada de población no sujeta a control por los poderes nacionales (piratas), que finalmente ahogasen a unos centros de poder que no estaban preparados para contenerlos.

 

Más específicamente lo que pretendía en este debate era contraponer esta imagen global y difusa, de escasas certezas, de la que acabamos de hablar, con el personalismo "dramatizador" que, según mi impresión, se ha buscado con la noción de "pueblos del mar", dentro de una corriente de hacer historia donde parece que se necesita siempre un actor definido para representar cierto evento histórico con las dosis de interés apropiadas.

 

En cuanto a las deducciones etimológicas que expones a continuación...admito que me he quedado perplejo jeje.

 

¡¡Un saludo!!

 


El hombre, en su soberbia, creo a Dios a su imagen y semejanza.

Bernardo Pascual
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Guardia Pretoriano
Desde: 22 Ene 2016

 Voy a tratar de ser mas concreto, incluso de poner un ejemplo, aunque la historia de Egipto la tengo ya un poco olvidada. Está claro que a lo largo de ésta los centros de poder se fueron desplazando hacia el norte, hacia el Mediterráneo, hacia la desembocadura del Nilo, y que zonas del Imperio, anteriormente marginales, como es el caso de Palestina, por su condición de encrucijadas, adquirieron paulatinamente una mayor importancia estratégica. Por supuesto, la intensificación del comercio marítimo enriqueció y fortaleció el reino,  pero, a la vez, el desarrollo económico de dichas regiones despertó anhelos independentistas, más cuando éstas se estaban integrando en un nuevo ámbito cultural, el mediterráneo, el cual, a medida que se cohesionaba, tanto más presionaba, en todos los sentidos.

¿Qué pintan en ello los pueblos del mar? Pongamos el ejemplo una ciudad de la costa, bien en el Delta o bien en Canaán, donde por el motivo que sea, por una subida de impuestos o por una ofensa inferida a su gobernador, desde mi punto de vista meras excusas, estalla una revuelta contra el faraón. En el puerto de esa ciudad hay marinos griegos o europeos, cretenses, aqueos, sicilianos, sardos, etc., con los que el citado gobernador mantiene muy buenas relaciones a causa de intereses mutuos. El ejército del rey, formado principalmente de campesinos, tardará como poco varias semanas en movilizarse, mientras que ahora estos hombres de fortuna, estos aventureros exóticos, mucho más efectivos en la guerra, y ya habituales en cualquier cantina, pueden disponer la defensa con mucha mayor rapidez, e incluso garantizar por mar el avituallamiento de la plaza sitiada. Un garbanzo no hace cocido, pero en torno al siglo XII antes de Cristo se registra un estrato de destrucciones masivas en toda la cuenca mediterránea, incluida por lo visto la Península Ibérica.

Según las ciudades se sublevaban, se convertían en guaridas de piratas, por lo que el proceso se retroalimentaba. Los piratas estaban creando una nación. En este sentido es muy significativo el caso de Troya, no por casualidad en la entrada misma del Bósforo, una gran empresa conjunta interpretada como el mito fundacional de la Grecia clásica. Agamenón y Ulises eran piratas en realidad, parientes sin duda de los que, por las mismas fechas, actuaban como mercenarios en el Delta del Nilo o como colonos en el Líbano. Con todo, volviendo otra vez a lo genérico, me interesa resaltar que, a partir de aquel preciso momento, hasta la actualidad, casi todos los conflictos se han decidido en el mar. No hay Estado que se precie que no sea una talasocracia, aunque tal vez en el futuro se llegue a hablar de “los pueblos del cielo”.Me refiero a las anemocracias. Con un poco de suerte, los arqueólogos se intrigarán por esa capa de escombros concentrada en los siglos XX y XXI  que afecta a  las principales ciudades del planeta. Hoy en día se llega ya casi antes desde Nueva York a Madrid que desde Soria.

Perdona si sigo sin aludir a un personaje concreto, aunque creo que he dibujado un escenario factible para esa novela.

 


La democracia tiene un defecto congénito que se debe corregir desde fuera de ella: se declara la guerra cuando se es el más débil y se firma la paz cuando se es el más fuerte.

Caronte
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Legionario Inmunis
Desde: 7 Ago 2015

Lo cierto es que he leído varias teorías al respecto...pero la que presentas es nueva para mi. Supongo que es una explicación teórica posible, aunque no acabo de ver claro cómo una ola de destrucción de la magnitud que supone "la catástrofe" surja de rebeliones aisladas que se dan casualmente en un período muy corto y a lo largo de todo el Mediterráneo oriental. ¿Qué ejemplo seguían los gobernadores que, desde una posición de prosperidad y supremacía local analizaban los resultados de las rebeliones en las ciudades vecinas?...si el resultado de las mismas era el reducir la ciudad a cenizas y destrozar el orden político-social establecido, no entiendo que ningún poder local pudiera adoptar ese camino conscientemente...

 

Considero mucho más defendible el hecho de que la destrucción fuese provocada por elementos no integrados en la estructura socio-política (olas de extranjeros desesperados, grupos de piratas organizados), que no tuviesen nada que perder con la caída de las estructuras de poder. Aunque aún quedaría por explicar como estos elementos sin una organización a gran escala pudieron hacer caer a ciudades-estado y reinos con sólidas defensas y ejércitos bien entrenados...creo que aún queda mucho por conocer de la época para que lo que vemos del puzzle empiece a cobrar sentido.

 

Un saludo.

 


El hombre, en su soberbia, creo a Dios a su imagen y semejanza.

Lu
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Guardia Pretoriano
Desde: 22 Ago 2010

Parece que podemos dar por buena su existencia. Desde el punto de vista egipcio aparecen representados en los relieves de Medinet Habu y Karnak, y en el Gran Papiro Harris, una lista de donaciones a los templos del reinado de Rameses III, en el siglo XII a.C.

En el siglo XIII a. C, el faraón Merenptah consiguió repelerlos, quedando constancia de su gesta en el templo de Amón en Karnak.

Volvieron a la carga por mar y tierra, buscando no sólo saquearlo si no también asentarse en su territorio, y fueron vencidos por las tropas de Rameses III; en los muros de su templo mortuorio se puede ver la representación de la batalla naval. 

Saludos.

Tito
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Desde: 15 Ago 2009

Bernardo Pascual ha escrito

 Voy a tratar de ser mas concreto, incluso de poner un ejemplo, aunque la historia de Egipto la tengo ya un poco olvidada. Está claro que a lo largo de ésta los centros de poder se fueron desplazando hacia el norte, hacia el Mediterráneo, hacia la desembocadura del Nilo, y que zonas del Imperio, anteriormente marginales, como es el caso de Palestina, por su condición de encrucijadas, adquirieron paulatinamente una mayor importancia estratégica. Por supuesto, la intensificación del comercio marítimo enriqueció y fortaleció el reino,  pero, a la vez, el desarrollo económico de dichas regiones despertó anhelos independentistas, más cuando éstas se estaban integrando en un nuevo ámbito cultural, el mediterráneo, el cual, a medida que se cohesionaba, tanto más presionaba, en todos los sentidos.

¿Qué pintan en ello los pueblos del mar? Pongamos el ejemplo una ciudad de la costa, bien en el Delta o bien en Canaán, donde por el motivo que sea, por una subida de impuestos o por una ofensa inferida a su gobernador, desde mi punto de vista meras excusas, estalla una revuelta contra el faraón. En el puerto de esa ciudad hay marinos griegos o europeos, cretenses, aqueos, sicilianos, sardos, etc., con los que el citado gobernador mantiene muy buenas relaciones a causa de intereses mutuos. El ejército del rey, formado principalmente de campesinos, tardará como poco varias semanas en movilizarse, mientras que ahora estos hombres de fortuna, estos aventureros exóticos, mucho más efectivos en la guerra, y ya habituales en cualquier cantina, pueden disponer la defensa con mucha mayor rapidez, e incluso garantizar por mar el avituallamiento de la plaza sitiada. Un garbanzo no hace cocido, pero en torno al siglo XII antes de Cristo se registra un estrato de destrucciones masivas en toda la cuenca mediterránea, incluida por lo visto la Península Ibérica.

Según las ciudades se sublevaban, se convertían en guaridas de piratas, por lo que el proceso se retroalimentaba. Los piratas estaban creando una nación. En este sentido es muy significativo el caso de Troya, no por casualidad en la entrada misma del Bósforo, una gran empresa conjunta interpretada como el mito fundacional de la Grecia clásica. Agamenón y Ulises eran piratas en realidad, parientes sin duda de los que, por las mismas fechas, actuaban como mercenarios en el Delta del Nilo o como colonos en el Líbano. Con todo, volviendo otra vez a lo genérico, me interesa resaltar que, a partir de aquel preciso momento, hasta la actualidad, casi todos los conflictos se han decidido en el mar. No hay Estado que se precie que no sea una talasocracia, aunque tal vez en el futuro se llegue a hablar de “los pueblos del cielo”.Me refiero a las anemocracias. Con un poco de suerte, los arqueólogos se intrigarán por esa capa de escombros concentrada en los siglos XX y XXI  que afecta a  las principales ciudades del planeta. Hoy en día se llega ya casi antes desde Nueva York a Madrid que desde Soria.

Perdona si sigo sin aludir a un personaje concreto, aunque creo que he dibujado un escenario factible para esa novela.

 

Me gusta mucho cómo lo planteas. A veces se tiende a considerar las llamadas "invasiones de los pueblos del mar" como una especie de migración por causas confusas de pueblos enteros del mediterráneo (sean de creta, cerdeña o partes de grecia), que realizaron algo similar a las invasiónes germánicas de nuestra era pero por mar. Este punto de vista tradicional puede caer por su propio peso si atendemos a lo que ocurrió con algunos piratas del mediterráneo durante el imperio romano. Cómo surgían, cómo acababan apoderándose de algún territorio, y cómo se nutrían de algunas poblaciones específicas del lugar (por ej. los cilicios), pero que no eran únicas ni mucho menos dentro de esos grupos. Tal vez tampoco debamos suponer que estos invasores supusieran grandes cantidades de hombres e infinidad de naves. Un solo grupo de piratas podría causar estragos en territorios diversos si lanzaban ataques rápidos y luego se retiraban o se camuflaban con la población civil. O incluso, como en el caso micénico-aqueo, podrían estar dirigidos por conjuntos de reyezuelos, señores de la guerra o gobernadores costeros aliados entre sí (al estilo de los jarls vikingos). La caída de Hatti puede suponer un asunto más complejo pero, al fin y al cabo, el reino ya estaba pasándolas canutas y las fuerzas reales no debían ser las que fueron antaño.

 


Bernardo Pascual
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Guardia Pretoriano
Desde: 22 Ene 2016

 La inauguración de los viajes trasatlánticos fue acompañada de la plena implantación de la artillería como arma de sitio, con la consiguiente remodelación de los sistemas defensivos, de la sustitución de los antiguos reinos feudales por los Estados modernos, del recrudecimiento de la piratería, de la desaparición o destrucción de los imperios precolombinos, e incluso Europeos, y de las devastadoras guerras que asolaron Europa a comienzos de la modernidad. No se trata de elementos aislados sino de partes de un mismo todo. Hay pestes y propagación de enfermedades exóticas, una intensificación del tráfico humano y hasta surgen nuevas formas religiosas, cismas, etc.

La Historia constata un interludio bastante convulso, aunque falta, o acaso desconozco, un registro arqueológico que permitiera establecer paralelismos con otras épocas menos ilustradas. De todas formas, las constancias materiales, sin duda muy similares a ambos lados del océano,  cabría correlacionarlas con lo que se aprecia en el Mediterráneo a finales de la Edad del Bronce.

Hay muchas Troyas, y cada destrucción se deduce por una ligera capa de cenizas. Si se aplicase ese método a las ciudades modernas proporcionaría resultados bastante interesantes y uniformes, pudiéndose identificar de ese modo áreas culturales concretas. Para estudiar los tiempos recientes, de sobra documentados, eso, sin embargo, se supone que no hace falta, aunque no quizás tampoco vendría de más.

 


La democracia tiene un defecto congénito que se debe corregir desde fuera de ella: se declara la guerra cuando se es el más débil y se firma la paz cuando se es el más fuerte.

Bernardo Pascual
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Guardia Pretoriano
Desde: 22 Ene 2016

Tito ha escrito

Me gusta mucho cómo lo planteas. A veces se tiende a considerar las llamadas "invasiones de los pueblos del mar" como una especie de migración por causas confusas de pueblos enteros del mediterráneo (sean de creta, cerdeña o partes de grecia), que realizaron algo similar a las invasiónes germánicas de nuestra era pero por mar. Este punto de vista tradicional puede caer por su propio peso si atendemos a lo que ocurrió con algunos piratas del mediterráneo durante el imperio romano. Cómo surgían, cómo acababan apoderándose de algún territorio, y cómo se nutrían de algunas poblaciones específicas del lugar (por ej. los cilicios), pero que no eran únicas ni mucho menos dentro de esos grupos. Tal vez tampoco debamos suponer que estos invasores supusieran grandes cantidades de hombres e infinidad de naves. Un solo grupo de piratas podría causar estragos en territorios diversos si lanzaban ataques rápidos y luego se retiraban o se camuflaban con la población civil. O incluso, como en el caso micénico-aqueo, podrían estar dirigidos por conjuntos de reyezuelos, señores de la guerra o gobernadores costeros aliados entre sí (al estilo de los jarls vikingos). La caída de Hatti puede suponer un asunto más complejo pero, al fin y al cabo, el reino ya estaba pasándolas canutas y las fuerzas reales no debían ser las que fueron antaño.

 Estoy leyendo La Biblia Desenterrada y me está gustando mucho.

En el Bronce Reciente emerge un nuevo poder, pero no se trata de un poder concreto o bien definido. Es el Mediterráneo mismo, la Atlántida. Su capital, su centro, se encuentra en el propio mar. Su dominio otorga la victoria en cualquier guerra. Los antiguos reinos e imperios, orientados hacia tierra firme, colapsan de repente impotentes ante los ataques piratas. Como dice Tito, no se requieren grandes ejércitos, y no hace falta tampoco pensar en movimientos migratorios, sino en un cambio en las élites gobernantes o, simplemente, en las relaciones entre éstas. Pero los imperios no sucumben por las derrotas en el campo de batalla o por la pérdida de unos cuantos puertos, sino porque en los momentos previos a esta crisis también habían tenido una gran expansión comercial marítima. Al mismo tiempo, así pues, pierden su principal fuente de ingresos. Se desmoronan económicamente.

Todo esto sucede en cosa de un siglo. El viejo orden cae como un castillo de dominó. Cualquier progreso en la ciencia náutica, por pequeño que fuese, pudo desnivelar finalmente la balanza, incluso la misma adquisición de estos conocimientos por los europeos. El potencial demográfico y cultural que lo altera todo se debe a la desaparición definitiva de la antigua frontera natural. Supone una auténtica revolución de la que acabarán surgiendo las talasocracias posteriores.

Que conste que esta teoría me pertenece.

 


La democracia tiene un defecto congénito que se debe corregir desde fuera de ella: se declara la guerra cuando se es el más débil y se firma la paz cuando se es el más fuerte.