Bizancio, interpretada desde la Epanagoge.

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Autor: GaetanoLaSpina, 12/Oct/2008 06:37 GMT+1:


 

En primer lugar haremos una interpretación del texto en si, para posteriormente tratar de explicar las posibles motivaciones del expatriarca Focio en su participación en la redacción del Epanagoge.

Para comprender la procedencia de la legitimidad del emperador bizantino como autoridad legal, debemos comprender la evolución ideológicoreligiosa de la mentalidad romana, desde tiempos de Octavio; así como la influencia de la ideología de los antiguos “imperios mundiales” orientales, en los cuales el rey era considerado un dios, y el resto de la población simples súbditos, con limitado poder de decisión frente al Estado autócrata.

Desde antes de la época del Principado, el Senado nunca ejerció labores administrativas, debiendo el Princeps asumir mayor cantidad de responsabilidades en el manejo del Estado. En las personas del “orden ecuestre”, encontró el emperador el apoyo en tales tareas, siendo este el génesis de una burocracia que irá creciendo con el tiempo. A Octavio se le concedió el título de “Augusto”, palabra con que se designaba los objetos o lugares revelados por los “augures” (sacerdotes adivinos); y  al calificarse así a una persona, indicaba su misión divina, asegurando así el acierto de todas sus medidas o iniciativas. Otros títulos eran además el de Princeps Senatus, Potestad tribunicia, y el Imperium maius, es decir, el mando de todas las legiones de roma y de las provincias. También Octavio tenía el cargo de Máximo pontífice, antecedente que sería el antecedente del futuro conflicto entre emperadores y patriarcas bizantinos. Es importante señalar, que el emperador romano no es considerado un dios durante su vida, pero si se le considera como tal después de su muerte. “En oriente la situación era distinta,los egipcios no podían tomar en serio a un soberano que no fuera dios al mismo tiempo”[1]. Se produce así en Bizancio la fusión entre ambas ideologías religiosas con  respecto al emperador, simbolizando esta situación la asociación de Jesucristo con el dios-soldado Mitra, procedente del zoroastro persa. Dicho dios combatió al dios sol, luego se alió con él, para después capturar al gran toro, símbolo del mundo, de la misma manera que Cristo ordenó a sus apóstoles a difundir la fe a todos los hombres, pero a través del amor y la justicia. Esta contradicción entre la conquista del mundo para difundir el mensaje de amor cristiano, “la guerra justa”, se da en Bizancio y en épocas posteriores.

De manera que, al emanar hacía el emperador la sabiduría divina, lo hacía el representante de dios en la tierra. Paro el Patriarca lo era, creándose un largo conflicto de interpretación de facultades, situación que podríamos dividir en dos frentes, el terrenal y el dogmático, Al ser el emperador una autoridad legal, este debe ser respetuoso de las leyes, cuestión que no todos los emperadores cumplieron con el mismo celo. La legalidad procedía de la sabiduría de dios, que nos llegó a través de la palabra de su hijo Jesús. Para dios todos somos iguales, de manera que no puede tener preferencias entre sus súbditos. Entre estos se incluyen a otros sectores importantes de poder, como la aristocracia latifundista, el ejercito y la Iglesia. El emperador debía ser un hábil político para mantener el equilibrio de poderes de la manera más ventajosa posible, Es interesante la mención de Focio, de no castigar por antipatía, lo que pudiera evidenciar su posible experiencia personal durante el juicio que se le hizo antes de ser desterrado.

Se le exigía al emperador, antes de ser coronado, la promesa de “no castigar con multas a ninguna de las personas con las que hubiera tenido dificultades”[2]. Con respecto a los “premios”, el emperador favoreció al “campesinado libre”, a través de la asignación de tierras en las themas , estas tierras se volvían hereditarias. Los campesinos debían pagar impuestos, y eran a la vez soldados del ejercito, siendo este un eficaz medio unificador, en el afán del campesino de defender sus propias tierras. Se logró de este modo conseguir además, un equilibrio frente a la tendencia descentralizadora de la nobleza latifundista.

 

Patriarca de Constantinopla, Focio (878)

 

 

El autor define al emperador como la cabeza de un Estado teocrático, absolutista y  centralista, llagando a ser una verdadera autocracia. Pero a la vez nos da a entender que el simple hecho de ser el rey (Basileus, a partir de Heraclio), no garantiza el control absoluto en el manejo del estado, debiendo poner en práctica toda su capacidad de disuasión y negociación frente a los otros sectores de poder; ya mencionados. “El régimen bizantino era sustancialmente teocrático. Pero existen dos formas de entender la teocracia, una acepta que la clase sacerdotal debe asumir también la autoridad política; otra considera que el poder político debe evocar para si las atribuciones religiosas. De Constantino en adelante, el modelo bizantino se acerco más a esta segunda interpretación”[3]. Un buen ejemplo de cómo el emperador trató de recuperar potestades y a la vez limitar la influencia de la Iglesia, fue cuando León III ordenó la persecución iconoclasta (anterior a la realización del Epanagoge),  “puesto que el clero ejercía su poder sobre la población a través del culto de las imágenes, de las que eran tenedores y propagandistas. Le pareció al emperador completamente natural atacar a las imágenes, para atacar así al clero y a los monasterios”[4]. Dicho conflicto de los íconos pudo ser la raíz del conflicto del siglo IX entre Focio y Basilio I, ya que durante la situación iconoclasta el papado aprovechó para reinvindicar su total autonomía con respecto a Bizancio, transfiriendo a Carlomagno el título y la autoridad de Sagrado Emperador Romano.

Son evidentes una serie de contradicciones entre como se accede al poder y como conservarlo. Se supone que el emperador era el análogo a dios en la tierra, pero al mismo tiempo “la proclamación requería la confirmación canónica a través de una serie de ritos en la coronación, que a partir de Leon I (474), realizó el patriarca de Constantinopla”[5]. Esto deja al patriarca como la autoridad legítima en la tierra, con la potestad de coronación, lo cual causó rivalidad y enfrentamiento con el emperador, (situación similar a la de occidente), en el conflicto de saber cual es el más cercano a dios, hecho que otorgaba mayor autoridad.

A lo que no se le daba mayor importancia para el ascenso al poder, y al por consiguiente “origen divino” del rey, era su condición social y su lugar de nacimiento. Bizancio tuvo una monarquía electiva (en teoría), con el surgimiento de numerosas monarquías, a veces hereditarias. Pero el factor más importante para acceder al poder eran las virtudes o talento personal, la capacidad de lograr influencia y adeptos en la corte, para que , llegado el momento oportuno, tomar el poder, sin importar los medios ni la forma. Así logró Basilio I asesinar al alcohólico Miguel III, del que era su rufián. Vemos como la incompetencia e ineptitud de un gobernante, podían servir de justificación para destituirlo, a veces por el ejercito, otras gracias a la revuelta popular (Justiniano I estuvo cerca de caer en una); ya sea por su inconformidad con las excesivas cargas tributarias, o por la influencia negativa que monjes y patriarcas ejercían al criticar el centralismo del emperador. Si una insurrección fracasa, los implicados son castigados, pero si tienen éxito, queda legitimada al contar con el “apoyo divino”.



[1]Historia Universal, Tomo-3, Roma, Carl Grimberg.

[2]El Imperio bizantino

[3]Bizancio Magnifico p-32.

[4]Bizancio SXXI P-16

[5]Bizancio XXI


Autor: GaetanoLaSpina, 12/Oct/2008 06:42 GMT+1:


 

Otro sector de poder con el que el emperador debía actuar con sabiduría para recuperar –o aumentar- su influencia a nivel regional fue la aristocracia latifundista. La estrategia era favorecer a un grupo social contrario a la nobleza, “Basilio I instituyo una contribución del estado en las expensas motivadas por los pleitos que sostuvieron los pequeños propietarios contra los grandes latifundistas [...], de esta manera se evitó que la gran propiedad nobiliaria alcanzara la prepotencia política demostrada por los grandes señores feudales de Occidente”[1] . Al no poder contar entre sus asesores con la nobleza latifundista, se formó una “clase media alta” urbana, que ejercía los cargos administrativos, con la ventaja de poder ascender socialmente.

 Con respecto al ejercito, el emperador debía ser su principal conductor, si se seguía la tradición de los emperadores romanos. Buenos ejemplos lo fueron Justiniano y Heraclio. Sin embargo el ejemplo fue siempre un poder el cual se debía mantener contento y vigilado. Aunque en teoría, “el concepto de poder ejercido en virtud de la justicia divina confería a la autoridad imperial una legitimidad transcendente, que libraba al estado de la arbitrariedad del ejército. No obstante, este instrumento de poder, con frecuencia poco leal, siguió un apoyo decisivo de los emperadores”[2] .

 

En el caso de que las capacidades del emperador no cumpliese las expectativas, o que su gestión no lograse alcanzar el equilibrio o la estabilidad social necesaria para qie imperase la paz social, (sobre todo en la capital), la revuelta popular era una vía por la cual se podía destituir al emperador, si esta tenía éxito y contaba con el apoyo del ejercito. Así vemos como, en el 532, estalló en el hipódromo un tumulto entre los diversos“demos” , como se llamaban los barrios de Constantinopla (aristócratas y populares), manifestaron su malestar ante los asfixiantes impuesto que les cargaba el estado. En esa ocasión Justiniano contó con el apoyo del ejercito, que al mando del general Belisario, sofocó cruelmente la rebelión.

El Emperador Justiniano.

 

En su papel de benefactor, ya hemos mencionados la conveniencia del emperador de favorecer a los pequeños propietarios, para poder frenar la influencia de los grandes terratenientes. Estos señores tenían tanto poder, que hasta se permitían ignorar las leyes, al no pagar impuestos. El gobierno central compensó esta situación , al cargar con impuestos a los pequeños propietarios, después de concederles tierras con derecho a ser heredadas como beneficio. Se tenía siempre la previsión (sabiduría), de que estos tributos no mermasen la capacidad económica de esos propietarios. “Justiniano adoptó una política sabia y previsora, calibrando equitativamente la carga fiscal y favoreciendo sus asociaciones, que tenían la finalidad de protegerlo de la prepotencia latifundista”[3]. Otro sector social que se vió convenientemente beneficiado por el emperador fue la “clase urbana alta” (burocracia administrativa). “de ahí nació el funcionario erudito que revistió suma importancia para el sistema social bizantino, en el que ocupó cargos supremos de la administración imperial que le ofrecían posibilidad de ascensos social”[4].

 

El emperador, desde época de la Roma imperial, era considerado Pontífice Máximo del imperio; sin embargo, sabemos que poco se interesaron en el aspecto doctrinario de la religión, pero si estaba facultado de difundir la doctrina, ayudando a al expansión de la Iglesia, la cual enviaba a monjes misioneros, especialmente a lo que es hoy la Europa Oriental, entre los pueblos eslavos y búlgaros. El estado debía proteger a los monjes que enseñaban el evangelio, gracias a la presencia del ejercito. “En un estado de semejante pluralidad de pueblos, la confesión de una fe común unió a fuerzas sociales y étnicas heterogéneas e incluso antagónicas. A falta de una tradición cultural y nacional común, la religión cristiana se convirtió en el medio de integración”[5]

 

Debemos entender que en el Imperio Bizantino, no estaban bien definidos la separación entre  el poder político del estado y el poder moral de la Iglesia, al emanar ambos de la voluntad de dios. Existía una situación –teórica- de mutuo apoyo y complementación, al necesitar el estado a la Iglesia como agente unificador, a la vez que esta utiliza al estado para difundirse a si misma. “La religión podía convertirse con la misma facilidad en instrumento de la política como el Estado en siervo de la Iglesia”[6]. En otras ocasiones, el emperador ejercía un papel protagónico en Los Concilios; tal fue el caso de Constantino en el Concilio Ecuménico de Nicea (325) donde se condenó al arrianismo. Otros Concilios Generales (donde se reunían los Patriarcas de Constantinopla, Antioquia, Roma, Jerusalén y Alejandría) fueron, el de Constantinopla (381) , donde se hizo una revisión del anterior, el de Efeso (431), donde se discutió la naturaleza de Cristo, el de Calcedonia (451) que censuró al Nestorianismo, el de 553 en Constantinopla, donde Justiniano mismo intervino en el dogma; un segundo concilio en la misma ciudad (680) y el séptimo en Nicea (787), que restauró el uso de los íconos.

 

Los emperadores también sentían un fuerte apego al cumplimiento de la ley, inspirados en su deseo de justicia. “El autócrata es el único legislador”[7], pero esto no significa que dejase de actuar de manera arbitraria , a su antojo, existían un grupo de leyes antaño que debía respetar, para así dar el ejemplo como persona justa e imparcial, la autoridad legal y legítima que él debía ser.“El soberano era indudablemente fuente de toda justicia, pero los emperadores siempre reconocieron la soberanía superior de la ley e insistieron en la obligación de respetar los párrafos fundamentales del derecho romano”[8]



[1]Bizancio XXI p-21

[2]Bizancio XXI p-16

[3]Bizancio Magnifico, p-20

[4]Bizancio, XXI p-22

[5]Bizancio XXI p-28

[6]Bizancio XXI p-26

[7]El imperio bizantino, p-153

[8]Bizancio XXI, p-17