Comentario de texto. El Tratado de Ibn Abdun

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yusuf
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Tratado de Ibn Abdun (comienzos del s. XII). Traducción E. Levi Provençal y Emilio García Gómez, Madrid, 1948

TEXTO

Sección relativaal cadí y al conocimiento de las cualidades que le convienen

El cadí, ¡Dios altísimo le asista!, ha de ser prudente en sus palabras; enérgico en sus mandatos; recto en sus juicios; respetable para el pueblo, para el príncipe y para todo el mundo; conocedor de los preceptos de Dios, que son la balanza de la justicia divina, establecida en la tierra para dar la razón al oprimido contra el opresor, defender al débil contra el fuerte y hacer que las penas dictadas por Dios Altísimo se apliquen regularmente.

No se entregue a nadie, ni tenga familiaridad con alfaquies ni con oficiales, de quienes sólo pueden venir males, pues como dijo el poeta:

Guárdate de tu enemigo una vez.

Pero de tu amigo guárdatemil veces.

Pues a menudo el amigo se hace enemigo.

Y entonces sabe mejor cómo hacerte daño.

Asimismo debe cuidarse de que ninguna de esas gentes se familiarice con él de palabra ni de hecho, pues en ese caso perdería en consideración, se incumplirían sus órdenes, sufriría su posición, se alterarían sus sentencias con la adición de palabras o hechos, y las gentes lo despreciarían, con lo cual sufriría la armonía de la fe y se alterarían las relaciones entre ambos mundos. Tampoco debe el cadí bromear con ninguna persona de su séquito o de fuera de él, pues con ello decaería su prestigio, se discutirían sus decisiones, se rechazarían sus órdenes y su situación se convertiría en presa de la agitación de los envidiosos. Debe mostrar firmeza en todos sus juicios y no apresurarse a hablar ni a obrar sino después de un detenido examen, de un estudio escrupuloso y de haber considerado el asunto con vistas a su propia vida futura. No se tome muchas vacaciones, ni se incline a la ociosidad, cosas de que se le tomará cuenta, sino que ha de ser resuelto y aplicado, considerándose como esencialmente unido al servicio de Dios, igual que si hiciese la guerra santa, se retirase a un convento militar o emprendiese la peregrinación a la Meca, Dios Altísimo ha dicho: « En verdad, los creyentes son hermanos. Poned por tanto paz entre vuestros dos hermanos y temed a Dios, para que seáis objeto de la misericordia», y el Profeta, ¡a quién Dios bendiga y salve! ha dicho asimismo en un haait bien conocido. « El que disipe en su hermano el creyente una tristeza de entre las tristezas de este mundo..

El cadí debe ser, por naturaleza, afectuoso, compasivo, benévolo y clemente para con los musulmanes; aliar la magnanimidad y no [alejar] a los litigantes; servir de modelo y actuar como un padre indulgente. Conviene que sepa que los asuntos litigiosos a él le incumben y, después de Dios, a él están confiados: que de ellos es responsable, y que, por decirlo así, está atado y encadenado a la ley religiosa, por todo lo cual debe de esforzarse en resolverlos y desenmarañarlos. Debe mostrarse sagaz en sus juicios y formarse la más alta idea de su misión, que consiste en velar por las cosas de la religión y por la defensa de los musulmanes. Dios Altísimo ha dicho: « El que cuente en su haber con una bella intercesión [a favor de otro], tendrá una buena parte de ella para si mismo»

No conviene que el cadí se haga suplir, pues en ello habría peligro de rebajar su posición y sería una ancha puerta que él mismo abriría a su propio descrédito, ya que las gentes podrían inclinarse a su sustituto, quedando desairado y sin que nadie le hiciera caso, a más de que el sustituto podría suscitar contra él una peligrosa oposición, sobre todo si fuese venal, despreocupado y sin experiencia. Lo que ha de hacer es designar un juez secundario [hakim], que sea a la vez hombre de ciencia, de bien y de fortuna, para que juzgue los asuntos poco importantes de las clases menesterosas, pero sin intervención en la vigilancia del empleo de los fondos [del tesoro de las fundaciones pías], en los juicios referentes a los huérfanos y en cuanto haga relación a los negocios del gobierno o de los agentes del Estado.

Debe el cadí hacer que cada día se sienten por turno en su curia dos alfaquíes, a quienes pueda consultar, lo cual dará mayores ventajas al público y mayor eficacia y justicia a las sentencias. El cadí examinará sus proposiciones y las aprobará o no. Estos alfaquíes consejeros no deberán ser más de cuatro, dos de la curia del cadí y dos de la mezquita mayor, cada día o por turno. Si se conforman con esta decisión, bien, y si no, que se les destituya. Ninguno de ellos debrá tener consulta en su casa, pues entonces unas veces sentiría tentación de salir y otras estaría durmiendo, descansando o divirtiéndose, sin cuidarse de sus visitantes, con lo cual los emolumentos [de los alguaciles que acompañan a los litigantes] aumentarían, los días pasarían y ¿acaso el hombres sano siente los dolores del enfermo?. Ello sería también motivo de que el dinero de las gentes se fuese en gastos de justicia, porque el alguacil [que acompañase al litigante a casa del alfaquí y no lo encontrase] diría: « He pasado con él todo el día y no me ha dado más que tanto. Que los alfaquíes tomen su parte de responsabilidad en lo que he dejado de ganar»; o sea, que el agualcil se convertiría también en reclamante y litigante. Evidentemente, el que los alfaquíes tengan consulta en sus casas y el que haya que ir a verlos constituye un abuso grave.

 


Si no conoces tu pasado no puedes proyectar tu futuro.

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yusuf
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Es idea del staff de MH abrir un hilo en el que se expongan textos históricos para que después se hagan los correspondientes comentarios siguiendo, en mayor o menor medida, las pautas académicas que se marcan para la realización de esta tarea, o bien de una manera libre.

No solo puede servir a los estudiantes de bachillerato y universitarios, también a todos aquellos interesados en la Historia, ya que es muy importante el saber analizar un texto histórico para una mejor comprensión del periodo histórico en que se esté interesado.

A continuación realizaré el análisis del texto expuesto anteriormente, he seguido las pautas que impongo a mis alumnos universitarios, aunque, como dice el refrán « cada maestrillo tiene su librillo», pero se puede considerar que en líneas generales esta es la forma en que se suelen realizar.

Rogaría que todos los que lo deseen hagan su propio comentario del texto referido, realicen criticas al comentario y, sobre todo no tengan reparo en hacer cuantas preguntas consideren oportunas.

Aunque este primer texto está en el hilo al que pertenece históricamente, es probable que se habrá una sección nueva exlcusivamente dedicada al comentario de textos históricos, en donde serían los propios usuarios los que realizarían sus comentarios - y no como en este caso que lo hago yo mismo, pero solo a título de ejemplo-

He escogido este texto por la importancia que tuvo el Derecho islámico en la concepsión del derecho medieval hispano; como apunta el profesor José Aguilera Pleguezuelo: « el Derecho islámico es nuestro país - por el principio de territorialidad de las leyes- fue Derecho histórico español

Existe una clara influencia del derecho islámico en nuestro Derecho histórico, muchos vocablos árabes son utilizados para denominar instituciones de la España cristiana. alfoz, alcaide, almotacén,alguacil, almojarife, etc.; términos del Derecho Mercantil o de Familia: alhóndiga, almacén, arancel, arras, albacea, etc.

Algunos historiadores, entre ellos el profesor Valdeavellano, entienden que existe una influencia judía y árabe en los fueros, en este sentido se manifiesta que los tratados de hisba son lo más próximo a un fuero municipal de la España cristiana.

COMENTARIO

Naturaleza del texto

Se trata de un texto jurídico, de carácter público, aún cuando trata de manera específica de determinados cargos públicos o gremios artesanales. Forma parte del género literario denominado hisba (censura de costumbres)

Autoría y cronología

El autor es Muhammad ibn Abdun, aunque no se sabe mucho de él, por los conocimientos que refleja quizá se tratara de un magistrado de segundo orden de la Sevilla de la época. El texto no está fechado, no obstante, por las referencias que en él se hacen, puede establecerse su datación entre fines del s. XI - reinado en Sevilla de al-Mutamid (1068-1091)- y principios del s. XII, periodo este coincidente con la dominación almorávide de los reinos de taifas.

DESCRIPCIÓN DE CONTENIDOS

Resumen general

El texto pretende desarrollar todas las cualidades que deben rodear a la figura del cadí, haciendo hincapié en las de orden moral. Por otro lado marca la forma en que debería actuar en la praxis.

También se reflejan en el texto algunas de las responsabilidades que tenía el cadí, que no solo eran de índole judicial, sino que también tenía competencias de tipo administrativo, así como de protector/albacea de determinados estractos de la sociedad.

Hay que tener en cuenta que este texto se encuentra enmarcado en una obra más amplia, en la que se reflejan condiciones, descripciones, y formas de funcionamiento de diversos cargos y oficios de la Sevilla del siglo XII, y por ende en el resto de al Andalus.

División

Aún cuando el texto refleja una continuidad en su contenido podrían establecerse tres partes en función, del mayor o menor, énfasis que se pone en según que concepto. Bajo estos parámetros la división del texto quedaría de la siguiente forma:

  1. Cualidades que debe reunir el cadí (párrafos 1 a 34)
  2. Mención de algunas de las responsabilidades del cadí (párrafos 35 al 43)
  3. Normas de funcionamiento de los procesos judiciales (párrafos 44 al 59)

ANÁLISIS INTERNO

Vocabulario histórico

  • Cadí. Es la instancia más prestigiosa e importante dentro del entramado jurídico islámico. Es, como define Mª Jesús Viguera, un personaje fundamental dentro de la comunidad musulmana. El cadí era nombrado directamente por el soberano o por los walíes en representación de éste. En al Andalus se dio también otra forma de elección; el que fuera la misma comunidad, siempre en nombre del califa o emir, la que nombrara a la persona que considerara idónea para el cargo. El cadí, al que podía denominarse como juez supremo, tiene competencias tanto en Derecho Civil como en Derecho Penal, aunque en la práctica se solían reducir al ámbito civil, de hecho la actuación represiva solía estar en manos de otras instancias como el Sahib al-suq o el Sahib al-surta. Él era el juez en última instancia de los litigios relativos a testamentos, bienes de manos muertas, divorcios, declaraciones de incapacidad, repartos, etc.

      Es necesario mencionar que, en principio el derecho a impartir justicia, en calidad de imán (jefe de la comunidad),               recaía en el soberano delegando éste en el cadí, pero manteniendo la prerrogativa de poder ejercer el mismo de juez           cuando lo estimara conveniente.

      Amén de las responsabilidades netamente jurídicas tenía otras atribuciones: administración del tesoro de la comunidad         (bayt al-mal), administración de los bienes de manos muertas, dirigía la oración en común (salat) del viernes en la                 mezquita aljama y la que se hacía tras la ruptura del ayuno y en la Fiesta de los Sacrificios. Por otro lado era el único             calificado para comprobar la aparición de la luna nueva a comienzos y fin del Ramadán.

  • Alfaquíes. Son expertos en la dimensión religiosa del Derecho islámico (fiqh). El alfaquí emite dictámenes jurídicos (fetuas) cuando se plantea una cuestión problemática. Actuaban como consejeros (musawar) del cadí formando parte del consejo del cadí (sura). En al Andalus su presencia era obligatoria en la composición del tribunal - Yusuf ibn Tasufin impuso la presencia de cuatro alfaquíes para dictar sentencia-. En principio los nombraba el soberano, pero más adelante serán los propios cadíes los que nombren a los miembros de su sura. Según Tyan, el alfaquí es el iuris prudens romano.
  • Hakim. Era un juez secundario, que en principio supervisaba el cumplimiento de las sentencias del cadí; también adquirió prerrogativas para emitir sentencias en asuntos de menor importancia, y siempre como delegado del cadí. En las zonas rurales, en pueblos de poca importancia, estas funciones las realizaba el musaddid.
  • Al mustajlal. Aún cuando en el texto no aparece mencionado expresamente, si se hace una mención al sustituto del cadí - nombardo por él mismo-, este funcionario recibía el nombre de al-mustajlal, denominación de donde proviene el nombre castellano de almotalafe. También recibían la denominación de naib al-qadí.
  • Alguacil. Eran agentes judiciales encargados de acompañar a los litigantes a los juicios, de mantener el orden en las salas donde se celebraban las vistas, etc.

Interpretación de las partes

1.- En la relación de cualidades que Ibn Abdun recomienda que debe poseer un cadí se observa una clara influencia de la escuela maliki - fundada por Malik ben Anas-. A este respecto conviene señalar que los Omeyas otorgaron una preponderancia absoluta a esta escuela en detrimento de las otras tres existentes en el mundo islámico (Hanafi, Safií, Hanbali). Esta decisión de los soberanos omeyas se enmarca en su deseo de crear un Estado centralizado, lo que conlleva la unificación de criterios / ideologías con el fin de evitar, en la medida de lo posible, la disparidad de criterios, con lo que ello puede suponer de disgregación.

Según el malikismo, el cadí debía ser un hombre justo, recto, sabio y virtuoso, como se observa son cualidades que menciona Ibn Abdun. Existian cualidades obligatorias: ser varón, inteligente, sensato, musulmán, hombre libre, justo y recto, tener suficientes conocimientos del Corán y del Hadith y no tener incapacidades físicas; por otro lado se señalaban otras cualidades, que si no eran obligatorias si eran deseables: conocer la lengua árabe, conocimientos básicos en materia notarial, ser una persona piadosa, poseer una holgada situación económica - con el fin de evitar la tentación de admitir sobornos-, ser sabio en asuntos religiosos, etc. En definitiva ser un dechado de virtudes que sirvieran de modelo a toda la comunidad.

2.- El cadí, además de sus responsabilidades como juez, tenía otras que iban implícitas a su cargo. En el texto se menciona que él era responsable de nombrar un sustituto (naib al-qadi) en los casos que el propio cadí no pudiera atender, también se menciona al juez secundario (hakim); entre las potestades del cadí estaba la de nombrar a determinados jueces auxiliares; asimismo era el responsable del nombramiento de otras magistraturas, por ejemplo al sahib al-surta, al sahib al-suq, etc. También designaba a los funcionarios judiciales, por ejemplo al katib -encargado de redactar las actas y registrar las sentencias del cadí-, o técnicos, como el adq al-manakih (actas matrimoniales), el mutaryim (traductor), el sahib al-ahkan (encargado de la ejecución de las sentencias), etc.

Una responsabilidad muy importante del cadí era la administración del tesoro de la comunidad (bayt al-mal). Éste tesoro, en su mayor parte, provenía de las rentas de fundaciones piadosas, se guardaba en una dependencia de la mezquita aljama y era utilizado para el socorro de personas necesitadas, pago de los subalternos de la mezquita, mantenimiento de determinados eficicios y, en ocasiones, para ayudar al soberano en las algaradas que éste realizase. Tal era la importancia que tenían estos fondos que Ibn Abdun dice claramente que no se confie su custodia a ninguna persona, de hecho ni siquiera el Estado tenía el derecho de utilizarlo.

3.- La composición del tribunal islámico estaba integrada por el cadí, los alfaquíes, miembros de la sura -estos podían variar entre dos y cuatro, los almorávides impusieron el número de cuatro dada la gran importancia que estos daban a estos especialistas en Derecho religioso - y un katib. Los juicios solian celebrarse en la mezquita o bien en una dependencia anexa a esta; pero también podía celebrarlos el cadí en su propio domicilio. Es notoria la crítica que hace Ibn Abdun sobre el que los alfaquíes reciban en su propia casa, posiblemente por la no muy buena predisposición que tenía con respecto a los almorávides, entendiéndose que en la época que nos ocupa la mayoría de los alfaquíes pertenecían a este grupo. De hecho era bastante normal que muchas personas acudieran a los domicilios de los alfaquíes para que éste emitiera un dictamen (fetua), en el caso de no sastifacer a ambas partes era cuando se recurría al cadí.

Es interesante observar la preocupación que siente el autor por las costas de los procedimientos judiciales. La justicia islámica era gratuita, en el caso de que no lo fuera totalmente se tendía a que los gastos fueran prácticamente simbólicos.

Interpretación global del texto

Se observa en todo el conjunto del texto la preocupación del autor por remarcar el como debe ser el funcionamiento de una de las principales instancias de poder dentro de la sociedad musulmana; como apunta Levi Provençal, el autor intenta dar un impulso a la aplicación del tagyr al-munkar.

En uno de los apartados que más insiste el autor es en la independencia que debe tener el cadí. Esa independencia siempre fue una reivindicación de los miembros del cadiazgo, de hecho solían estar bastante apartados de la vida mundana, raramente se convertian en cortesanos, incluso en muchos casos vivían rayando el ascetismo. Otro síntoma de la defensa de esta independencia nos lo demuestra el hecho de que la gran mayoría de los cadíes renunciaban a los emolumentos que les correspondían por ejercer el cargo.

La constante mención a la ley divina no es sino una lógica consecuencia de la forma de ser de la sociedad islámica (la umra). En el Islam todo comportamiento social, cultural, instituciones, etc., ha de regirse por las normas que marcan el Corán y la Sunna, se trata de una sociedad que se mueve por principios teocráticos. De hecho, el Derecho Islámico es un Derecho Canónico basado en el Corán, la Sunna (tradición), la Iyma (consejo de los ulemas, una especia de responsa prudentis del derecho Romano) y el Qiyás (aplicación de los dispuesto en casos similares). No es entendible en el mundo islámico un Derecho que no provenga de la ley religiosa que, por otra parte, y como he mencionado anteriormente, marca todas las actividades del musulmán.

Otra preocupación constante que se ve en el autor es el bien general. A este respecto es conveniente señalar que el sentido de comunidad (umra) en la sociedad musulmana está bastante más acentuado que en la cristiana, y más aún en el medievo.

Conclusiones

La oportunidad del texto es total en relación a los momentos históricos en los que se encuadra. Por un lado son recientes las luchas civiles que provocaron la caída del califato cordobés. En este periodo de creación de los reinos de taifas las excepciones a las cualidades que debía reunir el cadí fueron numerosas, a tal punto que se podría decir que lo excepcional era que el cadí reuniera tan magníficas virtudes como cabía suponer. También es en este período de taifas cuando los cadíes van a tener un mayor protagonismo político, ocupando en muchos casos simultáneamente los cargos de cadí y visir (en tiempos de Almanzor ya se añadió el título de visir al de cadí).

Los bruscos ceses en el cargo de cadí fueron numerosos en el s. XI, produciéndose una inestabilidad en esta función. La reorganización almorávide del cadiazgo andalusí, que se produjo a continuación, matuvo in crescendo el prestigio de esta institución, que cada vez asumió más protagonismo; quizás este sea el motivo que induce a Ibn Abdun a recordar la tradición en su estado más puro, pero no desvirtuando la verdad con el fin de obtener objetivos personales, sino adecuándose a la más estricta aplicación del Derecho islámico. 

La veracidad de los planteamientos expuestos por Ibn Abdun es incuestionable, viéndose refrendada tanto por las fuentes jurídicas del momento, y anteriores, como por la historiografía.

En definitiva, el texto nos da una perfecta imagen tanto del pensamiento islámico medieval, como del funcionamiento de una de sus principales instituciones; por lo que hay que considerarlo como una fuente digna de crédito.

Bibliografía básica

Aguilera Pleguezuelo, José. Estudios de las normas e instituciones del Derecho islámico en España, Sevilla, 2000

García de Valdeavellano, Luis. Curso de historia de las instituciones españolas. De los orígenes al final de la Edad Media. Madrid. 1982

Jalláf, Muhammad. La justicia. cadíes y otras magistraturas, en Los reinos de Taifas, Historia de España de Menéndez Pidal, tomo VIII-I (dirigida por José Mª Jover Zamora), tomo VIII-I (coordinado por Mª Jesús Viguera Molins), Madrid, 1994.

Levi Provençal, H. La España musulmana, 711-1031, en Hª de España de Menéndez Pidal, tomo V. Madrid. 1965

Martos Quesada, Juan. Introducción al mundo jurídico de la España musulmana. Madrid, 1999

Rodríguez Mediano, Fernando. Instituciones judiciales. Cadíes y otras magistraturas, en El retroceso territorial de al Andalus. Hª de España de Menéndez Pidal, tomo VIII-II (coordinado por Mª Jesús Viguera Molins). Madrid, 1997

 


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