La batalla de Agincourt

Sin respuestas
eljoines
Imagen de eljoines
Desconectado
Dictator-Administrador
Admin ForoModerador
Desde: 25 Ene 2015

Autor: EnglandTheWWIISavior, 29/Sep/2007 04:33 GMT+1:


 

El 25 de Octubre de 1415 se desarrolló la batalla de Agincourt, (en francés Bataille d'Azincourt), una más de las desarrolladas durante la guerra de los 100 años, llamada así por los historiadores para referirse a la extensa disputa (116 años), entre franceses e ingleses por el dominio de territorios.
La batalla se desencadena en una localidad que hoy es parte del norte de Francia. El resultado de este enfrentamiento establece con claridad, que para esa época, la caballería ya no era una buena opción para combatir.

El contingente inglés estaba formado por 1.000 soldados de infantería y 5.000 combatientes equipados con arco tipo longbow, desplegados estratégicamente en una zona angosta e inundada por lluvias recientes. Los franceses, en apariencia más poderosos, contaban con alrededor de 35.000 hombres; al frente 11.000 de caballería, 18.000 de infantería y 6.000 ballesteros en la retaguardia.
Charles d`Albert representante del rey francés Carlos VI en ese momento impedido fisicamente, comanda un numeroso ejército feudal destacado entre Harfleur y Calais, y se mantiene al tanto del movimiento que la milicia inglesa realiza a lo largo del rio Somme. Luego ordena a sus hombres para que enfrenten a los ingleses antes de que alcanzen la localidad de Calais. Por su parte el rey inglés Enrique V, al mando de sus fuerzas, quería evitar la contienda debido a que los soldados de su ejécito estaban cansados y en inferioridad numérica.


Autor: EnglandTheWWIISavior, 29/Sep/2007 04:37 GMT+1:


 

La batalla de Agincourt comienza con andanadas de flechas lanzadas por los arqueros ingleses cayendo sobre los caballeros franceses, cuyas cabalgaduras se desploman en el terreno pantanoso, arrastrando a sus jinetes con armadura metálica. Luego los franceses realizan un segundo ataque de caballería de resultado funesto ya que sus caballeros son masacrados al igual que en la primera carga. En una tercera y última incursión la milicia francesa, forzada por la efectividad del contingente británico, pierde cohesión y huye diseminada por el campo de batalla.

Aunque el arco de tipo longbow logró mayor fama debido a la creencia que era el arma responsable de la victoria inglesa, lo cierto es que en esa época las puntas de flecha no se fabricaron con el acero de calidad necesaria para perforar la armadura de los franceses, aspecto que produce discordancia entre los historiadores. Sin embargo consienten en torno al factor fundamental que precipitó el fracaso de los franceses: el cansancio y las condiciones existentes en el campo de batalla.

Luego de esta victoria, los ingleses se apoderaron de Normandía mientras, al mismo tiempo, los franceses consumían sus fuerzas en una guerra interna. Estos y otros hechos acaecidos en la época, impulsaron a la corona inglesa en su campaña de conquista para alcanzar el trono francés, cosa que resultó exitosa y les permitió imponer nuevos límites territoriales e introducir modificaciones en tratados políticos anteriores.


Autor: GaetanoLaSpina, 29/Sep/2007 05:44 GMT+1:


 

Esa armadura de los caballeros ingleses no era eficiente ante las flechas...creo que no era como la de los cruzados, que era armadura de malla, y si resistía las flechas de los musulmanes, tal como pasó en Palestina, en la Primera Cruzada.

PD: Este tema pertenece a historioa Medieval, por lo que procedo a pasarlo a ese sub foro.
saludos.


Autor: Xajay, 29/Sep/2007 09:11 GMT+1:


 

mmmm... he aquí una batalla donde era necesaria la caballería ligera, pero bueno....

Ahora bien... ¿Quién les ha enseñado a los franceses a mandar tres cargas consecutivas de la caballería pesada sobre terreno pantanoso? Ni los charros estamos tan locos... mmm, no, la neta sí... Pero ése fue el caso, xq de no existir el pantano, sino que los arqueros ingleses hubieran estado formados en campo raso, la caballería francesa les hubiera dado un carga tal que, a pesar de las bajas francas, del ejército inglés habría quedado solo el recuerdo...

Ahora sí, saludos!!!


Autor: xixiputi, 29/Sep/2007 09:58 GMT+1:


 

Escrito originalmente por SCHMEICHEL090

mmmm... he aquí una batalla donde era necesaria la caballería ligera, pero bueno....

Ahora bien... ¿Quién les ha enseñado a los franceses a mandar tres cargas consecutivas de la caballería pesada sobre terreno pantanoso? Ni los charros estamos tan locos... mmm, no, la neta sí... Pero ése fue el caso, xq de no existir el pantano, sino que los arqueros ingleses hubieran estado formados en campo raso, la caballería francesa les hubiera dado un carga tal que, a pesar de las bajas francas, del ejército inglés habría quedado solo el recuerdo...

Ahora sí, saludos!!!


No estoy del todo seguro. Al parecer los ingleses estaban atrincherados tras líneas de estacas y trampas excavadas de cierta profundidad. Imaginad una carga de caballería que alcanza una hilera de estacas afiliadas tras ser desangrada durante toda la carrera por los arqueros ingleses.    Aunque el terreno estuviese seco, tendría que ser devastador. Y si falla la primera carga, la segunda se encuentra ademas el campo sembrado de cabalgaduras derribadas y restos de la anterior carga, lo que entorpecería bastante.

El mayor numero de ballesteros tampoco supone una superioridad gabacha, ya que, aunque poseen mayor alcance, mientras que un ballestero suizo dispara y recarga su arma, un arquero inglés era capaz de realizar hasta 5 o 6 disparos certeros.

De todas formas estoy hablando de memoria. Si encontrais alguna inexactitud no dudeis en tirarme de las orejas. Me mola ponerme colorado    


Autor: eljoines, 29/Sep/2007 13:43 GMT+1:


 

Al igual que sucedió en la batalla de Crezy en 1360, el arco largo inglés, también jugó un papel decisivo.


saludos


Autor: jbravod, 29/Sep/2007 19:01 GMT+1:



Lei en un libro referente a las armas que revolucionaron el arte de la guerra que los arqueros galeses atravesavan sin problemas las armaduras francesas, de otra forma seria mas dificil de entender una masacre tal como se conoce.


Autor: Galland, 29/Sep/2007 22:06 GMT+1:



bienvenido y correcto tu dato, los arqueros ingleses perfeccionaron la tecnica de modo que las armaduras francesas ya no eran solo penetradas por las articulaciones sino que eran atravesadas en si mismas, de modo que por ese motivo se puede entender las 7000 aprox. bajas francesas. a parte prisioneros, y solo unos 600 muertos por parte inglesa.


Autor: Utherkegal, 30/Sep/2007 18:48 GMT+1:



Los franceses estaban muy orgullosos de su caballería y tardaron siglos en reconocer que su error era que no se podía combatir a los arqueros ingleses con cargas sucesivas.


Autor: Utherkegal, 30/Sep/2007 18:56 GMT+1:


 

Así relata la batalla Isaac Asimov en su historia de "La formación de Francia": (Las fotos son cosa mía)

 

Juan Sin Miedo no pudo resistir a la fatal debilidad de otros nobles franceses del período. Como Roberto de Artois y Carlos el Malo, no vaciló en reaccionar ante su derrota apelando al enemigo nacional. Pidió ayuda a los ingleses, y recibió mucha mas de la que esperaba.

El rey inglés, Enrique IV, no había podido actuar libremente en el curso de su agitado reinado. Tuvo que hacer frente a varias rebeliones y no pudo sacar ven­taja de la guerra civil francesa mas que enviando de vez en cuando algunos arqueros.

Pero en 1413, medio año antes de que Juan Sin Miedo fuese expulsado de París, Enrique IV murió. El llamado de Juan, pues, llegó al joven y vigoroso hijo del viejo rey que ahora gobernaba con el nombre de Enrique V. Momentáneamente, Inglaterra estaba en calma; los rebel­des habían sido derrotados. El joven Enrique V quiso mantener esta situación, de modo que sintió la necesidad de alguna gloriosa aventura externa para sofocar las divi­siones internas. Brindando a la nación victorias que celebrar, quizá podía hacer que los ingleses se olvidaran de que su padre había usurpado el trono. Puesto que Francia estaba sumida en su lamentable guerra civil y la facción borgoñona se mostró más bien dispuesta a luchar junto con los ingleses que contra ellos, parecía un buen momento para iniciar una nueva invasión y volver a la situación de los días de Eduardo III.

En­rique V reclutó una fuerza de seis mil hombres con armadura y veinticuatro mil arqueros de arcos largos, y cruzó con ellos el Canal de la Mancha para desembarcar en Normandía, como Eduardo III había hecho setenta años antes.

Las fuerzas de Enrique V desembarcaron en Harfleur el 14 de agosto de 1415. Este desembarco en Harfleur, en vez de la base inglesa de Calais, fue un buen golpe estratégico. Harfleur, en la desembocadura del río Sena era por entonces el puerto más importante del Canal que estaba en poder de Francia. Si Enrique podía tomarlo, completaría la dominación del Canal y en adelante podría invadir Francia y aprovisionar sus fuerzas a su antojo.

Puso a Harfleur bajo sitio y lo mantuvo por cinco semanas sin interferencia por parte de los franceses. En Harfleur usó cañones. Estos eran de limitada efectividad, pero presentaban un gran avance con respecto a las pri­mitivas «bombardas» de Crécy.

La inacción de los franceses durante el asedio fue en parte resultado de su adhesión a las tácticas de Du Guesclin de no ofrecer nunca a los ingleses una batalla campal importante. Por otro lado, los armañacs acababan de consolidar su dominación de París, y Juan Sin Miedo, lejos, en Flandes, seguramente retornaría si los armañacs se desplazaban aguas abajo del Sena.

Aunque la respuesta francesa tenía toda la apariencia de ser una cobardía, era militarmente correcta y era el modo apropiado de destruir a Enrique. El 22 de sep­tiembre de 1415 Harfleur se rindió, pero a la sazón al menos la mitad del ejército de Enrique, por deserción o por muerte en batalla o por las enfermedades, había desaparecido. No faltaron quienes le aconsejaron que se contentase con la ciudad que había capturado y retornase a Inglaterra. Pero Enrique no lo hizo. Volver con sólo los restos de su ejército, con un solo asedio y una sola ciudad tomada como fruto del esfuerzo, equivalía prácticamente a una derrota, sobre todo puesto que los franceses po­dían retomar la ciudad tan pronto como se marchase. Tenía que disponer de algo mejor para mostrar.

Con esta idea, aparentemente, decidió marcharse rápi­damente a Calais, reequipar y restablecer su ejército, tal vez reforzarlo, y realizar alguna gran hazaña antes de retornar. Contaba con que los franceses no impedi­rían su marcha, ya que se mostraban tan vacilantes en presentarle batalla.

Dejando parte de sus fuerzas para que cuidasen de Harfleur, se dirigió por la costa a Calais, el 8 de octubre de 1415. Su ejército, ahora constituido por sólo 15.000 hombres, realizó el viaje de 200 kilómetros siguiendo la ruta que había tomado Eduardo III, cuando setenta años antes marchó a Flandes en busca de seguridad. Eduardo no había pensado librar ninguna batalla durante la marcha, pero finalmente tuvo que combatir en Crécy. Tampoco Enrique pensaba librar ninguna batalla en su marcha.


Autor: Utherkegal, 30/Sep/2007 19:00 GMT+1:


 

Enrique era plenamente consciente de la debilidad de su situación. Dio orden de que no se hiciesen saqueos, pues temía despertar la ira del populacho. Los campesinos y los habitantes urbanos de Francia no podían derrotar al veterano ejército inglés, pero hasta una escaramuza victoriosa significaba pérdidas y retrasos, y Enrique no podía permitirse ningún nuevo desgaste de su ejército.

Sin embargo, sufrió tal desgaste. El tiempo era desas­troso, llovía constantemente y el frío y la humedad aumen­taban durante la noche. La disentería y la diarrea atacaron y debilitaron al ejército. Sin embargo, Enrique desplazó a su ejército tan rápidamente que en tres días recorrió ochenta kilómetros y había llegado a la vecindad de Dieppe. Estaba casi a mitad de camino de su objetivo. Dos días más tarde llegó a Abbeville, cerca de la des­embocadura del río Somme. Cien kilómetros más allá, directamente hacia el norte, estaba Calais y la salvación. Pero los franceses seguían un plan racional, aunque poco glorioso. Se esfumaron ante los ingleses y dejaron que los rigores de la marcha completasen lo que había empezado el sitio de Harfleur. Cuando los ingleses lle­garon al Somme, hallaron los puente rotos.. Enrique espe­raba eso, pero también abrigaba la esperanza de utilizar el vado que en circunstancias similares había usado Eduardo III.

Los franceses también se hallaban preparados para esto. Cuando los ingleses llegaron al río, los franceses estaban esperándolos del otro lado. Si los ingleses intentaban cruzarlo, tendrían que combatir contra franceses secos mientras ellos llegaban a la orilla opuesta mojados y tiri­tando de frío.

Era imposible. Enrique, cada vez más angustiado, tenía que hallar otro sitio para cruzar, e inició una marcha aguas arriba para encontrarlo. Esta fue la peor parte de toda la campaña. Los alimentos se agotaron, pero el ejército inglés trató de ser lo más cauteloso posible al apoderarse de vituallas. Ya no tenía un objetivo deter­minado, pues no sabía dónde encontraría un vado y cada día de marcha lo alejaba cada vez más de Calais y lo debilitaba cada vez más.

Peor aún, los ingleses podían estar seguros de que los franceses, del otro lado del río, los vigilaban estre­chamente. Los franceses también marcharon aguas arriba, a la par de Enrique., pero sin- hacer ningún intento de cruzar el río. Los franceses se contentaban (al menos hasta entonces) con dejar fluir el río entre los ejércitos y esperar a que los invasores ingleses enfermasen y mu­riesen.

El 18 de octubre los ingleses llegaron a Nesle, a más de ochenta kilómetros aguas arriba de Abbeville, y sólo entonces hallaron un campesino dispuesto a mostrarles un vado al que se podía llegar atravesando una ciénaga. No había tiempo para buscar nada mejor. El ejército desarmó algunas casas de la vecindad y usó la madera para hacer un tosco entarimado sobre el cual cruzar la ciénaga. Durante la noche, cruzaron silenciosamente el Somme.

El ejército francés fue cogido desprevenido. Aparen­temente, no conocía el vado, o, si lo conocía, lo consi­deraba difícil de cruzar. Si los franceses hubiesen estado allí y hubieran esperado hasta que los ingleses cruzasen a medias el río, para entonces atacarlos, habría sido el fin de Enrique y su ejército.

Pero no ocurrió así. Los ingleses pasaron a la orilla derecha del río Somme y el ejército estaba intacto. Pero estaba ahora a mas de ciento kilómetros al sur de Ca­lais, y a Enrique sólo le quedaban unos 10.000 hombres que estuviesen en condiciones de combatir. Entre él y Calais había un ejército francés fresco, descansado y al menos tres veces mayor. Ciertamente, cualquiera que en ese momento hubiese considerado la situación de Enri­que no habría visto muchas probabilidades de que saliese vivo.


  Enrique V 


 


Autor: Utherkegal, 30/Sep/2007 19:02 GMT+1:




Autor: Utherkegal, 30/Sep/2007 19:10 GMT+1:


 

Y si los franceses hubieran conservado su sangre fría y mantenido su cauta política de evitar una batalla, con­tinuando en cambio sus pequeñas acciones de acoso, a medida que el ejército en desintegración de Enrique apresuraba su marcha hacia el norte, los ingleses habrían sido destruidos. De hecho, el jefe de las tropas francesas, Charles d'Albret, era un discípulo de Du Guesclin y trató de hacerlo.

Desgraciadamente para los franceses, la estrategia na­cional seguía siendo poco gloriosa y los caballeros fran­ceses estaban horrorizados por la táctica de D'Albret.

A medida que Enrique marchaba hacia el norte, le supli­caron insistentemente que obligase a los ingleses a pre­sentar batalla. Los franceses, a fin de cuentas, eran caba­lleros medievales, con pesadas armaduras, montaban caba­llos enormes y llevaban gruesas lanzas. Y se enfrentaban a una desgastada turba de soldados de infantería y arque­ros a la que superaban en número con creces.

Las probabilidades parecían estar tan a favor de los franceses que para ellos evitar la batalla era seguramente una vergüenza intolerable.

D'Albret no pudo hallar argumentos contra ellos. Ha­bían pasado sesenta años desde la gran batalla de Poitiers, más aún desde Courtrai y Crécy, y en esas batallas no habían estado los caballeros franceses de ese momento, sino sus abuelos y bisabuelos. En cuanto a Nicópolis, había ocurrido en el otro extremo del mundo.

Así, las lecciones de cuatro grandes batallas fueron olvidadas por los despreocupados caballeros franceses, y el ejército francés nuevamente hizo preparativos para detener a un ejército inglés que sólo deseaba alcanzar la seguridad. Así habían detenido a Eduardo III en Crécy, y ahora, casi en las mismas circunstancias, detu­vieron a Enrique V cerca de la ciudad de Azincourt. Esta se hallaba a cincuenta y cinco kilómetros al sur de Calais y a sólo treinta kilómetros al noreste del lugar del mal agüero de Crécy.



Autor: Utherkegal, 30/Sep/2007 19:12 GMT+1:


 

Los ingleses hallaron al gran ejército francés en su camino el 24 de octubre. La batalla era inevitable, y si los franceses hubiesen combatido racionalmente, no podían por menos de ganar. La única posibilidad de En­rique V era que los caballeros franceses luchasen en su habitual manera indisciplinada, al estilo de los torneos, algo que ya les había costado cuatro grandes derrotas en el siglo XIV. En la suposición de que así lo harían, Enrique aprovechó magistralmente las ventajas del te­rreno.

En primer lugar, dispuso su lamentablemente pequeño ejército a lo largo de un frente de no más de novecientos metros, con ambos flancos bloqueados por densos bos­ques. Sólo tantos franceses como ingleses podían apre­tujarse en esos novecientos metros, de modo que los ingleses se enfrentaron con una línea que era poco más numerosa que la suya. Enrique puso a sus hombres de armas (apenas unos mil) en el centro, pero a ambos lados colocó a los formidables grupos de arqueros, ocho mil de ellos, dispuestos a atacar (pese al malestar por la difundida diarrea), y con duras y agudas estacas clavadas en el suelo delante de ellos, apuntando hacia arriba, para el caso de que la carga de los caballeros lograse llegar hasta ellos. El ojo práctico de Enrique también observó que las lluvias continuas, que habían hecho de su marcha una pesadilla, habían convertido el suelo recientemente arado en un tremedal muy inapropiado para hombres tan pesa­damente armados como los combatientes de infantería franceses, y peor aún para los hombres pesadamente armados que iban a caballo. La caballería francesa había reforzado constantemente su armadura con la esperanza de protegerse de las flechas, pero sólo consiguió hacerse aún menos móvil.

El ejército inglés esperó con inquietud, durante la noche, la inevitable batalla del día siguiente, pero Enrique parece haber esperado confiadamente que los franceses se derrotasen a sí mismos y, según la leyenda, negó orgullosamente la necesidad de refuerzos cuando uno de sus oficiales expresó el deseo de que el ejército tuviese diez mil hombres más.

En cambio, el ejército francés, confiando en la victoria, pasó una noche eufórica, mientras sus jefes (dice la le­yenda) hacían apuestas sobre el número de prisioneros que tomarían.

Llegó la mañana del 25 de octubre de 1415. Los caballeros franceses, algunos a caballo, otros a pie, se alinearon en el cieno frente al ejército inglés, que se mantenía a la espera.

No tenían nada que hacer, realmente. Los caballeros sólo necesitaban esperar, fuera del alcance de las fle­chas... y seguir esperando. Si lo hubiesen hecho, Enrique y su ejército habrían tenido que permanecer allí y caerse a pedazos o arremeter, en un ataques desesperado, y ser destrozados.

Pero los caballeros franceses no podían resignarse a esperar. Al recibir una señal, cargaron... o trataron de cargar. Atascados en el lodo, apenas podían avanzar y la línea quedó rota inmediatamente, mientras los hombres se desplazaban penosamente hacia adelante en el mayor desorden.



 

Cuando llegaron al alcance de las flechas, había una confusa mezcla de hombres y caballos tan apiñados que apenas tenían espacio para moverse. Enrique dio la señal, a su vez, y ocho mil flechas de casi un metro de largo atravesaron silbando el aire y fueron a dar sobre las densas filas del enemigo. Era imposible fallar con esas flechas. Los caballos se encabritaron, los hombres grita­ron de dolor y la confusión francesa se hizo aún peor.

Los caballeros franceses que, en el tumulto, cayeron del caballo al cieno no pudieron levantarse nuevamente. Casi asfixiados en el fango, quedaron inermes en el suelo impedidos por su pesada armadura. Y cuando los franceses estuvieron totalmente indefensos, Enrique or­denó a sus infantes y arqueros que avanzaran con hachas y espadas. Fue una carnicería, en la que los franceses dejaron de morir sólo cuando los brazos ingleses se fatigaron de subir y bajar.

De las cinco grandes batallas que la caballería medieval de Francia había perdido contra enemigos más discipli­nados desde 1300, la batalla de Azincourt fue con mucho la más desastrosa. El número de franceses muertos llegó a 10.000, cantidad igual a la de todo el ejército inglés, y al menos 1.000 caballeros fueron capturados y rete­nidos para pedir rescate por ellos. Los ingleses, por su lado, informaron que sus propias bajas habían sido un poco más de 100 (aunque quizá hayan sido diez veces más, en realidad).

Ha habido pocas batallas en la historia en que un pequeño ejército derrotase tan catastróficamente a un enemigo, que lo superaba con mucho, no sólo en hombres, sino también, al parecer, en equipo.


Autor: Utherkegal, 30/Sep/2007 19:15 GMT+1:


 

 


Key

English Longbowmen   French Mounted Knights
English Men at Arms   French Crossbowmen
First French Attack   French Men at Arms
Second French Attack   French Bombards

Autor: EnglandTheWWIISavior, 01/Oct/2007 04:34 GMT+1:


 

porque varían tanto las fuentes en la cantidad de bajas sobre todo de los ingleses?


Autor: bad1234, 07/Oct/2007 20:54 GMT+1:



creo la batalla de agincourt marco el final de la caballeria y seria la ultima gran victoria inglesa en la guerra de los cien años .


Autor: canal22, 09/Oct/2007 15:51 GMT+1:



   Si, es una de las batallas más importantes de la Edad Media...


Autor: TlTO, 25/May/2008 13:06 GMT+1:


 

Escrito originalmente por GaetanoLaSpina

Esa armadura de los caballeros ingleses no era eficiente ante las flechas...


Hasta hace bien poco yo también estaba totalmente convencido de este hecho, como se reseña en otros post, porque otra explicación no le hallaba. Sin embargo he visto recientemente un documental del Discovery Channel  sobre esta batalla que me ha hecho reflexionar y plantearme dudas. Se llama: "Campo de batalla. la batalla de Agincourt". Os lo recomiendo.

Al principio lo acogí con mucha cautela, ya que me parecía que era otra propuesta comercial más dirigida a cuestionar y desmontar hechos que creía comprobados, sin demasiado rigor. Pero pronto cambió mi visión. Los británicos la verdad que se preocupan mucho de utilizar todos los medios cientificos a su alcance para dilucidar hechos de su historia. 

Citado por EnglandTheWWIISavior


Aunque el arco de tipo longbow logró mayor fama debido a la creencia que era el arma responsable de la victoria inglesa, lo cierto es que en esa época las puntas de flecha no se fabricaron con el acero de calidad necesaria para perforar la armadura de los franceses, aspecto que produce discordancia entre los historiadores. Sin embargo consienten en torno al factor fundamental que precipitó el fracaso de los franceses: el cansancio y las condiciones existentes en el campo de batalla.


He aquí una de las cuestiónes que se tratan de demostrar. Al parecer, en el campo de batalla no existen demasiados restos de dicha batalla, no existe ninguna armadura, y otro tipo de restos son muy escasos (una espuela, puntas de flechas, etc.), ya que los mismos vencedores ingleses debieron de hacer una importante limpieza y las armas y armaduras de los vencidos era otra parte más del botín. Eso, sumado a los expolios individuales acaecidos a lo largo de los siglos, ha llevado a que el campo este practicamente "limpio". Sin embargo estos hombres hallaron gracias a un detector de metales una punta de flecha. Esta punta, era del tipo llamada "cónica" o "de cincel". Era la típica punta de las flecha del arco largo, diseñadas principalmente para traspasar cotas de malla. Sin embargo he aquí lo sorprendente: estas puntas de flecha no eran de acero, sino de hierro. El material era mucho más barato, la mayoría de flechas no se recuperaban, y la producción debía ser inmensa para una campaña como esa, por lo que hacerlas de acero no era costumbre de la época. 

Por contra, tras el estudio de diversas coleccicónes de cascos y armaduras realizadas entre mediados del siglo XIV y comienzos del XV indican que se dió una carrera armamentística en este sentido. Mientras que la mayoría de yelmos de mediados del XIV eran de hierro, y por tanto susceptibles de ser traspasados por estas flechas, hacia 1415 estos ya eran de acero. Los caballeros franceses que participaron en Agincourt, de los que existen listas bastante precisas, pertenecían a la alta nobleza, y la misma espuela hallada en el campo, de riquisima factura, así como las piezas halladas en otros lugares y datadas hacia este periodo, indica que sus armaduras debían ser lo último en tecnología bélica y su material: el acero. 

Se hicieron análisis cientificos mediante una máquina calculando la fuerza de impacto de la flecha cónica sobre una placa de acero del grosor de una coraza y, ¡sorpresa! La punta de flecha de una "conica de hierro" se quebraba y no traspasaba la armadura de acero. 

Por tanto, si bien la lluvia de flechas produjo un caos total y una desorganización brutal en un ejército atacante metido hasta los tobillos en el barro, y sus caballos sí morían (porque aún no era costumbre que estos llevaran también armadura), no fue la causa principal de la gran mortandad producida entre los franceses. Estudios de expertos en movimientos de masas de personas han señalado bastante detalladamente el efecto que pudo sufrir, teniéndo en cuenta las características del terreno, la fuerza atacante. En un terreno con forma de embudo que se iba estrechando, como podemos ver en los planos que ha introducido utherkegal, los hombres se apelotonaban, se pisaban, caían, se empujaban, y llegaban a las filas inglesas totalmente agotados y desorganizados. Los arqueros ingleses debieron hacer una escabechina con sus dagas, mazas y armas "poco nobiliarias" entre los acorazados hombres de armas franceses. Estos no querían enfrentarse a los arqueros ingleses, campesinos sin ningún valor, lo que no era nada noble y no suponía la obtención de ningún rescate der ser capturados, sino que querían enfrentarse a los hombres de armas ingleses situados en el centro, y esto produjo más caos, empujones y desorganización. Mientras los arqueros ingleses no tenían reparos en degollar caballeros enemigos sin respetar la más minima regla caballeresca. Aquí, en el cuerpo a cuerpo entre los caballeros a pie franceses y los arqueros ingleses, estando estos en ventaja por sus armas ligeras en un terreno embarrado, se produciría una de las mayores matanzas de franceses.

A esto se le sumaría la conocida matanza en masa de los prisioneros capturados, llevada a cabo por estos mismos arqueros por orden del rey, ya que sus caballeros pusieron reparos a tal hecho ya que suponía le perdida de cuantiosos rescates. 

Y por último, aunque me dejo alguna cuestión como la presión que ejercía el barro de la zona sobre hombres acorazados (analizado por expertos según el estrato de hace 600 años), también es importante otro punto ya conocido. Muchos caballeros y hombres de armas franceses, ignorando el detallado plan (conservado en un documento algo deteriorado) del eficiente marical francés Boucicault, ni siquiera participaron en la batalla, quedando dispersos por la zona, o incumpliendo ordenes de ataque, o el de su posición en la formación. El ataque de caballería que fue enviado por los flancos apenas tuvo la participación de unos pocos hombres. Los mismos ballesteros franceses (ésta vez si llevaban pavés a diferencia de en Crecy), que debían formar en vanguardia y diezmar y desorganizar las filas de enemigos antes del ataque, no pudieron actuar ya que quedaron dispuestos contra ordenes en una segunda línea de batalla tras hombres de armas a pie. A fin de cuentas, lo irónico es que la gran superioridad numérica francesa fue su mayor desventaja.

Del todo curioso e interesante. Y aunque halla que acoger los replanteamientos con cautela, ya podíamos en España estudiar tan detalladamente algunas batallas de nuestra historia.

Saludos


Autor: Ginebra_15, 28/Jul/2008 13:57 GMT+1:



Me encanta esta batalla. Ademas esta genial como la escenifican en la pelicula Enrique V de Kenneth Brannagh.