La expansión Huari

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canal22

 

 

A partir del 800 en la region serrana central de Ayacucho surge la cultura Huari, o Wari, creadora en poco tiempo de un poderoso estado centralizado en la ciudad capital del mismo nombre y cuyo dominio llego por el norte hasta Lambayeque y Cajamarca y por el sur hasta el Cuzco y Arequipa, imponiendo en todo el area un sistema de creencias bajo una pauta comun politica. Huari fue una gran urbe, centro administrativo qe alcanzo los cuarenta mil habitantes y foco de expansion y unificacion de las culturas regionales precentes, estableciendo asi el Horizonte Medio.

Huari tiene sus raices en el desarrollo anterior de la cultura Huarpa de Ayacucho, cuya esplendida economia agraria  permitio contactos comerciales con otras zonas como Nazca. Todo ello consigo la creacion de una sociedad agropecuaria, con amplios conocimientos artesanos, una religion satisfactoria incluso en el plano politico y economico y una organizacion urbana.

En efecto, Huari, la capital y primer caso plenamente logrado de urbanismo en los Andes, se erigio como un centro administrativo reuniendo en su interior mucha poblacion de los valles vecinos, y se estructuro en varios barrios rodeados de anchas murallas qe incluian diversos grupos de edificios con terrazas empedradas y canales subterraneos. Ciertos barrios debieron estar dedicados a funciones diferentes, administrativas, residenciales, artesanales... como los denominados Ushpa Qoto, Capillayoq, Capilla pata o Cheqo Wasi, este ultimo con unas construcciones a modo de grandes cajas de piedra labrada, posibles graneros o depositos de agua.

Al pie de los muros habia tambien una importante red de canales para la distribuccion del agua, elemento fundamental en la ciudad, pero no se aprecia ninguna zona con dedicacion religiosa o ceremonial especifica. Este urbanismo de Huari sera copiado y perfeccionado en diversos lugares bajo su dominio y pasara a las culturas sucesoras. Junto a los restos arqitectonicos se conservan algunos monolitos esculpidos qe semejan remotamente figuras de hombres, mujeres, y algun animal, toscamente trabajados y con marcado caracter civil.

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#5 ·

RE: La expansion huari
 

Esto es lo que yo tengo sobre Huari. No se si todo esta en mi post sobre las cultiura preoncaicas o si algo es una ampliacion que he hecho sobre ese tema

 

 

              A finales del siglo VI y sobretodo en el siglo VII de nuestra era se inicia una decadencia en la mayor parte de las sociedades costeras y andinas, independientemente de su poder y de la extensión de sus dominios. Todo el Perú se convierte en el teatro de un profundo cambio.
         Tanto las poderosas civilizaciones del Moche o de Nazca en la costa, como las poblaciones de Cajamarca en la sierra norte son brutalmente sumergidas por una corriente económica y cultural que no solo destruye parcialmente los elementos esenciales de su cultura tradicional, sino que impone comportamientos nuevos y uniformes en todo el territorio sometido a su influencia por medio de un aparato político y militar altamente centralizado. También surgen nuevos dioses. En todas las regiones son abandonados pueblos y ciudades y se edifican nuevos y grandes centros urbanos, una de cuyas funciones es asegurar la circulación de los bienes básicos y de los productos manufacturados por todo el territorio bajo su control.
         El punto de partida de esta conquista, muy probablemente militar y que en muchos aspectos se asemeja a la que algunos siglos después protagonizarían los incas, fue Huari, cerca de la ciudad de Ayacucho. El valle de Ayacucho tiene una largísimo historia de ocupación, pues se han encontrado restos de más allá del 7.000 a.c.. No obstante el poder de Huari se desarrollará entre el 600 y el 1.000 d.c., periodo bautizado por los arqueólogos con el nombre de Horizonte Medio. Por el norte, esa expansión, llega hasta el norte del Perú. La presencia de elementos culturales procedentes de Huari está claramente demostrada, pero según parece la organización y las tradiciones locales se mantienen. En el centro y el sur el impacto es más acusado.
         Huari, en su momento de apogeo la ciudad tenía una superficie de 1.000 a 1.500 hectáreas y podía albergar a una población de unas 50.000 personas. La expansión de Huari no se produjo  a resultas de una penetración pacífica y difusa, sino de un proceso autoritario y controlado por un poder central fuerte.
         Tihuanaco y Huari compartieron una iconografía con ciertos tipos de figuras como las que aparecen en la Puerta del Sol. Todavía se siguen debatiendo el tema de los mecanismos por los que aparecieron los nuevos motivos en los dos asentamientos. Ambas ciudades pudieron desarrollarse, por lo general, de una manera independiente, con algunos contactos e influencias mutuas y con una fuente común de motivos religiosos. Según se cree que los motivos llegaron, tanto a Tihuanaco como a Huari, desde un tercer punto, que podría haber conservado motivos de arte de Chavín.
         Estos motivos aparecen con una forma elaborada en Huari y en su cerámica. Los objetos muebles, posiblemente fueron copiados de la Puerta del Sol de Tihuanaco, sin embargo hay variantes que muy posiblemente sean de este tercer punto.
         La escultura de Huari fue más simple y tosca que la de Tihuanaco, y acaso su religión estuviera menos desarrollada, prevaleciendo en Huari un sentimiento más laico; pero ambas ciudades iniciaron su expansión después del 500 d.c. estableciendo confederaciones. Otra interpretación de las relaciones Tihuanaco-Huari es la que hubiesen sido capitales duales, controlando Huari las regiones del norte y Tihuanaco las del sur. En cambio la región de Nazca (a unos 300 kilómetros en dirección de la costa) estaba asociada tanto a Huari como a Tihuanaco.
         Hay una divinidad en pie y frontal que aparece a menudo en una plataforma escalonada llevando un bastón o algún otro objeto simbólico en las manos, se ha encontrado tanto en Pucara, Tihuanaco, Huari y en el arte provincial. La figura tiene un rostro a manera de máscara, con formas radiantes y a veces terminadas en serpientes; lleva túnica y cinturón. Probablemente representa un prototipo de la deidad posterior que se llamó Viracocha, un dios del cielo y creador pan-andino. Unas figuras de perfil, a menudo aladas y rampantes, arrodilladas, volando o flotando, acompañan a la figura central o aparecen con independencia de ella. Los dos tipos de figuras comparten ciertos atributos como la cabellera de serpientes y la vestimenta.
         El horizonte medio se define por la expansión de Huari. Este surgió a la vida poco después del 500 d.c., cuando el nuevo estilo artístico apareció en el valle de Ayacucho. El periodo siguiente, en torno al 600 d.c., fue un tiempo de conquistas que se extendieron hasta Chancay en la costa.
         Grandes complejos arquitectónicos, levantados en un estilo desconocido en los Andes, aparecieron en localidades estratégicas. Enormes muros encerraban casas, calles, plazas y construcciones con cientos de estancias. Eran edificios para la administración civil y para guarniciones militares; allí hubo almacenes, viviendas para el personal de mantenimiento y barrios para artesanos y trabajadores. Cerca se levantaron los santuarios religiosos. La arquitectura era rectangular y simétrica sugiriendo no solo unas mentes ordenadas, sino también planificadoras, con construcciones de un solo piso y sin los añadidos y hacinamientos de otras estructuras precolombinas. La arquitectura estaba pensada para imponer con su presencia y para centralizar las fuerzas de ocupación. La construcción de un imperio estaba en marcha.
         Empezaron a construirse los típicos recintos arquitectónicos huaris en la costa sur, en Cerro Baúl; en Pikillaqta, al sur del altiplano. Algunos de ellos se encontraban en tierras limítrofes, como la plaza fuerte de Cerro Baúl, en el valle del Moquegua una zona habitada por gentes de Tihuanaco.
         Aunque Tihuanaco y Huari tienen muchas cosas en común, la arquitectura de sus respectivas capitales es muy diferente. En el primer caso, la ciudad se extendía a lo largo de una llanura con toda una serie de grandes plazas, patios hundidos y túmulos dispuestos de una forma bastante definida y ordenada. Huari, en cambio, se parecía más alas ciudades europeas antiguas, resultado de un dilatado proceso de crecimiento desordenado. Según parece, había varios túmulos rodeados de grades muros.
         Cada uno de estos túmulos era la residencia de un noble o un aristócrata, pero se desconoce que relación había entre los diferentes complejos. El corazón de la ciudad abarca una superficie de 2,5 kilómetros cuadrados y en otros 10 kilómetros cuadrados se ha conservado vestigios arquitectónicos de menor espectacularidad.

 

 

        
         Otras pruebas de la existencia de un administración imperial es la aparición, por primera vez, de un sistema de anotación basado, en nudos similar al que los quipus empleados por los incas, así como la construcción de calzadas, probablemente para facilitar el desplazamiento de las tropas y el control de la población. Se ganaron tierras en algunas regiones y las gentes del altiplano las ocuparon para cultivar el maíz, productivo como nunca antes.
Tras el periodo de expansión Huari hubo, al parecer, una crisis que motivó una disminución en las construcciones y modelos de conquista, así como el abandono de algunos asentamientos en el valle de Ayacucho. Por ese tiempo ganó en importancia el asentamiento costero de Pachacamac, que tal vez fuera una potencia rival de Huari. Mas tarde el asentamiento de Pachacamac desarrolló una esfera de influencia propia eclipsando a la de Nazca.      
         El genio conquistador de Huari había extendido el poder del Imperio, al menos por un breve periodo de tiempo, hasta la lejana costa septentrional de Perú y la zona de Cajamarca, en las tierras altas.
         Los estilos arquitectónicos de Tihuanaco y Huari tienden a representar una imagen similar de sus respectivas clases gobernantes, basada sobre todo en la presencia de mantos y sombreros de cuatro picos. En el caso de Huari, esta vestimenta es si cabe más representativa, ya que este tipo de sombreros, junto con las varas y los keros, eran los atributos del poder.
         Estos sombreros se elaboraban con fibra de camélido mediante la técnica del rizado. Los picos propiamente dichos, rematados a veces con borlas, se confeccionaban con las mismas alas del sombrero. Los motivos consistían en formas geométricas, animales y, en ocasiones, ángeles similares a los que aparecen en la Puerta del Sol de Tihuanaco.
         Los mantos de los hombres que llevaban sombrero de cuatro picos se encuentran entre las muestras de tejido más espectaculares de toda la historia de los Andes. No se si confeccionaban con los telares propios de la región, sino con grandes telares de cintura horizontales. Si los artesanos de Paracas eran unos apasionados de los bordados. Los de Huari se valieron de una serie de complejas técnicas de confección para  fundir los motivos en la tela, conformado así un todo.
         Los mantos consistían en dos piezas confeccionadas por separado y a continuación en dos piezas confeccionadas por separado y a continuación, cosidas entre si. Se vestían a lo largo, si bien se confeccionaban a lo ancho, de manera que los artesanos que las realizaban tenían que pensar en las dos direcciones al mismo tiempo.
         Según un estudio realizado, se calcula que los mejores mantos se confeccionaron usando entre 10 y 4 km. de hilo de camélidos. Este hecho, unido al enorme trabajo que requerían la confección y el tinte de este, permite imaginar que se trataba de artículos al alcance de unos pocos privilegiados.
         Entre los años 562 y hasta el 594 hubo una terrible sequía, provocada seguidamente por el Niño. Frente a la teoría de que la expansión imperialista de Tihuanaco y Huari fue tan solo de carácter militar, se ha apuntado otra según la cual el éxito de los pueblos del altiplano se debería, sobre todo, a la introducción de nuevas técnicas que habrían permitido no solo hacer frete a la sequía, sino incluso prosperar.
         Según esta hipótesis, Tihuanaco se expandió por el altiplano haciéndose con nuevas tierras de cultivo por medio de canales que permitían alargar la temporada al tiempo que enriquecían las tierras.
         Los huaris, a su vez, construyeron asimismo canales para transportar el agua desde grandes altitudes, lo que permitía regar enormes superficies de terreno.  

         Antes del 800 d.c., el asentamiento de Huari fue abandonado; según parece el periodo de conquista terminó de forma abrupta pero su estilo artístico continuó influyendo.