La Mezquita Aljama de Cordoba

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LA MEZQUITA ALJAMA DE CORDOBA

 

La denominación “mezquita” deriva de la palabra árabe masyd que significa lugar de oración. Originariamente no hay una concepción global de la mezquita como edificio en si, sino que con este nombre se designaba de modo general a todo santuario. La mezquita, es el resultado de una confluencia de factores de índole práctica (en relación con las necesidades impuestas por la obligación de la oración musulmana) y de una serie de pequeños acontecimientos directamente relacionados con la vida del Profeta Mahoma. De tal forma la estructura general de toda mezquita (el sahn o patio y el oratorio propiamente dicho o zona cubierta) parece derivar de la estructura de su casa en Medina, donde la comunidad musulmana solía reunirse en torno a su líder para escuchar sus enseñanzas.

 

La estructura de cada mezquita es relativamente simple, situada junto a una calle principal del barrio, se abre a la misma mediante una puerta que da acceso a un patio (sahn), que suele estar rodeado en tres de sus cuatro lados por una galería porticada. En el centro se dispone una fuente o pila para la realización de las abluciones rituales previas a la oración y en el extremo se levanta la sala cubierta (haram o lugar sagrado) donde los fieles realizan la oración.


El punto focal de esta es un pequeño nicho (mihrab), abierto en su muro y que marca la qibla y con orientación a La Meca, este era un pequeño habitáculo, en ocasiones un simple nicho, en cuyo interior se encontraba el Corán, el espacio inmediato que le precede se denomina macsura, espacio destinado al emir o califa o en su caso al imán que dirigía las oraciones.
 
Completa el conjunto una torre o alminar, edificación en altura a modo de torre desde donde el almuédano llamaba a la oración y que estaba en el patio o sahn.
 

El proceso que refleja la fundación de una mezquita es vital si consideramos que la sociedad islámica andalusi es esencialmente urbana y que solo en un medio urbano, un musulmán puede cumplir la totalidad de los preceptos que impone su religión. Por ello la edificación de la mezquita constituye siempre la primera empresa constructiva que se acometía cuando se llegaba a una nueva ciudad, puesto que estaba considerada el centro básico de la vida musulmana en todos los órdenes.

 

Desde un momento temprano diversos personajes relacionados con la familia omeya se preocuparon de notar a los incipientes arrabales que comenzaban a formarse en las inmediaciones de la Madinat de Qurtuba de aquellos equipamientos comunitarios que resultaban esenciales para la vida musulmana y entre otras obras destacaban las mezquitas.

 

Ya en época de Abderramán I, sus favoritas, Mu´ammara y Tariq sufragaron la construcción de sendas mezquitas. Es probable que el propio emir Hixen I ordenase levantar en el arrabal de Sabular la mezquita que lleva su nombre y de la cual se conserva parte en la iglesia de Santiago.

 

Alminares de cronología emiral pertenecientes a otras tantas mezquitas de barrio, se han convertido en iglesias como San Juan y el convento de Santa Clara.

 

Al comienzo del siglo IX, Mu´ta y Achab, esposas de Alhaken I construyeron las mezquitas que llevan su nombre en los arrabales occidentales, del mismo modo que durante los reinados de Abderraman II y Muhammad I, Al Shifa y Umm Selaina.

 

Por último en plena época califal Mustaqui, madre de Al Mugira, el menor de los hijos de Abderramán III ordenó construir una mezquita que lleva el nombre de su hijo y emplazada en San Lorenzo, arrabal de Al Mugira. La cronología nos da una idea de los procesos de islamización de la población cordobesa de la que serán un valioso instrumento, al menos sería un foco de atención para el doblamiento de la misma.

 

Frente a la mezquita mayor o aljama destinada a la plegaria solemne y obligatoria de los viernes, las mezquitas de barrio estaban destinadas a recoger la oración ritual (salat), que el musulmán realizaba en cinco momentos del día, de acuerdo a la posición del Sol: alba, mediodía, tarde, ocaso y noche. Junto a esta función esencial, la mezquita desempeñó, en los primeros siglos del Islám otras muchas funciones entre las que destacan la de sede del tribunal de la comunidad y la de centro de enseñanza.

 

 

El proceso que refleja la fundación de una mezquita es vital si consideramos que la sociedad islámica andalusi es esencialmente urbana y que solo en un medio urbano, un musulmán puede cumplir la totalidad de los preceptos que impone su religión. Por ello la edificación de la mezquita constituye siempre la primera empresa constructiva que se acometía cuando se llegaba a una nueva ciudad, puesto que estaba considerada el centro básico de la vida musulmana en todos los órdenes.

 

Desde un momento temprano diversos personajes relacionados con la familia omeya se preocuparon de notar a los incipientes arrabales que comenzaban a formarse en las inmediaciones de la Madinat de Qurtuba de aquellos equipamientos comunitarios que resultaban esenciales para la vida musulmana y entre otras obras destacaban las mezquitas.

 

Ya en época de Abderramán I, sus favoritas, Mu´ammara y Tariq sufragaron la construcción de sendas mezquitas. Es probable que el propio emir Hixen I ordenase levantar en el arrabal de Sabular la mezquita que lleva su nombre y de la cual se conserva parte en la iglesia de Santiago.

 

Alminares de cronología emiral pertenecientes a otras tantas mezquitas de barrio, se han convertido en iglesias como San Juan y el convento de Santa Clara.

 

Al comienzo del siglo IX, Mu´ta y Achab, esposas de Alhaken I construyeron las mezquitas que llevan su nombre en los arrabales occidentales, del mismo modo que durante los reinados de Abderraman II y Muhammad I, Al Shifa y Umm Selaina.

 

Por último en plena época califal Mustaqui, madre de Al Mugira, el menor de los hijos de Abderramán III ordenó construir una mezquita que lleva el nombre de su hijo y emplazada en San Lorenzo, arrabal de Al Mugira. La cronología nos da una idea de los procesos de islamización de la población cordobesa de la que serán un valioso instrumento, al menos sería un foco de atención para el doblamiento de la misma.

 

Frente a la mezquita mayor o aljama destinada a la plegaria solemne y obligatoria de los viernes, las mezquitas de barrio estaban destinadas a recoger la oración ritual (salat), que el musulmán realizaba en cinco momentos del día, de acuerdo a la posición del Sol: alba, mediodía, tarde, ocaso y noche. Junto a esta función esencial, la mezquita desempeñó, en los primeros siglos del Islám otras muchas funciones entre las que destacan la de sede del tribunal de la comunidad y la de centro de enseñanza.

 

 La Mezquita aljama: Constituye el reflejo de la arquitectura religiosa islámica, puesto que si bien ha llegado a nosotros modificada por la inserción en su interior de la catedral cristiana, podemos intuir  toda su primitiva realidad. Su construcción fue el resultado de un largo proceso constituido por sucesivas ampliaciones que no tenían otro motivo que el aumento demográfico de la ciudad. En las canteras de la sierra de Córdoba se extraía la llamada “piedra franca!, que fue una caliza muy utilizada para la construcción de la Mezquita Aljama, del Alcázar, de las murallas de la ciudad y de Madinat al-Zahra.

 

 

Abderramán I: Se dio cuenta de que la población musulmana crecía rápidamente y decidió construir una mezquita. Los cristianos y los musulmanes oraban en un templo visigodo dedicado a San Vicente Mártir construida en el siglo V, y Abderramán I llegó a un acuerdo con los cristianos mediante el cual les pagaría 100.000 dinares, les dejaría que construyesen las iglesias destruidas en la conquista y levantasen unas nuevas. Por lo tanto el viejo templo fue derruido y en su lugar se empezó a construir la Mezquita, en el año 785, inspirada en la de Damasco, ciudad que añoró durante toda su vida. Este nuevo edificio, con el tiempo, se convertiría en la Gran Mezquita aljama del occidente islámico. Como todas  tiene un sahn o patio de abluciones y el haram o sala de oración,

 

El sahn original fue construido por este monarca. Era un pequeño recinto de planta rectangular, proporcional al tamaño de la sala de oración. El alminar, siguiendo la tradición constructiva Omeya, estaba situado en el exterior del muro norte.

 

Numerosos investigadores han centrado su interés en el estudio de este singular edificio. Con anterioridad a su construcción, no había ningún templo islámico en la ciudad. En un principio, la oración del viernes, principal día de la liturgia musulmana,  y que concentraba a toda la comunidad, se celebraba en un oratorio al aire libre o musalla. Ya  en época de Abderramán se compartía la basílica de San Vicente con los cristianos cordobeses, pero debido al aumento de población se hizo necesario adecuar el espacio a las nuevas condiciones. Con este edificio se quería emular en occidente el esplendor de la mezquita de Damasco, la más importante de los dominios islámicos en oriente. Este haram constaba de once naves longitudinales orientadas hacia el río Wadi al Kabir, estas naves constan de doce tramos o crujías que corren en dirección al muro de la qibla.

 

Pero las relaciones entre ambas comunidades no se limitaban únicamente a la tolerancia religiosa. Cuando los musulmanes se asientan en la península van a entrar en relación con el arte hispano-visigodo, sobre todo con las creaciones arquitectónicas de cuyos contactos el arte y la estética de los conquistadores saldrán beneficiados. Esa influencia en esta mezquita se traduce, por un lado en la planta y por otro en una serie de elementos que presentan clara conexión con las formas visigodas: el arco de herradura, el capitel de pencas, la concepción de la geometría como motivo decorativo, etc. Todo ello ha hecho posible que la basílica de San Vicente sea considerada como una especie de “prototipo oculto del arte islámico en occidente”.

 

Esta primera Mezquita, de planta cuadrada y once naves, se caracterizaba por un fuerte clasicismo que se traducía en varios factores: el uso de columnas aprovechadas de edificios anteriores, los caracteres sirios aportados por los omeyas y la proporción de los tramos. De estos tres rasgos surgen las principales cuestiones que plantea esta primera edificación. El hecho de que las columnas fuesen aprovechadas hace evidente la falta de un taller artístico propio de estos primeros tiempos. Por otra parte, este hecho dota de de gran variedad a los fustes de este sector de la mezquita, rasgos que también afecta a los capiteles. De este aprovechamiento surge así mismo un primer problema como es la diferente altura que presentaban. La solución escogida por los maestros musulmanes fue el establecimiento de una línea determinada a partir de la cual se fijaba la altura del edificio. El desnivel ocasionado por los fustes más pequeños se salvaba mediante la colocación de los suplementos adecuados ajo la basa. Por esto hoy, tras los sucesivos enlosados que ha sufrido el recinto, observamos algunas columnas sin basa, “enterradas”, que serían las de mayor fuste; y otras que si presentan al exterior sus basas, las de fuste más corto, que ahora han quedado a nivel del suelo.

 

Aunque la disposición de los tramos sigue la tradición siria, también muestra algunos rasgos diferenciadores. El más notable es quizá que el espacio se orienta al sur, dirección marcada por el muro de la qibla. Esta orientación no respondía a la ortodoxa que marcaba la dirección a la Meca, hacia el SE; en este punto también encontramos la coincidencia con la mezquita de Damasco que muestra de igual modo está heterodoxa orientación hacia el sur. Quizás esto se deba a una intencionalidad política tras la proclamación de la independencia del emirato.

 

La concepción del espacio en oriente difiere de la de occidente. Pese a esta diferenciación se puede hablar de una cierta influencia cristiana puesto que la nave central es ligeramente más ancha que las demás. Así pues, se puede hablar de cierto peso de lo tradicional en todos los aspectos que conforman la planta de la primitiva mezquita de Abderramán I “el inmigrado”.

 

El edificio presenta mayores novedades en su alzado con una doble arquería inspirada en los modelos romanos, como en el acueducto de los Milagros de Mérida. Con ello simultáneamente se ganaba en elegancia de proporciones al equilibrarse la extensión del edificio con la altura. También se emplea piedra y ladrillo alternantes en el dovedaje, lo cual aporta no solo la nota estética con la bicromanía del amarillo (de caliza) y el rojo (de ladrillo) sino que además significa interesantes ventajas puramente estructurales (ejercer menor empuje).

 

La arquería estaba compuesta de una columna y un pilar. Entre las columnas había un arco de herradura y entre los pilares, que estaban encima de las columnas, había arcos de medio punto ya que recibiría la techumbre de madera.

 
 

Aquí se ve también la iluminación por lámparas de plata, que ahora son eléctricas pero antes eran de aceite. Esas lámparas fueron llevadas por las tropas cristianas y jamás volvieron a Córdoba.

 

 

Hixen I: Al morir Abderramán I aún no estaban concluidas las obras en su totalidad. Será su hijo Hixen I quien complete la  primitiva mezquita levantando el alminar. Sus cimientos fueron descubiertos y excavados en 1934. Se situaba en el muro norte, destacado hacia el interior y de planta cuadrada. Hoy se reconoce mediante un encintado de piedra. También construiría, Hixen I, las galerías para las mujeres y una pila de abluciones que no ha conservado.

 

Todos los botines de guerra los empleó en la construcción de todo esto.

 

 

Abderramán II: Por esas fechas la ciudad creció muchísimo, Córdoba había alcanzado tal desarrollo que muy pronto se puso de manifiesto la necesidad de una ampliación de la Mezquita.

 

El crecimiento de la ciudad de Córdoba habría determinado la necesidad de un oratorio (haram) con un aforo mayor para poder albergar más fieles durante la celebración de los viernes, por lo que el emir decidió la primera ampliación de la Mezquita. Las obras comenzaron en el 833 y se acabaron, ya en tiempos de su hijo, en el 855.

 

Para llevarlas a cabo se derribó el primitivo muro e la qibla y se prolongaron las arquerías en ocho tramos o crujías más en dirección sur, con una longitud total de aproximadamente 26 metros. Los elementos arquitectónicos son idénticos a los de la fase inicial y se utilizaron materiales de acarreo por lo tanto se repite el sistema constructivo iniciado por Abderramán I, aunque una novedad, por ejemplo, la penetración de las influencias orientales, especialmente de Bagdag y Samarra. Ello es flujo de la intensificación de diversos personajes llegados al emirato, de los que el músico Zyriab puede servir de ejemplo, y sobre todo el influjo de nuevas ideas estéticas en relación al concepto del gusto, el refinamiento, etc. Se utilizó materiales labrados a propósito para esta ampliación, como los ocho capiteles denominados “de pencas” y ello es debido al nacimiento de un taller artístico del cual conservamos como muestra el grupo de capiteles corintios  y sobretodo las dos parejas de columnas que daban paso al mihrab de la nueva ampliación y que fueron utilizados con el mismo fin en el posterior mihrab levantado durante el mandato de Alhaken II. Este mihrab cuyos cimientos fueron encontrados en el subsuelo de la Capilla de Villaviciosa, estaba concebido monumentalmente con un arco de entrada sostenido por cuatro columnas y sobresalía al exterior del muro de la qibla.

 

También, este emir, llevó a cabo una intervención en el patio, cerrándolo con saqqifas (espacio o galería reservado a las mujeres) en los laterales que faltaban.

 

Eulogio de Córdoba, el mozárabe, dijo lo siguiente sobre el gobierno de Abderramán II:

 

 

En el año 850, el pueblo de los árabes engrandecido en riquezas y dignidad en tierras hispanas, se apoderó bajo una cruel tiranía de casi toda Iberia. En cuanto a Córdoba, llamada antaño Patricia y ahora nombrada ciudad regia tras su asentamiento, la llevó al más elevado encumbramiento, la ennobleció con honores, la engrandeció con su gloria, la colmó de riquezas y la embelleció con la afluencia de todas las delicias del mundo, más allá de lo que es posible creer o decir, hasta el punto de sobrepasar, superar y vencer en toda pompa mundana a los reyes de su linaje que le precedieron, y mientras bajo su pesadísimo yugo, la Iglesia era arruinada hasta la extinción.

 

 

Muhammad I, al Mundir y Abd allah: Muhammad I termina las obras comenzadas por su padre en la Mezquita, construyendo la macsura en la nueva mezquita recién restaurada.

 

Durante el siglo IX, suceden a Muhammad I, al Mundir y Abd allah, que intervendrán en el desarrollo del edificio pero de manera menos significativa. Así, al Mundir construye la sala del Tesoro (de ubicación desconocida) e hizo reparaciones en el depósito del agua y las galerías. Abd allah hizo el primer pasadizo cubierto (al Rabat) que unía el templo con el alcázar.

 

Tras este periodo de menor volumen constructivo llegamos al siglo X, que señala el punto máximo del esplendor califal.

 

 

Abderramán III: Será quién asuma el título de Califa lo que supone un inequívoco aumento de poder. Con ello consigue invertir un proceso de decadencia hincado en la segunda mitad del siglo IX, y hacer de Córdoba la capital por excelencia a lo largo de todo el siglo.

 

Durante su gobierno las relaciones artísticas con Bizancio se hicieron más fecundas lo que va a posibilitar el desarrollo cultural posterior conseguido con su hijo Alhaken II. La labor constructiva de Abderramán III se va a centrar en dos puntos fundamentales: la Mezquita Mayor y el palacio de Medina Azahara.

 

Ya convertido en califa, decide modificar el patio, que tras las obras de la sala de oración llevadas a cabo por Abderramán II había quedado desproporcionado. Se amplia el patio hacia el norte, desmontando dicho muro y el alminar (en el 951), que será sustituido por uno de mayores proporciones que, a diferencia del anterior, queda integrado en el propio muro. La posición del antiguo alminar es visible hoy día gracias a unas placas de granito gris que dibujan su planta, enfundado por la torre cristiana. Del impacto de este nuevo alminar dan fe las variadas reproducciones que de el se hicieron, pues se utilizó en sellos civiles del siglo XIV. Fue el primer gran alminar occidental y precedente de los posteriores. Frene a la planta circular del alminar oriental, los alminares de occidente presentan una planta cuadrada, ya observada en el alminar de Hixen I.

 

También restauró la fachada que separaba la sala de oraciones del patio en el 958. Esto fue debido a la ampliación de Abderramán II. El mayor empuje lateral de las arquerías hizo que la fachada del oratorio al shan se debilitara, lo cual obligo a  reforzar esta al levantamiento de un muro de contención.

 

 

Aunque ya en época Omeya el patio tuvo galerías porticadas en tres de sus laterales (norte, este y oeste), la configuración actual obedece a una de las reformas cristianas.

 

La función del patio de abluciones en la sociedad musulmana era básicamente religiosa, pero llegó a convertirse en un punto de encuentro social para la sociedad cordobesa. También existen datos que apuntan a la utilización de sus galerías como escuela para niños, antes de que Alhaken II creara las escuelas públicas.
 
 Alhaken II: Coincidiendo con el esplendor del califato, durante el siglo X, se llevarán a cabo las más extensas intervenciones en la mezquita. Pero será la de Alhaken II la ampliación más bella y rica. El segundo día de su reinado encarga a su chambelán o hachib (Ya´far), el eslavo, las obras. Este será su gran objetivo artístico desde su llegada al poder. Su personalidad como hombre de cultura ha sido equiparada a la de Alfonso X el Sabio, y un fruto evidente de su personalidad cultural, fue así mismo el acrecentamiento de las relaciones artísticas con Bizancio, de donde no solo llegaron nuevas influencias, sino también un gran número de artífices que  trabajaron en la ciudad califal, especialmente en labores de tipo ornamentista, dada la tradición de este pueblo en este terreno.

 

Pero al comenzar los trabajos surgió una disputa sobre la colocación de la qibla. La Mezquita estaba orientada y Al-Hakam pretendió rectificarla orientando bien el nuevo al-mihrab, como había hecho su padre en Medina Azahara .Los arquitectos se inclinaban a mantener la antigua orientación para no alterar la regularidad y simetría del edificio, los astrónomos abogaban por rectificarla, pero el piadoso alfaquí Abú Ibrahim resolvió la disputa al dar la razón a los primeros, no por consideraciones artísticas, sino invocando motivos tradicionales: “El que sigue la tradición, acierta; fracasa el que se entrega a las novedades”.

 

La frase del alfaquí fue seguida al pie de la letra y se dio comienzo a la tercera ampliación de la mezquita cordobesa en el mismo sentido que las dos anteriores. Córdoba sustituirá a Damasco como modelo de referencia.

 

Se derriba el muro de la qibla de Abderramán II, del que también quedan restos visibles en la actualidad, y se amplía el oratorio en doce crujías más en el sentido sur seguido hasta entonces.
 
 

Dos problemas básicos se plantean cuando se proyecta la obra: la ventilación y la iluminación. Dadas las ya las importantes dimensiones del templo, ambos problemas se revelan como cuestiones de primer orden a las que los constructores deben hacer frente.  Para mejorar la iluminación se construyen seis lucernarios, de larga tradición en la arquitectura, con bellas cúpulas nervadas. Tres en el espacio de la macsura (que aun se conservan) y otros tres en el arranque de la ampliación (pero de estos solo se conserva el de la capilla de Villaviciosa. La disposición en cruz que forman el conjunto de los cuatro lucernarios que quedan con el mihrab, asumiendo la planta de cruz latina y reafirmando la influencia de la estructura basilical en el plan original del edificio. El primero de ellos, previo a la macsura (especie de antesala del santuario, con rica ornamentación), lo ocupa la capilla de Villaviciosa. Los otros tres se elevan delante del nuevo muro de la qibla, uno delante del mihrab y los otros dos flanqueándolo.

 

 


 

El sistema constructivo de las bóvedas de los lucernarios resulta aún más novedoso en una arquitectura esencialmente estática como es la musulmana. El origen de este sistema constructivo es claramente oriental, y aparece en la arquitectura persa del ladrillo.

 

Si bien los lucernarios nacieron como respuesta al problema surgido a causa de la iluminación, no fue este el único sistema utilizado, puesto que existe constancia de la presencia de gran cantidad de lámparas de aceite de plata, que fueron llevadas por las tropas cristianas. Pero quizás sea en el terreno de lo decorativo donde la aportación de Alhaken  alcanza su máximo esplendor. La introducción de nuevos elementos y  técnicas, así como el perfeccionamiento de otros sistemas utilizados anteriormente contribuyen de manera definitiva a ello.

 

La riqueza visual alcanzada mediante el cruzamiento de los arcos se ve intensificada por la aplicación de estucos en el dovedaje, con motivos vegetales de cierta influencia clásica, semejante en determinadas formas a la labor de ataurique.  

 

Previos a la macsura aparecen nuevos arcos poli lobulados y entrecruzados, y en las columnas realternan fustes rosas y azules.

 

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Los materiales ya no son de acarreo, sino labrados ex profeso, con presencia de capiteles de pencas, una esquematización de los corintios y compuestos del mundo romano y que derivarán en un avispero que se pueden observar en Medina Azahara. Todo ello configura la unidad estilística del arte califal ya presente en la ciudad palacio.

 

Otras novedades con el doble muro de la qibla, que facilita la conexión con el Rabat o galería que une al templo con el alcázar, y que permite que el mihrab no se limite a un simple nicho, sino que se abra como una pequeña habitación octogonal cubierta con una cúpula con forma de concha.

 

La portada del mihrab y las cúpulas que lo preceden van recubiertas de mosaicos ejecutados por artesanos bizantinos enviados por el emperador Nicéforo Focas, quién también regaló los bellísimos mosaicos que se utilizaron en la construcción del mihrab (espacio sagrado junto al cual el imán dirige la oración). Junto a todo esto también llegaron de Bizancio, según el historiador Ibn Idari, maestros bizantinos y 320 quintales de cubos de mosaico, que se destinaron a cubrir la puerta de acceso al mihrab y su entorno, aunque solo se conservan originales en la actualidad los del mihrab propiamente dicho y los situados en la zona de la derecha.

 

Todo este esplendor decorativo encuentra su máxima expresión en la armónica sinfonía de forma y color que encontramos en el interior del mihrab, que es el lugar sagrado por excelencia dentro de la mezquita y por ello no debe de extrañarnos de lo fastuoso de su ornamenta. El arco que da entrada al interior se levanta sobre las dos parejas de columnas procedentes del al mihrab de Abderramán II. El espacio al que se accede es un octógono y su decoración interior se fragmenta en dos partes: la inferior es un zócalo de mármol sobre el que descansa una cornisa en la que aparecen los nombres de algunos de los artífices que participaron en la decoración del nicho. Sobre ella se levanta una arquería de arcos lobulados que presenta en su fondo decoración de ataurique. 

 

Las obras terminaron a finales del 970 y desde entonces, el califa, se preocupo por Madinat al Zhara. 

 

Almanzor: A la muerte de Alhaken II le sucedió su hijo, Hixen II, aún niño  y en realidad el verdadero gobernante fue Almanzor y a el se le debe la última ampliación de la Mezquita Mayor cordobesa y la más extensa en superficie. La ciudad había crecido muchísimo por las nuevas gentes que llegaron, sobre todo por la inmigración bereber. Su intención no era otra que la de emular las acciones de sus predecesores para poder conseguir prestigio, pero la calidad de las obras desmereció el resultado, ya que la pobreza de materiales y, sobre todo, la carencia de nuevas aportaciones estéticas limitaron su actuación a la de un simple repetidor de glorias pasadas, dando al monumento las dimensiones con las que ha llegado hasta nosotros. Además ya no se realizaran más procesos constructivos por obras musulmanas.

 

Almanzor encontró un grave obstáculo para su propósito, el río. La situación del Wadi al Kabir impedía la prolongación del recinto en dirección sur de tal modo que la ampliación y las nuevas obras se realizaron en dirección este. Para ello, Almanzor, tuvo que expropiar el caserío que ocupaba la zona. Ello permitió que se equilibraran más las proporciones en planta del edificio. Se añaden ocho naves y en consecuencia se procede a la modificación del shan, que igualmente se agranda por el este. En el se sitúan cuatro pilas de abluciones y una especie de cisterna o aljibe para recoger las aguas de la lluvia que aún hoy se conserva.

 

La doble qibla observada en la ampliación de Alhaken se simplifica ahora reduciéndola a un solo muro que coincide con el nivel de la qibla exterior. Ello motiva que la anchura de las arcadas sea un poco menor aunque no apreciable a simple vista. En ese sector se utiliza por primera vez el arco de herradura apuntado. Pero estos arcos, la alternancia de dovelas, es solo cromática y no de materiales puesto que todas son de piedra caliza, aunque pintadas de almagra las rojas.

 

Todo esto provoca que el mihrab se quede descentrado.  

 

Época cristiana: El domingo 29 de junio de 1236 el príncipe Abu I Hasan entregó las llaves de la ciudad, quedando esta en posesión de los castellano-leoneses. Cambiados los símbolos musulmanes por los cristianos y purificada la Mezquita Aljama para transformarla en Iglesia, el monarca con sus nobles y todo su pueblo, hizo al día siguiente su entrada solemne.

 

Después de esa fecha se modificaron algunos de sus tramos, ya bajo la concepción de la arquitectura medieval cristiana; posteriormente se añadirían numerosas capillas alojadas en los muros del recinto.

 

La actual fisonomía de este extraordinario recinto se debe fundamentalmente al siglo XVI cuando el Cabildo, por sugerencia del obispo Manrique, decide levantar en su interior la catedral cristiana, obra de no poco mérito, pero cuya construcción tanta polémica ha suscitado.

 

Esta es la cúpula exterior de la catedral de Córdoba.

 

En 1882 se declaró monumento nacional y esa fecha marca el inicio de las primeras excavaciones.

 

En 1984 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNECO.

 

Es la obra cumbre del arte islámico en España y la obra cumbre del arco de herradura a nivel mundial.