La Saga de Alboino

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Autor: NEREVARS, 09/Mar/2008 17:39 GMT+1:


 

Alboino, el rey de los Longobardos vencedor de la empresa que todos los germanos habían soñado (convertirse en el amo de Italia), deviene en un personaje legendario. Existen diversos cantos épicos longobardos de esta empresa; en los cuales Paolo Diacono se inspira para numerosos episodios narrados por el en su “Historia Longobardum”.
En el primer episodio asistimos al “Bautismo de Armas” del joven Alboino en la batalla contra los Gépidos, en la cual mata al principe Torrismondo. La noche de la batalla, su padre Audoino reusa recompensarlo con el lugar de honor en el banquete, porque según “la costumbre de su pueblo” no podía reconocerle el estatus en cuanto no había sido armado por un príncipe extranjero (probable alusión a la practica germanica del fosterage, la educación de los jóvenes de sangre real por otra familia). Entonces Alboino con cuarenta jóvenes se presenta al rey gépido Torisindo, al cuál le había matado el hijo, a solicitarle recibir de él las armas. Recibido con honores, se sienta en el lugar del joven muerto. Pero el dolor del padre explota y los príncipes de los gépidos comienzan a provocar a los longobardos; estos últimos responden con arrogancia y solo la intervención del rey Torisindo evita que los huéspedes terminen asesinados en la misma tienda del rey. Torisindo al fin del banquete da a Alboino las armas de su hijo muerto y lo envía con su padre sin daño alguno. Así Alboino pudo en buena ley participar de los placeres de la mesa del rey, mientras los longobardos elogiaban la perfecta lealtad del rey de los gépidos. Alboino a continuación de su victoria definitiva sobre los gépidos, asesina a su rey Cunimondo y desposa a la hija de este, Rosamunda. Del cráneo de Cunimondo hace una copa.
 
Del preciso significado de este habito, bastante difundida entre los pueblos germánicos, no se ponen de acuerdo los estudiosos, pero seguramente se trataba de un objeto poderosamente simbólico. Años después, cuenta Paolo Diacono, durante un banquete en Pavia, Alboino ofrece esta copa a su esposa para que bebiera. También acá es posible interpretar el gesto de modo simbólico (algunos lo reconocen como una forma de gesto de pacificación), pero para Paolo que escribe cerca de doscientos años después del hecho, se trataba solo de una terrible provocación, quizá provocada por la embriaguez del rey. La reina decide vengarse de la afrenta y así acuerda con su (supuesto) amante Elmichi, hermano de leche de Alboino y con Peredeo, poderoso guerrero gépido probablemente perteneciente al séquito de Rosamunda. Paolo, que observa a Peredeo con simpatía, hace referencia que, para convencerlo a pesar de reusarse éste, Rosamunda lo lleva con engaños a su lecho y lo convence con la amenaza de denunciarlo con el rey. Organizado así el complot, Rosamunda ató la espada de Alboíno a la cabecera de la cama, de modo que el rey no pudiese empuñarla en su defensa e introduce al asesino, Elmichi según algunos, Peredeo para otros, en la recamara. Alboino, aferrado a un taburete, se defiende como puede antes de sucumbir. Los complotados, que esperaban mantener el poder en sus manos, fueron obligados a huir a Ravenna (con el tesoro del rey) por la furiosa oposición de los longobardos, fieles al gran lider muerto. Poco después, en medio de maniobras del exarca que buscó de utilizarlos como elementos de división entre los invasores, los tres asesinos encuentran la muerte, en circunstancias que Paolo Diacono relata en forma épicamente romántica.