La Tizona

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Autor: iftol, 23/Jun/2007 12:50 GMT+1:


 

Ssiglos después de muerto El Cid, su espada sigue en el campo de batalla. De un lado, las huestes de la Junta de Castilla-León; del otro, las del Ministerio de Cultura. En esta guerra incruenta no se disparan flechas ni se blanden mazas, sino informes.

Porque ahora lo que está en el aire es la paternidad atribuida a la Tizona. Si en realidad perteneció al Cid, como asegura la Junta de Castilla y León (que la acaba de comprar al sobrino del marqués de Falces por 1,6 millones de euros, 600.000 los pone el Gobierno autonómico y el resto un grupo de empresarios de la tierra); o si se trata, como esgrime el Ministerio de Cultura, de una falsa reliquia.

En lo único que están de acuerdo los especialistas consultados es en certificar que se trata de un arma medieval de «gran calidad», a la altura de la legendaria Excalibur del rey Arturo o de la Joyosa del emperador Carlomagno.

Mientras desde el ministerio que dirige Carmen Calvo, a quien el actual marqués de Falces ofreció primero la venta de la Tizona (dice Cultura que por 1.000 millones de las antiguas pesetas, 700 millones más de lo tasado por expertos de la Administración), se asegura que esta espada «nunca perteneció al héroe de la Reconquista», el Gobierno castellano leonés mantiene que el acero fue patrimonio del guerrero de Vivar. «¿Se puede decir al cien por cien que es del Cid? No, porque las espadas no van firmadas como los cuadros. Pero todos los indicios apuntan que sí», explica a Crónica la consejera de Cultura de la Junta de Castilla y León, Silvia Clemente, que justifica la compra de la polémica pieza basándose «no sólo en la tradición histórica», sino en un trabajo científico realizado en la Universidad Complutense de Madrid.

TALLER DE AL-ANDALUS

Según el estudio, llevado a cabo en 1998 por el Grupo de Investigación de Tecnología Mecánica y Arqueometalúrgica de la Facultad de Ciencias Químicas, la hoja de acero de la Tizona, templada a temperaturas entre 850 y 1.000 grados centígrados en forjas de Al-Andalus -«muy probablemente en talleres cordobeses o sevillanos»- es de la primera mitad del siglo XI, época del Cid. Dice más: «La inscripción Io soi Tizona fue fecha en la era de mile quarenta se conserva, aunque ha desaparecido en parte», añaden los expertos Antonio José Criado y Juan Antonio Martínez García.

Según el estudio, llevado a cabo en 1998 por el Grupo de Investigación de Tecnología Mecánica y Arqueometalúrgica de la Facultad de Ciencias Químicas, la hoja de acero de la Tizona, templada a temperaturas entre 850 y 1.000 grados centígrados en forjas de Al-Andalus -«muy probablemente en talleres cordobeses o sevillanos»- es de la primera mitad del siglo XI, época del Cid. Dice más: «La inscripción Io soi Tizona fue fecha en la era de mile quarenta se conserva, aunque ha desaparecido en parte», añaden los expertos Antonio José Criado y Juan Antonio Martínez García.

Sin embargo, la data difiere de la que aporta el medievalista José Godoy, de la Universidad de Ginebra, cuyas conclusiones llevan en 2004 al Ministerio de Cultura -que encarga tres estudios más a Patrimonio Nacional, Real Academia de la Historia y Museo Arqueológico, todos ellos con resultados similares a los del citado experto- a rechazar definitivamente la compra de la reliquia, declarada bien de interés cultural en 2002 bajo el epígrafe de «la espada conocida como Tizona del Cid». Godoy la califica como un «falso histórico», pues, según él, la hoja no es del siglo XI sino del XIV-XV.

Sostiene el investigador que la hoja no puede ser del siglo XI porque en esa época no tenían recazos -la cazoleta de la espada- y ésta sí los tiene.

Y en el informe del Patrimonio Nacional, que también pone en el campo de lucha el Ministerio de Cultura, se concluye que «no existen datos fiables para identificar esta espada como la Tizona del Cid». Recuerda, además, que un arma como ésta no habría pasado desapercibida -ni por su calidad ni por su antigüedad-, pues se conoce cuántas espadas altomedievales subsistían en Al-Andalus en la época de la caída de Granada.

A la lista de contrarios a admitir la paternidad cidense del viejo metal se suma Fernando Quiroga, profesor de Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid y uno de los mayores especialistas en armamento antiguo. «La polémica es absurda», dice. «De hecho, no hay ningún documento serio que permita asociar esta Tizona al Cid».

EL PECADO DEL HERRERO

¿Cómo calificar entonces el detallado informe que firman sus colegas de la Complutense, Criado y Juan Antonio, en el que incluso se tasa la pieza en 4,5 millones de euros? En él también se dice: «Las inscripciones en los vaceos son muy posteriores a la forja, algo que debe considerarse como un desconocimiento absoluto sobre la fabricación de la hoja acerada de Tizona. Estas inscripciones supusieron un grave atentado a su excelente comportamiento mecánico. La rotura de la capa dura de la hoja supuso la creación de entallas para el anclaje de grietas de fractura durante flexiones o golpes en combate».

¿Cómo calificar entonces el detallado informe que firman sus colegas de la Complutense, Criado y Juan Antonio, en el que incluso se tasa la pieza en 4,5 millones de euros? En él también se dice: «Las inscripciones en los vaceos son muy posteriores a la forja, algo que debe considerarse como un desconocimiento absoluto sobre la fabricación de la hoja acerada de Tizona. Estas inscripciones supusieron un grave atentado a su excelente comportamiento mecánico. La rotura de la capa dura de la hoja supuso la creación de entallas para el anclaje de grietas de fractura durante flexiones o golpes en combate».

No hay piedad para el herrero en el informe de 1998 que maneja la Junta: «La punta está rota. En principio fue doblada y al intentar su enderezamiento en caliente, la capa dura carburada se agrietó provocando la fractura del material y despuntando la espada. De nuevo el desconocimiento del herrero de lo que es un acero carburado supuso el deterioro de Tizona»

Cuatro siglos de diferencia y miles de euros separan los informes de uno y otro bando. Y el dinero fue lo que llevó al marqués de Falces, José Ramón Suárez de Otero y Velluti, a decantarse por el bando burgalés. Si desde la Junta de Castilla y León le ofrecían 1,6 millones de euros, en manos de Cultura la espada no valía más de 300.000.

Se entiende entonces que el noble decidiera descolgar la Tizona de la vitrina del Museo del Ejército, al que sus antepasados habían cedido en depósito la espada el 12 de julio de 1944.

De cómo la reliquia llegó a manos de los Falces hablan las generaciones. Cuando los Reyes Católicos, en agradecimiento por los servicios prestados, ofrecieron como regalo al antepasado del marqués lo que más le placiera: tierras, palacios, títulos... Y aquel noble sin codicia pidió a su señor Fernando la espada del Cid Campeador.

Ahora que el arma muda de amo y vitrina, la historia de tan mentado acero se vuelve bruma. ¿Es realmente la Tizona que hasta hace 10 días se conservó en el museo del Ejército y que ha comprado la Junta de Castilla y León el arma que el Cid arrebató en el campo de batalla al rey Búcar de Marruecos?

Las espadas siguen en alto. La Junta convertirá la Tizona en la pieza protagonista de la exposición que inaugurará en septiembre próximo en la catedral de Burgos sobre Rodrigo Díaz de Vivar (1043-1099), con motivo de la conmemoración del octavo centenario del Poema del Mío Cid. Luego, en la seo burgalesa, la Tizona reposará para siempre junto al guerrero.