Los almogavares

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Este trabajo pertenece a la profesora de historia medieval Isabel Rivero González.

Introducción:

No existen datos concretos sobre la primitiva formación del grupo almogávar, etimológicamente la palabra proviene del árabe Al- Mugawir (conjunto de personas que realizan incursiones en territorio enemigo).

En general los musulmanes dieron esta denominación a los soldados fronterizos protagonistas de algaras desde diferentes zonas y reinos peninsulares, ya fuesen principalmente aragoneses-catalanes o astur-leoneses-castellanos. Sin embargo donde comienza a jugar un papel más destacado es en el reino de Aragón, aunque no se conoce el momento exacto de su implantación ni las acciones organizadas debido a su escaso número.

Inicio:

Los primitivos almogávares aragoneses y catalanes vivían en lugares alejados de las ciudades, generalmente en zonas montañosas, lo que les determinaba desde su origen a tener un conocimiento perfecto del terreno circundante, que les permitirá realizar ataques por sorpresa en campo abierto sobre poblaciones musulmanas establecidas en los valles, con el objeto de obtener botín para su subsistencia.

Este grupo humano vive por y para la guerra, actúa al principio siguiendo las directrices de un caudillo elegido entre ellos, aunque mientras permanezcan en la península no constituirán un ejército profesional, porque su estratificación en grados de infantería, a pesar de ser de preponderante en toda la baja edad media, aparace reducida a tres: el adalid (del árabe al-dalid, guía), jefe máximo.

Los almocadenes (al- muqadam, jefe), responsable del funcionamiento de la hueste e integrantes del consejo, organismo decisorio sobre los problemas de diversos tipos que pudiesen plantearse, y los almogávares propiamente dichos, constituyen la base de los soldados de la organización.

Los almogávares comienzan a ser conocidos cuando colaboran con las tropas de Jaime I (1213-1276), como tropas fronterizas, en las empresas de ampliación territorial catalano-aragonesa hacia el sur, durante la conquista del reino de Valencia (1232-1245).

Debido a su modo de vida en las montañas y bosques no intervienen en la repoblación de los espacios ocupados, pero se les permite apoderarse de las riquezas pertenecientes a musulmanes, motivo por el cual la compañía almogávar acrecienta el numero de sus integrantes, participando activamente junto a nobles, caballeros y maestres de las órdenes militares del Temple y del Hospital, en la expedición de cruzados hacia San Juan de Acre.

Algunos años mas tarde (1282) presta ayuda (entre 12.000 y 15.000 soldados) a los caballeros aragoneses y catalanes que con Pedro el grande (1276-1285) preparan una expedición militar hacia el reino de Túnez, donde una embajada siciliana ofrece la corona de la isla -en lucha con el napolitano Carlos de Anjou- a Pedro; se trasladan a Sicilia y expulsan a los angevinos de Messina; la compañía obtiene el permiso para asaltar las costas de la región de Calabria, apoderándose de cuantiosas riquezas.

Mientras el monarca aragonés organiza el gobierno siciliano nombrando reina a su esposa, Constanza de Sicilia, el papa Martin IV decreta la excomunión de Pedro (por haber ocupado tierras pertenecientes a la santa sede y cedidas por esta a la casa se Anjou), la desvinculación de sus vasallos del juramento de fidelidad y la cesión de los reinos de Aragón, Cataluña y Valencia a Carlos de Valois, quien inicia la ocupación de Gerona.

La flota catalana regresa con los caballeros y almogávares, obligando a capitular a los francos (1285); en la retirada pirenaica sufrirán sucesivos ataques incontrolados en busca de botín, es con esta primera intervención en Sicilia y Gerona donde el grupo de almogávares, incrementado constantemente, comienza a consolidarse como ejército temible que no tardará en convertirse en un cuerpo de mercenarios a sueldo.

A la corona catalano-aragonesa, que a dado por finalizada su conquista peninsular, no le interesa mantener unos soldados aventureros cuyo fin primordial es el enriquecimiento; evidentemente constituyen un peligro latente que se trasladará a Sicilia.

Los almogávares mantienen desde su origen hasta que se adueñan del ducado de Atenas (1311) un pensamiento exclusivo basado en la política de destrucción de hombres y territorios y en la acumulación de bienes procedentes de los combates y saqueos; la ideología guerrera les llevara a anteponer el botín y su consiguiente reparto a cualquier otra acción.

Se establecen en núcleos alejados de las ciudades populosas, primero en Sicilia y mas tarde en el imperio bizantino, en espera de ser empleados como soldados a sueldo por algún rey o señor necesitado de los servicios de una hueste preparada para aniquilar el contrario mediante ataque sorpresa, rapidez de desplazamientos y optima utilización de armas cortas ofensivas.

En su organización interna se regían por normas elaboradas por el consejo, elegido entre los almoncadenes, que todos los integrantes deberían cumplir; todos prestaban juramento de fidelidad al jefe de la hueste.

Antes de emprender una campaña se deliberaba sobre la forma de llevarla a término, sobre el papel a desempeñar por la infantería y caballería en caso de ir unidas o formando dos cuerpos de ejército, sobre las posibilidades de un doble ataque por tierra y mar, sobre el reparto desigual del botín a obtener (por orden de prioridad, la mayor parte de la cantidad destinada correspondería al jefe supremo y algo menos a los jefes responsables del buen funcionamiento del grupo.

Los terceros en elegir serían los almogávares y los últimos, los aventureros incorporados tardíamente –griegos, turcos y turcoples-, a quien destinaban la mitad que a los anteriores). El sueldo también será distinto y decreciente en el mismo orden de reparto (jefes, capitanes, soldados de caballería pesada, soldados de caballería ligera, infantería y gentes unidas al grupo).Otro medio de obtener dinero fue la venta de cautivos. Se distinguen varias etapas diferentes en la actuación de la compañía:

1- la de formación, apoyando a la monarquía catalano-aragonesa en la ampliación territorial sobre los musulmanes o en la realizada a través del Mediterráneo.

2- la de mercenarios a sueldo a favor de Sicilia y, sobre todo, del imperio bizantino.

3- la de ejército conquistador en Bizancio.

4- la de su conversión en señores habitantes de ciudades griegas. La primera ya a sido analizada.

Forman parte de las compañías grupos de estratificación social diferente, unidos por la idea común de obtener ganancias. Algunos ricos hombres del reino de Aragón (Berenguer de Entenza, Blasco de Alagón, Moncada), cuya riqueza en la península se basaba en las rentas agrícolas y jurisdiccionales, hallan una mayor compensación económica en la empresa siciliana y bizantina porque ocupan puestos dirigentes de capitanes generales, lugartenientes, o adquieren el título de
megaduque concedido por Andrónico.

Algunos caballeros catalanes y aragoneses, pertenecientes a la baja nobleza, aprovechan la oportunidad ofrecida por la corona para buscar fortuna en tierras lejanas (Ramón Muntaner, hidalgo del Ampurdán y cronista de la compañía). Generalmente los mercaderes catalanes ni participaron ni invirtieron capital en estas empresas de piratería.

La gran mayoría almogávar procedía de campesinos que abandonaban, legal o ilegalmente, las tierras del señor, de los
mercaderes arruinados y sobre todo, de las masas de población ínfimas, mendigos, vagabundos, aventureros catalanes, aragoneses, sicilianos y bizantinos, a los que hay que unir innumerables alanos, turcos, y turcoples; todos ven en la compañía el único medio de acrecentar sus bienes personales.

Cuando Jaime II es nombrado rey de Aragón-Cataluña-Valencia (1291- 1327), no renuncia a la isla de Sicilia al dejar en ella, como gobernador, a su hermano Federico. El interés del monarca no va a radicar en mantener posesiones territoriales extrapeninsulares, sino en la capacidad de implantar un comercio catalán Mediterráneo.

El medio de conseguirlo será la firma del pacto de Anagni (1295) con el pontificado y la casa de Anjou, que trae como consecuencia la anulación del decreto de excomunión sobre la corona aragonesa, la pérdida de los derechos de conquista
franceses en Cataluña y Aragón eliminando las posibilidades de invasión y, fundamentalmente la devolución de Sicilia a la santa sede y a los Anjou.

El pacto, no admitido por los sicilianos da lugar a la declaración de guerra aragonesa, romana, napolitana y francesa contra Federico de Sicilia (proclamado rey en 1296). Los almogávares protagonizan la resistencia siciliana, vencida en los primeros momentos debido a la superioridad de la escuadra catalana dirigida por Roger de Lauria -batalla Cabo Orlando,1299-, pero
vencedora -paz de Caltabellota,1302- desde que Roger de Flor aparece dirigiéndola, iniciándose con el la nueva etapa de los almogávares convertidos en mercenarios a sueldo.

Roger de Flor, como caballero de la orden del temple, participo en la defensa de la última posesión cristiana de San Juan de Acre (1291) pero será expulsado de la orden por haber sustraído numerosas riquezas. Perseguido por los templarios y la iglesia, se ofrece a Federico de Sicilia, enfrentado a Roma y Aragón y necesitado de cualquier tipo de ayuda. Los conocimientos náuticos y militares de Roger de Flor permitieron a Sicilia contrarrestar el empuje de la flota catalana deshaciendo el bloqueo sobre la isla.

Este primer éxito pone en contacto al italiano de procedencia germánica (su padre había sido halconero alemán a las
ordenes, primero, de Fradique de Sicilia y, posteriormente de Conradino de Suabia), con noble capitanes y aragoneses (Berenguer de Entenza, Blasco de Alagón) y con los soldados catalanes y aragoneses establecidos en Sicilia para defender el trono de Federico; este le nombra vicealmirante de la isla.

El tratado de Caltabellota supone el reconocimiento vitalicio de la soberanía de Federico y la pacificación con Nápoles y la santa sede: de nuevo aparece el problema, para Roger, de ser detenido y entregado a los templarios; a esto ahí que unir la pobreza en medios económicos de la isla y la imposibilidad almogávar de vivir sin efectuar actos de saqueo; por ello, ambas partes deciden buscar lugares más adecuados donde establecerse. Los capitanes catalano-aragoneses nombraron por unanimidad a Roger de Flor.

El nuevo jefe propuso efectuar una expedición al imperio bizantino, en grave situación por el fortalecimiento del dominio
comercial veneciano y genovés y por la presión que ejercen sobre el los servios desde el norte y los turcos otomanos desde el este.

Se trasladan a oriente Roger de Flor, varios capitanes de procedencia aragonesa-catalana, entre los que destacan el noble aragonés Fernando Jiménez de Arenos, Corberan de Alet, Fernando de Ahones, Pedro de Alost y el cronista Ramón Muntaner y, aproximadamente, 4.000 soldados de infantería y 1.000 de caballería; algo más tarde se les unen el rico- hombre ampurdanés Bernardo dE Rocafort, con 1.200 soldados de infanterÍa y 200 de caballerÍa, y el noble aragonés Berenguer de
Entenza, con 1.000 y 300 respectivamente.

El emperador Andrónico II (1282-1328) concede a Roger el título de megaduque y a los mercenarios almogávares salarios elevados (noviembre del 1302), consigue reforzar el ejército con otros contingentes mercenarios dependientes del emperador (alanos y el pequeño ejército griego). La mayoría pasan el invierno en la isla de Chíos; en la primavera siguiente (1303) ocupan a los turcos las provincias próximas al litoral de Filadelfia, Tiria y Éfeso.

Reciben la incorporación de Rocafort, con el correspondiente incremento de soldados; por este motivo Roger, manteniendo el nombramiento de megaduque y de jefe máximo, dirigirá la caballería y nombrara senescal de la infantería a Rocafort. En la campaña de 1304 parten de Éfeso y Esmirna, atraviesan la región de Caria, aniquilan a los turcos en los montes Tauro y, sin apenas encontrar resistencia, llegan al reino cristiano de la pequeña Armenia.

A su regreso la compañía sale de Esmirna, saquea las islas de Chíos y Lesbos, pasa los Dardanelos para invernar en la península de Gallipoli -costa europea del mar de Mármara-. Roger de Flor se traslada a Constantinopla para dar cuenta del las gestiones realizadas al emperador, el cual le nombra César dando el título de megaduque a Berenguer de Entenza, unido a la compañía con el correspondiente refuerzo.

Para evitar el malestar general de bizantinos y genoveses frente a la compañía, Andrónico II, concede en feudo a Roger las regiones de Asia menor  -ahora de nuevo ocupadas por los turcos- , a excepción de las ciudades importantes, que los almogávares pudiesen conquistar. La donación basada, en principios feudales occidentales, abre la tercera etapa de este ejército, que ahora pasara en teoría, a ser propietaria de las tierras dominadas.

A esta concesión se oponen numerosos bizantinos, entre ellos Miguel Paleólogo, primogénito del emperador, quien reorganizará su propio ejército con romeos -soldados griegos-, alanos y turcoples, ordena a Roger de Flor que se dirija desde Gallipoli a Adrianápolis y manda asesinarle junto a toda su escolta (abril 1305). Sucede a Roger en el mando supremo de la compañía Berenguer de Entenza, quien en perfecto acuerdo con capitanes y soldados, hace una declaración de guerra al imperio.

Decide que la mayor parte de la guarnición quede en Gallipoli defendiendo el campamento, y otros dirigidos por el, salgan a saquear la isla de Mármara y la ciudad de Heráclea; de regreso al campamento prosigue su venganza, hundiendo en el mar de Mármara cuantas naves bizantinas encuentra a su paso, pero unas galeras genovesas al frente del almirante Eduardo de Oria que pasan por esta zona en dirección a su factoría de Trebisonda, bajo el pretexto de conceder entrevista de honor a la compañía, hacen prisioneros a Entenza y su escolta, entregándolos al regreso a la ciudad de Génova.

De nuevo los almogávares precisan otro jefe, correspondiendo la designación al senescal Bernardo de Rocafort y el gobierno de Gallipoli a Ramón Muntaner, a quienes, a  pesar de las pérdidas humanas entre la propia guarnición y de toda la escolta de Entenza, decide proseguir la guerra iniciada antes contra el poderoso ejército bizantino; dirigiéndose a lugares más cercanos a Constantinopla vencen a los griegos en Apros, saquean las aldeas pequeñas de la provincia de Tracia, ocupan las ciudades de Rodosto y Panido estableciendo en ellas gran parte de sus guarniciones.

Para evitar enfrentamientos serios motivados por divergencias respecto al mando de Rocafort, Muntaner y Arenos, los dos
últimos, supeditados al primero, determinan actuar conjuntamente frente a los griegos cuando la situación así lo requiera, pero estableciéndose cada uno con sus correspondientes compañías en lugares separados; así el hombre-rico ampurdanés decide permanecer con casi toda la compañía en Rodosto y Pánico, el cronista continuará guarneciendo Gallipoli y el noble aragonés ataca y ocupa  Módico.

Los ejércitos de Módico y Rodosto atacan por sorpresa el puerto de Stenia -en el mar Negro- regresando con gran botín a sus respectivas bases (1306); intentan apoderarse de Constantinopla, pero al ser ciudad populosa y bien defendida, fracasan en el asalto, retirándose no sin antes haber causado estragos en los alrededores. La fama de invencibles y sobre todo, la acumulación de riqueza de los almogávares dirigidos por Rocafort, crea una doble situación contraria en el territorio imperial.


Por otra parte, Andrónico y los genoveses envían embajadas para negociar la paz, necesaria al primero para evitar la desintegración de su gobierno por la presión popular y a los segundos para salir del colapso comercial en que se
hallaban inmersos; por otra parte algunos griegos y muchos turcos -cerca de 3.000- y turcoples- unos 1.000- piden la entrada en la compañía, en calidad de soldados de caballería e infantería, para probar fortuna y secundar las iniciativas de quien consideran único jefe.

Con estos refuerzos, Rocafort se convierte en indiscutible caudillo, como lo demuestra cuando Berenguer de Entenza, liberado por la república genovesa, acude a Gallípoli para recuperar su antigua máxima jefatura; en el enfrentamiento de ambos por el poder interviene en consejo, dando la solución aparentemente mas aceptable, de permitir a cada uno mandar sobre el grupo de soldados que quisiera seguirle.

Rocafort recibe bajo su mando a la hueste mas numerosa, mientras Entenza y Arenos son seguidos por un reducido número de catalanes, aragoneses y navarros. Mientras Rocafort sitia a ciudad de Nona y Entenza la de Megarix, llaga a Gallípoli, en la primavera de 1307, un refuerzo de tropas al frente del infante Fernando, hijo de Jaime II de Mallorca, que va en calidad de lugarteniente de Federico de Sicilia y, como tal, debería ser reconocido jefe de la compañía de almogávares en nombre del rey Siciliano; le prestan homenaje de reconocimiento y fidelidad Muntaner, Entenza y Arenos, pero Rocafort se niega a admitirlo por considerar innecesaria y tardía su presencia.

Todos piensan abandonar la devastada provincia de Tracia para buscar sitios mas aceptables en la región de Macedonia. En el verano de 1307 se dirigen por separado (primero parte Rocafort con la mayoría de los almogávares y la totalidad de los turcos y turcoples y al día siguiente lo harán la hueste de Entenza, Arenos y el infante, con la finalidad de evitar roces entre ellos) a la ciudad portuaria de Cristopol.

En las cercanías de Cristopol el ejército de Rocafort ataca y desbarata al de Entenza, que pereció en la lucha. Al conocer la
noticia, Arenos abandona la misión en señal de protesta por los excesos del caudillo; el infante Fernando no reconocido lugarteniente, se traslada a la isla de Thasos, para regresar a Sicilia acompañado de Muntaner y por breve tiempo permanecerán presos en Atenas. Sin Entenza, Arenos, Muntaner y Fernando, Bernardo de Rocafort basara su mandato en el imperio del terror.

Saquean Cristopol, la península Calcídica y , a finales de verano de 1307 , levantan el campamento para invernar en Kassandras ;aquí recibe una embajada de Carlos de Valois, hijo de Felipe III de Francia, que reivindica derechos sobre el fenecido imperio latino de Constantinopla; Carlos se alía con los venecianos, interesados de revitalizar el comercio que habían mantenido en la primera mitad del siglo XIII en detrimento de los genoveses y pactar la entrada a su servicio de la compañía almogávar, previo juramento de fidelidad de todos sus integrantes.

Sin embargo, durante el año 1308, Rocafort se extralimita en sus funciones de mando, se enriquece de un modo exagerado, abusa desconsiderablemente de los capitanes de la hueste humillándolos, lo que fomenta un clima de odio, malestar y opresión que determina una rebelión interna de los capitanes; estos apresan a Bernardo y lo entregan a Roberto de Nápoles para ser emparedado en el castillo de Averra; a su vez la hueste ejecutara a los implicados en la prisión de su caudillo.

Tras la desaparición de Bernardo de Rocafort se cierra la tercera etapa de la historia de la compañía. Antes de seguir con sus andanzas, es comprensible echar un vistazo a la conmoción política que originaron en el Mediterráneo. Cuando los almogávares llegan a Sicilia apoyando el acceso al trono de Pedro el Grande, no solo expulsan de la isla a napolitanos y
franceses, sino que para obtener beneficio de la empresa se les permite el paso del estrecho de Messina y el saqueo de la costa de Calabria y Campania (1282-1283).

El hundimiento de galeras y la aprobación indebida del botín, perteneciente en gran parte a la santa sede, provoca el rechazo

de los soldados catalano-aragoneses y la excomunión de el rey, responsable de los desmanes cometidos. Desde la firma del tratado de Anagni - Jaime II se convierte en aliado gonfaloneiro del papa- , la compañía romperá los nexos con la corona aragonesa-catalana poniéndose a las órdenes del rey de Sicilia.

Como la isla sigue bloqueada, Federico de Sicilia admite que el aprovisionamiento se realice asaltando los transportes marítimos genoveses y pisanos poco protegidos antes de estos actos propios de piratas, a quienes proporcionan muchos beneficios, parte de los cuales entregan a los sicilianos, mientras la mayoría les servirá para hacerse poderosos económicamente.

El mayor peligro para el imperio bizantino radica en las tribus de los turcos otomanos, que en el siglo XIII han invadido el imperio y penetrado en Anatolia, presionados por las invasiones mongolas; a finales de 1302, Andrónico contrató a los mercenarios almogávares con estipendios superiores a los de los restantes grupos de combatientes extranjeros, proporcionándoles alberge en la ciudad de Constantinopla en el espacio comprendido entre el palacio imperial y la puerta de blaquernas.

Génova teme perder su privilegiada situación socio-económica en el imperio bizantino, ante la llegada de tan numeroso contingente de tropas poco acostumbradas a la vida urbana; recibe a éstos con actitud hostil, a la que responden los almogávares asaltando el barrio residencial de Pera y efectuando una masacre entre los genoveses establecidos allí; de inmediato el emperador les exige el abandono de Constantinopla y el inicio del cumplimiento de lo pactado: habían sido requeridos para expulsar a los turcos.

Durante este invierno se establecen en Chíos reavivándose las diferencias entre la población civil y la compañía, que saquea
víveres y posesiones. Desde 1303 hasta la muerte de Roger de Flor (1305) , las actuaciones de los almogávares se centran con preferencia en el ataque a los turcos otomanos de la zona costera de la península de Anatolia; el interés por la ocupación del litoral oeste y sudoeste es motivado por un claro planteamiento estratégico- militar: desde aquí podrían recibir ayuda de cualquier tipo y permanecer en contacto con el imperio, obligarían a los turcos a replegarse hacia zonas interiores imposibilitando su acceso hacia Europa.

Sin embargo, a pesar de luchar victoriosamente frente a los turcos, de aniquilarlos en los distintos frentes de lucha y de
apropiarse de infinidad de objetos valiosos pertenecientes a estos pueblos (joyas de oro y plata, ricas vestimentas, esclavos, armas, dinero, etcétera), van a obligar violentamente a los bizantinos a secundarlos ejecutando públicamente en Culla, para que sirva de toma de conciencia, a los jefes de la ciudad que, según Roger de Flor, se habían limitado a permanecer de espectadores.

La compañía obliga a los supervivientes de pueblos, aldeas o ciudades arrasadas, sean bizantinos o turcos, a contribuir con impuestos de guerra, lo que ocasiona en los primeros una aversión total hacia el ejército mercenario y en los
segundos, terror. La inmensidad de pérdidas en Chíos, Efeso , Filadelfia, Culla, Tiria, Esmirna, Gallipoli, son el más
claro exponente de la barbarie incontenible de estos grupos de caballería e infantería y explican el odio de las poblaciones
bizantinas, tanto de las que han sufrido los asaltos como las del interior, que están a expensas de padecerlos.

El agradecimiento económico y militar a los ejércitos mercenarios en tan pocos años es debido al apoyo que Andrónico les ofrece; por el contrario, los genoveses, con su dominio del comercio bizantino, la población griega, arruinada por la depresión económica del imperio y los continuos robos de subsistencias alimenticias efectuadas por los almogávares cuando no reciben las pagas estipuladas o cuando reciben en moneda baja de ley y peso o, simplemente, cuando deciden efectuar saqueos y el príncipe heredero Miguel, asociado al trono, necesitan para su propia supervivencia expulsarlos del imperio.

Esta presión endógena ejercida por los tres grupos obliga al emperador a tomar la decisión de alejarlos de la zona europea
ofreciendo a cambio, en forma de feudos, los territorios asiáticos que pudiesen ocupar; pero ni los genoveses, ni la población, ni el príncipe heredero aceptan esta solución porque seguirá constituyendo un gran peligro para todos ellos; son estas circunstancias las que hacen explicable el asesinato de Roger de Flor en Adrianápolis y la posterior matanza de cuantos aragoneses y catalanes encuentran, ya sean pertenecientes a la hueste o separados de la misma por discrepancias en la forma de actuar (es el caso de Fernando Ahones, establecido en Constantinopla y asesinado).

La compañía acampada en Gallipoli aniquila a toda la población civil de la península e inicia los preparativos para la declaración de guerra de exterminio contra el imperio; pierden gran cantidad de efectivos mientras son dirigidos por Entenza, pero desde el momento en que asume el mando Rocafort, los éxitos militares son continuos, el bótin recogido y por tanto, el enriquecimiento de todos, máximo, y la ampliación numérica del ejército, abierto a quienes quisiesen salir de la pobreza, espectacular.

El caudillo conoce perfectamente la psicología de los mercenarios; sabe que repartiendo tesoros en abundancia casi todos le obedecerán ciegamente en su meta de sembrar el pánico entre los griegos, que van a abandonar pueblos y ciudades pequeñas para evitar la muerte o el cautiverio (otra nueva fuente de riqueza, porque los almogávares los venden como esclavos).

El temor a los abusos y represiones de la actuación de Rocafort sale de los límites bizantinos, genoveses y venecianos para alcanzar a los países de donde procedían los soldados –Sicilia,Cataluña,Aragón- Valencia,Mallorca,Navarra-, quienes ven como medida adecuada para frenar estos hechos enviar al infante Fernando a que ocupe la máxima jefatura de la hueste.

Al no ser reconocido éste por como tal por la mayoría, los excesos de los soldados continuaron intensificándose contra las poblaciones bizantinas y contra los capitanes de las compañías, sensibilizados con la conducta de su jefe. Constantinopla queda desprovista de víveres porque las llanuras de Tracia y Macedonia han sido  esquilmadas.

Tras la muerte de Rocafort y la desaparición de casi todos los capitanes de la primera época, se inicia una nueva etapa en la
trayectoria de los almogávares. La compañía funcionado como república militar independiente, se traslada (1309) a la región de Tesalia al servicio de Juan II, pero principios de 1310 surgen desavenencias y enfrentamientos. En este mismo año el duque de Atenas, el francés Gualterio de Brienne, en lucha con el señor de Tesalia, ofrece a los almogávares, que le
apoyarán, las mismas condiciones obtenidas tiempo atrás con Andrónico II; pero, pacificada la zona, el duque no cumple las
condiciones pactadas y obliga a la compañía a salir de la ciudad de Atenas para acampar en Tesalia.

La venganza no se hace esperar. En marzo de 1311 los catalanes vencen al ejército ateniense en la batalla de Sefiso, arrebatando a los franceses el ducado de Atenas y Tebas. A partir de ahora los franceses pierden sus dominios latinos en el próximo oriente, propiciando la egemonía de los mismos, durante el siglo XIV, de genoveses, venecianos y catalanes.

La compañía catalana se establece definitivamente en Atenas y Tebas, ofrece la soberanía nominal del territorio a la corona
aragonesa de Sicilia y amplía sus territorios anexionando gran parte de Tesalia (el ducado de Neopatria), uniéndolo a Atenas. A la muerte de Federico III (julio 1377), se estingue la línea sucesoria directa de Aragón en Sicilia.

Este suceso provoca una guerra civil de tres años de duración entre los antiguos almogávares, ahora ciudadanos de Grecia: la compañía navarra, bajo la jefatura de Urtubia y Coquerel, se dirige a Morea (1378-13809) ,con objeto de prestar sus servicios al señor de Corinto, Nerio Acciajuoli, y a la orden del Hospital, para invadir el ducado de Atenas y conquistar Tebas (1379); la violencia Navarra es tan excesiva que obliga a los tebanos supervivientes a trasladarse a la isla de Negroponte.

Tebas está sometida a la compañía hasta 1382, pero ya no formara parte del ducado catalalán-aragonés. La compañía evita el ataque navarro a Atenas (1379), pone fin a la guerra y proclama la soberanía de la corona de Aragón sobre los ducados, en poder de los catalanos-aragoneses desde 1380 hasta 1388; en este año la familia de banqueros florentinos, los Acciajuoli, dueños de Corinto, consiguen tomas los ducados de Atenas y Neopatria.
 

FIN

 


Autor: TlTO, 27/Jun/2007 18:26 GMT+1:



Haré una ampliación de éste tema con la Batalla de Cefiso contra el duque de Atenas y la conquista de estas tierras por parte de los almogavares. Viendo la absoluta falta de información sobre ésta batalla en internet, y la que presenta Wikipedia está llena de errores, he transcrito literalmente el capítulo dedicado a ésta batalla en la obra de Moncada, que empleó como fuente el relato original de Muntaner, soldado almogavar, con algunos comentarios mios en azul.

La Batalla de Cefiso (1311) 
y la Conquista del Ducado de Atenas:

F. de Moncada: "Expedición de los catalanes y aragoneses contra turcos y griegos"; capítulos LXV y LXVI:

Los catalanes y aragoneses, luego que supieron que el Duque [Gualterio de Brienne, Duque franco de Atenas] venía marchando con todo su campo la vuelta de los alojamientos, hicieron lo que otras veces cuando se vieron forzados de la necesidad, que fue poner el remedio en solo su valor. Determinaron salirle al encuentro, aunque se hubiese de pelear con tanta desigualdad. Hallábanse en nuestro ejército, entre todas las tres naciones [se refiere a catalanes, aragoneses y turcos]tres mil y quinientos caballos y cuatro mil infantes [la caballería en su mayor parte estaba compuesta por aliados turcos], cuando dejaron sus cuarteles para salir a recibir al Duque. Llegaron a alojarse el primer día en unos prados por donde atravesaba una acequia muy grande, que les ofreció un ardid y traza importante para su ruina del enemigo [esta acequia fue construida improvisadamente por los almogavares desviando agua del cercano río Cefiso para empantanar el terreno]La yerba de los prados estaba crecida un palmo alta, bastante para encubrir el terreno. Empantanaron todos aquellos campos vecinos, por donde juzgaron que la caballería enemiga había de hacer sus primeros acometimientos. Para la suya dejaron algunos en seco, para que cuando fuese menester pudiese salir y escaramuzar por lo enjuto y firme. Sucedioles bien la traza; porque el Duque al otro día vino con todo el ejército, tan poderoso, que fue ocasión de su descuido en advertir los ardides del enemigo, y le pareció que sólo el lucimiento de sus armas y galas bastaba para humillar sus enemigos. En descubriendo a los nuestros ordenó sus escuadrones, y porque tenía mayor confianza de la caballería, la puso toda delante, y él en persona, con una tropa de doscientos caballeros franceses y los más lucidos de la provincia, tomó la vanguarda. Nuestra gente, al tiempo que el Duque se disponía para la batalla, quiso hacer lo mismo, mezclando los escuadrones y tropas de turcos y turcoples [mercenarios turcos o generalmente cristianos o al servicio de éstos] entre las suyas; pero ellos se salieron afuera, diciendo que no querían pelear, porque tenían por imposible que el Duque viniera contra los catalanes, de quien había sido tan bien servido, sino que debía ser traza con que los querían destruir a ellos, como a gente de diferente religión [ante los rumores infundados que probablemente espías del Duque de Atenas difundieron entre los turcos, estos se salieron de las filas almogavares y aguardaron acontecimientos en retaguardia,  los turcopolos probablemente se salieron también aunque el plano no lo refleja]No se turbaron los catalanes y aragoneses en esta resolución de los turcos, aunque por la brevedad no les podían desengañar, ni siquiera rehusar la batalla; antes con más coraje salieron a escaramuzar y cebar al enemigo que viniese a buscar su misma muerte. El Duque con la primer tropa de vanguardia vino cerrando contra un escuadrón de infantería que estaba de la otra parte de los campos empantanados, y con la furia que la caballería llevaba se metió sin poderlo advertir en medio dellos, y al mismo tiempo los almugavares, sueltos y desembarazados, con sus dardos y espadas se arrojaron contra los que cargados de hierro se revolcaban en el lodo y cieno con sus caballos [los almogavares cuando atacaban arrojaban antes una lluvia de jabalinas y luego se arrojaban al la lucha cuerpo a cuerpo armados con sus machetes al grito “Desperta ferro” y con los caballeros franceses viendo frenada su acometida en el pantanal la matanza fue seria]. Llegaron las demás tropas para socorrer al Duque, y calleron en el mismo peligro. El Duque, como más conocido, fue de los primeros que murieron a manos de los que poco antes había menospreciado y maltratado con palabras afrentosas. Este suele ser el fin de los arrogantes y desvanecidos, que de ordinario vienen a perecer donde creyeron que habían de triunfar. 

 



Muerto el Duque y los que iban en su tropa, quedó lo restante del campo lleno de miedo y confusión, porque ya los catalanes y aragoneses les habían acometido por diversas partes, y los turcos y turcopoles, satisfechos de sus recelos, viendo que los nuestros degollaban la gente del Duque, salieron de refresco contra ella, y dieron cumplimiento a la victoria. Pereció con el Duque mucha gente principal; porque setecientos caballeros que entraron en la batalla sólos dos quedaron vivos. El uno fue Bonifacio de Verona, y el otro Roger Deslau, caballero de Rosellon y muy conocido en nuestro ejército, por haber venido muchas veces con embajada del Duque a nuestros capitanes cuando moraban en Cassandria [los almogavares tenían en gran aprecio a éste caballero franco-catalán, como veremos más adelante]Fue una batalla muy terrible y sangrienta, y duró mas el alcance y el matar que el vencimiento [se refiere a que duró más la matanza y persecución posterior a la lucha que la batalla propiamente dicha]; porque en siendo muerto el Duque, y empantanadas las primeras tropas de caballería, hubo gran desorden en lo restante del ejército enemigo, con que fue fácil rompelle [las tropas griegas, las más numerosas, una vez caído el Duque y demás franceses, nada hicieron por continuar el combate]. Ganada tan señalada victoria, pasaron adelante, y en pocos días se apoderaron de la ciudad de Tebas, y luego de la de Atenas, con todas las fuerzas del estado del Duque, rendidas las más sin esperar sitio, porque toda la defensa se había perdido en la batalla. Con esto quedaron nuestros catalanes y aragoneses señores de aquel estado y provincia, al cabo de trece años de guerra; y con esto dieron fin a toda su peregrinación, y asentaron su morada, gozando de las haciendas y mujeres de los vencidos; porque después se vieron sin contradicción dueños de todo, la mayor parte de los soldados de casaron con las personas más principales y mas ricas de la provincia, y quedó fundado en ella un nuevo estado y señorío, que nuestros reyes de Aragón estimaron mucho, por ser ganado, no con sus propias fuerzas ni con la hacienda común de sus reinos, sino por hombres particulares súbditos suyos: gran dicha de príncipes tener tales vasallos […] estaba los nuestros tan faltos de personas principales y caballeros que les gobernasen, que pidieron a Bonifacio de Verona, uno de los caballeros que quedaron vivos de la batalla, que fuese su capitán; pero Bonifacio, por parecelle que tendría la misma autoridad con ellos que tuvo Tibaut, no quiso admitir lo que le ofrecían. […] Desengañados de su voluntad, hicieron capitán a Roger Deslau, y le dieron por mujer la que había sido del señor de Sola, mujer principal y rica. Con este capitán se gobernó algún tiempo aquel estado [Ducado de Neopatria].

 

 

 

Los turcos y turcoples, viendo que los catalanes y aragoneses habían acabado su peregrinación, y que estaban resueltos a fundar en aquel estado su asiento y vida, deseosos de volver a la patria, determinaron de apartarse de nuestra compañía; y aunque les propusieron diferentes partidos para que se quedasen, ofreciéndoles villas y y lugares donde descansadamente vivir y practicar con ellos el premio de sus victorias, ninguna cosa bastó a detenerles, porque decían que ya era tiempo de volver a su tierra y ver a sus amigos y deudos […]. Con esta resolución se partieron amigablemente los turcos y turcoples de nuestra compañía de vuelta a su patria. […] Atravesaron toda Tracia sin que persona alguna les resistiese, talando y destruyendo con grande inhumanidad todas las provincias por donde pasaron. Los turcoples, con Meleco, su capitán, eran cristianos, pero más en el nombre que en los hechos. No quiso aceptar nuevo trato para volver al servicio de Andrónico, […] el príncipe de Servia le ofreció buen acogimiento, con condición que no habían de tomar las armas, ni usarlas sino cuando él quisiese. Aceptólo Meleco, y quedaron en Servia él y los suyos  en vida sosegada y quieta […] Calel, capitán de los turcos, que llegaban al número de mil y trescientos caballos y ochocientos infantes, entró en Macedonia, donde determinó estar muy de asiento, hasta  que con seguridad pudiese volver a su patria, y en este medio hizo tantos daños en aquella provincia, que fue forzoso, ya que faltaban fuerzas para echarle con ellas, tratar de algunos conciertos con que le obligasen a salir. [Los turcos no poseían aún flotas importantes para enviar en ayuda de sus camaradas, y Calel y los turcos continuaron guerreando contra el imperio Bizantino hasta que, gracias a un pacto con Constantinopla, se les permitió el paso franco al Hellesponto y se les cedió una flota de transporte que los llevaría hasta Anatolia].

 

 

Autor: P.abl.o, 03/Oct/2009 16:35 GMT+1:



Hola a todos. Acabo de encontrar por casualidad este artículo buscando información sobre la Compañía Catalana. Si no hay problema con las normas del foro me gustaria citar el texto que escribí sobre el tema para mi blog. Quiero remarcar que el artículo es principalmente divulgativo. Espero que os guste:

 

Cita:

 

 Los almogávares de Roger de Flor

La historia de la Compañía Catalana, un ejército mercenario formado por almogávares aragoneses, es una nota discordante a finales del siglo XIII y principios del XIV. En plena decadencia del espíritu cruzado, y con los reinos cristianos ibéricos en pleno esplendor, sirvieron como soldados privados contra franceses, turcos y bizantinos.

Antes que nada hagámonos una rápida idea mental de lo que era un almogávar. En la Reconquista los almogávares eran la infantería del reino de Aragón, soldados ligeros catalanes y aragoneses almando de los señores feudales. En su mayoría eran montañeses procedentes de los Pirineos, antiguos labradores o pastores dedicados a una arriesgada vida como guerrero a sueldo. Acostumbrados a una vida dura y cruel eran soldados curtidos y valientes, atrevidos como pocos y feroces como muchos querrían ser. Vestían sin adornos ni armaduras pesadas: camisa de piel, calzas de cuero y abarcas, escudo los más afortunados y gorro de lana o hierro. Los más adinerados entre ellos podían disfrutar de una sencilla cota de mallas. Combatían con un cuchillo largo (colirtrell), lanzas arrojadizas (azconas) y dardos. Al grito de “desperta ferro” (despierta hierro) golpeaban sus armas con piedras hasta quedar envueltos en una nube de chispas. Su táctica era simple y efectiva: atacar. Luchaban son furia y sin cuartel, deslizándose bajo los caballos enemigos, destripándolos y haciendo caer a los jinetes. Por encima de los soldados rasos estaban los almocadenes, sargentos elegidos por democracia castrense. Caballeros de sangre noble actuaban como generales, en contacto directo con los almocadenes.

Los almogávares participaron en los interminables combates entre cristianos y musulmanes hasta que la guerra, como todo buen mercenario sabe y teme, concluyó. Sobrevivieron varios años más luchando contra los franceses por el control de Sicilia hasta que, enemistado el rey aragonés con ellos por su desobediencia, quedaron fuera de su patria y sin forma de subsistencia. La salvación vino de manos de Roger de Flor, antiguo caballero templario de oscuro pasado, brazo fuerte y mente ágil. El caballero se las arregló para entablar negociaciones con el emperador bizantino del momento, Andrónico II Paleólogo, asustado por el rápido avance de las tropas turcas. Así se forma la que sería conocida como la Compañía Catalana (la Gran Compañía Catalana de los Almogávares). Los datos varían de fuente a fuente, la cifra más probable rondaría los 4.000 infantes, 1.500 jinetes y sus familias.

Una vez en Bizancio los problemas no tardaron en surgir. Dos anónimos genoveses, caminando por la metrópolis oriental, se encontraron casualmente con un solitario almogávar. Muy burgueses ellos, se burlaron del aspecto desaliñado y las ropas vulgares del soldado. Orgullo herido y mano al cinto, el conflicto se extendió por la ciudad terminando con la muerte de 3.000 genoveses y la súplica del emperador a Roger de Flor, pidiendo al caballero que sacara sus tropas de la ciudad antes de que empeoraran las cosas.

En este momento comienza la campaña turca de los mercenarios aragoneses, de la que conocemos detalles y datos por la Crónica de los Almogávares de Ramón Muntaner, integrante de la Compañía y caballero. Los datos son poco fiables y seguramente exagerados. Enfrentan a los almogávares con ejércitos cuatro o cinco veces superiores y reduciendo las bajas de la Compañía a pocos cientos. Lo único seguro es que la campaña fue un éxito rotundo, los mercenarios vencieron gran cantidad de batallas e hicieron retroceder a los turcos de gran parte de Grecia. Volvieron a la capital, orgullosos y llenos de sangre de los enemigos vencidos. La amenaza turca se alejaba del imperio.

Entonces sobreviene la traición. Las intrigas palaciegas aumentan en Bizancio con el nombramiento de Roger de Flor como césar (el césar bizantino es el cargo inferior al emperador, similar a los últimos momentos del Imperio Romano) y la desconfianza de la corte en sus soldados. Tras ser llamado a la capital es asesinado por orden del príncipe heredero. Roger de Flor y su guardia personal de 1.300 hombres perece bajo las espadas mercenarias de los alanos contratados para tal efecto. Era el 4 de abril de 1305. El príncipe heredero, Miguel, espera la inminente rendición de la Compañía tras la muerte de sus líderes. No sabía lo que le venía encima. Los aragoneses comienzan la venganza catalana, tan tremebunda y feroz que la frase “que no te alcance la venganza catalana” seguiría en el idioma por muchos siglos. Los 3.500 almogávares supervivientes declaran la guerra al Imperio Bizantino. Los dos ejércitos se enfrentan el 7 de junio de 1305, con 30.000 soldados por el bando imperial. Diez a uno. De nuevo los espectaculares datos despiertan incredulidad: victoria aragonesa con 18.000 bajas bizantinas. De nuevo, lo único seguro es la victoria mercenaria sobre los bizantinos (dejando los datos a parte, espectacular por si misma).

Tras ello son contratados por el duque de Atenas, que los traiciona a su vez negándoles la paga prometida tras terminar el trabajo. Se enfrentan los dos bandos en la batalla del río Cefis, donde los atenienses son derrotados y el duque cae en combate. Los almogávares reclaman las tierras para la corona de Aragón. Mantendrán en ducado contra viento y marea hasta finales de siglo, sobreviviendo a varias campañas y a una excomulgación papal, hasta que sean finalmente derrotados en 1391. En ese momento la Compañía, mezclada con la población local, desaparece de la historia. Son testimonio de su aventura las decenas de miles de cuerpos anónimos que descansan en tierra ajena.