Ocupación de la península en el año 710

Sin respuestas
eljoines
Imagen de eljoines
Desconectado
Dictator-Administrador
Admin ForoModerador
Desde: 25 Ene 2015

Las primeras campañas musulmanas de conquista del norte de África se inician hacia el 647, aunque se trata de simples expediciones en busca de botín y carecen de continuidad. Los primeros resultados se obtienen en 670 con la creación de la ciudad-campamento de Cairuán, punto de partida para nuevas campañas, organizadas diez años más tarde, en las que los musulmanes llegaron al Atlántico. Tampoco en esta ocasión pudieron mantenerse; sólo en el año 698 ocuparían de modo definitivo la ciudad de Cartago y la costa tunecina. En los años 705 y 708, el gobernador árabe Musa Ibn Nusayr afianzaba la presencia árabe en el centro y sur del Magreb.

La dificultad de controlar a estas poblaciones nómadas por medios exclusivamente militares era grande y Musa islamizó a las tribus bereberes y las incorporó al ejército musulmán, para luego lanzarlas contra la Península en un intento de dar salida a su belicosidad; sistema ya empleado por los califas de Siria para librarse del peligro beduino.

1. ocupación de la península 710

Aunque toda la península estará durante siglos bajo control musulmán, la ocupación sólo fue efectiva en las comarcas del Sur, las más romanizadas y fértiles. En las zonas montañosas del Norte se mantendrá una población insumisa, que se opone a los musulmanes y que crea, en el s.VIII, el reino astur-leones, del que se desgaja en el s.IX el condado de Castilla. Más al este, los reyes francos ayudarán a los montañeses a crear el reino de Pamplona y los condados de Aragón, Urgell-Cerdanya, Pallars-Ribagorza, Barcelona, Girona, Ampurias y Rossellón, que oscilan entre la colaboración-dependencia con los reyes francos y con los emires y califas instalados en Córdoba.

La descomposición interna del reino visigodo explica en gran parte el éxito de las expediciones musulmanas en la que numerosas crónicas conceden gran importancia al conde norteafricano D. Julián, quien por conveniencia propia o forzado por las circunstancias, parece ser que apoyó a los musulmanes para entrar en la Península colaborando en el desembarco de reconocimiento que tuvo lugar en 710. El éxito de esta campaña, proyectada en principio para liberarse de los bereberes y obtener botín, animó a Musa, gobernador del norte de Africa, a enviar una nueva expedición a la que nadie opuso resistencia por hallarse Rodrigo combatiendo con los vascones. Los musulmanes entraron en contacto con los partidarios de Witiza, consiguiendo que, abandonaran al monarca y facilitando la victoria musulmana de Guadalete. Desde aquí, Tariz Ibn Ziyad avanzó sobre Toledo, que capituló sin ofrecer resistencia. La indiferencia de la población y el apoyo de los judíos completaron el éxito militar. En la comarca toledana se unieron los ejércitos de Musa y Tariq y juntos penetraron en el valle del Ebro y más tarde en Asturias y Galicia. Tres años después de la victoria de Guadalete, los musulmanes dominaban la mayor parte de la Península.

La facilidad de la ocupación musulmana en la península se explica por la descomposición del mundo visigodo y por la política de pactos que los musulmanes llevaron a cabo con los muchos dirigentes de la sociedad visigoda. Otros nobles prefirieron la conversión al Islam para mantener así sus derechos.

Tras la derrota de los musulmanes en Poitiers, se plantea la posibilidad de establecerse definitivamente en Al-Ándalus. La operación enfrentará entre sí a los conquistadores: la igualdad teórica de los creyentes proclamada por Mahoma se convierte en la práctica en una superioridad real de los árabes, que se consideran y actúan como una aristocracia dentro del Islam. Los beréberes norteafricanos, que formaban el grueso del ejercito recibieron las tierras de peor calidad (meseta y zonas montañosas) y se les aleja de los puestos de gobierno, mientras que los árabes se asientan en las fértiles comarcas andaluzas y en el valle del Ebro.

El malestar beréber será canalizado por los jarichíes y en el 739 se produce la gran sublevación de los bereberes del norte de Africa y de los asentados en la Península, coincidiendo con un enfrentamiento entre los árabes del norte y del sur (yemenies y qaysiés), que unirán sus fuerzas frente a los nuevos musulmanes. Los bereberes  fueron vencidos, y pasado el peligro, surgen de nuevo los enfrentamientos entre árabes del N y S, hasta la llegada a Al-Ándalus del omeya Abd al-Rahmán 756, quien rompió la vinculación política con el Islam oriental y con él se inicia un nuevo período de la historia peninsular.

Fuente:

    Jose Luis Martin: historia 16 - la España Medieval