Omar Jayyam y los Ruba´iyyat

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Autor: P.abl.o, 27/Abr/2010 21:01 GMT+1:

Omar Jayyam y los Ruba´iyyat

Omar Jayyam, poeta y científico persa, brilla con luz propia en la Persia del siglo XI, agitada por la guerra, el conflicto racial y religioso, la intolerancia y la ignorancia. Su pensamiento parece sorprendentemente moderno, su filosofía de vida sorprendentemente actual. No cabe más opción que admirarlo.



Omar ibn Ebrahim Jayyam nace en Neishabur (actual Irán) el 18 de mayo de 1048, en el seno de una Persia desgarrada por el conflicto y la contradicción. La civilización autóctona y la impuesta civilización árabe compiten en el terreno cultural y religioso, a lo que se suma el eterno conflicto entre los sultanes gasnavíes y selyúcidas. Los científicos y filósofos son acusados de herejía, el fanatismo religioso campa a sus anchas en una época donde el conocimiento y la literatura que observan con recelo.

Omar nace en una familia humilde, hijo de un artesano con pocos estudios. Su padre supo ver el potencial de su hijo, y decidió enviarlo con seis años a la escuela situada en la mezquita de la ciudad, donde Omar comenzó su aprendizaje en literatura, matemáticas y teología. Asombrado por su rápido aprendizaje, su maestro recomendó su traslado a la escuela de un famoso matemático (Abulhassan Anvarí). Allí Omar aprendió geometría y astronomía, asistiendo a su vez a clases de filosofía, mística y ética.

Es en esta etapa de su vida cuando Omar trabará amistad con Nizam al-Mulk, futuro visir, y con Hassan Sabbah, futuro líder de la secta de asesinos de Alamut. Se dice que, al aumentar la inseguridad y el terror en la zona, los tres amigos prometieron ayudarse entre sí en caso de que alguno llegara al poder. Es sorprendente que, años después, Hassan Sabbah ordenara el asesinato de su antiguo amigo Nizal al-Mulk, ya convertido en visir.

Acabados sus estudios, y movido por las ansias de aprender, Omar emprendió el viaje a la ciudad de Samarcanda, publicando a su vez dos tratados sobre matemáticas que incrementarían su fama. Durante los años siguientes Omar viajó por el país aumentando sus conocimientos. Conocido ya como gran matemático, astrónomo, filósofo y médico, fue invitado por el sultán Malekshah a Ispahán para reformar el calendario y trabajar como astrónomo. Mientras, su fama no hacía más que aumentar. El investigador Alí ibn Ghazí al Ashraf lo califica como “el mayor sabio de la época”, mas es acusado repetidamente de “materialista y ateo” (Algacel y Naymoldín Razí).

Omar Jayyam murió en Neishabur, su ciudad natal, en el año 1132, a los 84 años. Fue sepultado con sencillez, pues había dicho: “en mi vida amé el silencio y la calma, no quiero que mi muerte despierte a un niño o a un enfermo”.

La obra de Jayyam como poeta es, si cabe, más sorprendente que su vida. Su obra literaria está formada por los Ruba´iyyat, un poemario de estrofas en cuatro versos donde diserta sobre sus ideas filosóficas y religiosas. Oculto durante tres siglos tras la muerte de Omar, los Rubayat fueron recopilados a finales del siglo XIX y puestos a disposición de Occidente. Las ideas de Jayyam son, como poco, sorprendentes. En una época donde el fanatismo religioso domina el panorama cultural Omar defiende un ateísmo claro y contundente. Para ejemplo la rubaí 21 y la 45.

 

 

Cita

¿Hasta cuándo construiré con adobe sobre el mar?
Los idólatras del templo me causan hastío.
¿Quién dijo que Jayyam irá al infierno?
¿Quién fue al infierno y quién del cielo ha venido?

Yo nada sé; el que me creó,
hombre del infierno me hizo o del paraíso.
Una copa, una hermosa y un laúd a la orilla del campo,
esas tres cosas para mí al contado, y para ti el cielo prometido.



Jayyam desconfía de las promesas de la religión y exhorta al disfrute de la vida. La referencia al vino no se refiere tan solo al consumo de alcohol: simboliza la despreocupación y el disfrute de la existencia, la ruptura con las reglas religiosas y morales. A pesar de lo que puedan dar a entender algunos rubaí, la poesía de Jayyam es pesimista y melancólica. El vino se convierte en una forma de ahogar la angustia existencial y la melancolía:

Cita

Oh corazón!, pues te entristece el mundo,
de pronto el alma pura de tu cuerpo alejas.
Siéntate en la hierba y goza de tus días,
antes de que brote, de tu tierra, hierba.




En los siguientes poemas Jayyam expresa su visión materialista y pesimista de la existencia, la desconfianza en un gran creador y la conciencia de la insignificancia del hombre en el cosmos:

Cuando el señor ordenó el diseño del universo,
¿porqué a tara y defecto lo sujetó?
Si salió bien, ¿por qué falla?
Si el perfil salió mal, ¿de quién es el error?

Dejaremos de ser y harto tiempo seguirá el universo.
Ni nombre ni señal de nosotros habrá.
Antes no existíamos y no había defecto.
Sucederá lo mismo cuando ya no estemos.



En varios rubaí se ve incluso la influencia de las teorías atómicas de Leucipo y Demócrito (la creencia de que el universo se compone de átomos eternos y perfectos):

Cita

Cada partícula que en la tierra ha existido,
antes que tú y yo fue corona y sello de un anillo.
Lava con vergüenza el polvo del rostro amado
porque también aquel fue rostro de un enamorado.



Es evidente que Jayyam no escribió sus Rubayat pensando en su publicación. Son una pequeña ventana a su alma, a sus ideas, lejos del oscurantismo de su época y la opresión del fanatismo. Un secreto durante tres siglos. Han pasado diez siglos desde su muerte y, sorprendentemente, su poesía parece más cercana a nuestro siglo que a la Persia medieval. Nihil novum sub sole. Nada nuevo bajo el sol.

Cita

Si en mis manos estuviera el universo como en las de Dios,
este mundo quitaría de en medio
y construiría un universo nuevo para que fácilmente
el corazón del hombre lograra su deseo.