Pinceladas sobre la Edad Media

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Autor: pallantinensis, 17/Oct/2006 11:39 GMT+1:



            Propongo a todos los miembros del foro que pasen por aquí que pongan su grano de arena. Se trataría de conocer un poco más la Edad Media, pero no las grandes batallas, los tratados etc... sino las cosa más pequeñas, las de andar por casa.
           ¿Nunca os habéis preguntado: Cómo dormían los nobles, qué era capaz de hacer un campesino con sus manos, los maestros de obras de las catedrales cómo estaban considerados...? 
             Los grandes sabios de este foro podréis ir ilustrándonos, y los que nos quedamos un poco más cortos podremos aprender. Pero sobre todo compartiremos conocimientos.







Mayúsculas del título editadas.
Tito


Autor: pallantinensis, 17/Oct/2006 15:52 GMT+1:



            En la Edad Media el hombre era aún la medida de todas las cosas, ya que la máquina no existía sino en su estado más rudimentario. La gran fuerza motriz era el caballo o, más generalmente, el animal de carga. Todo, desde la más grande de las fortalezas hasta los tejidos más finos era creación de la mano del hombre. El hombre estaba más cerca de la materia de lo que podamos estarlo hoy.La materia bruta y la herramienta tenían una presencia y un valor que nos resulta didícil entender. Y este contacto directo con la materia, cuyas leyes conocía sólo de manera muy empírica, volvía al hombre más supersticioso de lo que es hoy, pero al mismo tiempo más hábil y emprendedor.


Autor: Calique1000, 17/Oct/2006 22:33 GMT+1:


 

A ver, en la edad media lo que se es que los siervos hacían todo los que sus señores les diejieran y no cuestionaban nada. A diferencia de hoy en día que todo lo dudamos y tenemos una infinita curiosidad por saber todo. En la Edad Media el hombre era antónimo a esto.


Autor: Utherkegal, 18/Oct/2006 01:29 GMT+1:


 

Muy buena idea Pallantinensis.

Así a bote pronto se me presenta una curiosidad. Creo que por entonces el precio de un libro era más o menos el equivalente al de un computador portatil hace 10 años. Es decir, no todo el mundo podía comprarlos.

Y si no estoy equivocado, el disponer de un caballo de guerra, armadura, escudero y todo lo que esto conllevaba tenía un costo equivalente al de un avión hoy día.

No me imagino lo que haría falta para construir un castillo o una catedral. En la actualidad ya esta desproporcionado. Entonces ni se sabe, pero lo hacían.


Autor: canal22, 18/Oct/2006 10:05 GMT+1:



  Creo recordar qe lei qe en aquella epoca se dormia desnudo y qe lo hacian junto a los animales para asi compartir el calor y qe los nobles y la gente normal solía orinar y defecar normalmente en donde primero pillaba por lo qe la sanidad era infima


Autor: Galland, 18/Oct/2006 13:14 GMT+1:



lo de orinar donde pillaba, no, lo hacian donde las cuadras o en monasterios habia sitios para el uso. Sobre lo de dormir desnudo, eso no es asi, al contrario, ejemplo en los castillos dormian todos juntos en la misma sala principal, solo el rey o señor del casitllo tenia habitacion propia, todos los demas sirvientes dormian en el mismo lugar, y naturalmente vestidos.


Autor: Moon.less, 19/Oct/2006 05:33 GMT+1:



Aquí en el foro  yo había puesto un artículo, http://miarroba.com/foros/ver.php?foroid=725447&temaid=3963356
que hablaba de como dormían habitualmente en las ciudades, no en los castillos , en las casas de los
 artesanos por poner un ejemplo y allí se decía que habitualmente dormían desnudos, y esta desnudez
 tenía por finalidad apartarse de las pulgas y piojos que habrían en la ropa, y para ahorrar espacio dormían
de a varios en una cama y así de paso sobre todo en el invierno , se procuraban calorcito.

saludos




 


Autor: canal22, 19/Oct/2006 09:58 GMT+1:



 Como podemos apreciar la higiene no brillaba y no es nada raro qe hubieran tantas epidemias


Autor: pallantinensis, 19/Oct/2006 14:54 GMT+1:



        Los campos, labrados con arado y sin abonos y dejados en barbecho cada dos o tres años alternativamente, producían la mitad que hoy, y no rendían lo suficiente para alimentar a toda la población. El campesino, casi nunca propietario de la tierra de labor tenía que dejar la mitad de la cosecha para su amo y para el diezmo de la Iglesia, y con el resto casi nunca llegaba a terminar el año; por otro lado el crecimiento de la población era bastante más rápido que el de las tierras cultivables.
          De todo esto deducimos que la sensación de hambre tenía que ser algo bastante habitual.


Autor: canal22, 20/Oct/2006 09:16 GMT+1:



  Sin olvidar las constantes guerras con sus levas de campesinos qe privarian de mano de obra para el campo


Autor: Utherkegal, 22/Oct/2006 07:16 GMT+1:


 

Con la desaparición o decadencia de la ciudad, desapareció o se redujo al mínimo el mercado, es decir el punto de encuentro entre el productor y el consumidor. Estos se identificaban ahora en la misma persona, el campesino, que era al mismo tiempo productor y consumidor, pues no tenía más incentivo para producir que lo que reclama su estómago. Al fin y al cabo, no podía vender el excedente por falta de medios de transporte y de clientes. Esto es evidente por la decadencia de la técnica agrícola y la reducción de las cosechas. Pero para el campesino hubo, además, otra consecuencia nefasta: su incapacidad de resistir la crisis. Al no poder vender, tampoco estaba en condiciones de comprar, y una mala cosecha bastaba para causar el hambre y la necesidad de empeñar su hacienda en beneficio de un propietario más rico y fuerte.
Es imposible decir cuántos campesinos propietarios pudieron sobrevivir desde los tiempos de Roma, que siempre se había esforzado por multiplicarlos. Cuando cayó el Imperio, ya debían de haber quedado reducidos a muy pocos. La falta del mercado ciudadano seguramente los destruyó de forma definitiva. Año tras año, sequías y hambrunas los echaban en brazos de los latifundistas, que podían resistir a todas esas calamidades. No fueron ellos quienes los devoraron; fueron los mismos campesinos quienes pedían entrar a su servicio como colonos.
El colonato no fue esa bárbara institución que muchos han descrito. Su formación espontánea demuestra que era necesario. En una sociedad como aquella, sin un Estado en condiciones de mantener el orden, la independencia era  privilegio de los ricos y de los poderosos que podían defenderla y defenderse. Para los pobres y los débiles se trataba de un lujo demasiado costoso. Entrar a formar parte de una gran propiedad significaba no solo protegerse de las hambrunas, sino también estar a salvo de los ladrones. El amo miraba con interés por los suyos. Los consideraba más que a la tierra, y esto por dos razones: ante todo porque la tierra abundaba y en cambio, había penuria de hombres. Además, porque, más que por la extensión de sus dominios, la categoría del señor se calculaba por el número de sus súbditos. Por lo tanto, atendía a su conservación, y en la medida de lo posible, a su multiplicación.

Autor: canal22, 23/Oct/2006 10:20 GMT+1:



 Viajar era una aventura llena de riesgos tanto por mar como por tierra y cubrir una distancia qe antaño se hacia en un par de dias en la Edad Media necesitaba casi una semana por el mal estado o inexistencia de vias por donde transitar


Autor: pallantinensis, 24/Oct/2006 11:57 GMT+1:



           La cama era un lujo, y hasta gente adinerada, incluso nobles, dormían a menudo sobre la paja o en el suelo; rara vez tenían vajila y en un mismo cuenco de madera solían comer varias personas que utilizaban como plato rebanadas de pan seco. Unas tablas dispuestas sobre caballetes hacían de mesa en el momento de servir las comidas. El único mueble propiamente dicho era el cofre, que aparte de servir de asiento o de cama, podía guardar vestidos y objetos de valor bajo llave.


Autor: Sotonik, 24/Oct/2006 15:01 GMT+1:


 

Y de nuevo la edad de tinieblas...

Rudos y brutos, sumisos, violentos al máximo, sucios, insensibles, iletrados, todo vale para el hombre medieval y eso sin especificar época y lugar. Lo de la cama sobre todo me ha hecho mucha, pero que mucha gracia. Anda que ya vale...

Ahora leamos algo de fuente medievales y digamos la verdad. Hombres como nosotros y más dotados para el conocimiento y la convivnecia con la naturaleza en una sociedad eminentemente agrícola y ordenada con amor al saber. Todo lo demás sobra, pues no es más que leyenda negra romántica. Me recuerda a esos deformes de la película El Nombre de la Rosa, que contrastan ampliamente con las bellas vidrieras y el arte gótico que les rodea. Puro cuento. Los deformes claro.

Lo que digo, léase esaa magnífica enciclopedia llamada las Etimologías y veremos la realidad de la vida medieval hasta el más mínimo detalle en usos y sabiduría y vermos algo imporante: que no hay que confundir la vida de un pobre de solemnidad con la vida de un hombre corriente, como hoy tampoco confndirñiamos al cabrero que vive conlo puesto entre aprisco en el monte con la vida del hombre de campo.

Por cierto, lo de los precios de los libros es como para pensar si no estamos alienados con tanta  divulgación en el mundo capitalista, dado que estamos hablando de una época en que no existía el capitalismo atroz, sino el auténtico libre mercado y que la cultura era un bien a conservar y trasmitir, tanto como obligado era a los señores el defender a sus siervos y a estos trabajar para ellos. El mero hecho de que no existiera el copyright era lo mejor de todo y eso no se divulga. Cualquiera podía acceder a la cultura y copiar libremente lo que le interesaba para su disfrute intelectivo, tanto en ciencias como en artes. Incluso en descubrimientos técnicos. La maestría se trasmitía a los aprendices y la empresa era la familiar. El dinero (valor oro o plata en mano para intercambio) era un instrumento y no tanto un dios institucionalizado para dominar al hombre y ajeno a este. Por eso hoy no se pueden hacer catedrales entre otras cosas y por eso tampoco se puede copiar un libro con libertad, por mucho que se tengan ordenadores y aviones. Falla el orden natural de las cosas y sobre todo falta el hombre religioso, que ha sido substtuido por el hombre desnaturalizado y que no ve más allá del mero goce sensual de su devenir inmediato.


Autor: Galland, 24/Oct/2006 20:50 GMT+1:


 

Sotonik no hagas demagogia de algo tan claro, en aquel tiempo solo nobles y ricos tenian medios para la enseñanza, es por ello que se le llama la epoca oscura.

La gente a penas ni tenia para comer patatas, asi que mucho menos comprar un libro. Y eso no es seguir la corriente critica actual, todo el mundo lo sabe y es un hecho constatable y constatado, ademas parte de la culpa es de la iglesia, mejor dicho, la mayoria de la culpa es de la iglesia catolico romana que en aquel momento no se preocupo de "enseñar al pueblo".

Si quieres podemos abrir un nuevo debate al respecto en religion, a ver que te parece el tema


Hizo la iglesia accesible el conocimiento a todos? y lo enseño?

un saludo
Galland.


Autor: Sotonik, 25/Oct/2006 01:45 GMT+1:


 

Cuidado que o hago demagogia, sino que manejo fuentes.

A la Edad Media se la llama la época oscura, media, etc.. por la soberbia de los hombres del renacimiento que afirmaban que el esplendor clásico grecoromano era su antecedente directo tal como hoy el excelso ZP afirma que su antecedente directo es la II República y se ignora a propósito todo lo que se hizo entre el 39 y el 2004 con inciso en el ostradcismo a todo lo que se califica de Franquista. Esto nos dará una idea de porqué se ha minovalorado al Edad media y porqué cierta gente la imagina a medio camino entre como la pinta Hollywood y los juegos de Rol, únicas fuentes que manejan. Amén de la literatura analfabeta (ni siquiera ilustrada) de ciertas sectas protestantes, sobre todo de los siglos XIX, nutridas de un anticatolicismo visceral que les lleva a trastornar la realidad.

Ya lo expuse una vez, pero ni caso, en fin. Ahora será todo más contundente y decisivo. De pinceladas pasaremos a trazos firmes y seguros y acabaremos descubriendo muchas cosas, no sólo como debemos todo saber a la Iglesia, sino como aquellas gentes eran más sabias y ordenadas en proporción que nosotros.

 


Autor: Utherkegal, 25/Oct/2006 03:50 GMT+1:


 

Es muy satisfactorio como de un tema que aparentemente solo pretendía ilustrar sobre la vida cotidiana en la edad media hemos pasado replantearnos como se ha interpretado hasta ahora esta etapa de la historia. De verdad que agradezco a todos los participantes el interés y conocimientos que ofrecen pues de esta forma podemos desentrañar los recovecos de la historia.

Estoy y no estoy de acuerdo con Sotonik. No estoy de acuerdo en que la cultura estuviera al alcance de todo el mundo en aquellos tiempos. Es conocido el sitema de clases sociales que se había impuesto y eso condicionaba mucho el conocimiento. Por ejemplo los reyes merovingios y los mismos francos posteriormente no eran precisamente cultos. Carlomagno a penas sabía leer y tenía siempre con el un asistente que le iba leyendo textos bíblicos.  Imaginense el hijo de un pescador de Guecho por aquellos años.

En cambio estoy de acuerdo con que la interpretación oscurantista que nos ha llegado de aquellos tiempos no es del todo correcta. Y como bien dice Sotonik, el hombre renacentista reivindicaba el clasicismo y denostaba el medievo. Pero la gente de la edad media ni habían sido tan brutos ni tan ignorantes, y tampoco tan pobres o hambrientos como se les pinta.  Era una economía autárquica que se autoabastecía y podía tener malas rachas como sucedió tanto en la edad antigua como en le Renacimiento. Aunque que si que aperentemente fueron menos brillantes pero quizas por el retroceso de occidente frente al Islam. Porque estamos viendo el asunto desde un punto meramente eurocentrista. Una vez frenado el impetu musulman, Europa vuelve a tomar impulso hasta recuperar la iniciativa, tanto cultural como ecónomica que la lleva al florecimiento renacentista.

Por ello tampoco esto de acuerdo con Galland cuando se le achaca a la Iglesia Católica de todos los males de la época. Creo que precisamente la Iglesia se comportó como un poder feudal más de su tiempo. Y entre los personajes de la Iglesia encontramos grandes figuras culturales. Por ejemplo en la España visigoda tenemos al gran Isidoro de Sevilla, quizas la figura mas relevante de la alta edad media.


Autor: Sotonik, 25/Oct/2006 04:49 GMT+1:


 

Cuando digo que la cultura está accesible a cualquiera es que lo está realmente de potencia (salvando la actualizaciòn de la misma que será según las circustancias de cada uno y de hecho os digo que os sorprendería saber hasta donde se llegó en la Edad Media). Hoy día no es así. La cultura sí que se está reservando para una clase pudiente y adinerada. Si no tienes dinero no puedes leer una novela. Mucho menos copiarla y leerla a tus amigos en público. Es delito contra la llamada "propiedad intelectual". En aquel tiempo ese concepto era totalmente desconocido y presentarlo sería tan pecaminoso y vilipendiado como la usura. Ya mismo no se podrá en España citar un texto si no se pertenece a una institución pública de investigación o enseñanza. Esto habla por sí sólo.

Sobre los carolingios poco cultos basta con ponerse ante los ojos el "Manual para mi hijo" o Liber manualia Dhuodane quem ad filium suum transmisit Wilhelmum escrito por Dhuoda, una dama de la nobleza del siglo IX y esposa del Duque de Septimania y Conde de Barcelona, Bernardo. Un mundo maravilloso y desconocido, increible para muchos de los que vituperan esta época se nos descubre. Lo siguiente lo tomo de la Enciclopedia Católica.

Dhouda comenzó a escribir el “Manual” el 30 de noviembre del año 841, en Uzès (actualmente Ministerio de Gard) y lo concluyó el 2 de febrero de 843; fue entonces cuando la apartaron tanto de su marido como de sus dos hijos, Guillermo que permaneció en la Corte de Carlos el Calvo, y a Bernardo que se lo llevaron antes de ser bautizado a Aquitania con su padre. Probablemente Dhuoda no vivió mucho tras concluir su obra, pues se describe a sí misma como una persona débil y próxima a su hora final. Expresa su congoja ante el pensamiento de no volver a ver a Guillermo hecho un hombre, y escribe su propio epitafio, el que desea que su hijo grabe sobre su tumba. Puede que así se ahorrara el pesar  de conocer la condena de su marido por rebelión (844), y la muerte de sus dos hijos que fueron también asesinados, Guillermo en el año 850, y Bernardo en el 872, después de la deliberada indiferencia hacia las buenas lecciones de su madre.

 El “Manual”, que se compone de setenta y tres capítulos (sin incluir la introducción, invocación, prólogo, etc.), es un documento relevante para la historia general y especialmente para la historia de la educación; fue publicado por Bondurand en 1887 a partir de un manuscrito del siglo XVII de la Bibliothèque Nationale, en París, y a partir de unos fragmentos de un manuscrito perteneciente a la época Carolingia, descubierto en la biblioteca de Nîmes. Con anterioridad a esa fecha, Mabillon había publicado sólo unos cuantos pasajes, habiéndose reproducido también en la “Patrología” de Mignes. Es un tratado sobre las Virtudes Cristianas, destacando las extraordinarias cualidades sentimentales y espirituales de la autora, el intenso cariño que profesaba a su marido y sus hijos, a pesar de las intrigas acontecidas en la Corte a última hora (véase Martin, Histoire de France, II, 386 sqq;); Nosotros encontramos numerosas citas a las Santas Escrituras, alusiones a acontecimientos Bíblicos, y algunas referencias a escritores profanos. La expresión es en ocasiones confusa e incluso incorrecta, si lo miramos desde el punto de vista de una latinidad clásica. No obstante, las numerosas imágenes, comparaciones y alegorías, el uso en algunos capítulos de versos y acrósticos, la belleza y nobleza de sus pensamientos, el palpable empeño y amor de la escritora, que se manifiesta por toda la obra, mantiene en todo momento despierto el interés del lector. Ciertamente fue una “pócima meliflua” la que Dhuoda había preparado para su hijo: -

Istum [libellum] tibi et fatri, ut prosit, quod collegi festinans,


Velut melifluum potum, favisque permixtum,
In cibum oris, ut degustes semper adhortor.

Y esta concisa pero bella exposición la tomo de un weblog: http://el-aire-se-serena.blogspot.com/2005_11_01_el-aire-se-serena_archive.html

Dhuoda vive en el siglo IX y no se parece en nada a Leonor de Aquitania. Es una joven de salud frágil y delicada, lo que no le ha impedido recibir una instrucción notable. Conoce muy bien la Biblia y los textos de los Padres de la Iglesia, así como los eixemplos, farsas y fabliaux de su época. Su afición por las matemáticas, el griego y el latín le va a resultar muy útil. Pero no es una intelectual ajena a las actividades de una mujer de mundo. Es activa, observadora, le gusta jugar a las damas y siente una curiosidad especial por la orfebrería, le fascina el arte del joyero cuando funde, lamina y trabaja el oro.
Para su marido, Bernardo de Septimania, ella fue una verdadera joya. Ambos se vieron envueltos en los turbulentos conflictos entre los nietos de Carlomagno, a quien Dhuoda conoció. Carlos el Calvo, Luis el Germánico, Lotario y Pipino de Aquitania se disputan el imperio carolingio. Entretanto, ella redacta un "Manual para mi hijo" en el que vuelca todo lo que, a su entender, ha de conocer un joven noble. Lo redacta en latín, simultaneando la prosa y el verso. Porque Dhuoda ya tiene dos niños: Guillermo y Bernardo, y desea, sobre todas las cosas, que sean cultos y honrados, y que lleven con honor el noble apellido de la familia. Ella reivindica el derecho a educar a sus hijos. Su argumento es el siguiente: ¿quién mejor que una madre, que ha llevado a su hijo nueve meses en su vientre, le ha parido con dolor y le ha amamantado, puede comprender y encaminar a un niño?
Anécdotas, narraciones con moraleja, enigmas, acrósticos, “memorialines” matemáticos para enseñar a contar, consejos apoyados en textos bíblicos y patrísticos, citas de clásicos grecolatinos y de autores actuales... Todo un mundo cultural del medievo en manos del pequeño Guillermo. La maestra se muestra tierna y respetuosa con su joven alumno (“Te ruego y te sugiero...·, “Te exhorto, hijo mío...”) y los consejos tienen un tono sorprendentemente positivo: “Ama a Dios, ama a tu hermano menor, ama a tu padre (...) ama y te amarán”. Le recomienda a los peregrinos, huérfanos, viudas y gentes sin recursos: “Mantente dispuesto a actuar para aliviarlos”. Una cosa la alegra sobremanera y es sentirse dos veces madre de sus hijos: madre por haberles dado la vida del cuerpo y madre por haberse involucrado en la maravillosa tarea de abrir sus mentes y sus corazones.
Pero las cosas se complican. Tras el nacimiento de Bernardo, la salud de Dhuoda se resiente y ya no puede seguir a su marido en sus constantes desplazamientos. Se queda sola en Uzés, señora en su feudo, regentándolo y defendiéndolo. Para resistir el sitio de la marca de Gotia, se endeuda gravemente con banqueros cristianos y judíos, a los que va pagando con no pocos sufrimientos. El adolescente Guillermo está “encomendado” al rey Carlos, es decir, es su rehén. El pequeño Bernardo ha partido con su padre, que cree así poder protegerle mejor de los peligros que acechan a la familia. En Toulouse, en el año 884, los avatares políticos conducen al cadalso a Bernardo de Septimania. El dolor de Dhuoda no tiene consuelo cuando también el joven Guillermo, de 23 años, es decapitado por alta traición.
No se conoce cuál fue el final de la vida de esta mujer singular. La historia sí recoge datos sobre su hijo menor, el pequeño superviviente. Se trata de Bernardo Plantevelue, padre de Guillermo el Piadoso, quien en el año 910 fundó uno de los mayores focos culturales europeos: el monasterio de Cluny. Si el "Manual para mi hijo" no condujo a la felicidad y la honra a su primogénito, el nieto superó con creces los objetivos que había planteado la abuela. Así encontró su mejor culminación el primer tratado de educación escrito en Francia.
Sin embargo, en los manuales franceses, sólo se cita como pioneros a Rabelais y a Montaigne. Regine Pernaud, la historiadora que aporta los datos biográficos sobre Dhuoda, se pregunta por qué ha sido olvidada. Y vosotros ¿qué creéis?


Autor: Utherkegal, 25/Oct/2006 18:46 GMT+1:


 

Caray Sotonik, esa ya no es una pincelada, es un brochazo.

Carlomagno por las noches se acostaba pronto, dondequiera que se encontrase, pero padecía de insomnio y se pasaba a menudo las noches estudiando el abecedario y tratando de comprender las letras. Pero en balde. Aquel genio de la política y de la guerra, que había conquistado medio mundo, nunca logró dominar el alfabeto. A fuerza de hacérselos repetir por su confesor, aprendió de memoria los salmos y hasta los cantaba bastante bien, porque, aunque su voz era chillona, gozaba de buen oído, y llegó incluso a decir de memoria muchos fragmentos de La ciudad de Dios. Pero aunque a edad avanzada todavía se pasaba las noches quemándose las cejas, nunca tuvo la satisfacción de leer y escribir correctamente.

Pero sus limitaciones personales no impideron que tuviera inquietudes culturales y que desde su priviligiada posición intentará reparar las deficiencias educativas que los gobiernos de los anteriores reyes francos habían provocado en la población.


Autor: Utherkegal, 25/Oct/2006 18:54 GMT+1:


 

La cultura de la antigua Galia romana, bajo los «reyes holgazanes» se hallaba sumida en la barbarie. Pipino el Viejo, Carlos Martel y Pipino el Breve eran analfabetos. Las pocas escuelas de entonces no eran frecuentadas más que por sacerdotes. Los germanos que habían invadido Europa habían procurado consolidar la conquista antes de restaurar la cultura.
Las cosas cambiaron con Carlomagno. El emperador analfabeto consideraba que la ignorancia era un impedimento para la difusión del Evangelio y la salvación del alma, es decir, algo entre la minoría de edad y el delito. Así pues, promovió la instrucción escolar, movilizando al clero y fundando escuelas en las catedrales y en los monasterios, porque en aquellos tiempos los sacerdotes y los monjes eran prácticamente los únicos que sabían leer y escribir.
En esta obra, sus mayores colaboradores fueron Alcuino, Paulo Diácono y Eginardo. Alcuino había nacido en el año 735, en Inglaterra, en el seno de una rica familia de Northumbria y siguió los cursos del seminario en York, por entonces sede de una importante universidad, donde fue ordenado sacerdote. Alcuino fue un estudiante bastante precoz. A los once años sabía de memoria las obras de Virgilio y había leído a san Agustín. Era manso, piadoso y frugal. A los veinte años realizó su primer viaje a Italia, adonde siguió yendo incluso después de su nombramiento como arzobispo de York y donde encontró a Carlomagno, que, sorprendido por su erudición, le confirió la abadía de Ferriéres y le invitó a seguirle a Quierzy-sur-Oise. Permaneció en Francia hasta el año 796. Fundó escuelas, preparó maestros, redactó manuales y dictó los programas basados en el estudio de las «siete artes liberales»: el trivium, que comprendía la gramática, la retórica y la dialéctica, y el cuadrivium, que comprendía la aritmética, la geometría, la música y la astronomía. Alcuino llamó a estas materias «las siete columnas del templo de Salomón» y encargó al doctor Teodolfo que escribiera un poema sobre ellas. El año 796 se retiró al célebre monasterio de Tours, del que fue nombrado abad y donde murió dieciocho años después.
Paulo Diácono entró al servicio de Carlomagno en el año 782. Había nacido en el 725 y había pasado una gran parte de su vida en Pavía. Fue el ingenio más brillante de la corte de Desiderio, del que fue consejero durante mucho tiempo. Con la caída del reino longobardo, se refugió en Benevento después de que los francos confiscaran sus bienes. En el año 775, Carlomagno hizo arrestar y deportar a Austrasia a su hermano Ariqui. Paulo, entonces, le envió un poema en el que imploraba su restitución. La obra gustó al rey, que liberó a Ariqui, pero pretendió a cambio que Paulo se trasladara a Aquisgrán. En el año 786 acompañó a Carlomagno a Italia. Visitó Florencia, Roma y Montecassino, donde pasó el resto de sus días. En la soledad del monasterio benedictino, escribió la Historia de los longobardos, que es su obra más famosa.
Escasas son las noticias que tenemos acerca de Eginardo. Sabemos con certeza que entró en la corte a finales del siglo VIII. Era franco de nacimiento, pero romano de formación. Carlomagno lo nombró su secretario particular. Su Vita Karoli, que toma como modelo a Suetonio, es una bella biografía anecdótica y vivaz, aunque compuesta con intenciones hagiográficas.
Alcuino, Paulo Diácono y Eginardo fundaron la Academia Palatina y las escuelas episcopales y monásticas. La Academia era un verdadero cenáculo de eruditos y su presidente era el ministro de Instrucción Pública, Alcuino.
En las reuniones también intervenía el rey. Cada uno de sus miembros había adoptado un seudónimo hebreo o latino. Carlomagno se hacía llamar David, Alcuino era Flacco y Eginardo, Bezaleel. En las sesiones tomaban parte la hija del soberano, Rotrude, con el nombre de Colomba, y su hermana Gisila, con el de Lucía. Las discusiones eran animadas y no pocas veces daban origen a vehementes debates. En la orden del día estaban, de vez en cuando, la lectura de los clásicos o la exégesis bíblica. En las doctas discusiones se intercalaban a veces palabras cruzadas, charadas y adivinanzas.
De la Academia dependían las escuelas. En cada catedral y en cada monasterio había por lo menos una. Los alumnos se reclutaban en su mayoría entre los campesinos y los siervos. Los nobles apenas si asistían, porque tenían por vil cualquier ocupación que no fuera la de las armas. Los cursos eran gratuitos, pero solo quien poseía un título de estudios podía ingresar en la administración pública o en el clero. Dos escuelas adquirieron en poco tiempo nombre y celebridad, la palatina de Aquisgrán y la de Tours. La primera era una especie de seminario reservado a la élite, como siglos después lo sería Eton. La lengua oficial era el latín. Explicaban las lecciones sacerdotes y monjes.
El renacimiento carolingio no fue solo literario, sino también artístico. Bajo los merovingios, la Galia, que durante la dominación romana había alcanzado un alto grado de civilidad, sufrió una decadencia lenta pero inexorable. Los edificios de los tiempos de Augusto o de Trajano quedaron abandonados a la inclemencia del tiempo. Florecientes ciudades se transformaron en necrópolis y antiguos templos paganos habían quedado reducidos a ruinas. La Lombardía de Astolfo o de Desiderio era un faro de civilización y de progreso comparada con el reino franco.
Carlomagno fue el artífice de una recuperación que tuvo algo de milagroso. Contrató arquitectos, obreros y albañiles. Transportó de Rávena a Aquisgrán la estatua de Teodorico y la colocó en el patio del palacio real. El renacimiento artístico de los francos tomó como modelo a Constantinopla y sus características construcciones de planta redonda. La arquitectura latina tenía como fundamento la basílica de planta alargada, con tres naves, cortadas por un transepto en cruz latina, con techumbre de madera. La estructura de la oriental era, en cambio, circular o poligonal, con bóveda de piedra. En Aquisgrán, Carlomagno hizo construir una capilla de cúpula y planta octogonales, inspirándose en la iglesia bizantina de San Vital, que había visto y admirado en Rávena. El templo fue decorado con ricos mosaicos y pinturas de temas sagrados.
El historiador inglés H. A. L. Fisher ha escrito que el renacimiento carolingio careció de originalidad y de verdadera grandeza. Alcuino, Paulo Diácono y Eginardo, que fueron sus campeones, no dejaron nada que pudiera compararse con la historia de Tácito, los poemas de Catulo o los de Virgilio. Pero la comparación no cabe. Detrás de Tácito había una gran civilización que había llegado ya a su madurez y detrás de Alcuino había una sociedad analfabeta, apenas salida de su organización tribal. La Academia Palatina fue, sin embargo, un polo que atrajo a la flor y nata de la intelligentsia contemporánea, y no solo a la franca, sino también a la latina y a la anglosajona. Sin el renacimiento carolingio, con el descubrimiento, la transcripción y conservación de los antiguos manuscritos griegos y latinos, el humanismo habría sido imposible y la civilización occidental habría seguido otro curso.

Autor: Moon.less, 25/Oct/2006 23:17 GMT+1:



De acuerdo retomando un poco a Dhuoda y la reinvindicación de las mujeres
en la edad media, sin entrar en muchos detalles  decir el importante papel que jugaron
las mujeres en esta época (y en todas por supuesto)sobre todo en lo relativo a la cultura
para que un hombre el romanista Karl Bartsch en 1883 llegara a la siguiente conclusión:
"En la Edad Media las mujeres, leían más que los hombres" los poetas del siglo doce muchas
veces alaban la intelectualidad de las mujeres de su alrededor , las mujeres entregadas a la vida
 religiosa en aquel entonces(o sea a la iglesia) contribuyeron con importantes manuscritos, muchas
 eran copistas ,los encargados de hacer las copias escritas a mano, y hay pruebas de ello ya que
generalmente al terminar ponían un colofón (palabra final) cuando terminaban la obra , no todos los copistas
lo hacían pero hay un registro que se llama " Colofones de los manuscritos occidentales desde los origenes
 hasta el siglo XVi" la mayoría de estas mujeres eran religiosas o de la nobleza, pero no siempre era así, por
ejemplo había una Marie Coppin, que era hija de un escudero, otra Marie Regniere hija de un poeta y muchas
otras.
También hay registros de que no solo los nobles o poderosos tenían acceso a la educación, pero cómo harían
estas personas, para recibir instrucción , pues generalmente en los conventos, donde se educaban tanto a niñas
como a niños a partir de los siete años, como queda claro en el artículo 5 que elaboró San Cesareo para las monjas,
él dice que no se puede recibir a los niños en el monasterio antes de los seis o siete años , para instruirlos y educarlos.
En 1403 el Obispo Simón de Busy, insiste para que los padres envien a sus hijos (niños y niñas) a las escuelas de
 la ciudad y ordena que se habran escuelas en las parroquias donde no las haya. A esas alturas ya hay muchas escuelas
 que también son regidas por laicos. 
(información  de "La mujer en el tiempo de las catedrales" R. Pernoud.)
 


Autor: pallantinensis, 30/Oct/2006 15:20 GMT+1:




          La rudimentariedad de las herramientas creaba una capacidad mayor de adaptación. Como la escritura era un lujo, era sustituída por la memoria y el hombre no poseía otro caudal de conocimientos que en ella lograba almacenar, lo cual no quiere decir, ni mucho menos que estos conocimientos fueran pocos.. El hombre del vulgo sabía orientarse con las estrellas y los movimientos del sol, conocía bien las plantas y su entorno, en su mente llevaba grabado un calendario preciso en el que,  fiesta por fiesta y santo por santo, las estaciones se sucedíany don de estaba prevbista la metereología de los días. Se basaba,  para sus conocimientos teóricos, en el testimonio de la gente anciana, en los relatos de los viajeros y de los narradores profesionales y en los sermones de los clérigos en las iglesias, amén de la experiencia adquirida en largos años de oficio.