Rodrigo I, Rex Hispaniae

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eljoines
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 Autor: Arbiter_Elegantiorum, 11/Jul/2007 23:41 GMT+1:



 

La figura de Don Rodrigo, rodeada de circunstancias tan singulares y enmarcada dentro de un ámbito y una época tan cruciales para la historia peninsular, ha llamado la atención de científicos y literatos. Todos ellos han ofrecido y siguen ofreciendo sus particulares versiones acerca del carácter y personalidad del mal llamado último rey godo; y decimos mal llamado porque modernas investigaciones han descubierto, al menos, dos acuñaciones de moneda posteriores a su reinado que demuestran la existencia de un sucesor para su trono, denominado Aquila (o Agila), quien continúa la línea sucesoria durante tres años. Se habla incluso de otro rey llamado Ardo, sobre quien se ignora prácticamente todo excepto el nombre.

Estos últimos reyes godos conservaron prácticamente poco más que el nombre pues gobernaron en la Septimania que entonces pertenecia a España y que corresponde al actual Rosellón francés y a parte del Languedoc, con capital en Narbona, hasta donde no llegaron los ejércitos musulmanes.

 



En el año 711 se perdió España para la civilización grecolatina y la religión cristiana, que después de siete siglos habían convertido el mosaico de tribus de la península Ibérica en una de las provincias más importantes del Imperio Romano. Todavía es un enigma histórico, por utilizar el título de uno de los grandes estudiosos de este período, Claudio Sánchez Albornoz, cómo lo que las legiones romanas tardaron 200 años en conquistar pudieron tomarlo los musulmanes en apenas dos años, después de una sola gran batalla, la del Guadalete. Aunque conocemos perfectamente las campañas de Tariq y Muza para dominar la España visigoda, lo militar -un ejército de unos 20.000 hombres- no basta para explicar el colapso total, el hundimiento de un reino que tenía detrás más siglos de historia y una civilizaión más rica que la inmensa mayoría de las naciones actuales. Don Rodrigo era el rey de España en aquel año fatídico y su nombre ha quedado asociado al enigma del suceso y a lo que tiene de presagio y advertencia.

Era Rodrigo dux, o sea, duqque de la Bética cuando murió el rey Vitiza, que pertenecía a uno de los clanes visigodos más poderosos. Como de costumbre, el clan trató de sentar en el trono a los hijos del difunto y, también como de costumbre, muchos nobles godos se negaron a aceptarlos. Lo hacían en nombre del principio de monarquía electiva, tradicional en aquellos pueblos germánicos que irrumpieron en la Historia de roma como Los Bárbaros del Norte, aunque en realidad estuvieran muy romanizados y vinieran sobre todo del Este. Sucede que esa monarquía electiva había convertido cada sucesión regia en una orgía de sangre, en un asesinato tumultuoso donde se decapitaba no sólo a reyes o aspirantes, sino también a familiares, deudos y allegados, para debilitar las candidaturas rivales mediante una dura campaña electoral en pleno cráneo o a la altura del gaznate.

Después de Recaredo, un siglo antes, quedó unificado religiosamente el reino y se acordó una colaboración estrechísima entre Iglesia y Estado. Todo parecía encaminarse hacia el establecimiento de una dinastía que diese continuidad y paz al reino, pero el morbo gótico, la costumbre de tirar de puñal, veneno y espada para acceder al Trono, fue más fuerte que la lógica y el interés. Es cierto que la Iglesia podía haber impuesto normas menos salvajes de conducta, negándose a legitimar al que llegara al Trono asesinando . Ese era el designio de Recaredo y, sin duda, el de los grandes obispos de la familia cartagenera de Leandro e Isidoro de Sevilla. Sin embargo, el fracaso fue estrepitoso. Y a Rodrigo le tocó recoger los frutos de ese desastre a orillas del Guadalete.

La pérdida de España, la destrucción de ese reino visigodo que heredaba una tradición romana y germánica de siete siglos, no se debió, sin embargo, a una conjura palaciega, al impulso irresistible de los musulamnes, a una hecatombe militar o a una guerra civil. Todo eso estuvo presente, pero no era bastante. En la raíz de los males del Estado visigodo estuvo un problema que parece muy abstracto pero que tiene consecuencias bien concretas y cuya actualidad no hace falta señalar: la división de poderes.

España se vino abajo por la mezcla y confusión de lo privado y lo público, lo religioso y lo laico, lo civil y lo militar. Desde el III Concilio de Toledo, los reyes mandaban mucho en la Iglesia y los obispos tomaban parte en la administración de Justicia. La legitimidad, por tanto, estaba en permanente almoneda y cuanto más se corrompían los obispos menos podía pedir cuentas a los reyes, que se ceñían la corona con las manos manchadas de sangre. La Justicia no sólo carecía de independencia sino que dependía de un sinfín de clanes, civiles y eclesiásticos, regionales y gremiales, hasta el punto de que sólo la inseguridad judicial era segura. Los obispos eran nombrados por razones de familia o de partido. Los administradores romanos, que tiempo atrás intentaron conservar los visigodos, habían derivado hacia formas pre-feudales de dependencia. Puede decirse que no existía ni un solo poder autónomo. En consecuencia, el Poder era tan arbitrario como inestable y en vez de preservar algo, lo amenazaba todo.

La muerte de Vitiza acabó con un breve periodo de falsa paz. Su predecesor, Egica, había copiado algunos excesos de Calígula con el añadido de un antisemitismo paranoico: creía sinceramente que los judíos conspiraban contra él, por lo que decretó su liquidación; y los judíos, naturalmente, conspiraron contra él. Vitiza pareció remediar algunas locuras de Egica, pero casi nadie distinguía ya los peligros reales de los imaginarios y los problemas generales de los particulares. Una guerra civil caótica y dispersa estalló en 710 y, al año siguiente, Rodrigo, elegido rey por un grupo importante de nobles agrupado en lo que pomposamente llamaban Senado, tuvo que hacer frente a tres conflictos militares simultáneos: las intrigas y alzamientos del clan vitiziano, la rebelión episódica pero endémica de los vascones y la amenaza musulmana en el Magreb Occidental. Era Rodrigo probablemente el primer militar de aquel tiempo -por eso lo nombraron- pero no podía hacer milagros. Cuando extinguía la fogata vascona, una hoguera de insospechadas proporciones se encenció en el Norte de Africa: los vitizianos pactaron con los bereberes recientemente convertidos al Islam una alianza para acabar con él.

No era una alianza contra natura ni representaba novedad alguna. Pensemos que Hermenegildo, que llegó a santo una vez decapitado, pactó con los bizantinos para eliminar a su padre. Y hazañas semejantes esmaltan toda la era visigoda. En el fondo, como suele suceder en las épocas de degradación institucional, todo el mundo pensaba que los atropellos contra la Ley y la moral iban a ser sólo temporales. No sopechaban los vitizianos que los hombres de Tariq y Muza no se iban a limitar a derrotar a Rodrigo sino que los iban a liquidar tambián a ellos y a quedarse con el reino que tan trabajosamente unificaron Leovigildo y Recaredo. Así que fueron traidores pero, sobre todo, estúpidos. Por anteponer a todo sus intereses partidistas acabaron perdiendo todo y a todos.

El personaje real y legendario que simboliza esa traición vitiziana es Don Julián -cuyo nombre varía según las crónicas posteriores: Ulyán, Ullán, Urbán, Julían-, gobernador militar de Ceuta y guardián del Estrecho, que en un momento dado, por su relación con el bando vitiziano, pactó la entrega de la ciudad y trasladó al Peñón con barcos de cabotaje a varios miles de guerreros a las órdenes de Tariq. Esa roca convertida en cabeza de playa tomó su nombre y se llamó Gebel al Tariq, la Roca de Tariq, derivando luego en latín romanceado hasta Gibraltar.

Mientras Tariq y luego Muza, su jefe, iban conquistando ciudades para el Califa de Bagdad, con la ayuda de los vitizianos y la colaboración inestimable y razonable de los judíos, Rodrigo había bajado de Vasconia a toda prisa para cortarle el paso. Se encontraron junto al Guadalete y, tras algunos días de merodeo, entraron en combate. Según el romance, «en la octava batalla» las alas de su ejército, dirigidas por vitizianos, lo traicionaron abandonando súbitamente el campo y permitiendo la aniquilación del cuerpo central mandado por el propio Rodrigo, que desepareció de la Historia para entrar en la Leyenda.

Fueron tan graves y duraderas las consecuencias de aquella batalla que, con el tiempo, se tejió un relato según el cual Julián, para vengar la seducción o violación de su hija Florinda (llamada la Caba por los muslimes, esto es, la Prostituta) entregó a los moros la católica España con el seductor Rodrigo a la cabeza. No era posible explicar que se perdiera tan gran reino cristiano en una sola batalla, ni que en el 714 ya no quedara ni rastro del poderío visigodo. La pérdida de España se entendió desde entonces como una derrota del patriotismo por falta de virtud, de ahí que se achacara simbólicamente a un pecado sexual la catástrofe militar, política y religiosa que supuso para el mundo cristiano la incorporación de España a los dominios islamitas. Sin embargo, gracias a esa metáfora, la Reconquista tuvo un referente mítico y un objetivo último que alimentaron durante casi 800 años los sueños y ambiciones de los cristianos, unidos o dispersos, de uno u otro reino, contra la Media Luna. Los godos, que fueron un desastre vivos, resultaron eficacísimos después de muertos.

Y en el fondo, la leyenda de que España se perdió por particularismos exacerbados, por falta de valores morales en las instituciones y por un déficit de ética colectiva ejemplificado en el rey Rodrigo, respondía a una realidad. Lejana, dirán algunos, muy lejana. Sólo en el tiempo.
 D. Rodrigo en una reproducción del Museo de Cera en Madrid.
 
 
 

La batalla de Guadalete / Barbate

(O DE LA LAGUNA DE LA JANDA)

(O DE LA LAGUNA DE LA JANDA)
En abril o mayo del año 711 un ejército al mando de Tariq ibn Ziyad cruzó el Estrecho, en el momento en que el rey Rodrigo se encontraba en el norte combatiendo a los vascones. Las dificultades que el desplazamiento por mar representaban para un pueblo sin tradición marítima como los árabes hacen poco probable que las tropas de Tariq fueran muy numerosas: entre siete y nueve mil soldados, la mayoría de ellos beréberes, algunos libertos de diverso origen y una minoría de árabes. Tariq se atrincheró en el peñón que recibiría después su nombre (Chabal Tariq: Gibraltar), a la espera de la arribada del grueso de sus tropas. Los relatos árabes cuentan que Tariq, tras poner pie en tierra firme, dirigió la oración arengando a sus tropas a triunfar o morir y que, para asegurarse, mandó quemar la flotilla que les había llevado hasta allí.

 

Tariq inició su ofensiva con la toma de Carteya (Cádiz), después de lo cual se dirigió al oeste e instaló su base de operaciones en lo que hoy es Algeciras (la "isla verde", al-Yazirat al-jadra). Entretanto el rey Rodrigo regresó precipitadamente de su campaña contra los vascones y mandó reunir sus tropas en Córdoba.

 

Todo indica que la batalla no fue de gran envergadura, ya que las fuerzas de Tariq eran escasas y Rodrigo probablemente no pudo reclutar gran número de guerreros ya que su centro de poder era territorialmente limitado. Es posible que sólo le acompañaran las tropas de la casa real y las fuerzas que pudiera reclutar en sus posesiones de la Bética, ya que, por otra parte, no se trataría de una invasión en toda regla. Sin duda la fulminante victoria de las fuerzas árabes se debió al desconocimiento cristiano de las tácticas de combate de los árabes. La probable muerte de Rodrigo, la destrucción de su comitatus, su guardia real y la nobleza cortesana, dieron al enfrentamiento su carácter decisivo. Por otra parte, la rápida conquista de Toledo por Tariq aumentó la confusión creada por la destrucción del ejército real y evitó la elección de un nuevo rey visigodo y la articulación de la resistencia. Por ello la escaramuza de Guadalete / Barbate se convirtió en una conquista.

 

Los restos de las maltrechas tropas visigodas se habían refugiado en Écija. Hasta allí las persiguió Tariq y obtuvo una nueva victoria que desbarató definitivamente la capacidad de resistencia del ejército visigodo. Muchos descontentos se fueron uniendo a las tropas de Tariq, que encontró la colaboración de la población judía, muy castigada por las persecuciones a la que la había sometido la católica monarquía visigoda. Desde Écija, Tariq inició un paseo militar que le llevó a conquistar Córdoba y Toledo sin apenas resistencias, aniquilando así los restos del reino visigodo. De esta forma comenzaba la historia secular de al-Ándalus.
 
 Una leyenda andevaleña sobre la muerte del último rey visigodo
La leyenda.

Sotiel Coronada es una pequeña aldea minera que pertenece al término municipal de Calañas, País de Andévalo, en la provincia de Huelva. 
Justo en la margen derecha del Río Odiel, las minas de Sotiel ya fueron explotadas en Época Imperial. La abundancia de trabajos romanos así lo atestiguan, y hace pensar que esta mina fue una de las más trabajadas de la época: pozos socavones, galerías, etc. Se puede visitar incluso los restos de algo parecido a un poblado cerca de un paraje conocido como Corta Tiberio.

También en Sotiel Coronada, junto al Río, y frente a tales minas se hallan dos preciosas ermitas. Una frente a la otra son de tal blancura, por la cal que las baña, que se encandilan mutuamente. El Río las susurra en su bajada desde la Sierra, y los cabezos de pinos las perfuman en cada atardecer junto con coloridos aromas de jaras, brezos y eucaliptos. 
Una ermita guarda a Nuestra Señora de Coronada, patrona de la Villa de Calañas; la otra lo hace con Nuestra Señora de España, la Virgen de España, a quienes los vecinos del pueblo de Beas le brindan una romería en el mes de mayo.

Cuenta una extendida leyenda por estas tierras de Andévalo que: 

Malherido y masacrado, en su huída del general beréber Muza, y tras las pérdida de la batalla de Guadalete ante unos ocho mil sarracenos( o quién sabe cuántos eran) bajo las órdenes de Tariq ibn Ziyad, el Rey Visigodo Roderico junto con algunos de los supervivientes de su fuerza real, llegó hasta el lugar donde hoy se emplaza la ermita de la Virgen de España. Allí sin fuerzas esperó escondido y murió el último Rey Godo.

Se especula frecuentemente con  que Rodrigo no murió en Batalla y que huyó malherido. Veamos por que rutas pudo escapar el Rey y su guardia:

Tarik, justo después de Guadalete, tomo Écija, para después por Despeñaperros llegar a Toledo. Esto supone que la huída de Don Rodrigo a Toledo por el Valle del Guadalquivir estaba cortada por los moros. Muza se separó de Tarik y desde Sevilla partió hacia Mérida en expedición junto a sus lugartenientes.
Posiblemente perseguido por el moro Muza, Rodrigo le diera esquinazo desviándose por una ruta alternativa hacia el oeste en su regreso. Es bastante probable que en la huída Don Rodrigo pasara por este lugar de Sotiel Coronada. Debía saber de la existencia de un puente sobre el Odiel, de época romana, junto a las minas de Sotiel. 
Así, lejos de las rutas conocidas que comunicaban Hispania, y escondido por las antiguas selvas del Andevalo, podría salvarse y llegar a tiempo a Toledo para reorganizar una resistencia y salvar el reino.

Es posible que Rodrigo no muriera en Sotiel, en el lugar de la actual ermita de la Virgen de España, y que solo pasara malherido. 

De hecho la otra leyenda que hay sobre su muerte la ubican en la Sierra de la Peña de Francia, en Salamanca, donde Rodrigo fue finalmente alcanzado por Muza y donde éste le dio muerte. La salmantina Ciudad Rodrigo tendría pues su nombre en honor al Godo. Además en un pueblo portugués cercano, Viseo, se encontró una sepultura con una inscripción que decía "HIC REQUIESCIT RUDERICUS REX GOTHORUM". 
Mirando también mapas históricos se puede comprobar que Muza (según Sanchez Albornoz, Historia de España Menendez Pidal, tomo III, España Visigoda) llegó hasta Mérida y que después hasta Toledo, y que desde allí partió hacia Extremadura, en una expedición, para llegar hasta Astorga. Solo hay un paso natural desde Extremadura a León y es siguiendo el cauce del Río Alagón por Las Hurdes, todo muy cerca de la Sierra de la Peña de Francia.

La historia podría reflejar que por Sotiel Coronada tan solo pasara y que llegara, en su huída hacia el norte, hasta la Sierra de la Peña de Francia donde murió finalmente.

No obstante la leyenda de su muerte en Sotiel está muy extendida. Prueba de ello es la cantidad de varones que son llamados Rodrigo por estas tierras, especialmente en Calañas, donde el nombre Rodrigo es casi tan común, o más incluso, que el de Juan, Manolo o Antonio, por poner un ejemplo.

 

Tito
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Me encantan estos temas. Lo que no comprendo es la siguiente afirmación: "no basta para explicar el colapso total, el hundimiento de un reino que tenía detrás más siglos de historia y una civilizaión más rica que la inmensa mayoría de las naciones actuales.

 

No se si se refiere al reino de los visigodos, que ciertamente a pesar que desde sus orígenes se implanta en los más diversos territorios, dicha monarquía sigue una línea de continuidad, desde el norte del Mar Negro a Hispania, pasando por los Balcanes y la Galia. De hecho el tránsito del reino de Toulousse a Toledo se produce sin demasiados complejos, sin un espíritu de considerar la Galia como su "tierra" legítima que se dedía reconquistar (los visigodos siempre me han parecido un pueblo muy pragmático que se adaptaba a las circunstancias).

 

O si, por el contrario, se refiere a España o Hispania como reino con muchos siglos de Historia, que tenerlos los tenía, pero no más de dos, desde la instauración de Toledo como capital goda.

 

Una cosa que a veces resulta curioso es la poca asimilación de los pueblos germánicos a una tierra en concreto, muy alejado del concepto grecolatino, donde el reino lo formaba la etnia y no la tierra que habitaban. Reino que sobrevivía aún siendo expulsados de un territorio. De hecho, creo que si Septimania hubiera resistido los embates francos y musulmanes, podía haber dado paso a otro reino godo con total naturalidad. Las mismas acuñaciones de moneda por Agila y por Ardo, los últimos reyes visigodos conocidos, o aspirantes a reyes tras la muerte de Rodrigo, así lo señalan.

 

Saludos

 


Ann
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Desde: 23 Dic 2010

Saludos!.

 

Inicia usted en otro mensaje sobre este periodo de la historia de España con una muy sensata advertencia: "Cada uno cristianos y musulmanes escriben las crónicas según les va)"

¿Siendo asi, como sabemos como les fue realmente a cada uno de ellos?. Que pruebas tenemos de como les fue realmente?. ¿No nos hemos centrado demasiado en la tradicion, en los mitos, catolicos o arabes o musulmanes todos ellos, ya que apenas si existen en realidad documentos fiables de los inicios de esta epopeya?.

¿Que sucederia si renunciaramos a todo aquello que albergue dudas razonables de vericidad?. Los historiadores suelen hacerlo: eliminan exageraciones, hiperboles, apariciones marianas, los Santiagos Matamoros, cifras absurdas e imposibles...en fin: pulen los datos hasta que se quedan.... en los huesos.

En todo este periodo tenemos tan pocos datos fiables que asombra la enorme cantiodad y prolijidad de los datos que se dan, practicamente el DNI de cada arabe invasor! y eso a partir de cronicas y relatos absolutamente increibles! que cristianos coian de los invasores" norteafricanos y de otros que llegan desde Egipto, y que son reconstruidos, adornados y reelaborados y que constituyen las fuentes docuimentales de aquella extraordinaria azaña militar...

Añado ahora un comentario muy interesante sobre este asunto de la fiabilidad de las fuentes:

“nadie, que sepamos, ha seguido los consejos del historiador alemán Félix Dahn, que en el siglo pasado advertía: Ha podido ser Roderico el último rey de Toledo, pero de cierto no sabemos más que su nombre visigodo. Los especialistas, incluidos los contemporáneos, no podían admitir que su erudición tan penosamente adquirida para nada sirviera. En 1892,con gran sinceridad se oponía Eduardo Saavedra a tan lógica e ingrata deducción. «Las crónicas están plagadas de hipérboles, contradicciones y anacronismos; pero si por motivos tales hubiésemos de cerrar la puerta al estudio de una época, cerrojar con desprecio cuanto acerca de ella nos dicen los antiguos, vendrían a quedar en blanco muchas de las más importantes páginas de la historia universal»24. Así, los autores, han eliminado los modernos los errores más patentes, las leyendas más fantásticas, los anacronismos evidentes por demás. Como no se atrevían con el fondo de la cuestión, se repetían en sus obras las contradicciones de los antiguos manuscritos, “

Las gentes de hoy, mas escepticas, decimos: NO.

 

Y creo que estamos en condiciones de si no probarlo, dada la ausencia de pruebas para una cosa y laocntraria, si para  mostrar cuan dudoso es toda esa version de la historia.

 

Felices Fiestas!!!

 


Eminonna