Sawney Bean: El Patriarca caníbal

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eljoines
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Desde: 25 Ene 2015

Autor: maxmordon

 

Sawney Bean y su familia, cuya existencia data de allá por la Escocia del siglo XVI

 

Era un hombre sin inclinación alguna por el trabajo honesto, lo que le llevó a dedicarse a la delictividad y a conocer a una mujer con sus mismos propósitos vitales. Juntos, vivieron en una caverna durante más de 25 años, apartados del resto del mundo, y criando en ella a los numerosos hijos que tuvieron: 6 hembras y 8 varones que, a su vez, mantuvieron relaciones incestuosas entre ellos hasta elevar la familia a los 48 miembros. La dificultad que suponía alimentar a una familia sin trabajar y apartados de la civilización, les condujo a asaltar a cuanto viajero pasara por las cercanías, para, después de asesinarlo brutalmente, comérselo y esparcir los restos por los alrededores. No se sabe cuántas víctimas llegaron a asesinar, pero tal fue el calibre de la matanza que las sospechas provocaron la caza del clan por orden del propio rey Jaime VI. La familia fue capturada tras varias batidas y condenada a muerte. Los hombres sufrieron la amputación de pies y manos y se desangraron hasta morir, mientras que las mujeres y los niños, tras contemplar la muerte de sus congéneres, fueron quemados vivos…

 

 

Apartados de la civilización

 

Sawney Bean nació en el condado de East Lothian, a 13 kilómetros al este de Edimburgo, durante el reinado de Jaime I de Escocia. Su padre se dedicaba a recortar setos y excavar zanjas, e inició a su hijo en la misma profesión. Durante su juventud, Sawney se ganaba el pan cotidiano con aquel oficio, pero como éste no le gustaba, abandonó la casa de sus padres y se trasladó a la parte deshabitada de la región, llevándose con él a su novia. Con ella se instaló en una cueva, cerca de la playa del litoral del condado de Galloway, donde ambos vivieron durante más de 25 años sin ir a ninguna ciudad, pueblo o aldea.

 

Tuvieron varios hijos y nietos, a quienes criaron según sus propios hábitos, sin la menor noción de humanidad ni de sociedad civilizada. Nunca tuvieron ninguna compañía, y se mantenían a sí mismos robando, no sin antes matar a la víctima. Gracias a este método sanguinario, y al hecho de vivir tan apartados del mundo, transcurrió mucho tiempo sin que fueran descubiertos. Nadie fue capaz de sospechar cómo se perdían las personas que pasaban por el lugar donde ellos vivían. Después de haber asesinado a un hombre, una mujer o un niño, transportaban el cadáver a su madriguera, y allí lo descuartizaban y después se lo comían; éste era su único alimento y a pesar de que llegaron a ser tan numerosos, normalmente tenían un exceso de aquella repugnante comida, de modo que amparados por la oscuridad nocturna, solían arrojar al mar piernas y brazos de las víctimas, procurando hacerlo a una gran distancia de la cueva en que vivían; aquellos miembros eran devueltos con frecuencia por el mar a la playa, en diversas partes de la región, para asombro y terror de los que los descubrían, y de otros que oían hablar del macabro hallazgo.

 

Las desapariciones se hicieron tan frecuentes, que provocaron alarma en la región, pues no se podía viajar con seguridad por las proximidades de la madriguera de aquellos malvados. Fueron enviados espías a aquellos lugares; la mayoría no regresó y los que lo hicieron, después de llevar a cabo minuciosas investigaciones y pesquisas, no pudieron dar con las causas de aquellos misteriosos sucesos.

 

Varios viajeros fueron detenidos como sospechosos y ahorcados erróneamente con el apoyo de alguna prueba circunstancial.

 

También fueron ajusticiados varios posaderos, sin otro motivo que el de haber alojado en sus posadas a algunas personas que posteriormente habían desaparecido sin dejar rastro. Se sospechó que habían asesinado a aquellas personas en sus establecimientos y enterrado después los cadáveres en lugares donde no resultara fácil descubrirlos. La justicia se ejerció con la mayor severidad imaginable, a fin de evitar aquellas frecuentes y atroces hazañas, al punto de que muchos posaderos que vivían en la zona occidental de Escocia, abandonaron sus negocios, temiendo correr la misma suerte, y buscaron otras ocupaciones, lo que ocasionó muchos inconvenientes a los viajeros, que ahora encontraban grandes dificultades de alojamiento para pasar la noche. En pocas palabras, toda la región quedó casi despoblada.

 

Ni uno solo de los que habían sido ejecutados confesó su culpabilidad en el patíbulo; por el contrario, afirmaron su inocencia hasta el último minuto. Cuando los magistrados comprobaron la inutilidad de aquellas medidas, renunciaron a sus procedimientos rigurosos y confiaron en la suerte para la resolución de aquel horrible misterio.

 

 

El descubrimiento

 

La familia de Sawney, entre tanto, continuaba creciendo, y cada miembro, cuando la edad se lo permitía, ayudaba en la medida de sus fuerzas a perpetrar los horribles crímenes, que seguían impunes. A veces atacaban a 4, 5 o 6 viajeros al mismo tiempo, pero nunca a más de 2 si iban a caballo; eran tan precavidos, además, que tendían dos emboscadas, una delante de la otra, para evitar que alguno de los atacados pudiera escapar, si se había librado de los primeros asaltantes.

 

El lugar en el cual habitaban era solitario y, cuando subía la marea, el agua penetraba en una extensión de 200 metros en su vivienda subterránea, que tenía casi 2 kilómetros de longitud; de modo que la gente armada que fue enviada a investigar ni siquiera se había fijado en la cueva, incapaz de imaginar que algún ser humano pudiera resistir en semejante lugar de perpetuo horror y oscuridad. El número de asesinatos cometidos por aquellos salvajes no llegó a conocerse nunca con exactitud, pero se calculó que en los 25 años que duraron sus fechorías, habían lavado sus manos con la sangre de un millar de hombres, mujeres y niños, como mínimo.

 


Su descubrimiento tuvo lugar en 1435 en las siguientes circunstancias: un hombre y su esposa, montados en el mismo caballo, regresaron un atardecer a su hogar, después de haber visitado una feria, y cayeron en la emboscada de aquellos desalmados asesinos, que se lanzaron furiosamente sobre ellos. El hombre se defendió con espada y pistola, derribando a algunos de los asaltantes. En el transcurso de la lucha la mujer cayó del caballo y fue asesinada ante los ojos de su marido, ya que las mujeres caníbales la degollaron y empezaron a chupar su sangre con tanto placer como si fuera vino; después le abrieron el vientre y le sacaron las entrañas. El horrendo espectáculo hizo que el hombre redoblara sus esfuerzos por defenderse, sabedor de que si caía en manos de sus enemigos correría la misma suerte.

 

Quiso el destino que mientras luchaba desesperadamente se presentara un grupo de 20-30 hombres que había estado en la misma feria y ante partida tan numerosa, Sawney Bean y su sanguinario clan decidieron retirarse a su madriguera, cruzando un tupido bosque.

 

 

Su Majestad en persona

 

El hombre contó a los recién llegados lo que había sucedido y les mostró el cadáver de su esposa, que los forajidos no habían podido llevarse. Todos quedaron estupefactos y horrorizados ante su relato; lo llevaron a Glasgow y pusieron el asunto en conocimiento de los magistrados de la ciudad, que informaron inmediatamente al Rey. Tres o cuatro días más tarde, Su Majestad en persona, con un ejército de 400 hombres, salió para el lugar donde se había producido la tragedia, a fin de registrar el terreno palmo a palmo, tratando de localizar a aquellos seres diabólicos que desde hacía tanto tiempo venían siendo tan nefastos para las regiones occidentales del reino.

 

Sus primeras pesquisas resultaron infructuosas; no encontraron ninguna vivienda, y a pesar de que pasaron por delante de la cueva, no le prestaron atención y continuaron su exploración a lo largo de la playa, ya que la marea estaba baja en aquel momento. Por fortuna, algunos de los sabuesos entraron en la madriguera, e inmediatamente estalló un espantoso coro de ladridos, aullidos y gruñidos, de modo que el Rey, con sus ayudantes, volvió sobre sus pasos y examinó la entrada de la cueva, sin concebir que en un lugar donde sólo se veía oscuridad pudiera ocultarse algún ser humano. No obstante, al ver que el griterío de los perros iba en aumento, y que se negaban a salir de la cueva, fueron en busca de antorchas y un numeroso grupo de hombres se aventuró en la caverna, a través de las más intrincadas vueltas y revueltas, hasta que llegaron a la recóndita cavidad que servía de vivienda a aquellos monstruos.

 

El espectáculo que se ofreció a la vista de los soldados fue algo que ninguno de ellos podría olvidar mientras viviera. Piernas, brazos, manos y pies de hombres, mujeres y niños colgaban en ristras, puestos a secar; había muchos miembros en escabeche, y una gran masa de monedas de oro y de plata, relojes, anillos, espadas, vestidos de todas clases y otros muchos objetos que habían pertenecido a las personas asesinadas.

 

 

Todos murieron

 

Todos fueron encadenados por orden de Su Majestad. Pero la familia Bean no respondió por sus crímenes ante ningún tribunal, ya que se consideró innecesario juzgar a unos seres que se habían mostrado enemigos declarados del género humano.

 

Los hombres fueron descuartizados; después de haber sido espectadores del justo castigo, la esposa, las hijas y los nietos fueron quemados en tres hogueras distintas. Y todos murieron sin arrepentirse; por el contrario, mientras les quedó un hálito de vida, profirieron las más horribles maldiciones y blasfemias.
furet
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Desde: 10 Oct 2010

 Excelente reporte de novela negra medieval,,jejej,,,, Antropologicamente muy interesante , ayuda a comprender el canibalismo y la vida de ciertas gentes en esos vastos territorios despoblados como por ejemplo los bosques . El mundo  de los marginales rurales en la edad media ,Canibalismo, vampirismo, el mito del hombre lobo ..... da para mucho

Springboks
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Auxilia
Desde: 1 Ene 2011

Ya había leido este relato en otras dos ocasiones, y en ningún caso la fecha era la misma, sino dos fechas totalmente distintas del siglo XVII. Me ha llamado la atención el dato de que en 1435 se usase una pistola en una zona tan aislada como Escocia.

Sea cierto o no, tengo entendido que esta historia/leyenda/mito, llamadlo como queráis, sirvió de inspiración para una película llamada "Las colinas tienen ojos", donde unos caníbales que viven en una región desolada matan y devoran a todos los desgraciados que entran en su territorio.