¿Era tan malo Robespierre?

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eljoines
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Desde: 25 Ene 2015

El asesino. El sanguinario. El delirante. El coco… Antepongan esos calificativos a estos: el virtuoso. El incorruptible. El demócrata. El soñador. ¿Cómo cuadrarlos? Difícil. Pero habría que equilibrar la balanza, demasiado torcida ante los primeros, en el caso de Maximilien Robespierre. El personaje más controvertido de aquel hito que marcó la Historia Universal y que se dio en llamar Revolución Francesa merece un juicio justo que le devuelva la cabeza de la guillotina eterna.

Eso y no más es lo que han pretendido, cada uno a su manera, el historiador australiano de la Universidad de Melbourne Peter McPhee, y el escritor español Javier García Sánchez. Uno con una pulcra y rigurosa biografía publicada por Península y el otro con una ambiciosa novela de 1.200 páginas sobre el líder jacobino que ha sacado al mercado Galaxia Gutenberg y que empezó a escribir por pasión, por identificación, por espíritu de cruzada, hace 30 años.

Hay demasiadas injurias en torno a Robespierre. Injurias vertidas a lo largo de más 200 años no solo en la Historia, también en la filosofía, en el cine, en la literatura… Incluso en el urbanismo: es el único personaje crucial en el devenir de Francia que no cuenta con una calle a la altura de su leyenda y sus hitos en el centro de París.

Allá llegó para participar en la reunión de los Estados Generales el abogado a quien siempre se achacó cierto complejo de provinciano. Desde la norteña Arrás se presentaba en la resabiada capital —“puta y santa”, escribe García Sánchez— este líder en ciernes, con su inseguridad a la hora de armar discursos, su conocimiento de memoria de la obra de Rousseau, su miopía y una paradójica timidez un tanto altiva que no guardó en el baúl donde sí se llevó a París una chaqueta de paño negro, un chaleco de satén, tres pares de pantalones, seis camisas, seis pañuelos y tres pares de calcetines…

Enfermiza parecía su obsesión por la austeridad, por dar ejemplo. Y, por tanto, sospechosa. “La mayor contradicción para quien durante siglos ha querido atacarle era que le apodaran El incorruptible. No cuadraba ese calificativo con los intentos de desprestigiarle contando que se había encerrado en orgías de palacios pertenecientes a la aristocracia con decenas de eunucos”, comenta García Sánchez.

McPhee ahonda en la propia incomprensión de Robespierre ante su obsesión por la plena limpieza. “Encontraba serias dificultades en comprender por qué los propios republicanos se mostraban tan en contra del bien común. Se desesperaba ante la falta de integridad, los nervios le llevaban hasta el borde mismo del colapso, sobre todo, al final, cuando entendió que su periodo había terminado”.

De la revolución al terror, algo a lo que se vio abocado pese a repugnarle la violencia, el camino se llenó de sombras. Manchas que poblaron, según el autor español, “la biografía digna de quien porta la gallardía insensata de un héroe mártir”. Acusaciones que le han afectado hasta hoy culpándole de todos los males, los desmanes, los desvaríos, las purgas, cuando, según García Sánchez, “no dio el visto bueno personalmente más a cuatro o cinco penas de muerte”.

Asombroso hurgar en los papeles. “No tuvo nada que ver con los asesinatos en masa, los repudiaba”, agrega McPhee. Así que conviene urgentemente sacarle de la lista que lo emparenta con todos los exterminadores que en el mundo han sido.

Si el prisma histórico ha deformado sistemáticamente la figura de alguien, este es el caso de Robespierre. Pero aún no se escapa: “Sigue resultando enormemente controvertido”, afirma el australiano. Quizás su obsesión por la virtud, ese faro en su pulso vital, es la causa. Se reveló tan consecuente que ha influido en la mala conciencia de la posteridad o en la propia sospecha de que no podía nadie llegar a tales cotas de autoexigencia. “Él fue”, según McPhee, “ uno de los grandes demócratas de la Historia, apasionado, comprometido con los derechos humanos y con la participación en la vida pública de todos los estratos de la sociedad. Entendía que sin la participación popular y el respeto por los avances civiles y sociales existiría un permanente y violento desencanto social”.

Lo primordial en cuanto a su figura es acabar con el rumor. “La visión que se ha dado de él se ha fundamentado en un rumor. No más. Cuando cae e iba camino de la guillotina —aquel 10 Termidor, 28 de julio de 1794 para la cristiandad— empieza ese rumor sobre él, ajeno a los hechos, que se ha propagado de manera organizada y continua a lo largo de más de 200 años y ha dado lugar a que el 95% de lo que se ha escrito fuera falso”.

Lo mismo le ocurre a su aliado Saint-Just; ambos han pasado a la historia como peligros por inculcar una radical filosofía de la virtud y el bien común desde espíritus laicos. Fueron emisarios de una vida futura, perecieron convencidos de que su obra no quedaba concluida cuando en realidad dieron lugar a una auténtica revolución de las mentalidades. Así es y no de otra forma como García Sánchez afrontó la narración. “Con la intención de crear una obra lírica, con voluntad de epopeya sobre unos hombres que quisieron cambiar el mundo consiguiéndolo y que perecieron en el intento creyendo que habían fracasado”.

Lu
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Prefecto de Legión
Desde: 22 Ago 2010

Precisamente hoy se cumplen 222 años del guillotinamiento público de Robespierre. Hace unos días también leía, como defiende el post, que Robespierre debía ser considerado el primer demócrata. A falta de pruebas más concluyentes, me parece una etiqueta un tanto inconsciente; yo siempre lo he visto como el Stalin del siglo XVIII.

 

Saludos.

Dmitri Donskói
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Legionario Inmunis
Desde: 20 Ene 2014

Decía mi profesor de Historia de la Universidad:

Cuando los intelectuales llegan al poder, agárrate. Échate a temblar.

Eso se compagina muy bien con aquello que decía Spengler sobre los tipos de personas que ejercen cierto protagonismo público: por un lado están las fuerzas de la muerte, esto es, la gente que trabaja con la mente, los dogmas, las ideas; fijan la realidad, la someten a un sistema y niegan la vida: clérigos, intelectuales, científicos... Estos deberían estar apartados del poder. Del otro lado están las fuerzas de la vida, la gente de acción que juzga las cosas del mundo según vienen y la forma que toman. Politicos, militares, empresarios, etc, que no someten las cosas del mundo a un esquema dado, sino que observan la realidad y se adaptan a ella cambiando sus estrategias según vienen las cosas.

Robespierre era de los primeros

 


 Vulnerant omnes, ultima necat

Lu
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Prefecto de Legión
Desde: 22 Ago 2010

Al margen de las dudosas virtudes de Robespierre, no puedo estar más en desacuerdo con Spengler. Se ve que no ha conocido la tradición levantisca de los militares españoles....

 

Un saludo.

Dmitri Donskói
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Legionario Inmunis
Desde: 20 Ene 2014

El problema es que los políticos españoles no son pragmáticos: de serlo, ya tendríamos gobierno

 


 Vulnerant omnes, ultima necat

Caronte
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Legionario Inmunis
Desde: 7 Ago 2015

Dmitri Donskói ha escrito

 Del otro lado están las fuerzas de la vida, la gente de acción que juzga las cosas del mundo según vienen y la forma que toman. Politicos, militares, empresarios, etc, que no someten las cosas del mundo a un esquema dado, sino que observan la realidad y se adaptan a ella cambiando sus estrategias según vienen las cosas.

 

Politicos y militares entre las fuerzas de la vida...Oh my god!! ;(

 

Ahora en serio. Todo poder desarrolla una ideología, una visión del mundo que propaga e impone. En esa tendenciosa noción escrita por Spengler quizás habría que interpretar que el gobierno de la izquierda advenediza tiende al dogmatismo y a la purga, frente a la moderación y el "buen orden" que establece el gobierno tradicional conservador de las élites al uso.

 


El hombre, en su soberbia, creo a Dios a su imagen y semejanza.

Santiago Pitarch
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Desde: 5 Ene 2011

Oswald Spengler... el nazi. Refleja muy bien, en ese párrafo, el concepto de "anti-intelectualismo" tan propio del fascismo. Podría decir, mejor que "fuerzas de la muerte", "gente a la que debemos matar". Aunque claro, eso era demasiado claro y, al fin y al cabo, él también era un intelectual.

 

Saludos.

 


Lo único seguro es el cambio.

Bernardo Pascual
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Guardia Pretoriano
Desde: 22 Ene 2016

Dmitri Donskói ha escrito

Decía mi profesor de Historia de la Universidad:

Cuando los intelectuales llegan al poder, agárrate. Échate a temblar.

Eso se compagina muy bien con aquello que decía Spengler sobre los tipos de personas que ejercen cierto protagonismo público: por un lado están las fuerzas de la muerte, esto es, la gente que trabaja con la mente, los dogmas, las ideas; fijan la realidad, la someten a un sistema y niegan la vida: clérigos, intelectuales, científicos... Estos deberían estar apartados del poder. Del otro lado están las fuerzas de la vida, la gente de acción que juzga las cosas del mundo según vienen y la forma que toman. Politicos, militares, empresarios, etc, que no someten las cosas del mundo a un esquema dado, sino que observan la realidad y se adaptan a ella cambiando sus estrategias según vienen las cosas.

Robespierre era de los primeros

Y Hitler de los segundos.

 


La democracia tiene un defecto congénito que se debe corregir desde fuera de ella: se declara la guerra cuando se es el más débil y se firma la paz cuando se es el más fuerte.

Santiago Pitarch
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Desde: 5 Ene 2011

Exactamente, Bernardo.

 

Dejo aquí un par de perlas más de Spengler:

 

El hombre culto vive hacia dentro; el civilizado, hacia fuera, en el espacio, entre cuerpos y "hechos".

 

La vida es dura, si ha de ser grande. Solo admite elección entre victoria y derrota, no entre guerra y paz.

 

 

 


Lo único seguro es el cambio.

Santiago Pitarch
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Desde: 5 Ene 2011

Caronte ha escrito

Dmitri Donskói ha escrito

 Del otro lado están las fuerzas de la vida, la gente de acción que juzga las cosas del mundo según vienen y la forma que toman. Politicos, militares, empresarios, etc, que no someten las cosas del mundo a un esquema dado, sino que observan la realidad y se adaptan a ella cambiando sus estrategias según vienen las cosas.

 

Politicos y militares entre las fuerzas de la vida...Oh my god!! ;(

 

Ahora en serio. Todo poder desarrolla una ideología, una visión del mundo que propaga e impone. En esa tendenciosa noción escrita por Spengler quizás habría que interpretar que el gobierno de la izquierda advenediza tiende al dogmatismo y a la purga, frente a la moderación y el "buen orden" que establece el gobierno tradicional conservador de las élites al uso.

 

No, no es ese el pensamiento de Spengler. No es un conservador, sino un revolucionario de derechas.

Había creado una teoría sobre la evolución de las civilizaciones. Muy conectada con el ambiente intelectual de la época: un ejemplo más del biologismo y el darwinismo mal aplicado a las ciencias sociales. Tuvo mucho éxito porque sus ideas, muy bien expresadas gracias a su talento intelectual, casaban muy bien en la época.

Según su teoría, las civilizaciones llegaban a un punto de estancamiento antes de dar un último fogonazo de genialidad gracias a una fase de cesarismo. Occidente estaba en ese punto: su cultura se encontraba esclerotizada y debía venir un césar a darle un impulso hacia su última época de explendor. Para él, ese era el cabo austríaco.

 

Desde luego, Europa dió muchos fogonazos y gran parte de sus ciudades se iluminaron. Poco ilumina tanto como el fuego.

 


Lo único seguro es el cambio.

Bernardo Pascual
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Guardia Pretoriano
Desde: 22 Ene 2016

 Personalmente, aunque sólo sea por llevar la contraria, siento más simpatía hacia el vitalismo que hacia el racionalismo. Como decía Nietzsche, los filósofos racionalistas no son sino una panda de titiriteros. ¡Dios ha muerto!

 


La democracia tiene un defecto congénito que se debe corregir desde fuera de ella: se declara la guerra cuando se es el más débil y se firma la paz cuando se es el más fuerte.