El Cuaternario

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eljoines
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Fig. I.  Cuadro general del Cuaternario

 

Hemos resuelto tratar en este pequeño índice las características principales del período Cuaternario, debido a la importancia que el contexto geoclimático tiene a la hora de explicar el proceso de evolución física y cultural de gran parte del linaje humano. Veremos, de forma singular, las cuestiones más útiles y frecuentes en el estudio de la Prehistoria, de tal modo que pueda servir como sumario, índice de consulta y pequeña introducción de otros temas que se desarrollan en este mismo subforo.

La figura I (Sanchidrián, 2006 y Eiroa, 2006) muestra cuales son los principales puntos que se deben tener en cuenta a la hora de estudiar y ordenar el Cuaternario. Ahora pasaremos a examinarlos con algo más de detalle, pero antes conviene que aclaremos un par de cosas sobre el objeto de nuestro estudio.

El Cuaternario presenta varios problemas desde el punto de vista terminológico. La historia de la vida en nuestro planeta se divide en fases que son denominadas y organizadas, según sus características, como eras, períodos, épocas y edades. Las eras se componen de divisiones más concretas denominadas períodos. Éstos, a su vez, engloban varias épocas que, asimismo, se subdividen en edades.

Según la antigua organización de la edad de la vida y la Tierra, el Cuaternario se consideraba una era, caracterizada por la aparición del género humano y una serie de características climáticas propias. Pero en cierto momento se sugirió que el Cuaternario no tenía suficiente duración ni identidad para clasificarlo como tal. Pasó entonces a ser un período de la era Cenozoica.

Esta denominación es la que prevalece hoy en día (aunque es de notar que muchos manuales, sobre todo los más antiguos, aún se refieren a la «Era Cuaternaria»). Pero, objetivamente, el Cuaternario tampoco debería ser considerado un período con la misma entidad del Cámbrico o el Jurásico. Hay que reconocer que el simple hecho de la aparición de nuestro linaje y algunas transformaciones climáticas puntuales no son suficientes para caracterizar un período entero. Si lo mantenemos como tal, es por consideraciones antropocéntricas.

Más curioso resulta aún, como sabemos hoy, que nuestros ancestros homínidos más antiguos viviesen en los últimos momentos del período Terciario. Los inconvenientes que se le presentan al Cuaternario, tanto de orden biológico, como geoclimático, y ahora antropológico, hacen prever que quizá sufra una redefinición en un futuro no muy lejano.

Pero, sea como fuere, el Cuaternario continúa siendo una unidad completamente eficaz en el estudio de la Prehistoria y en la definición del contexto geológico y climático que caracteriza los primeros estadios de la vida del hombre. Aunque resultado de una «simplificación pedagógica», el Cuaternario continúa teniendo plena validez hoy en día.

Si tenemos esto en cuenta, si consideramos que el Cuaternario se fundamenta en cierta convención abstracta, no es de extrañar que resulte difícil establecer unos límites precisos entre él y los períodos adyacentes. Como, además, se estudia desde perspectivas diferentes según las distintas disciplinas, existe una especie de «conflicto de intereses» a la hora de elegir el momento concreto que marque (al menos) el comienzo de nuestro período. Desde el punto de vista de la geología, prevalecen las transformaciones geoclimáticas; según la perspectiva de la Paleontología, el surgimiento de unas especies y la extinción de otras; y según la Antropología y la Prehistoria, la aparición de las primeras culturas materiales.

No nos corresponde a nosotros resolver cuál es la mejor opción. Y, por lo tanto, tampoco el decidir qué fecha es más exacta, así que las expondremos todas. El comienzo más reciente, y el predilecto de los geólogos, rondaría los 1,8 millones de años antes del presente (=BP). Otra posibilidad (esta quizá sin demasiado fundamento) estaría cercana a los 2 MA BP. Y la última, la más popular hoy en día y la que más nos interesa a nosotros, se basa en la aparición de los primeros útiles fabricados por homínidos, alrededor de los 2,5 millones de años BP.

El punto de vista climático es, desde luego, muy importante. En esto, lo más característico del Cuaternario fueron las glaciaciones. Reciben este nombre unos períodos de enfriamiento sostenido que se dieron casi a nivel mundial y que condicionaron en gran medida el devenir biológico de la Tierra, y también hasta cierto punto el desarrollo cultural de las especies homínidas.

Sin embargo, y aunque la importancia de las glaciaciones en el contexto cuaternario es indiscutible, los estudios geológicos han demostrado que durante el Terciario también se dieron momentos fríos de intensidad y características similares a los que encontramos en nuestro período. De ahí que el Cuaternario no pueda identificarse con un panorama climático/ambiental privativo, y por lo tanto, pierda consistencia la perspectiva geoclimática.

Aparte de esto, las glaciaciones presentan varios problemas más. Cuando, a finales del siglo XIX comenzaron a estudiarse, se pudo observar gracias a varios fenómenos geomorfológicos que entre los distintos episodios fríos tenían lugar otros más cálidos. Se los denominó interglaciares. La suposición era que primero sucedía una etapa de frío intenso y luego una de «transición» o clima «templado», que acabaría dando paso a otra de temperaturas bajas. La principal evidencia de estas oscilaciones fueron los sedimentos morrénicos de las zonas medias de los Alpes. Se supuso que el alcance de estas variaciones fue prácticamente mundial, y se extrapolaron las cronologías y hasta los nombres de los distintos estadios al resto de paisajes y territorios del planeta. De los nombres, por cierto, hay que señalar que provienen de los distintos afluentes del Danubio: Donau, Günz, Mindel, Riss y Würm.

Como es natural, este primer planteamiento ha sufrido modificaciones a lo largo de todo el siglo XX. Ahora podemos señalar varias contrariedades. En primer lugar, se ha cuestionado que los interglaciares fueran etapas de clima templado. Se ha llegado a sugerir que en varios momentos superaron la temperatura actual (señalando que el clima de la Tierra es mucho más variable de lo que pensábamos). Después, considerar que las glaciaciones tuviesen las mismas características y cronología en todo el planeta es una simplificación bastante descarada. De forma posterior a estos primeros estudios llevados a cabo en los Alpes (Penck, Keilhack, etc.), se desarrollaron otros estudios regionales (algunos muy recientes) que configuraron cuatro grandes zonas de características ambientales similares.

 
 
Fig. II.  Glaciaciones


El distanciamiento va en aumento. A cada nuevo estudio, se hacen más evidentes las disimetrías entre los distintos esquemas por lo que respecta a cronologías y características climáticas. Hase de notar, por ejemplo, que la última glaciación terminó en Europa hace diez mil años pero en América del Norte pudo prolongarse hasta el 3500 antes de nuestra era.
 

En esto, del fin de las glaciaciones, hay que señalar otro inconveniente. Se supuso que cuando concluyó el Tardiglaciar, el último estadio de la glaciación Würm, dio comienzo una nueva época climática. Se separó, entonces, el período del Cuaternario que comprendía las glaciaciones y el que no las comprendía. El primero fue denominado Pleistoceno y el segundo, Holoceno. Sin embargo, este cambio que dio paso a la nueva época puede ser similar al que en su día se experimentó en los distintos interglaciares. Vista la brevedad que, por ahora, tiene el Holoceno, muchos suponen que pueda tratarse de un interestadial largo, o un interglaciar, quizá demasiado corto para concluir aún. Es un tema que ha despertado bastante interés últimamente, por razones que a todos nos son bien conocidas. A este respecto, hay que señalar las que se supone fueron las causas de los cambios de temperatura durante el Cuaternario: modificaciones del recorrido de la Tierra entorno al sol, variaciones del eje terrestre respecto al plano de la elíptica, variaciones de la producción de CO2 en la atmósfera, cambios tectónicos, cambios en las corrientes marinas, etc.

Si observamos la figura I, se puede apreciar hasta que punto la cronología glaciar sirve para organizar el espacio cronológico cuaternario. Pero hay que señalar que las divisiones no expresan de forma fiable el verdadero devenir climático de la tierra. El esquema de grandes episodios fríos y cálidos estables se ha desvanecido, y si se pretende profundizar en la realidad geoambiental de un determinado período, habrá que recurrir a otras ordenaciones más precisas. Con todo, y de forma similar a como ocurre con el Cuaternario, se mantiene cierta «ficción» y se acepta la organización glaciar de forma general. Puede preverse una sustitución, pero, hoy por hoy, aún es frecuente el uso de la terminología establecida con las glaciaciones para referirse a momentos en el tiempo o regiones de características ambientales unificadas.

El siguiente punto del quehay que hablar en el esquema que presentamos es el de la polaridad. Aunque muchos autores lo consideran un sistema de datación bastará dar una breve explicación para ver que su función es algo distinta. Las rocas y sedimentos que se han formado en diferentes etapas de la historia terrestre presentan una orientación concreta de los elementos férricos. Esta orientación dependerá, se supone, de modificaciones producidas en el mismo núcleo de la Tierra, especialmente las que afectan al hierro y el níquel en fusión. El resultado de estas modificaciones es la inversión de los polos. Es decir, que el polo norte magnético esté en nuestro polo sur actual, y por lo tanto los materiales férricos cambien su orientación.

Lo cierto es que su función en el estudio de la Prehistoria es más bien escasa; porque, como se hadicho, no facilita demasiado las tareas de datación. Sirve, en la mayoría delos casos, para decidir si un estrato concreto pertenece a una u otra polaridad. Pero, aparte de esta ordenación, poco más se puede aprovechar del fenómeno físico de la polaridad. Basta matizar una cosa de nuestro esquema: que no son grandes continuos de una misma polaridad, sino que hay interferencias de breves episodios magnéticos inversos.

Conviene explicar con más detallela cuestión de los estadios isotópicosde oxígeno (OIS) o estadios isotópicos marinos (MIS). Este sistema de datación y ordenación del espacio cronológico pleistocénico es el más utilizado de nuestros días. Expresa bastante mejor las variaciones climáticas acontecidas durante el Cuaternario y es posible que, con el tiempo, suponga una sustitución de la cronología glaciar.

Cuando las inexactitudes del viejo esquema de las glaciaciones empezaron a dificultar el estudio del ambiente cuaternario, se recurrió a otros métodos basados en las transformaciones que el clima proyecta sobre la flora y la fauna. De mano de la arqueobotánica se pudieron comprobar las modificaciones de porcentajes y tipos de polen en los diferentes niveles cronoestratigráficos del Pleistoceno y, especialmente, del Holoceno. Pero este sistema se volvía bastante defectuoso con las cronologías más elevadas.

Otra opción, mucho más interesante y completa, era comprobar los depósitos de microfauna en los litorales marinos. El plancton y el fitoplancton constituyen la base de la cadena trófica en el mar. Son un conjunto de organismos animales y vegetales microscópicos (micromacroscópicos), concentrados en grandes cantidades, que se distribuyen a lo largo de todo el espacio marino planetario. Entre ellos destacan unos moluscos denominados foraminíferos que dependen extremadamente de las condiciones climáticas globales. Si se produce alguna modificación a este nivel, por muy leve que sea, los foraminíferos no adaptados mueren y son sustituidos por los que logran adaptarse.

Los restos de los foraminíferos muertos descienden hasta el lecho marino, donde se depositan en capas, formando una serie estratigráfica de diferentes especies a lo largo de una columna sedimentaria continua (y bastante precisa) por la sucesión reiterada de las modificaciones climáticas.

Se da un factor adicional, y es que los foraminíferos absorben isótopos de oxígeno durante su vida. Según las distintas variaciones climáticas del agua, se trata de un isótopo o de otro (O16/O18) absorbido por los organismos. Gracias a la técnica radiométrica, es posible detectar los porcentaje de isótopo O16 u O18 en los microorganismos depositados en el lecho marino, y por lo tanto, hacernos una idea bastante aproximada de cuál era la temperatura del agua en el momento en que murió el foraminífero.

 

Fig. III.  Estadios Isotópicos de Oxígeno

 

Se han realizado varios sondeos estratigráficos en distintos puntos del planeta, abarcando prácticamente todos los puntos latitudinales, gracias a los cuales es posible dibujar un marco cronológico general (Figura III).

La información que nos proporcionan los estadios isotópicos es bastante precisa y ha podido matizarse en subdivisiones muy detalladas, especialmente durante el Pleistoceno Superior. Las evidentes ventajas de este sistema y el uso masivo que se está haciendo de él en estos días nos hacen sospechar en que pueda convertirse en el eje fundamental de la cronología del Cuaternario.

 


 

Autor: Mundo Historia

BIBLIOGRAFÍA

Fullola y Nadal; Introducción a laPrehistoria, 2001.

J. J. Eiroa; Nociones de Prehistoria General,2006.

Sanchidrián; Manual de ArtePrehistórico, 2006.

Eiroa, Bachiller Gil, Castro Pérez y Lomba Maurandi; Nociones de tecnología y tipología en Prehistoria,2006.

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Hola ELi

No nos corresponde a nosotros resolver cuál es la mejor opción. Y, por lo tanto, tampoco el decidir qué fecha es más exacta, así que las expondremos todas. El comienzo más reciente, y el predilecto de los geólogos, rondaría los 1,8 millones de años antes del presente (=BP). Otra posibilidad (esta quizá sin demasiado fundamento) estaría cercana a los 2 MA BP. Y la última, la más popular hoy en día y la que más nos interesa a nosotros, se basa en la aparición de los primeros útiles fabricados por homínidos, alrededor de los 2,5 millones de años BP.

Para complementar tu comentario respecto al inicio del Cuaternario (Del que se habla más en términos de Pleistoceno y Holoceno), recientemente la Comisión Estratigráfica Internacional añadió el Gelasiano a este período (Ya que antes pertenecía al Plioceno), con el objeto de que fuera más consistente con los cambios en el clima y por consiguiente en fauna y flora que se dieron aprox hace 2,588 mill de años y que tuvo que ver con la inversión del polo magnético de la tierra. Esto lo pordrás ver en las dos últimas versiones de la Carta Estratigráfica Internacional (2009 y 2010).

Por lo tanto los límites del mentado Gelasiano están asociados a Cronozonas y a su vez a la extinción de nanofósiles calcáreos. El estratotipo de este período s eubica en cercanías a la ciudad de Gela en Sicilia.

 


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