La domesticación del perro

Sin respuestas
eljoines
Imagen de eljoines
Desconectado
Dictator-Administrador
Admin ForoModerador
Desde: 25 Ene 2015

Descubierto fósil de perro domesticado de 31.700 años de antigüedad

Siempre se ha pensado que para domesticar una planta o un animal es necesario comprender sus ciclos vitales y su naturaleza, para lo que sería conveniente transcurrir con ellos un período relativamente largo de tiempo. Es esto, en parte, lo que articula varias teorías sobre la neolitización y el paso de una economía depredadora a una productiva. Según estas hipótesis, el hombre tuvo que convivir durante un largo período de tiempo y en estrecha proximidad con ciertas especies. Así, comprendió sus ciclos, sus necesidades y sus posibilidades alimenticias. Y de este modo, se atrevió a manipularlos y finalmente terminó controlándolos.

Los indicios arqueológicos nos hacían suponer que las primeras especies domesticadas en Próximo Oriente y Europa fueron el trigo y el cerdo (alrededor del 8.000 AC en Asia Proximoriental y algo más tarde en nuestro continente). Sin embargo, un reciente descubrimiento en Bélgica le ha dado un revolcón a este supuesto.

En la cueva de Goyet, a unos 70 kilómetros al SE de Bruselas, se descubrió en Octubre de 2008 la evidencia más antigua de domesticación: un perro de 31.700 años, asociado a los estratos del Auriñaciense, en una de las últimas glaciaciones del Würmiense.

Hasta ahora, las pruebas obligaban a los prehistoriadores a fechar la domesticación del perro a finales del Paleolítico Superior. Hace algún tiempo, se descubrieron en Eliseevich (Rusia) restos de can con indicios de domesticación y se fecharon alrededor del 14.000 AC. Esto ya hacía suponer que la domesticación del perro fue más antigua de lo que sospechábamos. Pero una cronología de 32.000 AP era demasiado para cualquier expectativa.

Según Mietje Germonpré, paleontólogo del Instituto Real de Bélgica de Ciencias Naturales, «la forma de los perros paleolíticos es similar a la de los actuales Husky, acaso con unos dientes de mayor tamaño, y una corpulencia más evidente. Tal vez, en ese aspecto, sean más parecidos a los perros pastores de nuestros días. Tenía hocico más corto y un casquete cerebral relativamente más grande que otros perros fósiles y lobos».

El fósil está siendo analizado, pero ya han salido a la luz algunos datos de los resultados. Al parecer, a través de unas pruebas de isótopos se ha podido comprobar en qué consistió la alimentación del perro: caballos (Equus mosbachensis), renos (Rangifer tarandus) y bueyes almizcleros (Ovibos moschatus).

El propio Germonpré ha desarrollado una teoría sobre la posible domesticación del perro. Afirma que fue resultado de la compasión. Seguramente, propone, los cazadores recolectores paleolíticos matasen en más de una ocasión lobos adultos y decidiesen quedarse con los cachorros, en vez de abandonarlos. Con el tiempo irían desechando a los canes más agresivos y manteniendo a los más dóciles. Tras todo lo cual, transcurridas diez o doce generaciones, se habrían producido los cambios morfológicos que se observan en el Perro de Goyet y que podemos considerar como resultado de una domesticación.

Surgen varios problemas. Si la domesticación del perro se produjo efectivamente en este momento, ¿por qué no se han encontrado más fósiles de canes domesticados hasta el 14.000 AC? Susan Crockford, antropóloga de la Universidad de Victoria (Canadá) sostiene que el hombre no domesticó al lobo, sino que el lobo sufrió una “auto-domesticación” cada cierto tiempo en la historia, que por supuesto fue aprovechada por el hombre. Esto explicaría la intermitencia de fósiles de perro domesticado en el registro fósil. Pero a la mayoría de biólogos evolutivos les parece poco verosímil este proceso. Más aún teniendo en cuenta que los hombres que domesticaron al lobo (o aprovecharon la “auto-domesticación”) no desaparecieron ni dejaron de llevar a cabo esta práctica. Alguien ha sugerido que la escasez de fósiles de perros domesticados pueda deberse, o bien a que los humanos los aprovechaban una vez muertos, o bien a que la muerte de los canes se produciría habitualmente en acciones de caza, lejos de los asentamientos principales de los hombres paleolíticos.

Sea como fuere, este descubrimiento pone en entredicho varias ideas que se tenían en torno a la domesticación de los animales. Antes que nada hay que aclarar que la domesticación no es sinónimo de ganadería. No parece probable pensar que la cría de canes tuviese fines alimentarios entre las sociedades cazadoras-recolectoras del paleolítico (aunque es cierto que más tarde sí lo tendría en ciertos focos de neolitización asiáticos y americanos). Pero la domesticación, en sí, implica una permanencia y manipulación relativamente larga por parte de los humanos hasta el punto en que se producen los cambio físicos que la evidencian.

Como decía antes, se pensaba que esta domesticación era el resultado de una evolución en la comprensión del hombre acerca de los ciclos de reproducción y crecimiento de los animales. La antigüedad de este hallazgo cuestiona dicha teoría. Si los hombres de finales del paleolítico medio ya pudieron domesticar el perro, significa que ya comprendían cuáles eran las bases de domesticación. ¿Por qué, entonces, tardaron veinte mil años en atreverse a llevar esta domesticación a otras especies? Si el hombre (sapiens) pudo domesticar sólo diez mil años después de su llegada a Europa, ¿por qué tardó más del doble de este tiempo en volver a domesticar a otros animales?

La principal perjudicada por el descubrimiento del Goyet es la teoría ideológica sobre el surgimiento del Neolítico. Teniendo en cuenta que la domesticación se produjo veinte mil años antes de la neolitización, es muy poco probable que las causas de ésta se debiesen a una evolución en el comportamiento humano. Por otra parte, las teorías climáticas tampoco salen bien paradas. No fue necesaria una convivencia larga y continuada entre los animales y el hombre para que se produjese la domesticación. Ni mucho menos un cambio climático tan importante como el Holoceno.

En fin, el perro de Goyet, no hace sino abrir más aún el tema de la domesticación y los orígenes del Neolítico. El por qué los hombres comenzaron a cultivar plantas y animales en un momento determinado de la historia, en distintos puntos y con tanta sincronía, continúa siendo un misterio.

 

Para leer la notica original:

http://neanderthalis.blogspot.com/,  

http://dsc.discovery.com/news/2008/10/17/paleolithic-dog-skull.html