La secuenciación del genoma neandertal y la Cueva del Sidrón

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Texto de la conferencia ofrecida por Carles Lalueza-Fox del Institut de Biologia Evolutiva (CSIC-UPF) sobre el Proyecto Genoma Neandertal y la Cueva del Sidrón el 29 de Octubre de 2009 en el Museu d'Arqueologia de Catalunya de Barcelona.

 

Resumen

No existe actualmente un consenso para una definición científica de nuestra propia especie. Los análisis genómicos de diferentes poblaciones humanas están mostrando una variación interindividual más grande de lo esperado. Por tanto, será muy difícil, sino imposible, pone un límite a esta variación sólo desde los estudios de las poblaciones humanas contemporáneas. Con la llegada de nuevas tecnologías de ultra-secuenciación, ahora somos capaces de recuperar genomas completos de especies extinguidas, entre ellas mamuts y neandertales. El genoma neandertal, recientemente finalizado, nos proporcionará una referencia evolutiva más cercana a nosotros en el tiempo, que nos ayudará a descubrir qué variantes genéticas están compartidas con los neandertales y cuáles son exclusivas de los humanos modernos. Esto nos permitirá generar una definición objetiva de nuestra especie, si bien consistirá probablemente en un complejo listado de variantes genéticas en quizás un millar de genes.

 

Introducción

Las ideas sobre la naturaleza humana, cuyo significado y definición han discutido todos los grandes filósofos desde la antigüedad, Aristóteles, Descartes, Rousseau, Hobbes, Hume o Sartre, no han sido tradicionalmente contrastables con el método científico. Más recientemente, desde ámbitos como la morfología o la ciencia cognitiva, se ha intentado repetidamente descubrir rasgos o características no compartidas que nos permitieran entender nuestra unicidad. Sin embargo, las limitaciones inherentes al registro fósil, así como el hecho de disponer como referencia evolutiva una especie muy alejada de la nuestra, el chimpancé (nuestros linajes divergieron hace entre 6 y 7 millones de años), han dificultado esta tarea. Frecuentemente hemos seleccionado para definirnos rasgos o habilidades que nos parecen excelsas, sublimes o superiores. Se ha dicho que lo que nos hace humanos es la capacidad de pensamiento simbólico, de lenguaje, de crear arte, de hacer filosofía, de ser autoconsciente, de buscar a Dios. Aún así, nadie diría que una persona con déficits mentales, o muda, o que está en coma, no es humana. Nos cuesta entender que todo esto son concepciones apriorísticas sobre lo que nosotros desearíamos que nos definiera como especie. Pero esto no tiene porqué coincidir con la realidad.

Una alternativa que se ha acometido este año es la de estudiar la humanidad actual desde un punto de vista genómico. En este sentido, se han lanzado grandes proyectos genómicos, como el llamado proyecto de los 1.000 genomas, que pretende obtener la secuencia completa de mil genomas humanos de diversos grupos y áreas geográficas. Sin embargo, esta aproximación parece destinada igualmente al fracaso como mecanismo de definición de las características humanas, dada la gran variación interindividual que existe dentro de nuestra especie. Con cerca de 7.000 millones de humanos en el planeta, podemos encontrar mutaciones en casi cualquier gen, sin que sus portadores pierdan la condición de ser humano. Además, algunos estudios genómicos han puesto de manifiesto una extraordinaria variación interindividual asociada a duplicaciones de segmentos cromosómicos enteros, un rasgo que, además, parece ser característico del linaje homínido.

Pero ahora, en los inicios del siglo XXI, disponemos de un factor novedoso que permitirá establecer una definición objetiva de ser humano: la aparición de técnicas de ultrasecuenciación (o secuenciación masiva) que han permitido acometer el proyecto de obtener un borrador del genoma de un neandertal. Los neandertales (Homo neanderthalensis) fueron una especie humana que habitó Eurasia hace entre unos 400.000 y 30.000 años, y que se extinguió con la llegada a Europa de nuestros antepasados, procedentes de África, hace unos 40.000 años. La naturaleza de las interacciones con los humanos modernos, el significado adaptativo de sus rasgos morfológicos y el alcance real de sus capacidades cognitivas, entre ellas la posibilidad de tener lenguaje, son motivo de controversia entre los especialistas en evolución humana.

El proyecto Genoma Neandertal no sólo ha aportado el primer genoma de una especie humana extinguida sino que sus resultados marcarán la filosofía de este siglo. Gracias a la biología molecular, hemos desvelado un genoma que ha estado oculto en nuestro pasado. El conocimiento científico proporcionado por el proyecto nos llevará a replantearnos el significado del concepto de humanidad, nos definirá como especie y nos ayudará a encontrar, después de tantos miles de años, nuestro lugar definitivo en el mundo natural.

 

Paleogenómica

Estructura del ADN

En los últimos tres años, el estudio del material genético de restos del pasado, que se había denominado ADN antiguo o ancient DNA, y que tuvo un origen muy modesto por lo que respecta al volumen de información recuperada, ha entrado de lleno en la era de la paleogenómica. Se denomina paleogenómica al estudio de la secuencia, estructura y función de genomas extinguidos, tanto del genoma nuclear, que incluye la inmensa mayoría del mensaje genético de un organismo (con una extensión promedio de 3.200 millones de nucleótidos en el caso humano) como de los genomas citoplasmáticos (cuya extensión está cerca de los 16.500 nucleótidos); es decir, el genoma mitocondrial (mtDNA) y el genoma cloroplástico (cpDNA, este último presente únicamente en vegetales). Debido al mayor número de copias de estos genomas citoplasmáticos comparado con el genoma nuclear (la proporción empírica es de 500-1000 a 1), durante más de 20 años, la investigación en ADN antiguo se ha basado en la recuperación mediante la reacción en cadena de la polimerasa (o PCR) de mtDNA o cpDNA de especies extinguidas, normalmente con finalidades filogenéticas o filogeográficas. A priori, no existen otros condicionantes, excepto los que derivan de esta mayor dificultad asociada a la conservación, para recuperar fragmentos del genoma nuclear pero únicamente en muestras excepcionalmente bien conservadas es posible acceder a datos nucleares.

En el año 2006, se recuperó, también por PCR, el primer gen nuclear completo de una especie extinguida, en este caso un gen de la pigmentación de un único exón de un mamut lanudo. Posteriormente se han recuperado en muestras neandertales genes implicados en los aspectos físicos externos que no encontramos nunca conservados en el registro fósil, como el color del pelo (el gen MC1R), el grupo sanguíneo (el gen ABO) o capacidades cognitivas asociadas al lenguaje (el gen FOXP2). Estos estudios han contribuido a crear una imagen más próxima y más real de los neandertales al poder conocer características individuales. De esta forma, no sólo hemos avanzado en el conocimiento evolutivo de dicha especie humana sino que también hemos contribuido a personalizar los individuos estudiados y de esta manera a humanizarlos.

A pesar de estos éxitos, es evidente que con estas aproximaciones de tipo específico basadas en la PCR, no es de esperar que se puedan recuperar grandes regiones cromosómicas. Ahora sabemos que la mayoría de los fragmentos de ADN conservados en una muestra neandertal tienen una longitud promedio de únicamente unos 50-70 nucleótidos. En la práctica, esto significa que si intentamos recuperar fragmentos mayores, la probabilidad de éxito estará directamente correlacionada con el porcentaje de fragmentos conservados de dicha longitud. Incluso si intentamos recuperar en una reacción de laboratorio un fragmento corto, de sólo 60 nucleótidos, los resultados pueden ser negativos, sencillamente porque la cobertura genómica de las muestras antiguas es muy baja y podría ser que no acertáramos a dar con la cadena buscada en aquella reacción de PCR en particular. En este sentido, la recuperación de un mitogenoma completo de una especie extinguida (los moas, aves gigantescas de Nueva Zelanda) en 2001, marcó, y marca todavía, el techo de longitud de ADN recuperado mediante estos procedimientos técnicos, ya que el consumo de extracto de ADN es muy elevado en muestras que frecuentemente son únicas y el procedimiento es excesivamente lento y laborioso. Es decir, a principios del siglo XXI se había llegado a un callejón tecnológico sin salida respecto a las posibilidades del ADN antiguo de entrar en la era genómica, recién estrenada con la culminación del genoma humano.

 

Las nuevas técnicas de ultrasecuenciación

A finales del 2005 apareció una nueva técnica, denominada de ultrasecuenciación (producción masiva de secuencias de ADN), que había sido desarrollada por la compañía tecnológica Life Sciences; la pirosecuenciación 454. Originalmente, la tecnología 454 (GS FLX) producía cerca de 250.000 secuencias de hasta 200 o 250 nucleótidos de longitud en una sola reacción. La versión mejorada de finales de 2008 (el upgrade Titanium) ha permitido alcanzar fragmentos de hasta 400 nucleótidos. Paralelamente han aparecido otras plataformas de ultrasecuenciación que se caracterizan por aumentar la cantidad de secuencias generales por reacción pero produciendo fragmentos más cortos, generalmente de cerca de 30 nucleótidos. Entre estas destacan la plataforma de Solexa, la llamada SOLID de Applied Biosystems y una nueva que secuencia cadenas simples de ADN sin amplificación previa denominada Helicos. Obviamente no sabemos qué tecnología acabará imponiéndose en dos o tres años pero todas tienen en común la posibilidad de generar millones de secuencias por reacción y, por lo tanto, de acceder a genomas extinguidos sin más limitaciones que las puramente económicas. Con ellas, la paleogenética está pasando de ser una ciencia artesanal a una producción industrial y de ser básicamente experimental a ser mayoritariamente de tipo bioinformático.

Estos nuevos proyectos genómicos de especies extinguidas son de tipo inespecífico o metagenómico. Se entiende por metagenómica cuando se secuencia una muestra en la cual no ha sido posible aislar los diferentes organismos que la componen. Esto requiere que cada secuencia obtenida sea posteriormente identificada mediante alineamientos con las bases de datos genéticas disponibles. Las muestras óseas antiguas no sólo contienen el ADN del individuo cuando estaba vivo, atrapado en cristales de la matriz de hidroxiapatita del hueso, sino que también contienen grandes cantidades de ADN de bacterias del suelo, hongos, etc., que viven en el sedimento o han colonizado el hueso. Las técnicas de ultrasecuenciación simplemente generan cantidades masivas de secuencias de un determinado extracto antiguo, sin seleccionarlas a priori. En general, el proceso es extraordinariamente ineficiente, con porcentajes de recuperación del 0.27 al 4% en muestras de latitudes templadas como Europa y de hasta el 40-50% en muestras conservadas en suelo helado como el de Siberia (mayoritariamente se ha probado en huesos de mamut). Sin embargo, la obtención masiva de datos genéticos hace que terminen por aparecer partes significativas de cualquier genoma, incluso en condiciones tafonómicas desfavorables.

 

El proyecto Genoma Neandertal

El Proyecto Genoma Neandertal es un gran proyecto científico liderado por Svante Pääbo, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania), realizado en colaboración con la compañía privada 454 de Life Sciences (Estados Unidos), que actualmente pertenece a Roche. El proyecto se inició en julio de 2006 con el objetivo de conseguir generar un borrador genómico neandertal en el plazo de dos años. La consecución de dicho objetivo fue presentada públicamente el 12 de febrero de 2009, en la fecha simbólica del aniversario de Darwin.

 

Svante Pääbo, director del proyecto Genoma Neandertal


Los resultados preliminares de este proyecto se publicaron en Nature y en Science en el año 2006, a partir de datos generados de una muestra neandertal del yacimiento croata de Vindija, etiquetada como Vi 33.16. En el artículo de Nature se mostraban los datos generados por 454, y comprendían un total de 254.933 secuencias. De éstas, únicamente 15.701, es decir, el 6,2%, eran secuencias humanas o muy parecidas (como esperaríamos de los neandertales), mientras que cerca de 40.000 eran secuencias de bacterias, hongos u otros microorganismos. Unas 200.000 secuencias, es decir, el 79%, no encontraron equivalente en las bases de datos genéticas, probablemente porque correspondían a bacterias todavía no estudiadas.

 

 

De las secuencias humanas, 41 correspondían a fragmentos del ADN mitocondrial, y 15.701 correspondían a casi un millón de nucleótidos del genoma neandertal (es decir, cerca del 0,04% del total del genoma). Estas secuencias tenían en promedio una longitud cercana a los 60 nucleótidos, yendo desde los 30 (las secuencias más cortas se eliminan del análisis) hasta los 280 (límite impuesto por la técnica de 454). 739.966 nucleótidos del total de 1 millón eran idénticos en neandertales, humanos modernos y chimpancés, 10208 eran idénticos en neandertales y humanos pero distintos en chimpancés. Finalmente, 422 nucleótidos eran únicos del linaje humano y 3447 del linaje neandertal (de estos últimos, la mayoría correspondían a daños químicos post-mortem debidos a alteraciones de las citosinas originales, un patrón típico observado en el ADN antiguo).

Posteriormente, este trabajo fue criticado porque había varios indicios que apuntaban a una posible contaminación del extracto con ADN moderno, un accidente que probablemente tuvo lugar en la propia compañía Life Sciences. Unos investigadores descubrieron, analizando los datos, que las secuencias de mayor longitud (de más de 100 nucleótidos) daban tiempos de divergencia genómica entre neandertales y cromañones que eran absurdamente recientes, mientras que las secuencias más cortas daban fechas cercanas a los 800.000 años (esto último sería coherente con la separación de cerca de medio millón de años establecida a partir del ADN mitocondrial). Estos resultados únicamente podían explicarse si las secuencias más largas eran contaminaciones recientes y que, por lo tanto, no habían tenido tiempo de fragmentarse tanto como el ADN original. Algunos cifraron esta posible contaminación en más de un 80% de las secuencias obtenidas, si bien posteriores reacciones de pirosecuenciación del extracto original para cuantificar las secuencias contaminantes del ADN mitocondrial lo rebajaron hasta un 11 %.

No obstante estos problemas metodológicos, relacionados con la prisa por publicar los primeros resultados, la finalización del mitogenoma neandertal de Vindija 33.16, con una contaminación demostrable de tan sólo el 0,3%, demostró la potencialidad de la aproximación metagenómica en la consecución del genoma neandertal.

 

La contaminación

Como hemos visto, el principal escollo de los estudios paleogenéticos en humanos sigue siendo la contaminación de las muestras con ADN humano moderno, un proceso complejo y todavía poco estudiado. Como las técnicas empleadas en el laboratorio son extremadamente sensibles (hasta el punto que pueden iniciarse a partir de una única cadena de ADN) y el ADN original puede presentar degradaciones químicas que lo hagan menos eficiente a dichas técnicas, el resultado puede ser la recuperación de ADN contaminante en vez del endógeno que se pretendía analizar.

Esto es irrelevante cuando se trabaja por ejemplo con una especie extinguida, como el mamut, del cual se ha recuperado ya el 80% de su genoma. Es imposible que la muestra se haya contaminado con ADN moderno de elefante antes de llegar al laboratorio e incluso allí, si nunca se ha trabajado con proboscídeos. Sin embargo, cuando se trabaja con muestras humanas, el problema de la contaminación es grave, simplemente porque no puede distinguirse a posteriori y porque es difícil de saber si las medidas anticontaminación que se toman a priori son realmente efectivas. Entre estas destaca el genotipado de las personas implicadas en la excavación, así como la adopción de medidas preventivas, como el uso de trajes de laboratorio, guantes estériles y mascarillas faciales, en la propia excavación. Estas medidas son algunas de las que se han adoptado de forma pionera en la excavación del yacimiento neandertal de El Sidrón, en Asturias, donde las muestras no sólo se extraen con medidas anticontaminación sino que son inmediatamente congeladas y enviadas al laboratorio de genética. En el ADN mitocondrial, donde es posible distinguir fácilmente las secuencias endógenas de las contaminantes, el establecimiento del protocolo de anticontaminación en el año 2005 consiguió eliminar prácticamente el problema. El reciente análisis del mitogenoma de la muestra de El Sidrón 1253 ha arrojado una cifra espectacularmente baja, de tan sólo el 0,27% de secuencias contaminantes.

 

Arqueólogo extrayendo una muestra en la Cueva de El Sidrón equipado con un traje para evitar la contaminación

 

El Sidrón y el proyecto Genoma Neandertal

El día 20 de marzo de 2007, en una rueda de prensa en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, se anunció públicamente la incorporación del yacimiento de El Sidrón al proyecto Genoma Neandertal, que hasta ese momento había descansado básicamente en las muestras de Vindija.

 

Excavaciones en la cueva de El Sidrón (Asturias)


El Sidrón, situado en el concejo de Piloña, Asturias, es un yacimiento neandertal descubierto accidentalmente por unos espeleólogos en 1994. No se trata de una cueva donde habitaron neandertales (y en las cuales se encuentran a veces lo que parecen ser enterramientos intencionados), sino de un profundo sistema kárstico donde se han acumulado, en una pequeña galería adyacente al tubo central, los restos de diez individuos neandertales, procedentes del colapso de un dolina en la superficie. La galería, denominada Galería del Osario, se encuentra a unos 220 metros de la entrada del karst, y la posible ruta de entrada de los restos se halla sellada desde la antigüedad. Esto ha permitido conservar los restos óseos en una temperatura extremadamente constante y muy fría, entre los 10 y los 12 grados centígrados, lo cual ayudaría a explicar la excelente conservación de su material genético. Las nuevas dataciones de carbono 14 arrojan valores de unos 48.000 años, e indican que la acumulación de los diez individuos (seis adultos, dos adolescentes, un juvenil y un infantil) en la cavidad es un acontecimiento sincrónico. Con toda probabilidad, se trata de un grupo familiar que ha sido canibalizado, ya que la mayoría de restos presentan señales de corte destinadas a cortar inserciones musculares y tendones, y señales de percusión destinadas a romper los huesos largos y los cráneos, para acceder a la médula ósea y al cerebro. Curiosamente, tanto Vindija como El Sidrón muestran señales de canibalismo, la cual cosa podría explicar también su buena conservación genética, al haber eliminado buena parte de la acción de los microorganismos implicados en la descomposición de los cuerpos, y que daña indirectamente el ADN de éstos.

 

 

Muestras de marcas antrópicas que evidencian la existencia de canibalismo


El Sidrón está siendo estudiado por un equipo mustidisciplinar español. La excavación la dirige Javier Fortea, junto con Marco de la Rasilla (ambos de la Universidad de Oviedo), el estudio paleontológico Antonio Rosas (del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid) y el análisis genético Carles Lalueza-Fox (Instituto de Biología Evolutiva, Barcelona). Aunque inicialmente trabajábamos en la recuperación específica del ADN mitocondrial y de genes nucleares de interés evolutivo en las muestras de El Sidrón, la posibilidad de colaborar con el grupo del Insituto Max Planck nos permitirá llevar al yacimiento a una escala genómica de una magnitud insospechada unos años antes.

 

Después del borrador genómico

En realidad, el borrador de Vindija 33.16, tal como está en 2009, tiene una cobertura genómica de lx, lo que significa que aproximadamente el 63% del genoma tendrá alguna secuencia. Para llegar a la cifra de 3700 millones de nucleótidos neandertales, se han tenido que obtener cerca de 68.900 millones de secuencias, la inmensa mayoría de ADN bacteriano. Obviamente, existen en el borrador muchos espacios en blanco y muchos cambios génicos que deberán ser comprobados posteriormente con medios específicos, ya sea con PCR u otros que puedan desarrollarse en el futuro. Se ha calculado que, para obtener un borrador genómico con una tasa de error de 1 de cada 10.000 nucleótidos (más que aceptable en los proyectos con especies vivas), se necesitaría una cobertura genómica de 12 (es decir, que cada nucleótido estuviera representado, en promedio, por 12 secuencias diferentes superpuestas). Para conseguir este nivel de fiabilidad, se necesitará generar otro borrador genómico en una muestra muy bien conservada, como la de El Sidrón 1253, y probablemente emplear una técnica con mayor generación de datos que la del 454. Este segundo borrador genómico nos proporcionará información sobre las variantes genéticas que puedan ser polimórficas en los propios neandertales, y contribuirá también a confirmar los resultados generados en el primer borrador. Es decir, habremos pasado de un único genoma inicial a un auténtico proyecto de diversidad genómica neandertal, algo parecido, aunque a una escala menor, a lo que se está haciendo con la diversidad genómica humana. Tenemos suerte, además, que los dos mejores yacimientos neandertales, en términos de conservación del ADN, Vindija en Croacia y El Sidrón en España, ocupan una buena parte del rango geográfico de los neandertales y también momentos temporales diferentes. Mientras que Vindija tiene una datación bastante reciente, cercana a los 40.000 años, El Sidrón es claramente anterior a la llegada de nuestros antepasados a Europa. Por lo tanto, comparando ambos genomas, podríamos deducir posibles contribuciones de humanos modernos al genoma de la muestra de Vindija (si algún antepasado suyo fuera un híbrido de neandertal y de humano moderno).

Cuando todo el trabajo de ultrasecuenciación y de análisis bioinformático esté finalizado, nos encontraremos con una larga lista de genes cuya variación se distribuirá de forma diferente entre las tres especies de las que disponemos de datos genómicos: chimpancés, neandertales y humanos. Tendremos, obviamente, muchos genes que serán idénticos en las tres especies; esto no es sorprendente porque cerca de 14.000 de los aproximadamente 24.000 genes que se han identificado en nuestro genoma ya son iguales entre humanos y chimpancés. Se ha estimado que entre neandertales y humanos existirán entre 1000 y 2000 cambios funcionales, es decir, que modifiquen aminoácidos en regiones codificantes.

Tendremos genes que serán idénticos en humanos y neandertales y diferentes en chimpancés. El gen FOXP2, asociado a áreas cerebrales implicadas en el lenguaje y que presenta dos cambios funcionales en ambas especies del linaje humano, es un ejemplo de esta categoría de genes. Sencillamente, implica que los cambios evolutivos asociados al lenguaje debieron tener lugar antes de la separación de ambos linajes, en el antepasado común. El gen del grupo sanguíneo ABO es otro ejemplo interesante. La caracterización de este gen en dos muestras masculinas de El Sidrón, 1253 y l351c, ha permitido saber que estos individuos eran del grupo sanguíneo O, por los mismos motivos (una deleción de un nucleótido en el exón 6) que los humanos modernos. Esto no es sorprendente, pero ilustra algo que también será común en el genoma neandertal: el hecho de que, para genes concretos, algunos humanos estén más próximos a los neandertales que a otros humanos (en este caso, a aquellos que sean de los grupos A, B o AB).

 

Carles Lalueza extrae ADN fósil de un resto de neandertal de El Sidrón que permitió conocer el grupo sanguíneo de los neandertales.


Tendremos también genes con cambios que serán únicos en la rama de los neandertales y que nos ayudarán a enten4er sus características evolutivas propias, algunas discernibles a nivel esquelético. El gen MC1R, asociado a la pigmentación, muestra variantes únicas de los neandertales (como un cambio en el aminoácido 307), aunque, curiosamente, algunas producen un fenotipo parecido al producido en algunos europeos (los individuos pelirrojos) por otras variantes en el mismo gen. Esto sugiere que quizás otros rasgos morfológicos (como la expansión cerebral observada en diversas ramas del árbol evolutivo humano) sean consecuencia de procesos de evolución convergente, debido a constreñimientos genómicos en la adaptación de los homininos. Es decir, aunque las mutaciones ocurren al azar en el genoma, la distribución de dichas mutaciones no lo es, ya que su efecto final en el fenotipo está influido por la función y estructura de los genes y sus posibles interacciones. Los cambios exclusivos de los neandertales deberán ser comprobados uno a uno mediante estudios funcionales como el que se llevó a cabo con el MC1R. Algunos de estas variantes genéticas sin parangón entre los humanos modernos requerirán de la implementación de modelos animales, básicamente mediante la “neandertalización” de ratones (es decir, ratones transgénicos con genes neandertales), para entender su efecto fenotípico final. Todo este proceso puede durar bastantes años, puesto que se calcula que quizás habrá un millar de dichos cambios funcionales exclusivos de los neandertales. Finalmente, tendremos otro grupo de cambios genéticos que serán particularmente interesantes para nosotros: aquellos que sean comunes en neandertales y chimpancés, pero diferentes (es decir, únicos), en los humanos modernos. Estas variantes, de las que todavía no conocemos ningún ejemplo, serán aquellas que nos permitirán entender el tramo final de la evolución humana.

En conclusión, cuando se hayan analizado los borradores genómicos, el hecho de disponer de esta nueva referencia evolutiva, mucho más cercana a nosotros que la del chimpancé, permitirá caracterizar aquellas variantes génicas que son exclusivas de nuestra especie y aquellas que estaban compartidas con otras especies de humanos del pasado. Estudiando los genes exclusivos de nuestro linaje podremos entender las presiones selectivas que han actuado sobre nuestra especie desde su origen africano, hace unos 200.000 años, y podremos construir una definición de que significa ser humano. Con toda probabilidad, será un complejo listado de genes relacionados con la inmunidad, el metabolismo y la fisiología. Pero quizás no habrá muchos cambios en genes asociados al desarrollo de áreas cerebrales o a funciones cognitivas fácilmente interpretables. Seguramente nos habría gustado seguir siendo diferentes, como cuando nuestra especie era la única que podíamos estudiar con tanto detalle, al nivel más íntimo, al nivel de su ADN. Pero, sea como sea, este listado será algo objetivo, algo que nos permitirá aproximarnos por fin al misterio de la naturaleza humana desde el método científico.

Manolillo_Bilbao
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Prefecto Annoa
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Desde: 15 Ago 2009

Eli, qué horror, ¡qué rápido tomas apunteeeeeees! ;):D

Ahora en serio, tiene una pinta estupenda. Deja que lo digiera poquito a poco...

 


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Eli_Silmarwen
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Desde: 15 Ago 2009

Manolillo_Bilbao ha escrito

Eli, qué horror, ¡qué rápido tomas apunteeeeeees! ;):D

Ahora en serio, tiene una pinta estupenda. Deja que lo digiera poquito a poco...

Ya me gustaría ya saber tomar apuntes tan rápido! Jeje Sin embargo... si he de serte sincera... no los he pasado yo jeje (y antes de que lo pienses, no, no tengo un esclavo que lo hace por mí jejeje).

En realidad, el Museu d'Arqueologia de Catalunya siempre tiene la buena consideración de poner a disposición de todos los asistentes unas hojas con un pequeño resumen de la conferencia para que podamos seguirla mejor y ese resumen es el que he "copiado" aquí (mediante OCR jeje). Con tiempo ya iré subiendo algunos otros resumenes de otras conferencias a las que he asistido porque suelen ser textos difíciles de conseguir por otra vía y por eso mismo creo conveniente subirlos y compartirlos con todos vosotros ;)

 


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Manolillo_Bilbao
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Prefecto Annoa
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Desde: 15 Ago 2009

Eli_Silmarwen ha escrito

Con tiempo ya iré subiendo algunos otros resumenes de otras conferencias a las que he asistido porque suelen ser textos difíciles de conseguir por otra vía y por eso mismo creo conveniente subirlos y compartirlos con todos vosotros ;)

 

Genial, así podemos aprender contigo...

 


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