El origen de las culturas y los yacimientos arqueológicos del Plioceno

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Cuándo comenzó el hombre a fabricar herramientas es una pregunta que ha fascinado a muchos y muy buenos investigadores durante más de doscientos años.

Para un gran número de arqueólogos, encontrar e identificar las primeras herramientas fabricadas por el hombre equivale a escribir el primer renglón de la Arqueología. Señalar el momento exacto en que los humanos comenzaron a producir útiles es señalar el momento a partir del cual el mundo cambiaría para siempre. No es de extrañar que tantos hayan dedicado su vida a la búsqueda de los útiles más antiguos y los primeros yacimientos arqueológicos.

Esta búsqueda, sin embargo, nunca ha resultado fácil. Existe una larga y compleja lista de obstáculos que aún hoy en día no se han podido sortear. ¿Cómo definimos la cultura? ¿Es algo exclusivo del hombre y sus ancestros? ¿También hay animales capaces de poseerla? ¿Cuándo comenzó? ¿Bajo qué circunstancias?

La antropología, la biología y la misma arqueología han abordado estos problemas con distinto éxito según la época y la inspiración de sus expertos. Algunas cuestiones se han resuelto. Se prevé que otras se solucionarán si la investigación sigue su curso. Y que otras, como es inevitable, siempre quedarán sin resolver. Ahora las repasaremos brevemente.

Los orígenes de la cultura

Como especialistas en el estudio de la cultura material, a los arqueólogos les llamó poderosamente la atención el hecho de que algunos animales utilizasen herramientas para modificar su entorno. Tras la publicación de los primeros estudios etológicos sobre el uso de útiles por parte de ciertas especies, surgió una duda importantísima para la arqueología. ¿Pudo existir la cultura antes de la llegada de los prehumanos?

Si la respuesta es afirmativa, significa que existen etapas arqueológicas previas que aún no hemos considerado. Es decir, que la cultura comenzó antes de lo que pensábamos. Para asegurar esto es necesario examinar las conductas de los animales hábiles y determinar si podemos identificar algún comportamiento cultural.

Cierto tipo de pájaro carpintero selecciona cuidadosamente espinas de cactus para atrapar insectos en el interior de los árboles. Algunas especies de buitres dejan caer piedras sobre los huevos que quieren romper, o arrojan huesos desde grandes alturas sobre fondos rocosos. Hay nutrias que transportan piedras sobre sus espaldas para estampar en ellas los moluscos que recogen.

Pero los propios etólogos aseguran que todos estos comportamientos son instintivos, es decir, están genéticamente determinados, y no se adquieren mediante el aprendizaje. No son culturales.

El único ejemplo de pautas culturales en el reino animal lo encontramos en nuestro pariente vivo más cercano, el chimpancé.

Estudiando las actividades culturales de los chimpancés podemos especular sobre cómo fue el proceso que llevó a la aparición de los primeros artefactos, aproximarnos a la vida cultural de nuestros ancestros, o comparar las culturas para captar una gran cantidad de información sobre nuestro pasado.

Así pues, no es extraño que el estudio del comportamiento de los chimpancés constituya toda una especialidad dentro de la Etología. Se han llenado miles de páginas en docenas de lenguas describiendo las actividades de numerosos grupos de chimpancés.

Por lo que respecta al uso de herramientas, el comportamiento de los chimpancés es extremadamente variado. Utilizan hojas para beber, ramitas para buscar termitas o troncos para exhibirse. Todo ello varía en determinados contextos y según las distintas comunidades. Se han llegado a documentar 39 patrones culturales distintos entre todos los grupos de chimpancés observados.

Aunque la mayor parte de esto queda fuera del alcance de los arqueólogos, muchos han supuesto que los primeros homínidos pudieron ostentar una cultura similar. Desgraciadamente estos comportamientos que hemos mencionado son arqueológicamente invisibles. No hay manera de determinar si Sahelanthropus o Australopithecus utilizaba algunas herramientas de madera de forma similar a como lo hacen los chimpancés. Aunque, de hecho, es muy probable que así fuera. Muchos ya han propuesto arqueología debería actuar a este respecto. Pues, como más arriba hemos mencionado, la existencia de etapas arqueológicas previas a las que consideramos hoy en día cambiaría nuestra visión del pasado humano.

 

Australopithecus e industria osteodontoquerática


Afortunadamente, existe una estrategia tecnológica entre los chimpancés que sí podemos identificar. Se trata del uso de martillos y yunques de piedra para procesar frutos.

La técnica yunque-percutor consiste en el uso de un elemento activo, generalmente masivo, que suele ser una roca o un trozo de madera, y un elemento pasivo que puede definirse por su estabilidad; suele ser una gran piedra con un plano más o menos horizontal, una gran rama o el suelo si está lo suficientemente duro. Sobre este segundo elemento se coloca el fruto o el hueso que se desea intervenir y se golpea con el percutor hasta fracturarlo.

Los percutores normalmente son elegidos según la forma y consistencia del fruto que se desea partir. En ocasiones se ha visto que determinados individuos modificaban los percutores (especialmente los leños, y con menos frecuencia las piedras) si estos no cumplían los requisitos para el proceso.

La forma y peso de los útiles es muy variable. Algunos percutores son realmente pequeños y no superan el kilo de peso. Otros, por el contrario, pueden alcanzar los 42 kg. Se piensa que estás diferencias se deben a la naturaleza del fruto que se desea procesar. Ciertas especies se fracturan mejor usando martillos de 1 kg con una sola mano, mientras que otras únicamente se pueden romper con piedras de unos 5 kg usadas con las dos manos.

El elemento pasivo que actúa de yunque también está sujeto a cierta variabilidad. Como se ha dicho, puede ser una piedra con una cara más o menos horizontal o el suelo si reúne las condiciones adecuadas. También se ha comprobado que en ocasiones los chimpancés modifican los yunques, aunque sea ligeramente, facetando las superficies para que los frutos se sostengan mejor.

Los investigadores también observaron que los chimpancés transportan las piedras que más eficientes les parecen, especialmente si éstas son un bien escaso en su zona. Se ha comprobado en algunos casos que los primates son capaces de recordar la disposición de varias piezas y elegirlas consecuentemente tras tener en cuenta la proximidad y el tipo de fruto que se disponen a consumir.

Todo este comportamiento implica una importante capacidad cognitiva. Al realizar el proceso completo, el chimpancé demuestra entender la coordinación necesaria en el trabajo de hasta tres objetos. Existe una perfecta comprensión de las relaciones causa efecto, lo cual implica una representación simbólica de los objetos empleados como instrumentos. Esto lleva implícito asimismo el concepto de un entendimiento inteligente del artefacto, lo que supone a su vez una anticipación flexible de cómo usar un nuevo utensilio y evaluar el beneficio potencial de su uso (Boesch y Boesch-Achermann, 2000).

El proceso de aprendizaje que es necesario para que un chimpancé complete la operación es bastante largo. Se calcula que hasta los diez años el chimpancé no alcanza la capacidad técnica del adulto, pasando antes por tres fases. En la primera, hasta los dos años de edad, aprende a utilizar de forma hábil un solo elemento. En la segunda, alrededor de los tres años, es capaz de usar dos elementos. Y sólo en la tercera, a los diez años, es capaz de coordinar satisfactoriamente todos los componentes.

A pesar de estar marcada por ciertas restricciones (solo los grupos Pan troglodytes uerus y troglodytes uelloserus los han utilizado hasta hoy), el uso del yunque y martillo de piedra no es un comportamiento anecdótico, sino un elemento fundamental en la vida cotidiana de los chimpancés.

Algunos autores calculan que cada chimpancé adulto perteneciente a los grupos mencionados utiliza el yunque y el percutor al menos dos veces al día. Y que en determinadas fechas en las que madura cierto tipo de fruto, pueden invertir dos horas al día todos los días en su procesado.

Existe en la actualidad un debate sobre la exclusividad tecnológica de este procedimiento. Se ha podido comprobar que los monos capuchinos de Brasil utilizan una técnica similar a la de los grupos de chimpancés. Y aunque se ha generado un debate entre los etólogos sobre las implicaciones de esta analogía cultural, el hecho es que no le incumbe demasiado a la arqueología y que por lo tanto nosotros lo obviaremos.

La pregunta principal, después de repasar brevemente el comportamiento cultural de algunos chimpancés, es de qué forma nos permite este conocimiento acceder a la información cultural del pasado prehumano, que es, en definitiva, lo que le interesa a la ciencia arqueológica.

Hay al menos dos razones pro las que el estudio del comportamiento de los primates puede ser útil para la arqueología. La primera es que esta actividad tecnológica posee, de por sí, un importante potencial arqueológico. El hecho de que los chimpancés recuerden los lugares de procesado a lo largo de generaciones les pareció muy sugerente a algunos arqueólogos y acordaron recientemente excavar algunos de los talleres que más antiguos parecían en el bosque de Taï.

Estas excavaciones, relativamente actuales, dirigidas en su mayoría por Julio Mercader, han arrojado unos resultados asombrosos. En cierto nivel estratigráfico se pudo confirmar la presencia de percutores, yunques y deshechos de la percusión de una cronología relativa de 900 años BP. Intervenciones más recientes han dejado al descubierto colecciones de útiles de más de 4000 años de antigüedad, prueba irrefutable de que este comportamiento alimentario de los chimpancés es antiquísimo e indefectiblemente cultural.

 

Útiles usados por los chimpancés. 4300 años de antigüedad.


Pero la razón principal por la que debería interesarnos el comportamiento cultural de los chimpancés es que quizá sea bastante similar al que desarrollaron nuestros primeros ancestros hace tres millones de años. Hay cierta polémica al respecto.

Algunos autores (especialmente los etólogos) proponen que la capacidad técnica y cognitiva de los homínidos olduvayenses era prácticamente idéntica a la de los chimpancés ¿Es esto cierto? Difícilmente. Los arqueólogos ya han señalado en numerosas ocasiones que la tecnología de los homínidos de Olduvai era considerablemente ordenada y estaba concienzudamente planificada.

El problema con esta cuestión es sencillo, en opinión de muchos. Los etólogos están confundiendo dos estrategias tecnológicas totalmente distintas: la talla y la percusión. Aunque es posible que ambas estuviesen relacionadas, no hay duda de que pasar de una a otra constituye un salto evolutivo más que considerable. Salto que a día de hoy aún no han efectuado los chimpancés.

Otra de las hipótesis que circulan alrededor de la comparación entre la tecnología prehumana y la tecnología de los chimpancés es si pudo haber un antepasado común hace 7 millones de años que ya utilizase herramienta, de tal forma que se pueda explicar por qué tanto los chimpancés como los primeros homínidos usaban herramientas (dato este último que es está sin confirmar).

El problema de esta opción es que, como se mencionó más arriba, los monos capuchinos del Brasil utilizan también un técnica similar para el procesado de frutos ¿Significa eso que un antepasado común hace 30 millones de años utilizaba también herramientas? No, naturalmente. El hecho de que tanto monos capuchinos como chimpancés utilicen estrategias tecnológicas similares se debe a un fenómeno de convergencia cultural (¡quizá el primero de la Historia!).

Sin embargo, y a pesar de todo, las semejanzas entre la tecnología chimpancé y prehumana son algo más que una posibilidad. Prácticamente todos los africanistas coinciden en que la primera etapa cultural de la humanidad estuvo relacionada con las actividades de percusión, en un sentido muy similar al que observamos entre los chimpancés. La hipótesis es que la talla lítica tendría su origen en las actividades de percusión vinculadas al procesado de alimentos. Y he aquí la verdadera importancia del estudio arqueo-etológico del comportamiento cultural de nuestros primos simios.

Los yacimientos arqueológicos del Plioceno

Todo lo anterior sirve como reflexión para entender de qué modo pudieron surgir las primeras herramientas entre nuestros ancestros. Ahora bien, ¿cómo eran estas herramientas? ¿Dónde las localizamos? ¿Bajo qué circunstancias? ¿Qué podemos averiguar de nuestros predecesores a través de ellas?

En este segundo apartado, examinaremos estas preguntas entorno a la unidad arqueológica que mejor las expresa: el yacimiento.

Las industrias más antiguas del mundo se localizan en los yacimientos de Gona, Bouri, Omo, Hadar, West Turkana, Kanjera, Cachukul y Koobi Fora, todos ellos en África Oriental. Las primeras herramientas son las de Gona, datas alrededor de los 2,6 MA BP; las demás se mueven entre los 2,5 millones de años y los dos millones antes del presente.

Las industrias correspondientes de estos yacimientos han generado una fuerte polémica, que gira entorno a si se puede considerar estas primeras herramientas como parte de un único complejo Olduvayense o si, por el contrario, son culturas independientes.

Para esta segunda opción se han buscado numerosos términos que definen la exclusividad de las respectivas culturas: Facies de Shungura, Complejo de Omo, Modo 0, Industrias Nachuki o Preolduvayense. Enfrente de esta multiplicación de términos están los autores que defienden que estas herramientas forman parte de la misma tradición cultural que las de Olduvai.

Para profundizar un poco más en este problema y resolver algunas de las cuestiones que nos planteábamos al principio, ahora describiremos brevemente las circunstancias que envuelven algunas de estas primeras industrias.

Industria lítica de Kada Gona, Kenia.


Los útiles de Gona, en el curso medio del río Awash, son los más antiguas del mundo. Los varios miles de artefactos líticos recuperados en alguno de los cientos de kilómetros cuadrados que ofrece la zona han sido también las herramientas más examinadas, y las conclusiones extraídas de esos exámenes, una de las mayores sorpresas de la Arqueología contemporánea:

Los autores de las herramientas de Gona, los primeros artesanos de la Historia, sabían exactamente con qué fuerza y en qué dirección debían golpear para extraer fragmentos homogéneos; aplicaban estos conocimientos a la producción sistemática de núcleos y lascas y dominaban con una habilidad envidiable los principios de la talla bifacial. Elegían las piezas por su tamaño y calidad y una vez formateadas las transportaban a lo largo de cientos de kilómetros. En una palabra, los homínidos de Gona dominaban a la perfección los principios de la talla lítica.

Este hecho está directamente relacionado con los del apartado anterior. Es un indicio más de etapas culturales anteriores a las que actualmente conocemos.

En Gona también se han documentado importantes depósitos de restos de fauna. Un análisis de tallado de los huesos de diversos animales desveló la existencia de marcas de corte y descarnado. Y parece bastante evidente que tales marcas fueron realizadas con la industria lítica autóctona.

Podemos extraer, al menos, dos conclusiones de todo ello: que los prehumanos de finales del Plioceno ya consumían carne con relativa frecuencia y que, desde que se identifican los primeros yacimientos arqueológicos, existen agregaciones recurrentes de industria y fauna; es decir, concentraciones de elementos culturales.

No lejos de Kada Gona se está el yacimiento arqueológico de Bouri. Aquí se han encontrado recientemente grandes conjuntos de restos animales, pero no ha podido hallarse ninguna evidencia de instrumental lítico. La zona de Bouri es especialmente seca y prácticamente no hay afloramientos donde conseguir materia prima.

Sin embargo, tras examinar los huesos de fauna también se encontraron marcas de descarnado. La solución al problema parecía evidente: los homínidos de Bouri salían de su territorio para aptar materias primas y una vez usadas las conservaban.

Así pues, tenemos dos zonas vecinas y de cronología prácticamente contemporánea con dos estrategias conductuales distintas. En Gona los homínidos acumulaban los útiles y transportaban los restos de animales a puntos determinados. En Bouri, se desplazaban de un lugar a otro, actuando sobre las carcasas y sin abandonar el preciado y raro recurso que debía constituir la herramienta.

«Detengámonos un momento a reflexionar sobre ello; el poder discernir distintas respuestas culturales a problemas ecológicos diferentes en los momentos iniciales de la talla lítica, hace nada menos que 2,6-2,5 MA, supone un ejercicio apasionante, dado que nos lleva a pensar que estos primeros artesanos ya sabían adaptar sus estrategias tecnológicas a la variabilidad ambiental». I. de la Torre Sáinz.

Los siguientes artefactos de mayor antigüedad se encontraron en el valle del Omo (2,3 millones de años), al sur de Etiopía. De forma similar a como ocurre en Gona, los núcleos eran explotados de una manera ordenada y eficaz. Pero por desgracia los restos no son tan abundantes como en los yacimientos anteriores, por lo que la mayoría de interpretaciones son superficiales o incompletas. Con todo, una vez más, podría quedar demostrado el mismo patrón que veíamos en Kenia. Estos artesanos del Plioceno controlaban la talla de forma eficiente y ordenada.

El caso de West Turkana (2,3 MA) es algo más ambiguo. Algunos de los yacimientos de esta zona muestran procesos desorganizados y violentos de talla lítica. Otros, en cambio, permiten identificar claramente cómo los homínidos de la región dominaban estrategias tecnológicas complejas. Muestra de ello son los numerosos casos de reorientación de los núcleos a fin de conservar una configuración morfológica favorable.

Otros ejemplos arqueológicos de finales del Plioceno no presentan ningún patrón que se aleje de los complejos que acabamos de describir, por lo que es posible hablar de cierta unidad cultural en estas industrias del Plioceno.

Por lo que respecta a la tipología de las culturas, predominan las lascas y los núcleos de cuarcita, jaspe y basalto, fabricados por lo general a partir de cantos rodados. La talla por percusión directa es la mayoritaria, pero también se han documentado casos de percusión lanzada (por la cual se consiguen extracciones arrojando el núcleo contra una pieza de igual o superior dureza que actúa de percutor durmiente fijo). Éstos últimos especialmente frecuentes entre los complejos más violentos y desorganizados.

La piezas más habituales son las lascas, algunas de morfología muy estandarizada. Lo que se buscaba con los procesos de talla lítica era sobre todo conseguir un filo cortante para el troceado, por lo que es comprensible un número más modesto de útiles sobre núcleo. En ningún caso es común el reavivado o los objetos retocados.

Sin embargo, las conclusiones más interesantes son las que deducimos del nivel técnico y cognitivo de los artesanos. Todos los yacimientos pliocenos que hemos descrito más arriba sugieren que los responsables de estas industrias desarrollaron una estrategia tecnológica razonada, sistemática y ordenada.

Considerando esto, parece evidente por qué respondimos negativamente a la pregunta anterior de si las industrias preolduvayenses eran similares a las de los chimpancés. No hay duda de las actividades de percusión tuvieron una enorme relevancia en el desarrollo de las culturas del Plioceno. De hecho, no podemos excluir que durante una buena parte de este período esas actividades fuesen similares a las que hoy desarrollan los chimpancés, pero entre ellas y las del yacimiento de Gona se produce un salto cualitativo inmenso, la talla, después del cuál ya nada podría detener la evolución de la cultura.

Para concluir, arrojaremos algo de luz a las cuestiones de quién y por qué comenzó estas estrategias culturales.

No tenemos claro qué homínido fue el autor de las primeras industrias. Tradicionalmente se le atribuía a Homo habilis la autoría de cualquier artefacto lítico que superase el millón y medio de años. Pero la ausencia de restos de habilis así como la presencia de otras especies homínidas en los yacimientos pliocenos que hemos enumerado han hecho que los especialistas se replanteen la cuestión.

Un buen candidato es Australopithecus garhi, el hombre que hizo que el género homo se tambalease. Los restos encontrados en los yacimientos y asociados a las industrias dejan poco sitio para las dudas, y sin embargo algunos autores han propuesto a otras especies homínidas, como Paranthropus o Rudolfensis, aunque está por comprobar que estos prehumanos pudiesen desarrollar o tan solo utilizar herramientas. El tema está aún sin zanjar.

Más complicada si cabe resulta la cuestión de las motivaciones que llevaron a los primeros artesanos a desarrollar sus artefactos. Siguiendo un razonamiento «gradualista» (I. de la Torre, 2008) muchos arqueólogos pensaron (y aún piensan) que las primeras industrias deberían ser muy toscos y primitivos, propias de individuos inexpertos que están practicando con algo desconocido.

Pero, como hemos visto, esto no es así en la gran mayoría de los casos. Algunos autores han planteado, por ello, lo que venimos repitiendo durante todo el artículo, que pudo haber una etapa arqueológica previa a la que documentamos en los primeros yacimientos, más arcaica y arqueológicamente invisible.

Pero la falta de visibilidad arqueológica no se debería a la ausencia de materiales imperecederos, sino a la dispersión de las primeras pruebas de talla lítica. En ese caso, lo que señalarían los primeros yacimientos arqueológicos sería la concentración debida quizá a una suerte de especialización o a cambios en los comportamientos sociales y predadores de los homínidos del Plioceno.

Autor: Temistofanes

BIBLIOGRAFÍA.

  • I.de la Torre Sainz: La Arqueología de losOrígenes Humanos en África. Madrid, 2008.
  • E.Carbonell (coord.): Homínidos: LasPrimeras Ocupaciones de los Continentes. Barcelona, 2008.
  • J.J. Eiroa: Nociones de Prehistoria General.Barcelona, 2006.
  • C.Boesch: Aspects of Transimission of Tool-usein Wild Chimpanzees. Cambridge, 1993.
  • T.D. Whiten et al.: Cultures in Chimpanzees.Londres, 1999.
  • W.C. McGrew: Chimpanzee Material Culture:Implications for Human Evolution. Cambridge, 1998.
  • I.de la Torre Sainz: Omo Revisited.Evaluating the Technological Skills of Pliocene Hominids, 2004.