La 9ª de Beethoven, Japón y la Primera Guerra Mundial

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Flavius Stilicho
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Prefecto Annoa
Redactor MHM
Desde: 23 Ene 2011

En Japón hay una adoración hacia la Novena Sinfonía de Beethoven que no tiene parangón, ni siquiera en su país de origen. Tal pasión se originó en la posguerra. La pieza era bien conocida en Japón gracias a la orquesta sinfónica de la NHK de Tokyo, dirigida durante la guerra por el alemán (de origen judío) Joseph Rosenstock. Durante la posguerra el espíritu vitalista de la Novena se consideró ideal para animar el deprimido espíritu japonés y varias orquestas sinfónicas empezaron a programarla a fin de año en galas destinadas a recaudar fondos para los músicos -que tenían que pagar las deudas en Año Nuevo-; galas donde la presencia de la cada vez más popular Novena garantizaba una buena recaudación.  Con el tiempo se fue convirtiendo en una tradición de Fin de Año para numerosas orquestas; tradición que se juntó con un peculiar movimiento que también surgió en la posguerra y que animaba a los japoneses "a cantar juntos" para liberar el alma. El resultado final serían los Daiku: festivales de fin de año donde no sólo se interpreta la sinfonía sino que se permite a numerosos cantantes aficionados hacer los coros. Los Daiku pueden reunir a cientos de cantantes y varios superar los miles, destacando los 10.000 del daiku de fin de año que se celebra en Osaka. El hecho de ser una pieza reverenciada en Japón da especial significado a cual fue la primera vez que se tocó dicha obra en suelo japones: honor que corresponde a un peculiar campo de prisioneros de la Primera Guerra Mundial.

 

Japón entró en la PGM del lado de los aliados apoderándose de las colonias alemanas en el Lejano Oriente. Como resultado se encontró a finales de 1914 con que tenía en su poder a unos 4.700 prisioneros alemanes y que tenía que hacer algo con ellos mientras durase la guerra en Europa. Cuando los japoneses vieron que la guerra iba para largo decidieron construir 12 campos de prisioneros donde alojarlos. Las condiciones de vida en dichos campos variaron mucho, en alguno hubo abusos -aunque no en la escala de los pepretados en la SGM- y en otros el trato era bueno. Y había uno de ellos donde el trato no sólo era correcto o lo que se calificaría de bueno sino que era considerado un paraíso: el campo de Bando en la actual ciudad de Naruto. 

El campo era regido por el teniente-coronel Matsue Toyohisa y alojaba a 953 prisioneros. Toyohisa no sólo era un germanófilo que portaba un bigote al estilo "kaiser" sino que era hijo de un samurai de Aizu derrotado en los úlitmos levantamientos antigubernamentales y obligado a recolocarse forzosamente en otra provincia. Por ello el comandante jápones no creía que los prisioneros alemanes carecieran de honor o que fueran criminales por "haberse dejado capturar".

Toyohisa les dio toda la libertad de movimiento que pudo y les proporcionó los medios para su estancia en Bando fuera lo más productiva posible. De hecho incluso tenían acceso a baños termales, a los que los japoneses eran muy aficionados. También había innumerables actividades deportivas para todos los gustos, incluido el remo en dos lagos del campamento.

Muchos de los soldados habían tenido oficios en la vida civil y se les permitió ponerlos en práctica, llegando a celebrar una especie de ferias culturales donde los locales podían degustar y admirar productos alemanes; desde salchichas hasta obras de artesanía. El intercambio cultural llegó al extremo de que se organizaron talleres para difundir los conocimientos alemanes (culinarios, artesanales, artísticos...) entre los locales. En marzo de 1918 se organizó una feria oficial en el campo al que acudieron más de 50.000 personas; destacando la visita de los escolares de la zona, que emocionó especialmente a los prisioneros.

Una parte muy importante del campamento era su intensa vida cultural. Los prisioneros tenían una imprenta, grupos de teatro y marionetas y varias agrupaciones musicales. En este último apartado nos encontramos con la creación de una orquesta de música clásica. Por supuesto una de las piezas interpretadas por la orquesta "de circunstancias" ante público local fue la Novena Sinfonía, concretamente el 1 de junio de 1918. Una fecha que los habitantes de Naruto recuerdan con inmenso orgullo ya que ellos fueron los primeros en oir la Gran Nueve (daiku).

El campamento se cerró en febrero de 1920 con la liberación de los últimos prisioneros, aunque algunos decidieron quedarse en Japón.

 

Plano del Campo de Prisioneros de Bando

 

Matsue Toyohisa

La orquesta "sinfónica" del campamento

 

El prisionero Paul Engel -violinista profesional- y su seminario musical para la población local

 

Folleto para anunciar la primera representación de la Novena de Beethoven

 

Visita escolar al campamento

 

 

 

Recreación de la primera representación de la Novena en una pelicual japonesa: Baruto no Gakuen (El Paraíso del Bigotudo)

 

 

 

 

Daiku de los 10.000 cantantes aficionados (Osaka)

 


Tisner (not verified)
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Muy emocionante Flavius.

Verdaderamente la música es lo que nos hace humanos.


Saludos


Eljoines (not verified)
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Interesante relato Flavius, no todo en la guerra a de ser muerte y destrucción.

 

 

saludos

Flavius Stilicho
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Prefecto Annoa
Redactor MHM
Desde: 23 Ene 2011

Descubrí la historia el otro día y también me gustó mucho, lo suficiente para indagar un poco por ahí. Se pueden ver más fotos de la vida "cultural" en el campamento de Bando en el siguiente enlace (en alemán):

http://www.beethoven-haus-bonn.de/sixcms/list.php?page=museum_internetausstellung_seiten_de&sv[internetausstellung.id]=38506&sv[seitennummer]=%3E0

Saludos.

 


sebar
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Auxilia
Desde: 19 Abr 2012

   Felicidades, excelente artículo que, ademas,  nos recuerda que incluso en el horror de la guerra hay lugar para la humanidad y el honor. Desmintiendo de paso las justificaciones a ciertos actos.

Flavius Stilicho
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Prefecto Annoa
Redactor MHM
Desde: 23 Ene 2011

Gracias Sebar. En el Japón moderno se manipuló mucho la visión del pasado y de lo que había sido el codigo del guerrero en otras épocas. No recuerdo yo que en la época dorada de los samurai (la era sengoku) se hiciera mucho asco a incorporar ejércitos vencidos en las propias filas. Ciertamente había vasallos que preferían la muerte o el suicidio antes de servir a otro señor, gesto que se valoraba enormemente en especial por lo excepcional de ello. Toyohisa como descendiente de samurais y encima samurais derrotados, probablemente tenía una visión más equilibrada de lo que era o no exigible a un guerrero.

Saludos.