La guerra no declarada entre EE.UU. y Alemania en el Atlántico (1939-1941)

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eljoines
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Como es bien sabido, ya antes del 11 de diciembre de 1941, fecha en la que Alemania declaró la guerra a los EE.UU., Roosevelt era un decidido partidario del apoyo a Gran Bretaña en su lucha contra Alemania. No solamente cedió los famosos 50 destructores de la Primera Guerra Mundial en virtud de la Ley de Préstamo y Arriendo, sino que también puso a su Armada al servicio de los convoyes que se dirigían a las islas británicas. Los propios norteamericanos llamaron a esta fase de la guerra "La guerra no declarada".

 

La Ley de Neutralidad de 1937 prohibía la venta de material y la concesión de créditos a cualquiera de las partes en conflicto si estallase una guerra, y el 4 de septiembre de 1939 se prohibió a los barcos de los EE.UU. internarse en zonas de conflicto. Sin embargo, en noviembre del mismo año se levantó la prohibición en cuanto a armas y material de guerra si el comprador era capaz de pagar en el acto y cargarlo en sus propios barcos ("cash and carry"). Resultaba obvio que solamente Inglaterra podía beneficiarse de una cláusula así por su dominio de los mares y su enorme flota mercante.

 

En mayo de 1940, ya con Churchill como Primer Ministro, se consiguió la cesión de los 50 destructores para la Royal Navy. Curiosamente, el propio Churchill dijo sobre esta operación: "La cesión de cincuenta barcos de guerra americanos a Gran Bretaña fue un comportamiento decididamente antineutral de los Estados Unidos. Según todas las normas históricas, el Gobierno alemán se habría visto justificado con ello para declarar la guerra a los Estados Unidos". Sin embargo, a finales de 1940 las cosas seguían pintando muy sombrías para Gran Bretaña. Churchill supo cómo presionar a Roosevelt para lograr mayores concesiones ante la situación dramática que empezaba a vislumbrarse en la Batalla del Atlántico. En una carta de 8 de diciembre solicitaba de Roosevelt lo siguiente:

1. Protección de los convoyes ingleses por la Armada de los Estados Unidos. Buen conocedor de la situación Churchill hizo saber a Roosevelt que los alemanes no considerarían tal acto casus belli, porque de ninguna manera deseaban la guerra contra EE.UU.

2. Ampliación del control marítimo de EE.UU. hacia el Atlántico oriental.

3. Venta de barcos mercantes a Inglaterra, que precisa de tres millones de toneladas anuales, mientras que solo es capaz de construir 1,5 millones de toneladas de mercantes al año.

4. Venta de aviones de combate y otro material de guerra.

5. Y lo mejor: Inglaterra no puede pagar todo ésto. De manera que es del máximo interés para ambos países la derrota del Eje.

 

Ya en septiembre de 1939 los EE.UU. decretaron una zona de neutralidad de varios cientos de millas naúticas en la que se reservaron el derecho de actuar. En julio de 1940, se envió a Inglaterra al almirante Ghormley con vistas a una completa colaboración para la protección de los convoyes ingleses. Se acordó que a fecha de 1 de abril de 1941 los EE.UU. estarían en situación de dar protección a los convoyes ingleses. Sin duda, un nuevo acto de hostilidad abierta hacia la Alemania nazi.

 

El 1 de febrero de 1941 se formó la llamada "Flota del Atlántico" a las órdenes del almirante King, que declaró el 18 de abril que la zona de seguridad de los EE.UU. se extendía hasta los 26 grados de Longitud Oeste, esto es, más de 2.300 millas desde Nueva York y hasta 740 millas de Lisboa. De esta manera, 4/5 partes del Atlántico se declaraban zona de seguridad, podían ser patrulladas por la Armada estadounidense y ésta se reservaba el derecho de delatar a las naves alemanas que detectase, comunicando su posición. En el mes de julio, los EE.UU. sustituyeron a los británicos en Islandia, convirtiéndola en base avanzada, para lo que la zona de seguridad fue ampliada hasta los 22 grados de longitud oeste. En la práctica, los EE.UU. protegerían cualquier convoy aliado, y fuera cual fuese la nacionalidad de sus barcos, hasta Islandia.

 

A pesar de la evidente hostilidad que tales medidas implicaban para los intereses de Alemania y especialmente de sus submarinos, no se tomaron medidas de represalia, dado que, por otra parte, los buques de los EE.UU. tampoco se aventuraban en la zona de exclusión que los alemanes habían decretado alrededor de las islas británicas, en la que se reservaban el derecho de atacar a cualquier buque. Ni siquiera cuando el 20 de julio de 1941 el acorazado "Texas" fue avistado en la zona de exclusión por el U-203 se autorizaron los ataques contra buques norteamericanos. El simple hecho de tratarse de un buque de guerra que navegase sin luces no permitía su ataque hasta que no se estuviera absolutamente seguro de que pertenecía a la Royal Navy, según ordenó el Mando de Submarinos por orden expresa de Hitler. En todo caso, se procuraría evadir a los barcos de guerra de los EE.UU. si éstos se mostraban hostiles.

 

Así las cosas, tarde o temprano tuvieron que surgir incidentes. El 4 de septiembre de 1941, el submarino Tipo VIIC U 652 (Oberleutnant zur See George-Werner Fraatz) fue perseguido por un destructor. Al parecer, el destructor norteamericano USS Greer fue avisado por un bombardero británico de que había un submarino en las proximidades. El Greer detectó rápidamente al U 652 y empezó a pisarle los talones. El bombardero lanzó a su vez cuatro cargas de profundidad y luego abandonó la escena, dejando el duelo en solitario a las dos naves. El U 652 se revolvió contra su perseguidor y le lanzó un torpedo, que falló. Posiblemente al pensar que las cargas de profundidad provenían del destructor. El Greer retomó la iniciativa y lanzó 19 cargas de profundidad contra el submarino, sin resultado alguno, en un lapso de tiempo de dos horas. De nuevo el U 652 se colocó en posición y lanzó un nuevo torpedo, que también falló. Allí acabó el incidente en lo militar, dado que los EE.UU. consideraron que el U 652 había cometido un acto de piratería (atacar a un buque de una nación con la que Alemania no estaba en guerra) y se magnificó el asunto convenientemente. El 15 de septiembre de 1941 el Secretario de Estado de Marina, Knox, declaró que los EE.UU. habían dado órdenes a su Armada para destruir o anular con todos los medios a su alcance cualesquiera obstáculos puestos por las potencias del Eje contra la navegación comercial, lo mismo si dichos obstáculos consistían en acciones de piratería realizadas por barcos de superficie como por submarinos. La Royal Navy tomaría la escolta de los convoyes a la altura de Islandia, siendo escoltados hasta ese punto por la U.S. Navy. Curiosamente, los EE.UU. justificaron estas escoltas diciendo que se trataba de proteger la navegación entre los EE.UU. y una base estadounidense (Islandia), a fin de garantizar el avituallamiento de ésta última. Ni Raeder ni Dönitz consiguieron convencer a Hitler de la situación insostenible en la que se ponía a la Kriegsmarine. Los submarinos solamente podrían defenderse en caso de ser atacados.

 

Era imposible mantener el statu quo sin nuevos incidentes. El 17 de octubre de 1941 el USS Kearney, que escoltaba al convoy SC48, fue alcanzado por un torpedo. Peor aún, el 31 de octubre de 1941, el USS Reuben James, escolta del convoy HX156, fue hundido por el U 552 del Kapitänleutnant Erich Topp al sudoeste de Islandia. Por suerte o por desgracia, los acontecimientos se precipitaron y el 11 de diciembre de 1941, cuatro días después del ataque a Pearl Harbour, Alemania declaró la guerra a los EE.UU. Una guerra que de cualquier manera, visto lo visto, habría llegado antes o después.

Wilhelm Keitel
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Decurión
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Desde: 17 Ago 2009

Hay quienes opinan que Alemania cometió un error estratégico importante al declarar la guerra a la mayor potencia industrial del mundo, como lo era EE.UU. en aquel entonces. Sin embargo, el desarrollo de la guerra en el Atlántico (el único frente de batalla clave de la guerra contra Inglaterra) exigía la declaración de guerra alemana a EE.UU., con lo cual, estas opiniones, pese a estar fundamentadas, creo que son incorrectas por desconocimiento de estos otros hechos... En verdad era absurdo prohibir a un comandante de U-boot atacar a las naves que están permanentemente en busca y captura de submarinos alemanes.

Como curiosidad, decir que, según Dönitz, el USS Texas sí fue atacado (y por tanto, es el primer buque norteamericano atacado en toda la guerra por submarinos alemanes) pero este ataque no tuvo éxito (presumo un fallo en la espoleta de los torpedos alemanes, cosa que fue habitual al principio de la guerra). También la misma fuente declara que el incidente con el Greer fue falseado por el presidente americano Franklin Roosevelt, que en discurso radiofónico aseguró que el Greer se había defendido de los ataques del U-652, cosa totalmente contraria a lo sucedido en la realidad...

Un saludo!

 


        

"no se ha inventado nada mejor q la estupidez para creerse inteligente" - A.N.   

Zhukov
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Auxilia
Desde: 3 Nov 2010

Wilhelm Keitel ha escrito

pero este ataque no tuvo éxito (presumo un fallo en la espoleta de los torpedos alemanes, cosa que fue habitual al principio de la guerra).

Demasiado habitual, muchos buques aliados se salvaron por este defecto en los torpedos.


Al declarar la guerra de una forma abierta permitía a los EE.UU. desarrollar todo su potencial bélico industrial sin ninguna cortapisa de neutralidad. Aunque hay que decir que la guerra en el Atlántico (al principio) tampoco fue tan devastadora para los aliados, ya que los submarinos Alemanes eran enviados a todas partes dejando el Atlántico como una autopista hacia gran Bretaña, como Karl Dönitz expone en sus memorias.

No había suficiente numero de submarino en el agua como para combatir en todos los frentes donde eran necesarios al comienzo de la guerra (Mar del Norte, Atlántico, Mediterráneo...)

Wilhelm Keitel
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Decurión
Socio MH
Desde: 17 Ago 2009

Zhukov ha escrito

Demasiado habitual, muchos buques aliados se salvaron por este defecto en los torpedos.

Ahh... ya se sabe que todo es relativo... Sin duda para los alemanes fue demasiado habitual, pero para los aliados en cambio, todas las averías de torpedos fueron pocas!!!

Posiblemente, si las peticiones de Dönitz se hubiesen atendido en su totalidad (300 submarinos para 1939) la guerra del atlántico habría acabado de muy diferente manera... o quizás ni habría empezado; simplemente se hubiera optado por paralizar indefinidamente el suministro anglo-americano. Ni que decir tiene las graves consecuencias que esto hubiese tenido para G- Bretaña.

Un saludo!

 


        

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Los_Santos_Reyes
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Centurion
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Desde: 16 Nov 2009

Zhukov ha escrito

Wilhelm Keitel ha escrito

pero este ataque no tuvo éxito (presumo un fallo en la espoleta de los torpedos alemanes, cosa que fue habitual al principio de la guerra).

Demasiado habitual, muchos buques aliados se salvaron por este defecto en los torpedos.


Al declarar la guerra de una forma abierta permitía a los EE.UU. desarrollar todo su potencial bélico industrial sin ninguna cortapisa de neutralidad. Aunque hay que decir que la guerra en el Atlántico (al principio) tampoco fue tan devastadora para los aliados, ya que los submarinos Alemanes eran enviados a todas partes dejando el Atlántico como una autopista hacia gran Bretaña, como Karl Dönitz expone en sus memorias.

No había suficiente numero de submarino en el agua como para combatir en todos los frentes donde eran necesarios al comienzo de la guerra (Mar del Norte, Atlántico, Mediterráneo...)

 

Por eso preciamente Dönitz siempre insistió en que había que concentrar todos los submarinos disponibles en el Atlántico Norte; creía firmemente que enviarlos al Mediterráneo era un error; una vez allí era imposible recuperarlos.

 


"Todos los Balcanes no valen los huesos de un granadero de Pomerania" (Bismarck)