A risa con Hitler y la guerra

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Galland
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General
ColaboradorRedactor MHM
Desde: 13 Sep 2009

¿Podemos reírnos de lo que es grave? ¿Tiene un lugar el humor para afrontar las cuestiones que nos producen severa preocupación, o en las que están implicados sentimientos apasionados, ya sea a favor o en contra? Quiero creer que sí, pese a lo poco que honramos los españoles, últimamente, la tradición humorística que representa lo mejor de nuestra cultura, desde el Lazarillo a Larra, pasando por Quevedo o Cervantes. 

 

No hace mucho a un servidor se le ocurrió recrear con humor (sólo levemente malévolo) un escenario que ahora mismo es objeto de encendidas discusiones (la independencia catalana) y cosechó un alud de reacciones airadas, provenientes de ambos extremos del debate o reyerta, que ya uno no sabe como denominar a las discusiones públicas en este país.

 

Y  yendo aún más allá, ¿podemos reír ante lo que, más que grave, resulta terrible? ¿Ante la barbarie, la dictadura, la opresión, la guerra, el genocidio? La arriesgada apuesta que ha hecho este año, en su tercera edición, el festival La Risa de Bilbao, y que comparto, es que sí. Incluso diría más: que es justo ése, el espacio de lo atroz y del horror, el que crea en los seres humanos la necesidad irrenunciable y el derecho inalienable al humor. Somos animales cómicos porque antes, o a la vez, somos animales trágicos. Porque somos conscientes de nuestra propia monstruosidad, de las barbaridades que las personas podemos hacer y hemos hecho una y otra vez, y queremos parecernos lo más posible a los dioses, que como dijo Kierkegaard, son aquellos a quienes la risa pertenece.

 

No estoy haciendo una afirmación gratuita o voluntarista. Tengo pruebas. Un abuelo mío hizo la guerra (o más bien otros la hicieron a costa de su juventud y su pellejo, y no una, sino dos) y contaba cómo en medio de la escabechina todos buscaban, y encontraban, con qué reírse. Uno de los principales auxiliares de los soldados en esa tarea fundamental de mantenimiento moral del campamento era un mono, de nombre Luisito, que tenía por costumbre, justamente celebrada entre la tropa, saquear a los oficiales, que eran quienes tenían alguna pertenencia de valor, y celebrarlo con gran aspaviento subido a un árbol mientras el oficial desvalijado amenazaba con tirotearlo. A aquel bicho, que tanto suavizó la fatiga y el tedio de unos jóvenes arrancados de sus pueblos para meterlos en una guerra ajena en los riscos de Marruecos, le rendí  homenaje en una novela que se llama El nombre de los nuestros, y de la que se convirtió en personaje señalado. (En la foto, en realidad una vieja y deteriorada postal de guerra, se le ve, a Luisito, en la parte de abajo de la imagen, sujeto a duras penas por un soldado; tan a duras penas que su hocico sale doble).

 

Más pruebas: el libro cuya portada se ve a la derecha, una joyita publicada en alemán bajo el título Heil Hitler! Das Schwein ist Tot! (Viva Hitler, el cerdo ha muerto) y que en inglés, que es como yo lo he leído (no le conozco traducción española, aunque la merece) se llama Dead Funny, que viene a ser tanto como Mortalmente divertido. Su autor es Rudolph Herzog (hijo del famoso director del mismo apellido y nombre Werner, y también director a su vez). 

 

Se trata de una recopilación de las bromas que los alemanes hacían bajo el nazismo, a costa, principalmente, de los propios líderes nazis y de su sistema basado en el imperio del terror. Bromas a veces corrosivas y clandestinas, otras más livianas y hasta consentidas por el poder, pero que servían a los habitantes de un país a merced de una partida de asesinos para buscar alivio a la pesadilla. Para ejemplo, este chiste: Un jerarca nazi visita un centro escolar y le pregunta a uno de los alumnos quién es su padre. “Adolf Hitler”, responde con brío el chaval. “¿Y tu madre”, escarba el jerarca, complacido: “La Gran Alemania”, grita el rapaz.  Con gesto de asentimiento, el jerifalte hace una última comprobación: “Y tú, ¿qué quieres ser de mayor”. Y el chaval replica: “Huérfano”.

 

El libro analiza con esa envidiable meticulosidad alemana el mundo subterráneo del humor contra el autoritarismo nazi, sin pretender adornarlo con tintes falsamente heroicos. Los alemanes auparon y después soportaron a Hitler, y lo siguieron hasta el final, salvo pocas excepciones, sin rebelarse contra él, por lo que sería frívolo sobrevalorar el valor de unos chistes como acto de resistencia al fascismo o al holocausto judío. Tampoco es Herzog  complaciente con la extendida excusa alemana de que no se era consciente del horror de los campos: una de las pruebas en contra es justamente la cantidad de chistes que recoge sobre Dachau, que era el lugar con el que las madres alemanas amenazaban a los niños que se portaban mal, y del que una broma de la época decía que por muchas alambradas y muchas ametralladoras que lo defendieran, era facilísimo meterse dentro.

 

Ahí, en los campos (aunque no en Dachau, sino en otro, Esterwagen, cerca de la frontera holandesa), dejó el brillante cómico de cabaré Werner Finck una perla para la historia del humor contra la barbarie. En una función que hizo en el campo, les dijo a sus compañeros de reclusión: “Allí, en Berlín, estábamos siempre incómodos. Temíamos que cualquier cosa que hiciéramos nos llevara a un campo de concentración. Bueno, ahora podemos relajarnos. Ya estamos aquí”.

 

Entre otras muchas líneas que merecerían cita, recoge Herzog los versos de una canción compuesta por el cómico suizo Walter Lesch en tiempos del nazismo  (en una Suiza, conviene aclararlo, neutral a su modo: muchos judíos alemanes que intentaron salvarse cruzando al país helvético fueron devueltos a la frontera, lo que era tanto como enviarlos a la tumba). Son útiles para entender lo que hay detrás de ciertas apelaciones sobreactuadas al patriotismo, o a los grandes conceptos superiores, o a los enemigos exteriores o los chivos expiatorios de cualquier índole, en tiempos de crisis en que dejan de atenderse, cuando no se reducen y recortan drásticamente, los derechos de los ciudadanos para preservar los de los poderosos. 

 

Léanse, y cada cual los interprete y aplique a su gusto:

 

Uno sólo puede destruir el derecho de un pueblo

dándole algo que ejecutar,

comunistas o malvados judíos,

estudiosos de la Biblia o católicos también,

cualquiera de ellos servirá

para evitar que odiemos a quienes deberíamos.

 

 

Articulo copiado de la mirilla

 


Hartman
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Senador-Moderador
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Desde: 19 Oct 2010

Galland ha escrito:

Léanse, y cada cual los interprete y aplique a su gusto:

 

Uno sólo puede destruir el derecho de un pueblo

dándole algo que ejecutar,

comunistas o malvados judíos,

estudiosos de la Biblia o católicos también,

cualquiera de ellos servirá

para evitar que odiemos a quienes deberíamos.


 

¡Ostras Galland! ¡Cuanta actualidad!, si lo hubieses escrito en "Actualidad" estaría justo.

 

Matizando un poco con el artículo. Es cierto el humor es la última trinchera de la resistencia, por eso muchos humoristas terminaron en los Campos, o directamente muertos.

Y no estoy hablando de Alemania Nazi solamente. Es uno de los denominadores comunes a toda dictadua, dentro de la censura a "la oposición" se incluye sistemáticamente a los humoristas. Les tienen pavor.

 

Saludos

 


Todavía no he empezado a pelear

  200-cruz  200-cruz 

Tisner (not verified)
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En las democracias asentadas, no tienen más remedio que hacer tripas corazón y aceptar a los humoristas.

Curiosamente hoy en día es tan fuerte la fuerza de a imagen, que, especialmente entre políticos, si no apareces en algún programa aunque sea satírico, estás muerto.

Lo que está claro (y Freud ya lo trató), el sentido del humor es una válvula de escape.

Quien tiene sentido del humor, no vive más años, pero vive mejor.

La clave está en relativizarlo todo. Y los cómicos de las dictadoras sí que tienen mérito. 

No sólo se la jugaron, sino que dieron un soplo de libertad al pueblo. 


Saludos y muy buen tema.

matiere
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Equite
Socio MH
Desde: 2 Oct 2009

En la dictadura se usaba mucho la ironia , con lo cual una cosa era lo que decían (que era inocuo) y otra lo que se interpretaba , y ya se sabe que no hay palabras mal dichas , si no mal interpretadas .

 


El dinero no da la felicidad , ¡Hombre ! si hablamos de mucho dinero , ya es otra cosa.

Marx (Groucho)

Coracinero
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Patricio
Redactor MHMSocio MH
Desde: 19 Feb 2010

 Dicen que un cómico te hace reir y que un humorista te hace pensar y luego te hace reir, y supongo que será por la enorme carga de instrucción o lección moral que tiene el humor, como relato didáctico de la vida, normalmente mediante alegoría.

 Karl Marx dijo muchas cosas: 1.- Que hay una lucha de clases en la historia, y eso por quien tiene los medios de producción o 2- La familia es "una celula de reproducción social", es decir que la familia es algo biológico o que tiene poca importancia.

 Y también dijo otra cosa: "Que la historia se repite como una farsa".

 Esto último, porque Marx se quedó anonadado, cuando vió a Napoleón III y como emulaba a su tío Napoleón I.

 Un Napoleón I con unas cualidades conocidas por todos, y Marx lo compara con su  su sobrino que es patético, que logra el poder mediante sobornos desde Londres y mediante postularse a Presidente de la República, etc... y en fin, sin cualidades que tenía en grado excelso su tío.

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 La Historia entonces se repite, básicamente, con otros medios o escenarios, pero con la misma motivación, repito, se repite como farsa.Pero también Marx, el emisor del mesaje intenta hacer en su medida lo mismo: Tontería hacerlas pasar por ciéntificas.El que se rie del hombre, dice cosas como que la familia es la "célula de reproducción social" o que existe (perpetuamente en ele devenir de la historia) "luchas de clases" y las hace pasar como ciéntificas.

--

  Y todo está inventado y es lo mismo pero con otro disfraz

 


O Fortuna, velut Luna, statu variabilis.    Semper crescis aut decrescis, vita detestabilis.    Nunc obdurat et tunc curat, ludo mentis aciem.
Egestatem, potestatem, dissolvit ut glaciem.   Sors immanis et inanis, rota tu volubilis. Status malus, vana salus semper dissolubilis.  Obumbrata et velata, midhi quo que niteris. Nunc per ludum dorsum nudum, fero tui sceleris.  Sors salutis et virtutis, midhi nunc contraria, est affectus et defectus, semper in angaria.     Hac in hora, sine mora, corde pulsum tangite. Quod per sortem, sternit fortem, mecum omnes plangite.

 

garcia paredes
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Prefecto de Caballeria
Desde: 19 Ene 2011

El humor es uno de los mejores metodos para comprobar el grado real de democracia de las clases sociales de un pais, basta con fijarse en las reacciones que tienen los politicos del lugar ante las criticas mas o menos mordaces, un pequeñisimo ejemplo de ello se da en la campaña de las elecciones norteamericanas donde en los ultimos dias de campaña, los propios candidatos se parodian publicamente en una gala a si mismos y a su rival, o como el propio Tony Blair, quien prestó su voz para ser parodiado en un capitulo de los Simpson. Ejemplo de todo lo contrario seria Vladimir Putin, cuando montó en colera por un supuesto parecido con un inofensivo personaje de Harry Potter. Ya ni hablamos de determinado presidente de comunidad autonoma española, quien poseia un innegable parecido con uno de los personajes de Stars War, la mera comparación publica con dicho personaje suponia consecuencias laborales o boicots, bueno de facto, es el unico presidente que nunca se ha podido parodiar en la television autonomica.

Este año nos dejó Don Antonio Mingote, genio y maestro absoluto del humor grafico, quien siempre criticó con inteligente ironia las diferentes cuestiones sociales, estuviera quien estuviese en el poder (para mas INRI era catalán, aunque los dirigentes de aqui lo negarian).

 

 


foto No me saques sin razón, no me envaines sin honor.

Santiago Pitarch
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Senador-Moderador
ModeradorColaboradorSocio MH
Desde: 5 Ene 2011

Es cierto que el grado de tolerancia al humor es proporcional al grado de asentamiento de la democracia. 

En España a "El Jueves" le metieron un buen paquete por meterse con la casa real. No digo más.

 


Lo único seguro es el cambio.